No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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Pesadillas infantiles

Parece que voy a hablar de los famosos libros de R. L. Stine que tanto me gustaban de pequeña. O de la adaptación cinematográfica de los mismos, protagonizada por Jack Black, en la que los personajes de los libros cobraban vida. Pero no, voy a hablar de las pesadillas de mi hija. Y de las de muchos otros niños.poster-pesadillas

A partir de los 2-3 años, es frecuente que los niños empiecen a tener pesadillas por la noche, aunque en realidad se desconoce qué las causa. La frecuencia de estas varía en cada niño, algunos no tienen pesadillas nunca y otros las sufren con asiduidad.

Aunque a mí me encantan los libros y las películas de miedo y Lucas está cogiendo esa afición también, desde luego que con la pequeña evitamos este tipo de contenido. No es hasta que se ha dormido que ponemos alguna película de este estilo. De ese modo, evitamos que pase un miedo innecesario y que luego pueda tener pesadillas por ese motivo. Aun así, las pesadillas ocurren de vez en cuando.

Hace un par de años que empezó a despertarse por la noche asustada, nada que no se solucionase rápidamente con mi presencia y unas palabras de ánimo, un abrazo, un beso y volver a dormir abrazadas. Pero según ha ido creciendo, las pesadillas han ido a más, hasta el punto de no querer volver a dormirse alguna vez porque tenía miedo. Por lo general, estos episodios ocurren cuando ha tenido un día más movido de lo normal, fiestas infantiles, gente en casa, alguna salida a algún sitio especial… Esas noches ya nos acostamos precavidas, por lo menos yo, a ella, claro está, no le digo nada para no condicionarla.

En las noches moviditas se parece a su madre. Recuerdo cuando era pequeña, siempre que dormía fuera de casa, mis noches eran la bomba. Me costaba dormir en una cama que no fuese la mía, hablaba en sueños, me reía, me peleaba con mis primos o con algún amigo, incluso llegué a levantarme alguna vez de la cama, aunque nunca caminé. Todo esto me los contaban mis padres o con quien hubiese dormido. Pero mis noches de “juerga” no terminaron con mi infancia. Actualmente, sigo siendo muy rarita para dormir. Cuando duermo fuera de casa me despierto veinte veces, me molestan todos los ruidos, no me gusta dormir con la puerta abierta (algún día indagaré sobre todo esto), sigo hablando en sueños y a veces, en mitad de la noche, enciendo la luz sin darme cuenta o me quito el pijama dormida. Definitivamente, en eso Sara se parece a mí.

A parte de sus noches movidas, sus charlas interminables de madrugada, sus peleas con su hermano en mitad de la noche, que se quede sentada en la cama sin darse cuenta, están los momentos de angustia, esas pesadillas horribles que ella ya es capaz de contarme, en las que refiere que ha visto algún monstruo o que le pasaba algo malo a alguien. Cuando estas pesadillas se repiten más de dos o tres días seguidos, es cuando llega la frase “mamá, hoy no quiero dormir porque voy a tener pesadillas”. Convencerla entonces de que no pasa nada, de que yo estaré ahí con ella toda la noche y de que no va a soñar es bastante complicado.pesadillas

¿Por qué se producen las pesadillas? Aunque no parece que haya una explicación clara a dicha pregunta, si parece ser que están relacionadas con momentos de estrés durante el día, con problemas en casa o en la escuela, con agotamiento. Así que es lógico que, para intentar prevenir las pesadillas, debamos minimizar estos factores de riesgo. Evitar que nuestros hijos vean escenas de miedo, descansar y no someterlos a rutinas agotadoras y maratonianas durante el día, dejarles, si lo piden, una pequeña luz encendida (nosotras tenemos una lámpara encendida toda la noche, de ese modo, si se despierta, puede ver dónde está y que está durmiendo a mi lado) y, sobre todo, acudir rápido a su lado cuando estas se producen, para que se sientan queridos y a gusto y puedan volver a conciliar el sueño.

Hablar con nuestros hijos, explicarles que las pesadillas no son reales, por mucho que lo parezcan, dejar que nos expliquen lo que han soñado e intentar cambiar el final de la historia, por ejemplo, son cosas que de momento nos están funcionando a nosotras. Eso y mucha paciencia y una gran dosis de abrazos, hacen que las noches sean menos traumáticas.

