No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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¿Los terribles dos? Los abrumadores cuatro

Siempre hemos oído hablar de los terribles dos años, las épocas de las rabietas, cuando nuestros hijos aun no saben gestionar y manejar sus emociones y se frustran, dando lugar a las famosas rabietas.

En nuestro caso, los dos años pasaron bastantes tranquilos, solo recuerdo un par de momentos de crisis, pero cedían en seguida. En cambio, según la peque ha ido creciendo, estas rabietas y estas crisis han ido apareciendo con mayor frecuencia. Y no solo eso, no solo de enfados vive mi hija. También de lloros sin motivos.

Sara es una niña muy alegre y con muchísima personalidad, sabe lo que quiere y la mayoría de las veces, lo quiere ya. Evidentemente, en mi mano está darle la educación que corresponde y enseñarle que no puede tener todo lo que quiera ni mucho menos cuando ella lo quiera. Pero de momento, sigue sin entenderlo.

Y así estamos, a tres meses de cumplir los 5 años y con mas enfados ahora que cuando era pequeña. Y es que la mayoría de los enfados son por cosas sin sentido (al menos para mí, porque para ella debe tener todo el sentido del mundo).

Nuestros días comienzan así. Suena el despertador y se despierta de un humor horrible. No es por cansancio, porque duerme unas 11 horas del tirón. Simplemente, le sienta fatal despertarse. Y no solo los días de diario, cuando hay que levantarse forzadas; los fines de semana también se levanta con el pie izquierdo y no quiere ni que la hablemos. Por lo general, como se acerque su hermano a decirle algo, ya está liada. He probado distintas alternativas, como acostarla antes todavía, poner el despertador diez minutos antes, para que se vaya espabilando poco a poco, hacerle cosquillas, darle besitos, despertarla cantando, pero no parece que nada funcione. Sólo salta de la cama y se levanta de buen humor cuando tenemos algún plan a la vista que le apetece mucho. Levantarse para ir al cole, no entra dentro de esa categoría.

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Llega la hora del desayuno y como se ha levantado enfadada, no quiere desayunar. Los fines de semana dejo que lo haga mas tarde, sin prisas, pero los días de diario no podemos entretenernos mucho. Da lo mismo, aunque deje el desayunando como la ultima tarea del día, ella lo hace enfadada, protesta porque quiere desayunar algo que justo ese día no hay, protesta si el pan está más tostado de lo normal, si su leche está demasiado caliente o demasiado fría, si le pongo colacao o si no se lo pongo…. Al final, termino dejándola en la cocina con el desayuno mientras yo voy a terminar de arreglarme para salir de casa, y de ese modo, suele desayunar lo que le apetece.

La recojo del cole y pasa de estar riéndose en el patio a enfadarse en escasos segundos. Y vale, entiendo que está cansada, que me ha echado de menos, que conmigo tiene la confianza para hacerlo… a si que intento mimarla mucho (si me deja), cogerla en brazos y generalmente se le pasa. Pero, llegamos a casa del cole y se enfada porque Lucas está viendo la tele, o porque quiere pintar y no encuentra justo el lápiz o el cuaderno que quiere, se enfada si no le doy una chuche, se enfada porque quiere merendar justo lo que no hay en la nevera…no puedes imaginar a qué nivel llegan sus enfados. Porque todos los enfados van acompañados de llantos y de gritos. Si, mi hija grita y mucho. Grita para pedir las cosas, chilla si no tiene lo que quiere, se tira al suelo y patalea o se mete debajo de una mesa y da golpes a las patas, empuja las sillas…. Y mira, que se enfade porque está frustrada por algo, lo entiendo y lo respeto y espero a que se le pase para hablar con ella. Pero que grite y de golpes por lo mismo, no puedo consentirlo y termino enfadándome con ella.

Y así pasamos la tarde y llegamos a la cena del mismo modo, cabreándose por mil cosas: si la baño, porque la baño; si no lo hago, porque ella quería un baño de espuma, si hago sopa, porque quería puré, si hago puré, porque quería ensalada…. Parece que nada le viene bien.

Es muy frustrante para mí su comportamiento. Supongo y entiendo que es algo temporal, que es otra etapa de su desarrollo que irá dejando atrás poco a poco.

