No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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De lactancia materna, copas menstruales y partos en casa

 

Hace sólo unos días leí estupefacta un artículo de la rancia Carmen Posadas que se publicaba en el dominical de un famoso periódico. Esta señora escritora, de la que casualmente no he leído ningún libro, se ha lucido con su artículo, en el que no deja títere con cabeza, o más bien, en el que no nos deja a las mujeres en muy buen lugar, a las mujeres que optamos por una maternidad y una vida más natural y respetuosa. El respeto, en su caso brilla por su ausencia. Me niego a enlazar su artículo y hacer que reciba más visitas. He aquí una imagen de sus desvaríos.

lactancia, copa menstrual, parto en casa

En un vuelo transatlántico me tocó al lado una mamá joven, muy guapa y con estudios universitarios, que viajaba con su hijo de dos años. Ante mi sorpresa, llegada la hora empezó a dar de mamar al retoño después de que este, hablando como un catedrático, solicitara el servicio de comedor. No seré yo quien se mese los cabellos ante las madres que reclaman su derecho a alimentar a sus hijos cómo y cuándo les plazca, allá cada cual con su particular afán de protagonismo, por no decir exhibicionismo. Pero ¿es compatible con una vida profesional amamantar niños hasta esa edad? “

¿Afán de protagonismo y exhibicionistas? La lactancia materna, la función natural de los pechos de las mujeres, sigue avergonzando a muchas personas, e incluso a esta escritora retrógrada que no está puesta en las recomendaciones de la OMS. Porque digo yo, que si organismos científicos internaciones, después de muchísimos años de estudios, insisten en que lo más beneficioso para los bebés es la leche materna en exclusiva hasta los 6 meses y complementada hasta los 2 años y más allá de ese tiempo siempre que madre y bebé así lo deseen, será por algo. Que no señora, que si mi hija de 4 años me pide teta, ni yo soy una exhibicionista que quiero mostrar la turgencia de mis pechos a todo el mundo ni quiero ser la protagonista de una reunión de amigos. Si le doy teta es por su salud, por mi salud, porque a ella le gusta, porque le alimenta, porque es sano, porque le calma, porque tengo esa posibilidad y punto. Ah, y los mismo da el aspecto físico de la madre lactante y su nivel de estudios, guapas y feas, universitarias o sin graduado escolar, las tetas de todas están hechas para alimentar a nuestros hijos y de las tetas sale leche de igual calidad.lactancia

¿Compatible con la vida profesional? Teniendo en cuenta que la OMS recomienda lactancia en exclusiva hasta los 6 meses y que en España la baja maternal no dura ni 4 meses, es difícil, pero perfectamente compatible. Al principio podemos sacarnos leche con un sacaleches y a partir del 6 mes, cuando el bebé comienza a tomar otros alimentos, puede comer “comida” mientras nosotras no estamos y tomar teta cuando estamos con ellos. Porque las madres trabajadoras volvemos a casa después de la jornada laboral y en esas horas que compartimos con nuestros hijos, podemos darles el pecho, podemos leerles un cuento, podemos jugar a revolcarnos por el suelo y podemos hacer cientos de cosas. Quizás Carmen no lo sepa porque no dio pecho a sus hijos o porque al llegar a casa tenía a los niños cuidados con alguna niñera…

 Tampoco parece muy compatible con el trabajo lo que propugnan las muy progresistas ‘miembras’ de la CUP. Ellas desean que los centros de salud promuevan «métodos alternativos de recoger el sangrado menstrual» a los caros y poco ecológicos tampones y compresas.  Para ello abogan por el sangrado libre y la utilización de esponjas marinas. “

Y digo yo, señora Posadas, ¿qué leche tendrá que ver mi ciclo menstrual con la compatibilidad con el trabajo? ¿Y acaso usar una copa menstrual me convierte en independentista? No seré yo la que hable de política, pero sí la que habla de métodos alternativos para recoger el sangrado menstrual. Y casualmente, la moción sobre la menstruación que ha presentado la CUP me parece fenomenal.  Resulta que la menstruación no es algo nuevo, sino que al igual que la lactancia materna, es tan antigua como la humanidad. Es inherente a los mamíferos. Las mujeres tienen pechos para amamantar. Y las mujeres tienen periodo menstrual. Durante años, lo que viene siendo de toda la vida, vamos, las mujeres han cuidado sus ciclos menstruales de una u otra forma, hay constancia de que en Egipto las mujeres usaban una suerte de compresas para tal menester. Desde entonces ha llovido mucho y ha habido adelantos, o no. Los tampones casualmente, están ligados al Síndrome de Shock Tóxico y tanto compresas como tampones dejan en el cuerpo de la mujer residuos. Y no solo en nuestros cuerpos, sino en el medio ambiente, pues aunque a esta mujer le parezca que cuidar el medio ambiente es absurdo ¿Y si estropeo el medioambiente con mis tampones y compresas?”  Poner un poco de parte de cada uno ayuda bastante. Además, el gasto mensual es compresas y tampones es muy grande. Ya me imagino yo a familias que no consiguen casi llegar a fin de mes, sufriendo por gastarse 10 o 15€ mensuales en compresas. Si invierten 30€ en una copa menstrual que dura 5 años, ¿no supone esto un gran ahorro? Creo que Carmen Posadas no ha leído bien la moción de la CUP, pues no propugnan el sangrado libre, sino el uso de métodos alternativos. Y  puedo hacer mi trabajo igual de bien con un tampón que con una copa menstrual.

“¿Para qué ir a un hospital si se puede parir igual en el colchón de casa, como sacraliza un conocido anuncio de televisión? Por supuesto, y una vez más, parir con dolor es una opción, pero no parece precisamente ‘moderno’ anteponer la intimidad a la seguridad o considerar irrelevante la contribución del parto hospitalario a la hora de reducir la mortalidad materno-infantil.”