Y tus hijos, ¿tienen pesadillas y cómo lo solucionas?

 

 

A mis vecinos, que dejan llorar a su hija cada noche

Oigo a vuestra hija llorar cada noche, varias veces. Con el paso del tiempo he deducido que es una niña, aunque podría equivocarme. No sé quiénes sois. Sé que no sois mi vecina de arriba ni los vecinos de la puerta de al lado. Así que estáis más arriba. Pero sus llantos desconsolados suenan cada noche en mi habitación. Una vez pensé que si yo la oía así, los vecinos que estaban más cerca la deberían oír muchísimo más. Pero en realidad, lo que pienso es en cómo la debéis oír vosotros chillando y no hacéis nada.

Bebé llorando

Imagino que alguien os dijo que a los niños hay que dejarlos llorar, que deben aprender a dormirse solos y que el mejor método es una absurda teoría conductista en la que los niños se duermen solos después de varias noches llorando. La realidad es bien distinta.

Vuestra hija no ha aprendido a dormirse sola. Quizás sí se duerma cuando la acostáis, eso lo desconozco; pero en mitad de la noche, cuando se despierta y llora y chilla y no vais, lo único que aprende es a sentirse sola y abandonada. Se me parte el corazón cuando empiezan los llantos, cuando van subiendo de volumen porque nadie va a consolarla, cuando nadie va a ver qué es lo que le sucede, cuando empieza a llamarnos a gritos “mamá”, “papi” y yo desde mi habitación siento la necesidad de ir corriendo a abrazarla, pero no puedo porque no es mi hija, porque no está en mi casa, porque está en algún lugar por encima de mí y no sé quién es. Por suerte, mi hija duerme tranquila y segura cada noche a mi lado, sabiendo que yo estoy allí por si me necesita para algo.

Los niños no son pequeños adultos en miniatura, los niños no aprenden desde que nacen nuestras costumbres y horarios. Los niños tienen otros patrones de sueño que van cambiando y madurando a lo largo de los meses y los años. Y nosotros, como adultos, como sus padres, debemos respetarlos y acompañarlos. Debemos entender que nos necesitan, también por las noches para dormir.

¿Os habéis preguntado por qué vuestra hija llora cada noche, varias veces? Seguramente sea miedo a estar sola, posiblemente no le guste la oscuridad, quizás tenga sed, quizás esté mala, quizás solo necesite una mano que la tranquilice. ¿Cómo podéis seguir acostados mientras ella os llama a gritos? Es cierto que después de unos minutos interminables de llantos deja de llorar; quizás en ese momento os sintáis bien, pensando que habéis conseguido que se duerma sola. Yo en ese momento, cuando deja de llorar, siento que se ha rendido y que se siente sola y abandonada, porque sus padres, las personas que deberían defenderla y protegerla, no han hecho nada por ella. Normalmente, casi todas las noches, la pequeña vuelve a despertarse, vuelve a llorar y a llamaros y el final suele ser el mismo, ella se rinde agotada.

Alguna noche el panorama ha cambiado un poco. Ha habido noches más movidas, en las que la niña os ha necesitado con más frecuencia y os ha llamado a voces para encontrar lo que encuentra cada noche, pasividad absoluta por parte de sus padres; esas noches en las que se ha despertado más de dos o tres veces, sí he oído respuesta por vuestra parte, pero no la respuesta adecuada. He oído a una madre enfadada gritando a su hija pequeña “estoy hasta los cojones de la nochecita que estás dando porque ya te has despertado X veces”. Desde luego, no creo que sea la respuesta adecuada ni lo que necesite esa niña.

No sé la edad de vuestra hija, pero sí sé que esto se repite desde hace meses. Y también sé, como deberíais saber vosotros, que esa técnica vuestra de dejarla llorar no sirve para nada, solo sirve para desesperar a una niña, para desesperar a los vecinos y posiblemente, espero que para desesperaros a vosotros. No me creo que podáis estar en la cama, oyendo los gritos desesperados y estar tranquilos.

Pero tengo la solución. La solución pasa por entender a vuestra hija, por comprender que tiene unas necesidades que necesitan ser cubiertas, por acompañarla, por apoyarla, por aceptar que cada niño tiene sus propios ritmos de maduración y aprendizaje, por respetar sus tiempos.