La otra cosa característica de estos días son los lloriqueos continuos sin motivo aparente. Todo lo pide llorando, me habla con esa vocecilla que no le sale de dentro. Lo he hablado muchas veces con ella, que no tiene que pedirme las cosas así, que me las pide normal, sin llorar y sin enfadarse, pero de momento, no ha dado resultado.

Después de sus múltiples enfados diarios, siempre hay algo común: unos instantes después de haberse enfadado por lo que quiera que sea, cuando la dejo un poco a su aire para que se le pase sin abrumarla demasiado, ella piensa y recapacita y siempre viene a pedirme perdón, llorando, eso sí. Por una parte, el hecho de que ella se de cuenta de que esos enfados no tienen sentido, me hace pensar que por lo menos es consciente de la situación; pero por otra parte, también me da bastante pena que se sienta culpable por algo que quizás, de momento, escapa de su control.

Imagino que será una etapa más de su desarrollo y de su personalidad, algo que me sorprende porque no lo había visto en su hermano, pero claro, cada niño tiene su propia forma de ser.

Lo mejor de todo, es que el resto del día sigue siendo mi Sara, mi niña risueña, esa niña que no para quieta, que siempre está dispuesta a aprender, que no se aburre porque tiene una imaginación desbordante y siempre hay algo nuevo por hacer. Esa niña que se esfuerza por aprender a escribir simplemente porque le apetece, que quiere leer todo lo que encuentra, esa niña que pinta y colorea, que hace manualidades, que juega con su imaginación. Esa niña que salta, corre, baila y juega. esa niña que se lleva bien con todo el mundo, abierta y vivaracha, que se emociona y alegra sinceramente cada vez que se encuentra con alguien a quien aprecia. Esa niña que me da cientos de abrazos, que me dice varias veces al día lo mucho que me quiere, que me come a besos y a la que le parezco la mejor madre del mundo.

¿Están estresados los niños con las actividades extraescolares?

Los niños pasan demasiadas horas fuera de casa, y no jugando precisamente. Tienen jornadas que, en muchos casos, son casi más largas que las jornadas laborales de los padres. Y es que ya sabemos que la conciliación no existe.

En el mejor de los casos, el colegio es de 9 de la mañana a 2 de la tarde. 5 horas que pasan encerrados entre cuatro paredes, con un breve descanso para jugar. Y digo en el mejor de los casos, porque la realidad va mucho más allá. Niños que abren el colegio a las 7 de la mañana para acoplarse al horario familiar. Niños que se quedan en el comedor por el mismo motivo. Niños que enganchan después con actividades organizadas por el AMPA… Y si nos ponemos a echar cuentas, al final están 10 horas seguidas haciendo cosas, ¡más horas que la mayoría de los adultos!

No nos queda otra, los padres tenemos que trabajar y los niños tienen que estar vigilados en algún sitio. ¿Nos paramos a pensar en todas las cosas que hacen los niños y en si son realmente necesarias? La sobrecarga de trabajo de los padres hace que sometamos a nuestros hijos a jornadas maratonianas y cuando llegan a casa, están tan cansado que no tienen ganas de hacer nada más, no tienen ganas de jugar.

Y no solo eso. Vivimos en una época en la que queremos que nuestros hijos sean los mejores, los más listos, los más preparados… Es cierto que la educación es muy importante para su futuro, pero también es cierto que son niños y necesitan divertirse, no estar todo el día aprendiendo y sometidos a constantes presiones.

Veo niños pequeños, de 2, 3, 4 años, esperando en la puerta de la academia de inglés que hay cerca de mi casa, cargados con libros. Cierto es que el inglés es el idioma universal y es importante que sepan hablarlo; que cuanto antes empiecen a aprender idiomas, el aprendizaje será más sencillo; pero leñe, son niños y necesitan divertirse, no pasarse más horas sentados. Que tampoco pasa nada porque empiecen a aprender inglés más tarde. Veo niños que van a judo porque sus padres quieren que lo haga, aunque en realidad les apetecería ir a una academia de baile; veo niñas que hacen ballet porque sus padres quieren, aunque en realidad lo que les gustaría es estar corriendo tras un balón; niños que hacen teatro cuando quieren jugar al tenis….