El parto en casa, en un embarazo sano y controlado, es una opción segura y responsable. En otros países Europeos, sin ir más lejos, es una opción que se considera normal. Parir en casa se hace bajo la supervisión de matronas, que son las profesionales de la salud que controlan la vida sexual y reproductiva de las mujeres y que se encargan de los partos en la inmensa mayoría de las ocasiones. Digo inmensa, pues en muchísimos casos innecesarios, intervienen los ginecólogos con sus episiotomías, sus maniobras de Kristeller,  sus cesáreas, sus partos programados… Una vez más, la OMS, ese organismo del que parece que Carmen Posadas no ha oído hablar, considera que en condiciones de salud, el parto en casa es tan seguro como un parto hospitalario. Y lo de parir con dolor, no es una cuestión de masoquismo. Hay alternativas más naturales y menos dañinas a la epidural, que conlleva muchos riesgos, como partos instrumentalizados y mayor tasa de cesáreas. Una mujer que decide parir en casa no lo hace salvaje e inconscientemente. Una mujer que decide parir en casa se ha informado y ha decido. Y no está poniendo en riesgo su salud ni la de su bebé si no hay nada que contraindique este tipo de parto. Son decisiones normales y respetables. Y contempladas por la OMS.

“Nuestros primeros años como profesionales son brillantes, pero cuando el reloj biológico comienza a hacer tictac, se acabó puesto de relumbrón y sueldo espléndido, la maternidad es lo primero. Caer en viejos tics gracias a nuevas modas pseudoprogresistas es completamente imbécil”

Está claro que cuando esta mujer tuvo a sus hijos, hace unos 40 años, trabajaba y trabajaba….ah no, que leyendo su biografía resulta que dejó sus estudios universitarios para casarse y tener hijos y hasta unos años después no comienza a escribir libros (cosa que seguro hacía perfectamente desde casa) y luego se casó con el gobernador del Banco de España… Precisamente ella, que ha tenido una vida acomodada y fácil, viene a dar lecciones sobre maternidad y sobre quedarse en casa cuidando hijos. Pues mire por donde, sí, la maternidad es lo primero. Aunque aún haya mucha gente que no se haya dado cuenta. La infancia de nuestros hijos pasa rápida y fugaz. Y es en esos primeros años que se forja su personalidad y su relación con el resto del mundo. De nuevo a la cola de muchos países más progres que nosotros, la baja maternal no deja tiempo para nada. En países mucho más avanzados cuidan a las mujeres y sus maternidades, ofreciendo bajas maternales mucho más largas, periodos de excedencias remunerados, evitando que los bebés vayan a guarderías al cuidado de desconocidos y fomentando que sean cuidados y amados por sus madres. Decidir aparcar tu carrera profesional, por poco o mucho tiempo, es una decisión personal de cada madre y de cada familia, pero no es una decisión criticable. Más criticable me parece a mí que la vicepresidenta en funciones renunciase a su baja maternal y se incorporase al trabajo tan sólo 10 días después del nacimiento de su hijo. Que por muy bien cuidado que estuviera el niño, no tenía a su madre, ni su calor, ni su olor y evidentemente, ni la leche de su madre. Muchas mujeres se ven obligadas a incorporarse al trabajo cuando su bebé tiene sólo 16 semanas de vida, destrozando una recién comenzada relación, creando una angustia de separación madre-hijo difícil de calmar. Y se acostumbran, claro, no les queda otra y se engañan diciendo que su hijo está fantásticamente y cuando llegan a casa intentan recuperar ese tiempo perdido. Pero muchas de estas mujeres darían lo que fuera por no tener que dejar a sus retoños tan pequeños, por poder aparcar por una temporada su carrera profesional. Por suerte, algunas otras mujeres sí pueden hacerlo. Y renunciar temporalmente al trabajo por cuidar de tu hijo, de esa parte de ti, es más gratificante que el sueldo espléndido de ese mes. No es nada imbécil ni tiene porqué acabar con tu carrera profesional; unos años después y podemos volver al trabajo.

Definitivamente, nunca me había leído ningún libro de esta señora, pero después de leer este artículo, tengo clarísimo que nunca lo haré. Ella, la que se hace llamar feminista, no es más que una machista escondida detrás de un ordenador, con una gran falta de respeto hacia las mujeres y madres que deciden tomarse la maternidad de una forma un poco diferente.

Balance tras cuatro años de colecho

Siguiendo con los balances después de cumplir cuatro años, en esta ocasión hablaré de cómo ha sido para nosotras colechar o compartir la cama.

Sinceramente, como todo en esto de la maternidad, hasta que no estás inmersa en ella no sabes muy bien cómo vas a reaccionar. Con Lucas compartí cama para facilitar la lactancia, sin saber que eso recibía un nombre. Después, durante 2 años no nos quedó más remedio que compartir habitación con los colchones juntos y así, dormimos muy bien. Cuando nos fuimos a vivir los dos solos, pusimos su habitación a su gusto y empezó a dormir allí solo, aunque durante bastante tiempo necesitaba que yo me tumbase con él hasta quedarse dormido. Y bastante tiempo fue hasta los 10 años más o menos, hasta que nació Sara, momento en el que el tiempo no me daba para eso. Nunca hubo problema, él fue capaz de dormir en casa de abuelos y de primos sin problema.

Y llegó Sara y apañamos la antigua cuna de Lucas para que durmiera allí. Pero también compramos un cojín antivuelco, no tanto para que ella no se moviese, sino para que estuviese protegida entre dos cojines y nosotros no pudiésemos aplastarla. Y la metimos en la cama, entre los dos. Y así dormíamos tan a gusto, sobre todo los primeros meses de lactancia continua, que no la sacamos.

Colechar es sencillo y agradable y hermoso. Sólo hay que seguir unas normas básicas de seguridad, que puedes leer aquí. Y luego, no hay más que disfrutar.