Bebé durmiendo

La solución está en acudir a su llamada cuando se despierte y ver qué es lo que necesita. Muchas veces seguramente solo sea la necesidad de contacto con alguien que la quiere y cuando se sienta relajada, volverá a dormirse. Quizás si tiene sed, dejarle un vasito o una botella de agua cerca. Si tiene miedo a la oscuridad, una pequeña luz encendida puede ser la solución. Si tiene una pesadilla o un terror nocturno, algo muy frecuente en los niños pequeños, un abrazo y unas palabras de consuelo la calmarán enseguida.

A mí me ha ayudado mucho dormir con ella. Al principio compartiendo cama, ahora compartiendo habitación. De ese modo, cuando se despertaba varias veces, al estar juntas casi no nos daba tiempo a perder el sueño. Ahora, a veces se despierta, mira, ve que estoy allí, me toca y vuelve a dormirse. Compartir sueño con nuestros hijos no es nada malo; al igual que a los adultos nos gusta dormir acompañados, a ellos también. Y no, luego no tienen ningún trauma, antes o después quieren dormir solos en su propia habitación y no se vuelven más dependientes. Mi hija duerme conmigo, pero cuando tiene que dormir en casa de los abuelos porque yo trabajo, mi madre la acuesta, se sienta un poquito con ella en la cama, le da la mano y ya se sale y le deja la puerta abierta para que pueda sentir que los abuelos están cerca; allí duerme maravillosamente.

Vecinos que dejáis llorar a vuestra hija cada noche, por favor, cambiad la forma en la que lo estáis haciendo. Así no estáis consiguiendo ningún progreso, solo vais a conseguir que vuestra hija se sienta abandonada e insegura. Acompañadla en su sueño, en sus despertares, sed su pilar de apoyo en todos los momentos del día. Os prometo que todo pasa, que crecen, que se van haciendo más mayores, más independientes, os prometo que terminan durmiendo solos, toda la noche del tirón, os prometo que cuando os deis cuenta, vuestra hija pequeña cada vez os necesitara menos y echaréis de menos su infancia.

 

Tu hija tiene mamitis

“¡Esta niña tiene mamitis!” o “eso es porque está enmadrada” son algunos de los comentarios que escuchamos las madres con mayor frecuencia. Ya sabemos que en esto de la crianza todo el mundo puede opinar y soltar perlas de este tipo por la boca. Y esos comentarios a veces duelen, sobre todo cuando vienen de círculos cercanos.

Desde el momento del nacimiento, los bebés necesitan estar con sus madres, crear un fuerte vínculo con ellas. Los primeros meses, la madre es lo más importante para el bebé. Con el tiempo, este círculo de apego seguro se va ampliando y los bebés comienzan a querer estar con otras personas. Pero por lo general, su madre sigue siendo su principal punto de referencia.

Los primeros meses de Sara, no quería que nadie la cogiera. Si alguien me la quitaba de los brazos, ella se ponía a llorar y ya llegaba la consabida frase: “¡qué mamitis tiene esta niña!” a lo que yo siempre respondía “¡menos mal que le ha dado por querer estar conmigo y no con el cartero o con la vecina!”

En realidad, la mamitis no existe. Lo que sucede es que los niños, que son muy pequeños y no saben gestionar sus emociones, se angustian cuando se separan de sus madres y lo expresan llorando. Es un proceso normal y natural del desarrollo evolutivo de los niños.

Imagen de Pixabay

Imagen de Pixabay

En estos 4 años, hemos pasado muchos momentos de angustia por separación. La peor época fue cuando empezó la guardería y se quedaba llorando. Claro, la culpa era de la teta…si no tomase teta, seguro que no lloraba.  ¿Me vas a decir que los bebés alimentados con leche de fórmula no lloran al inicio de la guardería? Pues como en todos los casos, no se puede generalizar. Unos niños se angustian más que otros por la separación de sus madres, da lo mismo que tomen teta, biberón o chuletones.

