No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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Cómo ha cambiado mi blog en 5 años

En diciembre del 2012 publiqué por primera vez en el blog. Aquellas primeras entradas eran pobres, meros intentos de intentar adaptarme a un nuevo reto que me había planteado. Al principio, el blog surgió más por una necesidad de hacer publicidad a los portabebés y a la tienda online que tenía por aquel entonces que a otra cosa. Pero con los meses, descubrí que me gustaba contar cosas de mi día a día, de la crianza de Sara y de sus pequeños e incesantes cambios. Siempre me había gustado escribir, hacer cuentos y redacciones para el cole, y el blog me brindó la oportunidad de hacer algo que me gustaba, con lo que me sentía a gusto y que, echando la vista atrás, no hacía mal del todo.

Escribir entonces era fácil, siempre había cosas nuevas que contar, experiencias que plasmar, conocimientos sobre portabebés, lactancia o salud que compartir con vosotros, mis lectores. Iba en el coche y se me ocurrían cientos de ideas para escribir, muchas veces tenía que anotarme en una libreta las cosas para no olvidarlo. Además, estaba en casa con la excedencia, lo que hacía que las mañanas libres fuesen muy productivas en tiempo, así que había meses que publicaba unas 20 entradas. ¡20! Madre mía, ahora, si publico dos veces al mes, me siento satisfecha. ¿o no?

Pues la verdad es que no. Echo la vista atrás y pienso en aquellos años, lo mucho que me aportaron, las oportunidades que se me abrieron, la cantidad de gente que conocí gracias al mundo virtual, las cosas que hice, los buenos ratos escribiendo historias y los ratos aún mejores leyendo los comentarios que me dejabais. Ahora casi no escribo y muchas veces lo echo de menos.

En estos cinco años, he pasado de contarlo todo a casi no contar nada. A veces pienso ¿y sobre qué voy a escribir? Mi vida y la de mis hijos, sobre todo la de Sara, que es (era) la principal protagonista, se ha vuelto mucho más pausada, más monótona. Ya no hay grandes historias que contar, grandes momentos que compartir. Ella y el blog han crecido, han madurado y se han vuelto más serios.

Hace poco más de un año que Sara dejó de mamar y aunque la lactancia materna sigue siendo un tema que me apasiona, aunque me gusta seguir ayudando a toda aquella madre que lo necesita, parece que el hecho de no ser ya una madre lactante me deja sin historias sobre las que hablar. Y lo mismo pasa con los portabebés.  Durante años, fueron primordiales en la crianza, en mi casa. Iba con Sara a cuestas a todos lados, siempre había alguna novedad que contar, algún beneficio que recalcar…pero un día dejó de pedir brazos y un día se hizo tan grande y tan pesada que mi espalda ya no aguantaba con su peso, por mucho que el portabebé dijese que sí. Y ahora, hablar de portabebés, parece que no me sale, que todo lo que tenía que contar ya está dicho. Aunque sigo asesorando y recomendándolos con gusto cuando alguien me pregunta; y sigo sonriendo por la calle cuando veo algún bebé feliz en brazos.

Muchos días, por la noche, cuando todos duermen ya y la casa está en silencio, cuando es mi momento de pensar y recapitular sobre lo que ha dado de sí el día, pienso en el blog y en lo que lo echo de menos. Me digo a mi misma que tengo que esforzarme más, que volver a retomarlo, que quiero volver a escribir con asiduidad y constancia. En ocasiones, he llegado hasta a ponerme un poco triste por lo abandonado que lo tengo. Y pienso, voy a sentarme a escribir, voy a hacerlo cada día, cada noche, aunque sólo sea un poco. Y entonces, ¡no se me ocurre sobre qué escribir! y me entra el bajón. ¿Qué puedo contaros que resulte interesante? ¿Qué decir que no haya dicho ya? Imagino que así deben sentirse los escritores cuando no tienen inspiración.

Y de pronto, un día me llega alguna idea para compartir con vosotros. Pero no encuentro el momento, el trabajo, la casa, las actividades extraescolares, los niños. Y cuando llega la noche y tengo tiempo, ya no me parece tan interesante lo que había pensado por la mañana. Entonces lo apunto en mi cuaderno de ideas y ahí se queda, esperando que llegue el día en que mi tiempo y mis ganas se junten.