En estos 4 años de compartir cama, nos han sucedido muchas cosas. Cuando Sara tenía menos de una semana, colechar con ella le salvó la vida. Se atragantó con una flema, una bola amarilla y pegajosa de moco amarillo, imagino que mezclado con calostro y líquido amniótico. Ella no podía respirar y de no haber dormido juntas, habría muerto. Es muy duro y horrible decirlo,  pero es la verdad. Como no podía respirar ni articular sonido, la pobre empezó a dar paratas y a bracear. Y por suerte, sus movimientos me golpearon y me despertaron. Y la encontré cianótica, de un horroroso color violáceo, con los ojos llenos de terror, la boca abierta en un rictus intentando coger aire y los brazos agitándose descontroladamente. Fue una suerte que sucediese así. Mi instinto me hizo cogerla, tumbarla boca abajo en mi brazo y golpearle la espalda con su cabeza mucho más baja que el resto del cuerpo. Los golpes y la fuerza de la gravedad hicieron el resto. Y esa bola asesina, enorme y asquerosa salió despedida y Sara respiró y recuperó el color y no dejó de llorar en muchísimo rato y yo empecé a temblar de miedo. Aún hoy lo recuerdo y se me pone la piel de gallina y se me llenan los ojos de lágrimas. La pediatra me dijo la suerte que habíamos tenido… Desde ese momento, compartir cama con nuestra hija era la única opción posible.

pixabay

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El colecho nos ha facilitado mucho la lactancia. Mamar casi dormida hacía que ninguna de las dos nos despertásemos, o lo hiciésemos por breves periodos de tiempo. También puedes leer sobre mi experiencia con el colecho y la lactancia.

No siempre ha sido fácil, no nos engañemos. Hemos tenido épocas muy duras, en las que tenía que estar con ella en la cama en contacto continuo, no me podía mover porque se despertaba y Lucas también me necesitaba. Hemos tenido épocas en las que tardaba más de una hora en conciliar el sueño y yo me desesperaba con tanto tiempo perdido. Y también hemos tenido épocas en las que se movía muchísimo y se pasaba la noche dándome patadas y tortazos. La verdad, no es muy agradable estar durmiendo y que te despierte un bofetón. Pero bueno, todas han sido rachas pasajeras y superables.

A día de hoy, seguimos durmiendo juntas. Puse una cama pequeña al lado de la mía. Sigue necesitando dormirse conmigo, así que solucionamos el problema de tiempo con ella y tiempo con Lucas con un apaño. A las 9 en punto llega la hora de dormir. Hago el sofá más grande y ella se tumba a mi lado, mientras yo la abrazo y ella me mira fijamente. Lucas y yo tenemos nuestro momento madre-hijo y nos ponemos alguna película que nos guste. Sara se queda dormida enseguida y cuando está profundamente relajada, la llevo a su camita. La mitad de las noches duerme allí; la otra mitad rueda y se pasa a mi cama a media noche, me toca, le doy un beso, nos damos la mano y volvemos a dormir.

Me encanta dormir con ella. Me encanta abrir los ojos y verla descansar. Me gusta cuando se despierta, ve que estamos juntas y una sonrisa ilumina su cara mientras sus ojos se cierran tranquilos y seguros.

A todos nos gusta dormir acompañados. Si de mayores es normal tener pareja y compartir la cama con ella, ¿Por qué no vemos normal compartir la cama con nuestros hijos, que son lo que más queremos del mundo? Ya tendrán tiempo de dormir solos, ya pedirán su espacio. Desgraciadamente, crecen muy deprisa, me doy cuenta cada día cuando veo a Lucas, así que aprovechemos todo el tiempo que podamos con nuestros hijos, incluso si ese tiempo es por la noche.

Las madres no somos vacas

Hace unos días compartí en mi página de Facebook una foto que me había indignado bastante. Era una foto publicada en una revista chilena, supuestamente, enumerando las desventajas de dar el pecho. Evidentemente, esto generó un montón de comentarios entre las madres, pues dicho artículo es totalmente absurdo.madre o vaca

Evidentemente, la lactancia no tiene desventajas y sí beneficios, por ello es lo normal. Por ello somos mamíferos, según la Wikipedia: “mamíferos son una clase de vertebrados que poseen glándulas mamarias productoras de leche con las que alimentan a las crías”. Vamos, que más claro el agua. Los pechos, mamas o tetas sirven para alimentar a nuestras crías. Punto. Es lo que viene escrito en nuestra especie y en nuestro código genético. Que haya madres que no quieran dar el pecho, por el motivo que sea, es totalmente respetable. Pero escudarse en buscar desventajas y atacar a las madres lactantes, me parece absurdo.

Así que aquí estoy para desmontar esa foto punto por punto.

El artículo tiene un título llamativo “¿Madres libres o egoístas? Mujer, eres una vaca”.  Evidentemente, me ofende que me llamen vaca, porque no lo soy, no lo somos. Somos humanos. Las vacas son una especie de mamíferos que alimentan a sus crías de la única forma lógica, a través de sus mamas. Y no solo eso, alimentan a otras crías y no tan crías con su leche. ¡Alimentan a los humanos! No voy a entrar ahora en si la leche de vaca es buena para nosotros o no. Pero vamos, ¿que vemos normal tomar leche de vaca y no vemos normal que nuestros hijos tomen leche de sus madres?

Alegan que grupos prolactancia chilenos han “cambiado de bando” y se han vuelto grupos antilactancia. Evidentemente, esos datos no son ciertos, sólo hay que buscar en  las redes sociales y veremos que los grupos de apoyo a la lactancia chilenos siguen ahí, ayudando a todas las madres que lo necesiten. Refieren que se han publicado estudios que cuestionan los beneficios de la lactancia materna sobre la artificial. ¿Dónde están esos estudios? ¿Tienen algún valor científico? Porque estudios sobre las bondades de la leche materna los hay a cientos, durante años se están estudiando todos sus beneficios, y ahora ¿quieren desmontar todos esos datos? Por ejemplo, podemos leer las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría o este de Unicef, por poner unos cuantos.