El año pasado, cuando cambié de trabajo y empecé a trabajar algunas noches, volvimos a pasar por un periodo angustioso. Tenía que dejar a Sara a dormir en casa de los abuelos. Imagina el panorama, siempre hemos dormido las dos juntas y de pronto, no sólo tiene que dormir en otra casa y en otra cama, sino que lo tiene que hacer sin mí. Esto ha generado algunos pequeños conflictos, sobre todo con mi padre, que lejos de entender que la niña estaba angustiada y asustada por tener que separarse de mí, decidió que la niña tenía mamitis y que la culpa era mía por haberla dejado dormir conmigo.

Ahora de nuevo pasamos por un periodo en el que mi hija necesita más de mi presencia y mi contacto. Desde que volvimos de las vacaciones de Semana Santa, no quiere ir al colegio ni a las clases de baile. Llora amargamente porque no quiere quedarse sola y que me vaya. Y también llora cuando se queda en casa de los abuelos. Sé de sobra que en el colegio lo pasa de maravilla, es más, si la lleva el abuelo, se queda feliz y contenta. Pero cuando está conmigo, no quiere que nos separemos. No tiene mamitis. Ella no entiende que tengamos que separarnos y sufre. Yo me agacho a su altura, la abrazo, hablo con ella calmadamente y le cuento todo lo que vamos a hacer juntas cuando la recoja del colegio o cuando vuelva del trabajo.

Es importante dejar que nuestros hijos se expresen, aunque sea llorando. Debemos estar ahí para calmarlos, para darles seguridad, para que sientan que pueden contar con nosotros. De esa forma se sentirán seguros.

Nuestros hijos no tienen mamitis. Eso no existe. Lo que tienen es necesidad de amor, de cariño, de seguridad. Son etapas normales en el desarrollo de cada niño. Todos los niños, en mayor o menor medida sufren esta angustia y nosotros debemos estar ahí para apoyarles, para darles nuestro amor. No debemos castigar ni penalizar estos comportamientos.  Tratar a nuestros hijos con amor y cariño les hará crecer felices y con una alta autoestima.

Portabebés y niños mayores: sí se puede

Si tenéis niños mayores, y con mayores me refiero a que tengan más de 18-24 meses aunque para mí siguen siendo pequeños, seguro que más de una vez os han dicho que ya son muy grandes para cogerlos en brazos. Aunque llevarlos en la silla de paseo más allá de los 3 años no está tan mal visto…

Ya sabemos que en esto de la crianza a todo el mundo le gusta opinar. Y la gente opina que a partir de cierta edad ya tienen que andar solos, que están mal acostumbrados.

Con Lucas me pasó. Recuerdo el verano en que él tenía 3 años. Fuimos a pasar el día a un pantano y para llegar tuvimos que andar un caminito escarpado de piedras. A la hora de volver, después de todo el día jugando en el agua, el niño estaba cansado, igual que el resto de los adultos. El caso es que en el camino de vuelta me pedía que le llevase en brazos. Yo iba con mochila y varias cosas e intentaba darle largas, más que nada presionada por el resto de la gente, que me decía que era muy grande y tenía que andar también se lo decían a él. Después de unos minutos llorando y guiada por mi instinto materno más que por las palabras de la gente, dejé las cosas en el suelo, cogí a Lucas y terminé de hacer el camino con todas las cosas a cuestas como pude y escuchando comentarios del tipo “eres muy blanda”, “el niño hace contigo lo que quiere”, “no deberías haber cedido”. Evidentemente, Lucas dejó de llorar y hasta se quedó dormido, pobrecito, estaba cansadísimo y sólo necesitaba los brazos de mami. Y fijaos que igual que se me han olvidado muchas cosas de cuando Lucas era pequeño, ese detalle no lo he olvidado nunca.

10 años después, la situación se repite, pero en esta ocasión no dejo que las palabras de nadie me influyan ni un solo segundo; cuando Sara pide brazos, la cojo enseguida. Y si llevo encima algún portabebé adecuado a su talla/peso, mejor que mejor.