Los gustos de los niños deberían primar por encima de todo, no las necesidades o inquietudes de los padres. Además, si son actividades lúdicas, muchísimo mejor, no olvidemos que son niños y necesitan jugar y divertirse. También deberíamos tener en cuenta si estas actividades no sobrecargan demasiado a nuestros hijos. Y valorar continuamente si están contentos y a gusto con lo que hacen. Obligarles a hacer algo que no quieren puede elevar el nivel de estrés de los niños, resultando a la larga contraproducente.

Mi hijo mayor ha probado de todo. Durante unos años hizo judo en el colegio, hasta que decidió que no le gustaba y quería cambiar. Así, ha probado a hacer atletismo, baloncesto, tenis, balonmano, baile y boxeo, actividades en las que ha estado más o menos tiempo según su nivel de satisfacción, y yo siempre he respetado sus decisiones al respecto. La pequeña empezó el año pasado a asistir a una academia de baile, y de momento le encanta. Los dos días de la semana que tiene clase, va contenta y pregunta continuamente cuando vuelve a tener clase; de eso modo, ella hace ejercicio y lo más importante, disfruta con lo que hace.

Las actividades extraescolares deberían estar siempre supervisadas, no aparcar a nuestro hijo en cualquier lugar esperando que aprenda a hablar chino o que sea un virtuoso del violín, proyectando en ellos nuestros deseos. Hay que buscar el equilibrio. Siempre respetando sus gustos. Siempre dejándoles probar y ver si disfrutan y se divierten. Y siempre entendiendo que las horas tienen un límite y ellos necesitan tiempo para seguir siendo lo que son, niños.

Cuéntame, ¿Cuántas y qué actividades extraescolares realizan tus hijos?

¿Están seguros nuestros hijos? Claves para la protección de la infancia

La mayoría de los padres vivimos tranquilos y confiados, pensando que nuestros hijos están seguros en su entorno protegido, que las noticias sobre violencia infantil sólo ocurren en la televisión. Pero la realidad es mucho más cruda y debemos abrir los ojos; las situaciones de violencia y maltrato infantil son mucho más frecuentes de lo que pensamos. Y ocurren en casa, en la escuela, en la calle y también en las redes sociales.

Educo es un ONG que lleva más de 25 años trabajando en defensa de la infancia y sus derechos. Actúa en muchos países y en muchísimos ámbitos. En un estudio realizado en España a padres y madres con hijos de 6 a 12 años sobre la seguridad de sus hijos en el entorno escolar, el abuso sexual y las nuevas tecnologías, se desprenden datos sorprendentes.

Datos en España

  • El 9% de las niñas y el 20.5% de los niños de 11 a 12 años declaran haber sufrido agresiones físicas en su colegio alguna vez en los últimos dos meses.
  • El 27% de las mujeres de 16 a 24 años declaran haber sufrido violencia física o sexual de los largo de su vida.
  • 247 niños fueron víctimas de delitos graves en el ámbito familiar en 2015
  • Un 17.9% de universitarios declararon haber sido víctimas de violencia sexual durante su infancia, ¡1 de cada 5!
  • En 2015, la Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo) recibió 369.969 llamadas, de las cuales el 52.6% correspondían a casos de violencia infantil.miedo_adulto

Datos recogidos por el estudio de EDUCO y por la encuesta Small Voices, Big Dreams (alianza ChildFund)