Lo peor es cuando afirman que detrás de la lactancia materna hay una conspiración política para apartar a las madres lactantes del mundo laboral. Me río yo de las conspiraciones políticas. Vamos, que optar por la alimentación natural de nuestros bebés en realidad no es en beneficio de los mismos, es que una horda de señores pensantes ha decidido hacernos creer que hacemos lo mejor para nuestros hijos cuando en realidad lo que quieren es que el mundo esté dominado por los hombres y las mujeres se queden en casa cuidando a los hijos y del hogar… Tremenda sarta de tonterías. Hay mujeres que optan por quedarse en casa cuidando de sus hijos; muchas mujeres que cogen excedencias alimentan a sus hijos con lactancia artificial. Hay madres que se incorporan a trabajar en cuanto finaliza la baja maternal porque no quieren  o pueden permitirse dejar el trabajo; muchas madres que se incorporan a trabajar siguen alimentando a sus hijos con lactancia materna. Ambos casos son normales y son posibles.

“La libertad consiste en no ser esclavas del hambre de sus hijos”  Tremenda tontería. En primer lugar todos los niños tienen que comer, absolutamente todos, da lo mismo la forma en que sean alimentados. La lactancia materna, además de natural y gratis, está siempre a punto, lista para consumir. Preparar un biberón necesita lavar y esterilizar biberones, calentar agua para la preparación, añadir los cacitos de leche y mezclar. Implica salir a la calle cargados de cosas para preparar el biberón. Yo veo eso más esclavo (y no digo que lo sea) que sacarse la teta siempre a punto en el momento necesario.

Desmontando sus argumentos en contra de la lactancia materna:

  • “La madre debe cuidar su alimentación y tomar 500 calorías extras para no debilitarse con la energía que supone la producción de leche” – Pero bueno, cualquier madre, vamos más allá, cualquier persona debe tener una alimentación sana y equilibrada. O sea, si das el pecho debes cuidarte, lo que es un fastidio. ¿Si das biberón puedes comer comida basura? Está comprobado que hasta las madres desnutridas producen leche de calidad para sus hijos, así que no, no hace falta llevar una dieta estricta ni comer más que antes.
  • “La madre debe evitar la ingesta de alcohol, cigarrillos y fármacos que traspasan agentes nocivos al niño” – El alcohol, el tabaco y los medicamentos son perjudiciales para todos, niños, madres y adultos, por la salud de todos deberían evitarse. Vaya fastidio tener que dejar de beber por amamantar… ¿Si das biberón puedes pillarte unos pedos de la leche? Una madre fumadora hace fumador pasivo a su hijo, aunque no le dé el pecho. Es más, sigue habiendo recomendaciones al respecto, si la madre fuma, es mejor la lactancia materna, por los beneficios que ella aporta.
  • “Produce cansancio, lo que podría derivar en una depresión post parto” – La maternidad per se implica cansancio, no asociado a la lactancia, sino asociado a la nueva situación que se presenta, bebés que necesitan cuidados 24 horas, múltiples despertares. También es una época de grandes cambios hormonales. Estas situaciones, junto a muchos otros factores, pueden desencadenar una depresión post parto. Achacar la depresión a la lactancia es tratar de encontrar un culpable que no lo es tal. En el post parto, las mujeres necesitarán una red de apoyo, tanto físico como psicológico. Y sobre todo, apoyo para una lactancia exitosa, no palabras de desaliento.
  • “Puede causar heridas, dolor o malformación en pezones y pechos” – Dar de mamar no duele. Si hay dolor o grietas son producidas por un mal agarre o una mala postura. También en algunos casos por un frenillo lingual corto. Causas solucionables todas ellas. Y ya, decir que produce malformaciones…es el colmo. Los pechos sufren durante el embarazo, además de que con el paso de los años, las fibras musculares son más débiles. El pecho no se estropea ni deforma por dar de mamar.
  • La lactancia dificulta la reinserción laboral después del postnatal” – Para la gran mayoría de las mujeres, la baja maternal es demasiado corta, queremos más días para disfrutar y compartir con nuestros hijos. Y para todos, incorporarnos al trabajo trae dificultades, adaptarse a horarios y compatibilizar la familia con los hijos. Una madre que amamanta tiene las mismas dificultades a la hora de incorporarse al trabajo que una que no lo hace. Otra cosa diferente es que en el trabajo haya o no facilidades para continuar con la lactancia, cosa que debería solucionarse y apoyar a las madres trabajadoras que continúan con la lactancia materna.
  • “Aleja al padre o a otros familiares del apego en la alimentación del niño” – El vínculo afectivo que se establece entre el bebé y sus padres no está ligado a la alimentación. El pecho favorece el apego entre madre y bebé. Pero no sólo de teta vive el niño. Hay multitud de momentos a lo largo del día en el que el padre puede y debe mostrar cariño a su bebé, calmándole, abrazándole, a la hora del baño, en los cambios de pañal, llevándole en brazos, durmiendo juntos, tranquilizándole cuando está nervioso o cuando le duele algo… Todos esos momentos formarán una unión especial entre el padre y su hijo.

Es una pena que se permitan reportajes de este tipo. Información no veraz que puede sembrar la duda en algunas madres lactantes e imposibilitar o arruinar su lactancia materna. Se debe promover la lactancia materna como el mejor modo de alimentar a los bebés. Es el mejor alimento.

Colecho y Lactancia: siguiendo el instinto materno

Cuando llegamos a casa con un bebé recién nacido, un bebé que toma teta a demanda, de verdad, sin horarios, sin restricciones, nos encontramos con que las noches pueden llegar a ser muy largas.

Los recién nacidos tienen estómagos muy pequeños y la leche materna se digiere muy rápidamente, lo que explica que necesiten mamar cada poco rato. También nos encontramos con que el sueño de los bebés es muy inmaduro, se despiertan multitud de veces por las noches y por lo general, no saben volver a dormirse solos y necesitan mamar para calmar su hambre, su sed, su necesidad de contacto. Biológicamente hablando, la lactancia nocturna aumenta los niveles de prolactina en sangre, la principal hormona responsable de la lactancia, de modo que las tomas nocturnas aseguran una correcta producción de leche durante el día, motivo por el cual, las tomas nocturnas son tan importantes.