En estas estoy. He llegado hasta a pensar en dejarlo del todo, en escribir una última vez a modo de despedida. Pero luego desecho la idea, casi prefiero escribir poco, de vez en cuando, a no hacerlo nunca.

Así que aquí seguiré pues, escribiendo poco y con mesura, cuando el tiempo, las ganas y las ideas lo permitan. Y escribiendo cosas que quizás ya no tengan tanto que ver con la idea inicial del blog. Porque todos hemos madurado, hemos crecido, nuestras vidas han cambiado. Y ahora, en vez de escribir sobre porteo, quizás escriba sobre el último lugar al que he ido a cenar; y en vez de escribir sobre lactancia materna, quizás escriba sobre consejos para hacer la compra en el supermercado. Pero, aunque brevemente, aquí seguiré y estaré feliz si queréis seguir acompañándome.

 

El final de otra etapa: se acaba el uso de los portabebés

Estoy abrumada por la velocidad que lleva el tiempo. ¡Pasa tan deprisa! Y no debería pillarme desprevenida, Lucas me lo ha demostrado, ya hace casi 14 años de su nacimiento, recuerdo esos momentos como si fuesen ayer…y no, no fue ayer, fue hace muchos años.

Por eso con Sara quería que el tiempo se detuviese, quería aprovechar cada momento con ella. Por eso con Sara no dejé que nadie influyese en mí con comentarios del tipo “la vas a malcriar”

Siempre lo digo, se lo digo a todo el mundo. Aprovecha cada momento con tu bebé, no va a ser pequeño siempre. Aprovecha a llevarle mucho en brazos, aprovecha a oler ese aroma especial, aprovecha y duerme con él, aprovecha y alarga la lactancia todo lo que puedas. Aprovecha, porque todo llega a su fin y lo echarás de menos.

Si hace un par de semanas te comentaba que nuestra lactancia está llegando a su fin, ahora es el uso de portabebés el que parece que se está terminando.

Desde el embarazo supe que quería llevar a Sara en brazos el mayor tiempo posible. Antes de nacer ya nos habíamos informado sobre el porteo ergonómico y nos compramos nuestro primer portabebé. Y así íbamos siempre, con Sara en brazos, primero en una caboo closer, luego con un fular tejido de segunda mano y ya llegaron todos los demás portabebés, han sido tantos y los hemos usado tanto que no sé si me acuerdo de todos. Llevar a Sara en brazos nos dio la posibilidad de ir a un montón de sitios y hacer cosas que no habríamos podido hacer. Y tanto me gustaba la sensación que decidí aprender más y ayudar a otras familias a que conociesen el mundo de los portabebés. Por eso me hice asesora de portabebés, para conciliar mi vida familiar y laboral y para hacer algo que me gustaba mucho. Y Sara siempre era mi modelo en todas las charlas y talleres que daba.

Cuando nació Sara no nos compramos silla de paseo. ¡Menos mal! Nos prestaron una que usamos en contadas ocasiones, sobre todo cuando algún miembro de la familia quería salir de paseo y empujar el carro. Y en los centros comerciales. Sí, le encontré la utilidad al carrito de bebé. Mientras Sara iba a gusto pegadita a mí, el carro servía para llevar los abrigos y las bolsas de la compra en el centro comercial.

Sara con unos días

Sara con unos días

Cuando Sara tenía 6 o 7 meses, mi padre nos regaló una silla de paseo ligera de una tienda outlet, menos mal que se gastó poco. Durante unos meses la usé en alguna ocasión como ya he dicho, para llevar cosas en algún centro comercial. Pero como no le daba mucho uso, se la presté a una prima que había tenido un niño y me olvidé de la silla hasta ahora.