  • El 32% de los padres encuentran dificultad para entablar una comunicación diaria con sus hijos; el 54% declara no haber hablado con sus hijos sobre el acoso escolar; el 65% no encuentra el momento de hablar de educación sexual con sus hijos.
  • El 63% de los padres consideran que es la escuela la que debe resolver los casos de bullying (violencia entre niños que ocurre en la escuela y en otros espacios que comparten los niños)
  • Ante la posibilidad de que su hijo sufra bullying, el 17% de los padres afirma que es cosa de niños y que no haría nada.
  • En caso de que su hijo fuese el acosador, al 11% de los padres le costaría admitirlo. Siguen predominando patrones machistas, existe una visión diferente ante un niño acosador que ante una niña acosadora.
  • El 28% de los padres consideran poco probable que sus hijos sean víctimas de abusos sexuales o prefieren no pensar en ello. La educación sexual sigue siendo un tema tabú en muchas familias.
  • El 55% de los padres perciben la calle como el escenario de mayor riesgo de agresión sexual y el 37% consideran que es la escuela. Sólo un 6% cita el ámbito familiar, datos que chocan con la realidad, que indica que la mayoría de los casos ocurren en el entorno familiar.
  • Un 54% de los padres consideran Internet como una herramienta sin muchos riesgos.
  • El 43% no han hablado con sus hijos sobre los problemas y riesgos de internet. A partir de los 10 años aumenta el número de niños con ordenador, correo electrónico y perfil en alguna red social.
  • El 80% de los padres cuyos hijos habían tenido una cita a ciegas a través de internet, negaban que sus hijos pudieran tenerla, cuando el encuentro ya se había producido.
  • El 48% de los niños en España perciben la escuela como un espacio inseguro, donde están expuestos a sufrir malos tratos, abusos físicos o emocionales.
  • El 62% de los niños consideran que ir solos por la calle es el principal factor de riesgo, mientras que el 47% percibe internet como un espacio peligroso
  • El 14% de los niños de España perciben el hogar como un lugar donde pueden estar en riesgo.

Viendo los datos reales de la violencia que sucede en España, con la percepción del riesgo que tenemos los padres, las cosas asustan y mucho. En primer lugar, los padres deberíamos tomar conciencia de que existe el riesgo, después formarnos e informarnos y por último, hablar con nuestros hijos.

Por ello, Educo ha lanzado el Kit de Protección Educo. Una herramienta para las familias, para ayudar en la prevención y saber cómo abordar situaciones de riesgo para sus hijos. Un kit con materiales didácticos, guías, cuentos y fichas, para prevenir situaciones de abuso, acoso, ciberbullyngKit protección Educo

Los materiales que integran el Kit están adaptados a familias con hijos de dos franjas de edad: 6-9 años y 10-12 años. Ambos cuentan con material tanto para adultos como para niños. Los kits están divididos en 3 carpetas (convivencia, violencia adulto-niño y bullying/redes).

Hay muchísimo material. He empezado a leerlo y me queda mucho por aprender y por hacer. Personalmente, quiero hacerlo mejor con mi hija pequeña, pues me doy cuenta que con el mayor, he sido y soy un poco como los padres del estudio, sin mucho tiempo para hablar de lo que realmente importa, pensando que estas cosas no nos pueden pasar a nosotros… Aunque en el tema redes sociales con el mayor intento ser controladora, confieso que a veces se me escapa de las manos. La hora de la comida/cena es un buen momento para sacar estos temas y preguntar, dejar que nuestros hijos nos expliquen situaciones que vemos en la televisión con sus propias palabras, intentar que comprendan, que conozcan los riesgos.Kit protección Educo

Las guías o manuales para padres están explicadas de forma clara, amena y concisa, redactadas por expertos en protección infantil. Y aunque Sara aún es pequeña, no está de más empezar a tratar los temas, saber de qué hablamos, a qué podemos enfrentarnos en un futuro no muy lejano.

El Kit de Protección Educo se puede adquirir desde su propia web, por un precio de  45€. El dinero de estos Kits se destina a la ONG Educo para seguir invirtiendo en prevención y protección de la infancia.

Motivos para que los niños usen gafas de sol en verano

Las pantallas de los ordenadores de mi trabajo, cuando están en modo espera, ofrecen información continuamente, bien sobre cosas propias del hospital o bien sobre campañas e información sanitaria. Estos días, como es normal, nos ofrecen recomendaciones para el verano y el calor, los cuidados que debemos tener, las horas a evitar… Y una de la información a la que quizás se le da menos importancia, es a la protección de los ojos. Sabemos que hay que beber abundantes líquidos, que hay que evitar la exposición al sol de 12 a 17 horas, que hay que usar cremas solares y renovarlas continuamente, que es mejor usar ropa clara o que proteja del sol, que debemos buscar lugares sombreados, no hacer esfuerzos físicos las horas de más calor y que debemos evitar dejar a nadie dentro de un coche cerrado. Pero de lo que se habla poco es de los cuidados de los ojos en verano.

El sol puede dañar también los ojos, por lo que es recomendable utilizar gafas de sol homologadas que filtren, al menos, el 90% de la radiación ultravioleta.