Las primeras noches cuando nació Sara fueron duras, se despertaba cada 2-3 horas, se pasaba mamando más de media hora y solía hacer caca casi después de cada toma, lo que me dejaba muy poco tiempo para dormir antes del siguiente despertar. Aunque Jose se encargaba del cambio de pañal, el tiempo para dormir era escaso. Pero yo ya tenía experiencia previa, ya sabía que esto iba a ser así, no me pilló desprevenida.

Lo sabía por mi primer hijo, Lucas. Hace 13 años tenía la cuna puesta al lado de mi cama. Se despertaba, le tomaba entre mis brazos para darle la teta, me sentaba y me pasaba mucho rato esperando a que terminase para cambiarle el pañal y volver a dejarle en su cuna. La mayoría de las veces, no conseguía soltarle, porque se despertaba y vuelta a empezar. Y otras veces, muchas, el sueño podía conmigo y mientras le estaba alimentando, mis ojos se cerraban y yo saltaba como un resorte, por el miedo a dormirme y que se me cayera de los brazos. Era un peligro. No dormía nada, estaba hecha polvo, deseaba que mi madre o mi hermana vinieran de visita para que se quedasen con el niño y poder echar una cabezada.

Tan cansada como estaba y con el miedo a dormirme, llegué a plantearme hasta dejar la lactancia, empezar a darle biberones a ver si dormía más horas del tirón. Ya sabéis, por entonces, las malas lenguas me dijeron en varias ocasiones que seguramente mi leche no le alimentara y por eso se despertaba tantas veces… Pero no llegué a hacerlo, menos mal. Porque sucedió algo que cambió mi punto de vista.

Una de esas noches, en vez de levantarme para darle el pecho y pasar otra larga noche sentada apoyada en el cabecero, decidí probar a darle el pecho tumbada, me metí a Lucas en la cama, me puse cómoda, de modo que no hubiera peligro de que se me cayera y…….me quedé dormida. Así, sin planearlo. Mientras Lucas tomaba el pecho yo me dormí y él también. Recuerdo despertarme un poco confusa, sin saber qué hora era, si Lucas ya habría mamado. Me di cuenta que estaba plácidamente dormido y no me atreví a pasarlo a su cuna, así que con más miedo que otra cosa, cerré los ojos y seguí durmiendo. De esa forma, sin saber nada del tema, sólo siguiendo mi instinto, descubrí el colecho hace 13 años.

Cuando Sara nació, ya teníamos claro que iba a compartir cama con nosotros. Incluso le compramos un cojín antivuelco, no tanto para evitar que se moviera, lógicamente un bebé de sólo días no se va a dar la vuelta, sino para evitar que ninguno de los dos la pudiese aplastar durante la noche. Pero el instinto materno/paterno nos hace estar alertas por la noche y ninguno de los dos nos movíamos prácticamente del sitio mientras dormíamos. Con los múltiples despertares de Sara, los primeros días fueron duros pero enseguida me adapté y aprendí a quedarme dormida mientras ella mamaba. Y así descansábamos los tres. ¡Incluso alguna vez se hizo caca después de mamar y no nos enteramos ninguno! Pobre mía.

Dormir con el bebé facilita la lactancia y el descaso materno. Dormir con el bebé soluciona los problemas de sueño. Para aquellos padres que no quieran dormir con el bebé en la misma cama, existen las cunas de colecho, cunas a las que se les quita una de las barandillas y se sujetan a la cama del adulto, a la misma altura, de modo que una vez el bebé ha mamado y se ha dormido, con un suave movimiento podemos “empujarlo” a su cuna y seguir durmiendo.cuna-de-colecho

Sobre el colecho hay partidarios y detractores. Muchos de los detractores argumentan que dormir con el bebé puede no resultar seguro. Hay unas normas básicas de seguridad para compartir cama con el bebé. Pero como madre que ha hecho las dos cosas, dormir sin bebé y con bebé, creo que levantarte en mitad de la noche para dar el pecho a tu bebé, un montón de veces por la noche y permanecer despierta en cada toma, sí que es un riesgo. Un riesgo a quedarse dormida sentada con el bebé en brazos y que se caiga. Un riesgo a quedarse dormida en un sofá con el bebé, donde hay cojines y zonas blandas que sí son peligrosas. Un riesgo a dejar la lactancia por el cansancio extremo que supone la falta de sueño. Un riesgo a poner en práctica métodos conductistas para enseñar a dormir al bebé.

La naturaleza nos ha hecho mamíferos. La naturaleza hace que los bebés se despierten muchas veces por la noche para asegurar su supervivencia. La naturaleza aumenta los niveles de prolactina por la noche. La naturaleza segrega oxitocina en la leche materna, la hormona del amor, que relaja a los bebés y hace que se duerman antes. Si sabemos todo esto, sabemos que es normal y seguimos a nuestro instinto materno, dormiremos todos mejor.

 

Compra-venta de leche materna: peticiones extrañas por Facebook

Que la leche materna es lo mejor para los bebés, no es nada nuevo ni nada que no os haya dicho ya un montón de veces. Que la leche materna aporta los nutrientes necesarios para la alimentación de los niños, además de defensas y células vivas, es algo que también sabemos todos y en lo que no voy a extenderme ahora.

Hay algunos estudios que demuestran que los beneficios de la leche materna van más allá de la etapa infantil. Hace ya unos cuantos años, unos doctores descubrieron en Suecia que la leche materna mataba in vitro las células cancerígenas, dejando intactas las células sanas. Pero no se sabe muy bien porqué, la investigación se frenó… (¿Compañías farmacéuticas a las que no les interesaba una cura tan barata?)