Y ahora ha llegado el temido momento, el final de otra etapa. Sara tiene 3 años y medio y 17 kilos vestida y casi no porteamos. Hemos dejado de ir en brazos a todas partes. Este verano empecé a notar molestias cuando la llevaba mucho rato. Cuando salíamos por el paseo marítimo y quería brazos, la llevaba a la espalda en la mochila ergonómica. Pero no aguantaba mucho, después de unos 15 minutos me empezaban a doler las caderas al andar. Por más ajustada que la llevase, por más que intentase colocármela de otra forma, no había modo, tenía que bajar. Y eso mismo me ha pasado en alguna otra ocasión, una tarde de paseo por el parque de atracciones, una caminata hasta la clase de baile… No puedo, unos minutos después de empezar a llevarla y tengo que pedirle que se baje, del dolor que se me pone.

Es cierto que ya no uso los portabebés tanto como antes. Cuando porteas mucho, cuando lo haces desde el nacimiento, todo tu cuerpo comienza un acondicionamiento físico, tus músculos comienzan a adaptarse al peso “extra” y se va fortaleciendo. Por eso siempre digo que empezar a portear desde el nacimiento es lo mejor. Y si se empieza con niños más mayores, que ya pesan un poco más, habrá que ir acostumbrando nuestro cuerpo poco a poco, con sesiones de “entrenamiento” paulatinas. Quizás sea eso lo que me ha pasado a mí, el hecho de llevar a Sara con el portabebé sólo una o dos veces al mes, ha hecho que me vaya deshabituando.

Y aquí estamos ahora, con una niña que pesa mucho para mi espalda pero que se sigue cansando y sigue necesitando brazos. ¿Sabes cuál ha sido la solución? ¡He tenido que pedir que me devuelvan mi silla de paseo! ¡Quién me ha visto y quién me ve! Volver a usar la silla ha sido objeto de risas en unas ocasiones, también por mi parte, por supuesto, yo soy la primera que se ríe de la situación. Yo, una firme defensora de los portabebés, empujando una silla.

Por suerte desde que tengo la silla la he usado sólo en un par de ocasiones, que hemos ido andando a un sitio lejano o hemos pasado el día entero fuera de casa. Y por suerte, a pesar de que Sara no tiene recuerdo de haber ido en silla porque siempre ha ido en brazos, no ha puesto ningún reparo a la hora de sentarse y dejarse llevar.

Hazme caso, los niños crecen muy deprisa. Y dejan de hacer todas esas cosas que algunas personas aseguran que no dejarán nunca. Lleva a tu bebé en brazos todo lo que puedas y siempre que puedas. Llevar al bebé en brazos tiene múltiples beneficios, además de ventajas. Y creas un vínculo muy especial con el bebé, por esa cercanía que compartes. Aunque te digan que no lo cojas, que se acostumbra, no hagas caso, cógelo todo lo que puedas, claro que se acostumbran, se acostumbran a lo bueno, a estar cerquita de las personas que le quieren. Pero no será así siempre. Porque crecen, porque empiezan a andar y quieren explorar mundo, porque quieren correr y porque un día descubres que tu bebé es muy grande para seguir llevándole en brazos y a tu bebé no le importa. Cuando llega ese día, sabes que ha dado un paso más en su independencia, en su camino hacia otra nueva etapa. Y tú sabes que esa etapa que cierras no volverá. Y te alegras por tu bebé. Y te alegras por todo lo que has aprovechado mientras has podido. Pero también una parte de ti se queda triste por lo que ya no volverá.

Portabebés y niños mayores: sí se puede

Si tenéis niños mayores, y con mayores me refiero a que tengan más de 18-24 meses aunque para mí siguen siendo pequeños, seguro que más de una vez os han dicho que ya son muy grandes para cogerlos en brazos. Aunque llevarlos en la silla de paseo más allá de los 3 años no está tan mal visto…

Ya sabemos que en esto de la crianza a todo el mundo le gusta opinar. Y la gente opina que a partir de cierta edad ya tienen que andar solos, que están mal acostumbrados.