La exposición ultravioleta es acumulativa a lo largo de la vida y está muy relacionada con la aparición temprana de cataratas. Además, el 10% de los tumores de todo el cuerpo se presentan en la zona de los párpados, por lo que es imprescindible la protección de la zona desde bebés.

También se recomienda el uso de gafas de bucear para la playa y la piscina. El cloro de las piscinas es muy irritante y puede producir conjuntivitis. También en playas, ríos y pantanos, el agua con gérmenes y bacterias puede infectar los ojos. Para evitar esas pequeñas molestias, lo mejor es usar gafas de bucear.

¿Cómo protegemos los ojos de nuestros hijos ante el sol?

  • Crema solar– la crema solar no sólo hay que aplicarla por la cara y por todo el cuerpo, también hay que ponerla alrededor de los ojos y en los párpados. Si por cualquier motivo entra en los ojos, lavarlos con suero fisiológico a chorro, pues es irritante.
  • Gorras – Las viseras de gorras y sombreros dan sombra a los ojos, protegiéndolos de las radiaciones solares.
  • Gafas de sol – Es importante acostumbra a los niños a usar gafas de sol desde pequeños, también en días nublados. Pero por supuesto, no sirve cualquier gafa.Rementería

Las gafas de sol deben estar homologadas. No te fíes de gafas vendidas en puestos ambulantes, pues hacen más daño que beneficio. Aunque creas que unas gafas sin homologar protegen del sol por tener los cristales oscuros, si no tienen filtro y no repelen la radiación, su acción es la contraria. Al ser un cristal sin tratar, los rayos solares penetran a través de él y llegan al ojo ampliados, llegando a producir quemaduras. Sólo tienes que pensar en la lupa a través de la que pasa el sol y enciende una ramita seca. Además, la oscuridad del cristal hace que se dilate la pupila y el sol produce aún más daño.

Las gafas de sol deben ser flexibles para que se adapten a la anatomía del niño; cómodas para que no interfieran con sus juegos y actividades; con cristales marrones, grises o verdes, que son los que menos alteran los colores de la visión; o cristales espejados, pues reflejan parte de la luz, sobre todo en ojos claros. Y por supuesto, deben estar homologadas.

Ante cualquier duda, mejor acudir al oftalmólogo. Y por supuesto, el resto del año tampoco debemos olvidar el cuidado de los ojos de los más pequeños. A los 4 años, en la revisión del pediatra, les hacen una pequeña evaluación de la vista. En nuestro caso, y teniendo antecedentes familiares de alteraciones de la visión, una revisión oftalmológica a fondo de Sara ha sido imprescindible. Esta revisión la hemos llevado a cabo en la Clínica Rementería, una institución médica madrileña que ofrece diagnóstico, tratamiento y seguimiento de la salud visual de forma personaliza. Cuenta además con una zona infantil, el área de Oftalmología Pediátrica, especialmente diseñada para la comodidad de los más pequeños.Rementería

No lo olvides, en verano protege la vista de tus hijos de la radiación solar.

Cosas de niños

Nuestros peques, esos que cuando hablan dicen unas cosas que nos hacen pensar, que nos dejan boquiabiertos, que nos hacen preguntarnos de dónde habrán sacado esas cosas. Esas cosas que con el tiempo olvidamos, aunque nos gustaría atesorar para siempre. Tengo una amiga que apunta las ocurrencias de sus hijos en un diario. Bonita forma de recordarlo luego. Yo siempre digo que voy a hacerlo, pero lo olvido.

Hoy, Sara está en casa conmigo, está enferma y lleva unos días sin ir al colegio. Hace un rato iba a cambiar las sábanas y ella ha decido ayudarme. Pero me ha ayudado de un modo muy especial. Me he reído muchísimo y para no olvidarlo, he decidido escribir la historia corriendo, cual diario. Ha sucedido así:pumuckl-993152_1920

–Mamá, yo te ayudo a cambiar las sábanas, ahora vengo – ha dicho Sara y se ha ido a buscar algo. Cuando ha vuelto traía un papel en la mano.

– ¿Qué es eso?

–Estas son las instrucciones para cambiar las sábanas. Yo soy una experta y te las voy a leer para que lo hagas bien.