Hay varios estudios más al respecto, os invito a que leáis también la experiencia de la doctora Odile Fernández, que ha escrito un libro al respecto. Ella misma, durante su tratamiento de quimioterapia, tomó leche materna y el cáncer desapareció.

Está claro que aún hay mucho que estudiar al respecto. No estoy diciendo que la leche materna cure el cáncer. Pero sí es cierto que algún beneficio aportará la leche materna en estos casos, como mejorar la respuesta inmunológica del paciente y ayudarle con las bajadas de defensas y con los síntomas digestivos. Podéis leer la opinión de Alba Padró aquí. 

¿Pero qué ocurre cuando ya pasamos a otros niveles? Hace tiempo leí una noticia sobre la compra-venta de leche materna en adultos, para mejorar su rendimiento sexual, sus músculos o para solucionar problemas gástricos, entre otras cosas.leche materna

No voy a entrar a juzgar esta práctica. Cada uno es libre de consumir lo que quieran. Y hasta de poner en riesgo su salud, pues comprar leche materna por internet no creo que sea muy recomendable. Si quieren comprar leche de madres que las venden, pues allá ellos. Y allá las madres que las venden para sacarse dinero.

Y ahora os cuento lo que me pasó el otro día. Porque tiene que ver con el tema y es para alucinar.

Un tipo me mandó un mensaje desde una página falsa de Facebook (un perfil sin ningún dato, con una foto de un famoso y ya) para pedirme MI leche materna. Evidentemente, le dije que no, que mi leche era para mi hija. Que había donado leche para prematuros y recién nacidos enfermos e incluso lo intenté para un niño enfermo de cáncer, pero que nunca le daría mi leche a un desconocido por la red. Os transcribo algunos trozos de la surrealista conversación:

Te estoy proponiendo que me dejes probar tu leche materna, quiero hacer uso de ello con fines personales, para solucionar problemas digestivos, falta de vitaminas, poca masa muscular, omega3, etc.”

“si no puedes ser tú, me ayudaras a conseguir a una lactante que estuviera dispuesta, pues seguro que tienes muchos contactos, amigas o conocidas”

Después de varias negativas, seguía insistiendo:

“No sé qué hay que hacer ya para poder probarla… Uno lo intenta por todos los medios, pero no hay manera. Pensaba que tú o alguna madre o embarazada del área de Barcelona, estaría dispuesta.”  “crees que si voy a un banco de leche materna, me darán?”leche materna

Bueno, de verdad que creía que lo había visto todo, pero la cara dura de este tipo, pidiéndome leche sin conocerme, porque sí, pidiendo que le ponga en contacto con otras madres e incluso diciendo que si le darían en un banco de leche… Le mandé a paseo y le dije que dejase de molestarme.

Os cuento esto para poneros sobre aviso. Evidentemente, sé que cualquiera de nosotras desconfiaría de una petición así, pero no sé, quizás era su primera incursión y a partir de mis negativas va mejorando su forma de pedirla, para llegar incluso a hacerse pasar por alguien enfermo.

No os fieis de ninguna petición de este tipo. En caso de verdadera necesidad, cuando se ha necesitado leche materna como coadyuvante en el tratamiento de un cáncer, se ha hecho de forma pública, desde alguna organización que fomenta la lactancia. Nunca de forma privada, desde un mensaje de una persona inexistente. Estad atentas.

El extraño caso de las madres que no tienen leche

Soy consciente de que muchas mujeres se van a sentir atacadas, enfadadas e incluso ofendidas. Pero no es mi intención. Escribo esto para ayudar. Sí, quizás no a las madres que no dieron de mamar porque no tenían leche. Sino a las que todavía están a tiempo de hacerlo. O a esas mismas madres, por si les sirve para un futuro hijo. Pero quiero que quede clara una cosa. No juzgo. No critico. No ataco. Para nada. Creo que la inmensa mayoría de madres que dicen que no tenían leche, lo dicen de verdad, porque no “tenían”, porque se dieron las circunstancias para que esto pasara.

Desde que escribo el blog y publico cosas en la página de Facebook, mucha gente me ha escrito comentarios, en distintos tonos, sobre su caso y su falta de leche. Mujeres que por circunstancias varias no dieron de mamar a sus hijos o lo hicieron unos pocos días o semanas porque no tenían leche. Todas me dicen que eso existe, que eso pasa, pero yo ahora quiero explicarles que no, que sólo un porcentaje realmente pequeño, con una alteración hormonal importante, con la prolactina inhibida, no tiene leche. El resto de las mujeres sí tienen leche, pero por una mala información, una falta de estimulación, la leche ha dejado de producirse. 

Veamos unos ejemplos

El primero y más típico es el que se produce justo tras el parto. Para que la lactancia se establezca de forma correcta, es necesario poner al bebé a mamar en la primera hora tras el nacimiento. En los casos en los que se separa al bebé de la madre, esto ya no sucede. Esta falta de estimulación temprana puede ser el comienzo del fin. Evidentemente, muchas mujeres a las que han separado de sus hijos han tenido lactancias satisfactorias gracias a la estimulación precoz y constante. Si a la madre no se le explica que debe estimularse, que debe ponerse a su hijo al pecho en la primera ocasión, que debe usar el sacaleches si no puede estar con el bebe, esas horas valiosas se perderán. Lo ideal es no separar a madre e hijo. Si por alguna razón hay que hacerlo, si el bebé se queda ingresado en neonatos, la madre debe poder estar con su hijo en todo momento, darle de mamar a demanda, tener acceso a un sacaleches en el hospital. Si es la madre la que está ingresada, se debe permitir que el bebé esté con ella tan pronto como sea posible y todo el rato que sea posible, para que en todo momento tenga libre acceso al pecho y a la leche materna. Si desde el principio no se estimula la lactancia, si se esperan varias horas para poner al bebé al pecho, esa necesaria estimulación fallará y no se producirá la subida de leche adecuadamente. Conclusión: no hay leche.