Con Lucas me pasó. Recuerdo el verano en que él tenía 3 años. Fuimos a pasar el día a un pantano y para llegar tuvimos que andar un caminito escarpado de piedras. A la hora de volver, después de todo el día jugando en el agua, el niño estaba cansado, igual que el resto de los adultos. El caso es que en el camino de vuelta me pedía que le llevase en brazos. Yo iba con mochila y varias cosas e intentaba darle largas, más que nada presionada por el resto de la gente, que me decía que era muy grande y tenía que andar también se lo decían a él. Después de unos minutos llorando y guiada por mi instinto materno más que por las palabras de la gente, dejé las cosas en el suelo, cogí a Lucas y terminé de hacer el camino con todas las cosas a cuestas como pude y escuchando comentarios del tipo “eres muy blanda”, “el niño hace contigo lo que quiere”, “no deberías haber cedido”. Evidentemente, Lucas dejó de llorar y hasta se quedó dormido, pobrecito, estaba cansadísimo y sólo necesitaba los brazos de mami. Y fijaos que igual que se me han olvidado muchas cosas de cuando Lucas era pequeño, ese detalle no lo he olvidado nunca.

10 años después, la situación se repite, pero en esta ocasión no dejo que las palabras de nadie me influyan ni un solo segundo; cuando Sara pide brazos, la cojo enseguida. Y si llevo encima algún portabebé adecuado a su talla/peso, mejor que mejor.

Vuelta a casa después de un largo paseo

Vuelta a casa después de un largo paseo

Íbamos camino al cole la otra mañana. Del coche a la guardería hay unos 150 metros como mucho, dependiendo de dónde aparques. Según bajamos del coche Sara me pidió brazos, y así íbamos las dos tan contentas, ella quitándome pelos que se me habían escapado de la coleta de la cara y yo dándole besitos en la nariz, cuando nos juntamos con una niña de su clase y su papá. La niña iba llorando a voz en grito, pidiéndole a su padre que la cogiese en brazos. Y el padre le decía que no la cogía, que las niñas mayores iban andando (imagino que nos miraría por el rabillo del ojo a las dos con mala cara). Vamos a ver, mayor, mayor no es que sea, pues debe tener 3 años y poco. Y tan solo eran 100 metros hasta la puerta de la guarde. ¿Tan difícil era cogerla unos segundos y calmar su llanto? ¿Dónde está el límite de edad para llevarlos? Cuando los adultos estamos cansados, si hubiese alguna manera de que alguien nos llevase ¿no la aprovecharíamos? Conclusión, Sara llegó tan contenta y su amiguita llegó toda llorosa.

Todo el día por el centro de Madrid

Todo el día por el centro de Madrid

Parece que queremos hacer a los niños mayores antes de tiempo. Todo llegará, no hace falta correr. Muchos padres quieren que los niños se sienten solos con 5 meses y les fuerzan; quieren que antes del año estén andando y les obligan a permanecer de pie; quieren que coman comida de mayores antes de tiempo y con 4 meses les meten papilla; quieren que duerman solos y les obligan a pasar por un calvario para que “aprendan” a dormirse; quieren que dejen la teta porque “tan mayores” ya es vicio; y quieren que anden solos porque con 3 años ya no tienen derecho a estar cansados.

¡Jolines qué prisas! La infancia dura muy poco, un día nuestro bebé se sienta sin haberle enseñado, se pone de pie sólo y anda sin haberle sujetado, comen comida de nuestros platos, piden dormir en sus camitas, dejan la teta, no quieren que les llevemos e incluso un día no quieren que les demos un beso a la puerta del cole y otro día ya no quieren que les acompañemos al cole. ¿Por qué forzar esas situaciones? Os aseguro que luego las echaremos de menos. Yo no me hago a la idea de que un día Sara deje la teta, no quiera compartir cama conmigo o no me pida bracitos. Para mí, esos momentos son únicos e irrepetibles y se pararán, vaya si se pasarán. Y no, mi hija no está malacostumbrada, al revés, mi hija está bienacostumbrada y a pesar de todo lo que hago en contra de los consejos de los opiniólogos, mi hija come de todo, a veces me pide dormir en la habitación de su hermano y anda, corre y trepa por todos lados.

Pasando un agotador día de campo

Pasando un agotador día de campo

Los niños siguen siendo niños y seguirá habiendo veces que nos necesiten mucho, que estén cansados y necesiten nuestros brazos, o simplemente, quieran un poco de mimos. Por eso, no deberíamos dejarlos llorar y no cogerlos, deberíamos llevarlos en brazos si es lo que ellos necesitan.