–Pues vamos a empezar cariño –intentando no reírme…

–Capítulo 1, pon una sábana. Tienes que estirarla bien.

–Vale, ya he puesto la sábana de abajo, ¿ahora qué toca?

–Capítulo 7, pones otra sábana. Esta es muy “dififil” – Mientras, ella estaba apoyada en su cama, con el papel en la mano, supervisando la escena.

–Ahora toca el capítulo de la almohada.

– ¿Cuál es ese?

–El capítulo 23 – (Me encanta ese orden que ella se saca de la manga…)

–Y después de las almohadas, ¿qué tengo que hacer?

–Emmmm, poner el emmmm, mmmm, ehhh, eso que no se cómo se llama (el edredón).

–Mamá, muy bien, lo has hecho fenomenal, menos mal que yo soy una experta y te he ayudado. ¡Eres una campeona mamá! – Y me he ganado un abrazo y un beso.

Así da gusto cambiar las sábanas. Vaya mañana más entretenida llevo 😉

Semana Europea de la Vacunación

Del 24 al 30 de Abril se celebra la Semana Europea de la Vacunación. El objetivo de este año se centra en los avances y desafíos en el esfuerzo concertado de la Región para eliminar el sarampión y la rubeola, enfermedades que siguen teniendo una alta mortalidad.

Por este motivo y en el marco de esta importante semana, el miércoles asistimos a una charla sobre el tema con la Dra. Amalia Arce, pediatra y autora del blog Diario de una mamá pediatra y con la Dra. María Garcés Sánchez, pediatra y miembro del Área de Investigación en Vacunas del Centro Superior de Investigación en Salud Pública. Y yo, que además de madre soy enfermera, promuevo la salud y me vacuno, no me lo podía perder.

Las vacunas salvan vidas. Eso es algo que la mayoría de las personas tenemos claro. Antes de la existencia de las mismas, millones de personas morían en todo el mundo por enfermedades hoy prevenibles. Puedes leer una información mucho más amplia en este artículo que escribí hace un año: Vacunas, prevenir enfermedades, incidencia y efectos secundarios.

Las vacunas son los medicamentos más seguros que existen. Requieren mayor perfil de seguridad que los fármacos. El tiempo medio para desarrollar una vacuna es de 12años. Debe ser segura, eficaz, estable y barata. Aunque no están exentas de efectos adversos, a veces se producen por el propio producto, por mala manipulacion o por enfermedades coincidentes. Una anécdota sacada de un libro de vacunas: “a la consulta llegó una madre con su hija pequeña a ponerle una vacuna. Mientras la enfermera preparaba la vacuna, la niña tuvo una crisis epiléptica; resultó que en su familia había antecedentes. Aún no le habían puesto la vacuna. ¿Qué habría ocurrido si esa crisis la hubiese tenido minutos después de haberla pinchado? Que achacarían la enfermedad a la vacuna, no a su historia familiar”

A pesar de la seguridad de las vacunas y de su eficacia, existen varios movimientos antivacunas. Siempre han existido, aunque en la era de internet y las tecnologías, estos movimientos tienen mayor repercusión, se extienden y llegan más lejos. Argumentos tan absurdos como que una buena alimentación o la lactancia materna pueden proteger frente a enfermedades no tienen sentido. Se basan en argumentos sin base científica, con muchos tecnicismos y a través del miedo.

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Calendario de vacunación de 1975

El personal sanitario debería vacunarse siempre, es un riesgo para la salud de los pacientes, más si son niños. Pero la vacunación no queda sólo para los niños y el personal sanitario. Todos los adultos deberíamos tener nuestra cartilla de vacunación al día. Consulta con tu médico de cabecera para conocer el estado de tu vacunación y ponerlo al día.

Algunas vacunas

VPH – El virus del papiloma humano no solo afecta a las mujeres, también a los hombres. Están en aumento lo casos de cáncer de pene y orofaríngeo. También se debería vacunar a los niños, aunque de momento no está en el calendario. Personalmente, quiero ponerle la vacuna a mi hijo. Como enfermera de cirugía, te puedo asegurar que he visto bastantes casos de condilomas anales y uretrales en varones jóvenes. Aunque se ha hablado mucho sobre esta vacuna y sus riesgos, no hay ningún estudio concluyente al respecto, todas las reacciones que ha habido se ha demostrado que no están relacionadas con ella. Yo también estoy vacunada, me puse mis dosis de Gardasil cuando empezó a comercializarse en España.