Sara minutos después de nacer

Sara minutos después de nacer

Otro problema es la creencia de que la leche sale del pecho a borbotones. Como si fuera un grifo. Señores, no somos vacas lecheras. Somos mujeres. Y los primeros días, nuestro pecho produce calostro, una leche escasa en cantidad pero con alto contenido en grasa, que alimenta a la perfección al bebé que acaba de nacer. No voy a entrar en todas las propiedades del calostro, sino en la cantidad. ¿Os imagináis los primeros momentos tras el parto, que nos apretáramos los pechos cual ubres y nos salieran chorros de leche? ¿Qué íbamos a hacer con tal cantidad? El estómago de un recién nacido tiene el tamaño de una canica, unos pocos mililitros solo. No es lógico que tengamos litros de leche entonces. Nos encontramos de nuevo con una falta de información. Si la gente conociera este dato, nadie se preocuparía. Pero si una madre no sabe que el calostro son sólo unas pocas gotas, y encima, tiene gente a su alrededor que tampoco lo sabe, personal sanitario que le oprime las tetas y le dice que no tiene leche (y esto es verídico), la abuela que le insiste en que no tiene leche, la madre que aprieta y no ve derramarse ríos de leche, pues esa pobre mujer creerá que no tiene. Si encima, le ofrecen biberones porque no tiene leche….Fin de la lactancia. La subida de leche (o bajada, en algunos países) no se produce hasta las primeras 48 horas más o menos, en algunos casos puede tardar incluso varios días.

Muchos problemas hay también con los bebés prematuros o con bajo peso. A parte de lo que hemos hablado, de la separación de la madre, hay otro problema mayor. Los bebés prematuros o con bajo peso pueden tener poca fuerza para succionar. Muchas veces se cansan mamando y no toman la cantidad que necesitan. Si estas tomas inadecuadas se prolongan en el tiempo, el bebé sufrirá un descenso de sus niveles de glucosa en sangre y esto hará que esté cada vez más cansado y por consiguiente, tenga menos fuerza para mamar, entrando así en un círculo vicioso. Evidentemente, al mamar poco, la producción de leche se verá también disminuida. Y de nuevo, la madre no tiene leche. Hay que realizar un correcto manejo de la alimentación de prematuros y bebés de bajo peso. Si no pueden mamar porque están cansados, la madre se debe extraer leche con el sacaleches o manualmente y luego, ofrecérsela al bebé con una jeringa, con un vasito o con algún otro método que no sea un biberón. Asegurar una correcta alimentación del recién nacido y una correcta estimulación de la madre para una producción de leche adecuada a las necesidades del lactante. Una vez me contaron una historia: “Un niño nació prematuro y como era tan pequeño, había que alimentarle cada 2 horas por seguridad, no se podía dejar que pasase más tiempo entre toma y toma. Y la única manera de hacerlo era darle biberones de leche artificial. “La madre está convencida de que eso era lo correcto porque fue lo que le dijeron los médicos en el hospital que nació. Y ella no tenía leche. La falta de información correcta, el mal manejo de la situación, la desinformación de esos médicos hicieron que ese niño casi no probase la teta. Pero ese niño podría haberse alimentado con leche materna administrada directamente del pecho de su madre a demanda, cada vez que el niño lo necesitase, cada 2 horas, cada hora, cada media o cada 5 minutos. O habérsela dado con jeringa o con una cucharilla si no tenía fuerza para mamar. Se habría asegurado una correcta producción de leche y la madre sí habría tenido leche.

Otro caso de falta de leche: el establecimiento de horarios. La lactancia funciona a demanda. Y funciona basándose en la estimulación. Cuanto más mama el bebé, más cantidad se produce. Para que se entienda bien, se produce la cantidad que necesita el niño según su succión. Pero cuando una madre sale del hospital con unos horarios pautados o cuando ya en casa los opiniólogos le dicen cada cuanto hay que dar de mamar, esa estimulación a demanda ya no funciona. Si se pautan tomas cada 3 horas durante 10 minutos de cada pecho, esa madre producirá leche para alimentar 20 minutos cada 3 horas. (Esto es así más o menos, que no somos máquinas, pero para que se entienda). Si el bebé tiene hambre antes de las 3 horas, algo lógico porque la toma de antes había sido escasa, estará hambriento e irascible y llorará porque tiene hambre. Llegará a la siguiente toma hambriento, pero sólo le darán 10 minutos de cada pecho, lo que hará que el pobre bebé siga con hambre. Y así varios días. Entonces, llegará la temida frase: este niño se queda con hambre, le darán un biberón que se tomará de un trago y ya está hecho el daño. ¡El bebé lloraba de hambre porque la madre no tenía leche! ¡Claro que la madre no tenía leche, pero porque la estimulación del bebé ha sido tan escasa que la madre no ha producido toda la que su hijo necesitaba, sino la cantidad que tomaba cada 3 horas durante 10 minutos! Ha producido menos cantidad de la que realmente produciría si el bebé mamase a demanda, cada 10-30-60 minutos o 2 horas, lo que el bebé necesitase y si mamase todo el tiempo que quisiese, no solo 10 minutos. Habrá menos leche debido al establecimiento de pautas absurdas.

Los pezones planos también dan para hablar en el fracaso de la lactancia, aunque no sea por una falta de leche. Tener el pezón plano o invertido no es sinónimo de fracaso de la lactancia. Para nada. En muchas ocasiones, las madres, mal aconsejadas por familiares o profesionales desinformados, no dan de mamar por tener un pezón plano o invertido. Pero en la succión no sólo interviene el pezón, es más, este es el último en intervenir, el que menos importancia tiene. Al mamar correctamente, el bebé “ordeña” los conductos mamarios situados en la areola, la oprimen con la lengua. En el movimiento, el pezón se estira y se introduce dentro de la boca. Aunque sea plano, al mamar el bebé sale y coge forma. Puede resultar más difícil, sobre todo los primeros días, por eso es importante un correcto asesoramiento, vigilar que el bebé abre bien la boca y coge gran parte de la areola y mantener una postura correcta. La lactancia materna, al cabo de unos días, hará que el pezón se mantenga hacia afuera. En este vídeo se ve de forma clara cómo es la succión de un bebé.