Es cierto que pesan, y según crecen, cada vez pesan más. Pero para todo hay soluciones. Podemos usar un portabebé destinado a niños más mayores, como una mochila toddler, un mei tai grande o usar la bandolera o el fular, pues se adapta a la perfección. Por ejemplo, llevar un portabebé ligero en el bolso nos solucionaría muchos problemas. Si no tenemos un portabebé, podemos llevarles a caballito, que el peso se reparte mejor, podemos pactar con ellos llevarles sólo ratitos, pues pesan, o podemos turnarnos entre varios para llevarles. Pero no les digamos que no y les dejemos llorar. Un día nos daremos cuenta que hace tiempo que no nos piden brazos y entonces lo echaremos de menos.

A vueltas con el colecho

Cada dos por tres leemos cosas sobre el tema de compartir cama con nuestros hijos. Yo he escrito en varias ocasiones sobre el tema, como podéis leer aquí y aquí.

Como en todos los temas de crianza, hay opiniones para todos los gustos, y todas son respetables, cada uno con sus hijos hace lo que cree mejor. Pero muchas veces, debido a malos consejos o a situaciones que se prolongan en el tiempo y que por ese motivo creemos que son las correctas, la gente no hace lo que quiere o lo que le pide el cuerpo.

Colechar o compartir la cama no es algo nuevo, al contrario, es algo que se ha hecho siempre. Pensemos en las cuevas, donde todos dormían juntos, no había cuevas separadas para los miembros de la familia. Y durante muchos años, las casas constaban de una sola estancia en la que se comía, se cocinaba y se dormía y todos los miembros de la familia compartían el mismo espacio. Es en la Edad Media, con la llegada de casas más amplias, cuando se empiezan a hacer estancias para los hijos. Y parece que por aquella época en la que el control de la natalidad no se conocía o estaba prohibido y en la que nacían más bebés de los que los padres se podían permitir alimentar, algunos padres “ahogaban” a sus hijos pequeños o los “aplastaban” accidentalmente mientras dormían, con lo que se prohibió compartir cama con los bebés.

¿Qué hay de cierto en eso? Imagino que realizar estudios al respecto debe ser complicado y hay muchísima información al respecto, información que avala dormir con los bebés como lo más seguro e información que dice lo contrario. Evidentemente, esto depende de muchos factores que habría que tener en cuenta a la hora de dar cierto tipo de información.

La lactancia materna previene el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante. Dormir con el bebé fomenta la lactancia materna. Por lo que se puede deducir que dormir con el bebé previene el SMSL

En países donde compartir cama es lo normal, los índices de SMSL son mucho menores que en países occidentales, así que parece que ese también es un factor a tener en cuenta a la hora de decidirse por esta postura.

Pero hay caso en los que colechar está contraindicado: la obesidad (no hablo de estar gordito, hablo de ser obeso); fumar; tomar drogas, alcohol o medicación que disminuya el estado de alerta; dormir en camas demasiado blandas, con cojines y objetos sueltos, con mantas y muñecos y dormir en sofás. Tomando unas pequeñas medidas de precaución, dormir con los bebés puede salvarles la vida, como conté en el otro post sobre lo que le pasó a Sara .

El otro día, una amiga de viaje por Nueva York me mandó esta foto y a raíz de publicarla en mi página de Facebook, me he decidido a escribir de nuevo sobre este tema.cartel informativo colecho

Lo primero que me llama la atención es que el cartel está en español y muestra a un bebé afroamericano. Parece que está dirigido sólo a la población hispanoparlante, lo que me molesta un poco, pues me parece discriminatorio. Aunque también tengo que decir que desconozco si al lado está el mismo cartel en inglés. Es cierto que en un país donde las tasas de obesidad son las mayores del mundo, compartir cama con el bebé puede ser más peligroso que beneficioso. Pero el dato de que cada año mueren unos 50 bebés debidos a lesiones mientras duermen es muy vago. ¿Cuántos de esos bebés murieron aplastados por sus padres? ¿Cuántos realmente murieron asfixiados por otras causas como objetos sueltos? ¿De los bebés aplastados por los padres, cuantos no cumplían las normas básicas de seguridad para compartir cama? Y voy un poco más allá, ¿Cuántos bebés se han librado de un SMSL gracias a compartir cama con los bebés?