Meningococo B – Ambas doctoras recomiendan la nueva vacuna de la meningitis. La incidencia de la enfermedad es baja pero los daños que causa este tipo de meningitis son muy graves, por lo que es muy recomendable ponérsela a nuestros hijos. Las reacciones a la vacuna son pocas y son de tipo local. Como siempre, es mejor consultar con su pediatra. A finales de mayo-junio estarán disponibles en la farmacia.

Varicela – En Madrid ha vuelto a incluirse en el calendario de vacunación. En otras comunidades aún no entra en calendario, pero por suerte se han desbloqueado y pueden conseguirse en la farmacia. Una sola dosis de varicela protege de la mortalidad, aunque puede tener varicela de forma leve. Con la segunda dosis, se bloquea la enfermedad y tampoco habrá herpes zoster.

Impacto de vacunación Diferencia en datos

Impacto de vacunación
Diferencia en datos

En conclusión, las vacunas salvan vidas. Por la salud de nuestros hijos, por la nuestra y por la de la gente que nos rodea, debemos vacunarnos.

 

Soy madre hace 14 años

Parece que fue ayer cuando me convertí en madre por primera vez y ya han pasado 14 años. 14 años de ver crecer a ese bebé pequeñito y regordete que cabía en el hueco de mi brazo y que ahora es casi más alto que yo.Feliz cumpleaños

En todo este tiempo he aprendido y vivido muchas cosas que no imaginaba antes de ser madre. La maternidad te cambia la vida, totalmente. En la inmensa mayoría de los aspectos es maravillosa, aunque la maternidad también tiene sus cosas duras.