Los brotes o crisis de crecimiento son situaciones que experimentan los bebés, más o menos a edades similares, en las que el bebé necesita más alimento. Por ese motivo, mamarán con más frecuencia durante unos días, para satisfacer sus necesidades. El brote más conocido es el de los 3 meses, momento en el que muchas madres, desconocedoras de lo que está sucediendo, en vez de dar pecho cada vez que el bebé lo necesita, piensan que no tienen leche y que el bebé se queda con hambre y comienzan a suplementar con biberones. Cada vez que un bebé toma leche artificial, es menos leche materna que toma, por lo que el cuerpo de la madre, viendo que el bebé mama menos, comenzará a ajustarse a las necesidades y a producir menos, se siguen aumentando los biberones, disminuye la lactancia materna…y al final la madre no tiene leche. Es importante conocer cómo y cuándo se producen estas crisis de crecimiento y saber que es algo que se supera en unos días. Podéis leer más información sobre los brotes de crecimiento aquí.

Una mala técnica a la hora de dar el pecho también puede desembocar en una “falta de leche”. Es importante que el niño esté colocado correctamente, con el cuerpo girado hacia la madre, la boca bien abierta, el pecho ofrecido a la altura correcta para que coja gran parte de la areola inferior, la madre cómodamente colocada… En caso de fallar alguna de estas situaciones, lo normal es que aparezcan grietas en el pezón, incluso heridas que lleguen a sangrar. Esto suele ser debido a un mal agarre. Debido al dolor que sufre la madre al dar el pecho, este se irá ofreciendo cada vez menos, o alternando con tomas de biberones para dejar descansar el pezón. Toda esta disminución en la estimulación hará que disminuya la producción de leche. Si esto se mantiene en el tiempo y no se soluciona el problema de base, de nuevo nos encontraremos con una madre que no tiene leche. Para evitar esto, es importante buscar apoyo e información sobre la forma correcta de colocarse madre y bebé. Solucionar el problema de las grietas a tiempo ayudará a continuar con una lactancia satisfactoria.

Seguro que hay más situaciones en las que al final, la madre termina por no tener leche. Situaciones previsibles y evitables, que se pueden solventar sólo con seguir nuestro instinto, escuchar las necesidades de nuestro bebé, acudir a algún grupo de apoyo a la lactancia y dejar de escuchar opiniones y comentarios de las personas que nos rodean y que, no nos engañemos, no son expertos en lactancia. Ante todo, la información es importante. Y en casi la totalidad de los casos, todas las madres tenemos leche para alimentar a nuestros hijos.

La lactancia materna en la lucha contra el hambre y la desnutrición infantil

¿Puede la lactancia materna mejorar la alimentación de los pequeños? Por supuesto que sí.

La pobreza aumenta cada día más en el mundo. Y la lactancia materna es el único medio de mantener a los bebés alimentados y bien nutridos. Es vergonzoso ver cómo multinacionales “donan” leche artificial en momentos de hambrunas y catástrofes, para generar una necesidad que no es tal. Me avergüenza leer noticias como estas:  “Un millar de niños en situación de vulnerabilidad recibirán leche de inicio o continuidad para garantizar su adecuada alimentación”

Los niños en situación de vulnerabilidad lo que deberían recibir es leche materna, que es la única realmente saludable, la que aporta los nutrientes necesarios, la que aporta defensas al organismo y la que es gratis. Regalar leche de fórmula es “pan para hoy y hambre para mañana”. Cuando el regalo se termine, los padres sin dinero tendrán que invertir en leche de fórmula y muchas veces, debido a esa falta de poder adquisitivo, se pone menos cantidad de leche de la necesaria y más agua, para que el bote dure más, poniendo en riesgo la salud del bebé. Lo que de verdad se debería hacer es promocionar la lactancia materna, apoyar a esas madres desde el minuto cero y continuar con su apoyo durante todo el tiempo que sea necesario, hasta que la lactancia esté correctamente establecida. Se debería promocionar una lactancia más allá de los primeros meses.

En una familia con dificultades económicas, en la que muchos de los miembros pasa hambre, los bebés alimentados a teta son los mejor alimentados. Porque el hecho de que la madre no tenga una alimentación correcta o una salud de hierro no hace que la leche que produce sea mala, al contrario, la leche materna que produce una madre “malnutrida” es mejor para el bebé que la leche de fórmula. “Numerosos estudios científicos respaldan la capacidad de la leche materna para cubrir las necesidades nutricionales del niño, incluso en situaciones especiales de la madre, por lo que la alimentación con leche materna es el mejor “seguro de vida” para el lactante” Comunicado del comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría. 

Hace años, estas multinacionales llegaron a África, e hicieron creer a las madres que su estado de malnutrición hacía que no produjesen leche o que esta fuera de baja calidad. Muchas madres optaron por la leche de fórmula y muchos bebés murieron de enfermedades prevenibles con la lactancia, por contaminación por la mala manipulación de los biberones o por desnutrición al no tener suficiente dinero para comprar la fórmula que necesitaban. Y aunque esto fue condenado y prohibido, como vemos, se sigue haciendo en todos los sitios.

La lactancia materna previene la desnutrición infantil. En todo el mundo. Y desde Acción contra el Hambre se promueve la lactancia como la forma más eficaz de prevenir la desnutrición porque provee todos los nutrientes necesarios en esta etapa, protege con anticuerpos ante varias patologías y elude la posibilidad de contaminación externa del alimento al salir directamente del cuerpo de la madre. La lactancia materna reduce la mortalidad infantil en un 20% en el primer año de vida.proyectoK-Accin-contra-el-hambre

Promover la lactancia es promover la salud de los más pequeños.

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