No conozco en primera persona la cultura americana, y me consta que cada vez más mamás optan por una crianza natural, por la lactancia materna, por usar portabebés y por compartir cama con ellos. Famosas y no tan famosas salen cada día como muestra de ello. Personalmente sigo varios blogs de mamás americanas que comparten mi filosofía de crianza. Pero también creo que eso no es lo más extendido. Para ellos, lo normal o habitual es que el bebé duerma aparte, en su propia habitación desde bien pequeño. Prueba de ello son las cientos de películas que he visto en las que los bebés están solos en sus habitaciones y vigilados por un intercomunicador. Todavía no he visto ninguna película en la que compartan cama. Sí he visto por el contrario películas en las que usan portabebés o en las que hablan/muestran la lactancia materna, y siempre que lo hago capturo esas imágenes para compartirlas en mi página de Facebook. En cuanto vea por primera vez una peli americana mostrando escenas de colecho, seréis los primeros en saberlo.

Para mí, para nosotros, compartir cama ha sido lo más natural, lo más cómodo y como todo, ha evolucionado en el tiempo. Primero estaba la cuna pegada a nuestra cama, aunque no la usábamos y dormía entre los dos, con un cojín antivuelco, más que para que ella no se moviera era para sentirnos nosotros más seguros y no aplastarla. En este tema, tengo que decir que al principio, duermes tan en vilo que creo que sería imposible aplastar a tu bebé, estás en alerta. Cuando fue creciendo, el cojín dejó paso a la cuna sin barrotes pegada a la cama, donde a veces rodaba una vez dormida. Cuando la cuna se quedó pequeña, la cambié por una cama pequeña, moví mi cama más hacia la ventana para hacer sitio a la suya, y así tenemos una cama enorme… A veces se pasa la noche en su cama, a veces se mueve y se pasa a la mía y a veces se tumba casi encima de mí y yo duermo en una esquina mientras casi 2 metros de colchones están vacíos.colecho

Cada familia tiene que buscar la opción que más se adecúe a sus necesidades. Bajo mi punto de vista, dejar a los bebés solos desde el nacimiento en una habitación apartada me parece un poco desapegado, pero respeto a los padres que optan por esta opción. Aunque creo que lo más importante es tener toda la información y con ella en la mano, poder decidir. Quizás en la ciudad de Nueva York deberían hacer más hincapié en mantener hábitos de vida saludables que prevengan la obesidad que en apartar a los bebés de sus padres. Aunque mirando la parte positiva, en el cartel informativo recomiendan no compartir cama, pero sí estar cerca, por lo menos los bebés no se sentirán tan solos y lejanos de sus padres.

Historias de portabebés: La historia de Tania

Quiero compartir con vosotros la historia de Tania. Me ha encantado, porque no sólo nos cuenta las maravillas de usar un portabebé, sino que además, no da un ejemplo claro de las cosas que se pueden hacer con las manos libres, prescindiendo de la silla de paseo.  Y para muestra, una foto del momentazo. No os la podéis perder. ¡Me encanta esta mamá!

Hola, os voy a contar un poco sobre mi experiencia con el mei tai,,,,
No lo había visto nunca este porteo, tan poco había hablado de él. Ya que vivo en un pueblo que nadie portea los niños… y por una amiga lo hé conocido.
La mejor experiencia que tuve fui cuando mi marido nos llevo a visitar un castillo, cuando llegamos allí y después de estar como 20m en la cola, llego nuestra vez y nos dice una señorita, con el carrito del bebe no puedes entrar y mucho menos subir, ya que hay muchas escaleras… asi que miré a mi marido y le dije, lleva la silla al coche y trae mi mei tai…
Cuando llego me puse preparar a mi princesa y todo el mundo me miraba, cuando ya estábamos preparadas entre a explorar el castillo y ahí va…, empecé a subir escaleras y subir y subir, jajajajajaja le miro a mi marido y le digo cuantas escaleras queda hasta llegar el más alto (Ummmmm pues muchas) seguí con la visita al castillo y por fin llegue arriba eso si cansada pero valió la pena con unas vistas impresionante…,al pasar el rato nos toco bajar…,una cosa os digo me costó más bajar que subir jejejejejejj…tenía una botas con un tacón de 11 cm y medio jajajajaj lo acabo de medir.
Cuando hemos llegado abajo me mira una trabajadora de allí y me dice ( Eres muy valiente subir todas esas escaleras con la bebe en brazos y con eses tacones impresionante) todo el mundo me miraba y hablaba, fui muy buena experiencia y se no fuera por el mei tai nunca habría subido con la nene porque tendría como una 50 escaleras o más…,me vino muy bien para recoger el niño en el cole, para ir al supermercado a hacer la compra estando sola llevando la niña en el mei tai con el carrito de la compra lleno hasta arriba, llegar a la caja pagar colocar la compra en las bolsas y luego meter en el coche  la verdad me sentía muy bien porque no dependía de nadie…yo encantada con la compra.
Espero que os sirva de algo
Gracias
Tania