  • Hace 14 años aprendí a amar a alguien más que a mí misma. Es cierto, cuando tienes un hijo, el amor es algo imposible de describir, a tus hijos les quieres por encima de todas las cosas, a otro nivel.
  • En estos años he aprendido que una madre puede ir por la vida con muy pocas horas de sueño. Los primero meses son agotadores, la lactancia a demanda, los despertares frecuentes, los hábitos de sueño de los bebés que nada tienen que ver con los de los adultos…Pero oye, que duermes poco y encimas tiras, con unas ojeras que te llegan hasta el suelo, claro. Recuerdo esas primeras semanas, iba a casa de mis padres varias veces a la semana a comer. O eso creían mis padres. Yo en realidad no iba por la comida, ¡iba por la cama! En cuanto Lucas terminaba de mamar, les dejaba al niño y me iba rauda y veloz a dormir hasta que mi pequeño retoño necesitase la teta de su madre otra vez.
  • Paciencia, cuando te conviertes en madre, además de un bebé ganas un plus en paciencia. Si echo la vista atrás, veo cómo me he asentado, cómo pasaba de enfadarme por muchas cosas que ahora me parecen sin sentido a tener una paciencia infinita; paciencia cuando los niños tienen rabietas sin saber por qué; paciencia para volver a cantar la misma canción por décima vez; paciencia para escuchar sus peroratas sobre algún acontecimiento importante…aunque la paciencia, como todo, se agota y ha habido muchos momentos en estos 14 años que me he quedado sin ella. Menos mal que es como un pozo sin fin, y aunque momentáneamente se haya secado, el pozo se vuelve a llenar y volvemos a empezar.
  • Regreso a la infancia. Quién me iba a decir a mí cuando tenía 26 años que me iban a importar las cosas de mi infancia…un año después llegó Lucas y de nuevo me vi recordando esas canciones que me cantaba mi abuela, jugando tirada en el suelo a hacer torres con bloques de Lego, bañándome en una bañera donde había más juguetes que agua, disfrutando de la noria, comiendo chucherías…
  • Hace 14 años el miedo y la angustia llegaron para instalarse en mi corazón y ya nunca se han ido. Tienes un hijo, el ser más adorable y al que más quieres del mundo. Y con el amor infinito, también llega el miedo a perderlo, el dolor de verlo enfermo, el sufrimiento cuando sufre. Ser madre te convierte en sufridora nata. Lucas fue un niño que de pequeño tuvo varios ingresos por bronquiolitis y neumonías. Cada vez que veía a mi pequeño con esa dificultad para respirar, con mascarilla y suero, apagado en una cama de hospital, cuando pasábamos más días en urgencias que en casa, cada vez que me decían que había que dejarle ingresado porque no mejoraba se me partía el alma. Tengo dos anécdotas con las que ahora me río, pero recuerdo lo mal que lo pasé. Una noche, Lucas tendría 7 u 8 años, estábamos jugando antes de dormir, ya en la cama, cuando sin querer se tiró hacia atrás y se dio con el pico de la mesilla de noche en la cabeza. Se hizo una herida y empezó a sangrar. Y yo, la superenfermera que se enfrenta a cosas muy feas cada día, en ese momento me volví la madre más blanda del mundo, me mareé y casi pierdo el conocimiento. Era para vernos, en el mini cuarto de baño, yo tumbada en el suelo, Lucas sangrando y Jose tapándole la herida con una mano mientras con la otra me sostenía las piernas en alto a ver si se me pasaba el mareo. La otra anécdota fue cuando vimos la película “Lo imposible”. Estábamos en casa, Lucas ya estaba dormido y llega el tsunami. Cuando a la madre la arrastra el agua con su hijo Lucas, al que pierde y trata desesperadamente de agarrar, cuando son golpeados con violencia por todas las cosas que arrastra el agua…no podía respirar, la sensación de miedo, el hecho de que el niño se llamase como hijo, el sufrimiento que estaba viendo me hicieron tener una crisis de pánico. Tuve que apagar la película e ir a tumbarme en la cama con mi hijo, que dormía plácidamente.
  • Cuando me convertí en madre pasé de pensar sólo en mí a poner a mi hijo por delante. Recuerdo cuando era pequeña y había algo rico para comer, mi madre no se lo comía por dárnoslo a nosotras. Esas cosas sólo las hace una madre (y un padre). Antepones a tus hijos a tus  necesidades. Ellos se convierten en lo primero y en lo más importante, después, si sobra, si puedes, si hay tiempo, vas tú.
  • Hace 14 años que me convertí en una leona luchadora. Como decía una casposa de esas que salen en la tele “yo por mis hijos mato” Y es así, luchas por ellos hasta tu último aliento. Como madre no permites que les hagan daño (aunque les van a hacer daño muchas veces y no podremos evitarlo y sufriremos con ellos). Como madre te sacrificas, luchas, lo haces todo por su bienestar y en su beneficio. A veces me pregunto cómo he conseguido llegar donde estoy yo sola. Porque sí, porque aquí he llegado con poca ayuda, con mi fuerza y mi tesón. Cuando Lucas tenía 6 meses su padre nos dejó, nos quedamos sin casa (menos mal que mis padres nos acogieron casi dos años), sin trabajo, sin coche, con deudas y por supuesto, él no pasaba un duro de pensión. Pero yo me busqué la vida, encontré trabajo, me compré un coche, alquilé un piso y yo sola, con un niño pequeño, lo hacía todo, lo eduqué y lo saqué adelante. Hoy puedo decir con orgullo que mi hijo es un niño maduro y responsable ¡y adolescente!, que valora todo lo que he hecho por él aunque a veces lo olvide, es un niño sensato, seguro de sí mismo, cariñoso, educado, que se preocupa por los demás. Y eso lo hemos conseguido los dos, él con su forma de ser y yo con mi lucha diaria. ¿Quién me iba a decir hace 14 años que hoy tendría dos hijos y sería single mami?cumpleaños

Seguro que hay muchas más cosas que cambiaron en mi vida hace 14 años, cambios grandes y cambios pequeños, pero todos para bien. No cambio mi vida de antes con la de ahora, a pesar de sus malos momentos. Tengo dos hijos maravillosos, con los que disfruto muchísimo, que me han enseñado a ser mejor persona, dos hijos que también a veces, estoy deseando que se vayan a dormir y me dejen un rato de tranquilidad, dos hijos que son mi mayor tesoro.

Lucas fue el que abrió el camino del cambio, el que llegó a mi vida hace 14 años y la transformó, el que me hizo ser madre. ¡Muchas felicidades hijo! Gracias por haberme elegido para acompañarte en este camino.

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