mei tai

Mándame tu historia, una anécdota, algún momento en el que usar un portabebé haya sido tu mejor aliado, y la publicaré aquí, para que otros papis vean la cantidad de cosas que se pueden hacer cuando usamos un portabebé. Y lo a gusto que van nuestros peques, que al fin y al cabo, es lo más importante.

Historias de portabebés: La historia de Ángeles

Esta semana, una otra mamá quiere compartir con nosotros su historia con los portabebés. Por lo que cuenta, su bebé es un niño inquieto, que nunca ha querido carro. Y el uso de los portabebés, la han ayudado mucho en la crianza diaria.

Hola soy Mª Ángeles la mama de “ Zipi”, más conocido como “terremoto”.
Antes de tener a mi bebé no tenía ni idea de mochilas ni de porteo ni nada de eso, y mi opinión era totalmente distinta a la de ahora, pensaba que a los tres meses le iba a pasar a su habitación, que era lo que me decían que era normal, le estaba buscando un supermegacarro de esos de más de 1000 euros, porque era lo que se hacía, mi suegra decía que me lo pagaba , pero me negaba a gastarme más de lo que me había costado mi coche, así que me compre el carro y un portátil, “jejeje”, y menos mal, porque para lo que lo ha usado, y también oía eso de que “ no se te ocurra cogerle, que son muy listos”. A todo esto yo ya había pasado por el nacimiento de mi sobrina, y había visto a mi sobrina en el pañuelo durmiendo con mi hermano y mi cuñada, etc., y mi madre me decía, mira que poco se complican ellos, como yo, cuando tú eras pequeña dormías con nosotros, no usábamos carro porque vivíamos en un tercero sin ascensor, y sin sitio donde meterlo, etc., yo estaba hecha un lío.
Entonces nació mi terremoto, no callaba, ni de día ni de noche, nervioso como una lagartija, y para mecerlo en brazos ¡imposible!, ¡era como mecer a un hámster!! Y nació con lo que se conoce con el “síndrome de la cuna y el carro con pinchos”. La primera vez que le saque a la calle, ¡¡¡Un infierno!!! Parecía que llevaba a “Chuky” en el carro, iba con unos berrinches… que la gente se asomaba para ver que es lo que llevaba, así que terminé con él en brazos, empujando el carro, y con la correa y el perro, que ¡¡estuve a punto de meter a la perra en el carro!!
Al día siguiente una amiga me dejó una mochila mala, de una marca muy famosa, y allá que le metí, y pensé “ pues no está mal” hasta que al pasar por una puerta, como iba colgado, literalmente, se despegó y se dio en la cabeza con el marco de la puerta, y otro berrinche, le saqué de la mochila y tenía los huevecillos irritados de ir colgado, y la guardé en un cajón;  hasta que ese domingo, en la parcela mi cuñada me dejó el pañuelo, me enseñó a ponérmelo, vi que era sencillo, en cuanto metí a Izan se durmió y me fui de ruta por el campo, así que cuando volví a casa ese mismo lunes encargué una mochila ergonómica, y hasta hoy, ha vivido pegado a mí, nos hemos recorrido media España, hemos hecho rutas por Cantabria que con el carro hubiera sido imposible, he hecho cosas, lo que más le relajaba era que pasara la aspiradora con el encima, se dormía, y con el pañuelo, había veces que venía de la calle y me quitaba el pañuelo con él, le dejaba envuelto y ala seguía durmiendo, (no mucho, siempre ha dormido poco) pero por lo menos yo volvía a tener vida, eso lo solucioné y lo de dormir, pues colechando, hasta hoy seguimos durmiendo los 5 juntos, nosotros tres y los dos gatos, y tan a gusto, tengo y he tenido que escuchar muchas críticas, en plan “ ya está enmochilao” “ quítale ya de ahí que te va a destrozar la espalda”, “ no le vais a poder sacar de la cama”, etc., pero me doy cuenta que de quienes vienen las críticas es de quien no han podido ni portear , ni colechar por influencias externas, y les da envidia por lo que se han perdido, por eso siempre, siempre aconsejo y aconsejaré portear y colechar, por lo que compartes, a día de hoy, me da mucha pena que ya quede poco de porteo, y de colecho, pues no…, porque mi niño ya quiere dormir solo, y yo no le dejo, porque la lía, porque sigue durmiendo menos que nosotros, cuando tenga conocimiento dormirá solo….
Esta es mi historia de portabebés. Espero que sirva a alguien que como yo esté pensando en comprarse ¡¡un carro de 1000 euros!! Jejejeje

Una semana más, hemos visto cómo el uso de portabebés ergonómicos nos ayuda cada día, cómo al nacer nuestro pequeño, las ideas que teníamos preconcebidas pueden cambiar, y cómo podemos ahorrarnos mucho dinero, ¡no nos hace falta ni carro ni cuna!. ¿Quieres compartir con nosotros tu experiencia? Mándame un mail a info@felizenbrazos.com

Tu me has hecho madre (publicidad de la marca de portabebés ergonómicos Boba)

El otro día vi este vídeo de la marca de portabebés ergonómicos Boba. No es que se me saltaran las lágrimas, es que me puse a llorar y no podía parar. Es increíble el sentimiento que transmite. Y las cosas tan bonitas que dice, esos sentimientos que todas sentimos por nuestros hijos. Me apetecía mucho compartirlo con todos, pero que las personas que no entienden inglés, pudieran saber lo que dice. Las imágenes hablan por si solas, pero si le añadimos palabras, es precioso.

Me parece una publicidad muy cuidada y respetuosa. Boba es una marca de portabebés con la que trabajo, y que me ha dado muchas satisfacciones. Sus fulares elásticos son suaves y cómodos, te ayudan a llevar al bebé bien cerquita, para pasarnos el día besando esas lindas cabecitas. Aquí podéis ver más características. Y las mochilas ergonómicas ya van por su cuarta generación. Yo he usado la 3G con mi pequeña durante mucho tiempo, y estoy feliz de la vida. También podéis ver más características de estas mochilas aquí. En esta publicidad, muestran sus productos, pero brevemente, dando prioridad a los sentimientos. Y por supuesto, sale una madre dando de mamar. ¡Es genial!

Os dejo con la traducción de lo que dice

“Te sentí. Eras un guisante. Después, un limón. Después, una berenjena. Seguí los consejos. Leí doce libros. Dejé el café.

¿Podrías decir que tenía miedo?

He hablado contigo, te he cantado… No estaba preparada.

Pero entonces ya  estabas aquí. Diez dedos de los pies. Tres kilos y medio. Amor. Amor enorme.

Te sostuve. Te alimenté. Me di cuenta de que iba a pasar mi vida haciendo cosas para hacerte feliz, y que eso me haría feliz.

A veces hay momento en los que quiero dejarlo. Me has hecho replantearme mi cordura. Me has hecho querer caer a los pies de mi madre y decirle que la entiendo.

Pero luego sonríes y dices mi nombre, y agarras mi mano con esos pequeños deditos.

Estamos creciendo juntos. Estamos viendo el mundo como si fuera nuevo. Abriré mi corazón y el amor lloverá sobre ti. Te reirás, y lo haré de nuevo. Caminaremos de la mano. Hasta que me dejes.

Yo te hice, pero tú me hiciste una madre.”

Aquí podéis leer el post original, publicado en Huffingtonpost por , de donde he podido extraer las palabras que no había acabado de entender, con mi nivel medio de inglés, jejeje.

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