Vuelta a casa después de un largo paseo

Vuelta a casa después de un largo paseo

Íbamos camino al cole la otra mañana. Del coche a la guardería hay unos 150 metros como mucho, dependiendo de dónde aparques. Según bajamos del coche Sara me pidió brazos, y así íbamos las dos tan contentas, ella quitándome pelos que se me habían escapado de la coleta de la cara y yo dándole besitos en la nariz, cuando nos juntamos con una niña de su clase y su papá. La niña iba llorando a voz en grito, pidiéndole a su padre que la cogiese en brazos. Y el padre le decía que no la cogía, que las niñas mayores iban andando (imagino que nos miraría por el rabillo del ojo a las dos con mala cara). Vamos a ver, mayor, mayor no es que sea, pues debe tener 3 años y poco. Y tan solo eran 100 metros hasta la puerta de la guarde. ¿Tan difícil era cogerla unos segundos y calmar su llanto? ¿Dónde está el límite de edad para llevarlos? Cuando los adultos estamos cansados, si hubiese alguna manera de que alguien nos llevase ¿no la aprovecharíamos? Conclusión, Sara llegó tan contenta y su amiguita llegó toda llorosa.

Todo el día por el centro de Madrid

Todo el día por el centro de Madrid

Parece que queremos hacer a los niños mayores antes de tiempo. Todo llegará, no hace falta correr. Muchos padres quieren que los niños se sienten solos con 5 meses y les fuerzan; quieren que antes del año estén andando y les obligan a permanecer de pie; quieren que coman comida de mayores antes de tiempo y con 4 meses les meten papilla; quieren que duerman solos y les obligan a pasar por un calvario para que “aprendan” a dormirse; quieren que dejen la teta porque “tan mayores” ya es vicio; y quieren que anden solos porque con 3 años ya no tienen derecho a estar cansados.

¡Jolines qué prisas! La infancia dura muy poco, un día nuestro bebé se sienta sin haberle enseñado, se pone de pie sólo y anda sin haberle sujetado, comen comida de nuestros platos, piden dormir en sus camitas, dejan la teta, no quieren que les llevemos e incluso un día no quieren que les demos un beso a la puerta del cole y otro día ya no quieren que les acompañemos al cole. ¿Por qué forzar esas situaciones? Os aseguro que luego las echaremos de menos. Yo no me hago a la idea de que un día Sara deje la teta, no quiera compartir cama conmigo o no me pida bracitos. Para mí, esos momentos son únicos e irrepetibles y se pararán, vaya si se pasarán. Y no, mi hija no está malacostumbrada, al revés, mi hija está bienacostumbrada y a pesar de todo lo que hago en contra de los consejos de los opiniólogos, mi hija come de todo, a veces me pide dormir en la habitación de su hermano y anda, corre y trepa por todos lados.

Pasando un agotador día de campo

Pasando un agotador día de campo

Los niños siguen siendo niños y seguirá habiendo veces que nos necesiten mucho, que estén cansados y necesiten nuestros brazos, o simplemente, quieran un poco de mimos. Por eso, no deberíamos dejarlos llorar y no cogerlos, deberíamos llevarlos en brazos si es lo que ellos necesitan.

Es cierto que pesan, y según crecen, cada vez pesan más. Pero para todo hay soluciones. Podemos usar un portabebé destinado a niños más mayores, como una mochila toddler, un mei tai grande o usar la bandolera o el fular, pues se adapta a la perfección. Por ejemplo, llevar un portabebé ligero en el bolso nos solucionaría muchos problemas. Si no tenemos un portabebé, podemos llevarles a caballito, que el peso se reparte mejor, podemos pactar con ellos llevarles sólo ratitos, pues pesan, o podemos turnarnos entre varios para llevarles. Pero no les digamos que no y les dejemos llorar. Un día nos daremos cuenta que hace tiempo que no nos piden brazos y entonces lo echaremos de menos.

Siguen los problemas en el camino

¿No os da la sensación que a veces parece que os ronde la mala suerte? ¿Qué las cosas se complican más de la cuenta y todo sale mal? ¿No os parece que hay gente feliz que siempre tiene suerte y parece que todo te toca a ti? Pues a mí sí, eso es lo que me parece ahora mismo mi vida se complica un poco más si cabe.

Cuando Jose falleció y mi mundo entero cambió, me leí varios libros de autoayuda. En casi todos leí cosas como que cada pérdida conlleva una ganancia, o lo que es lo mismo, cuando una puerta se cierra se abre otra nueva. Pero la verdad es que en este año, ni se me ha abierto una puerta, ni perder a Jose ha supuesto ganancia ninguna. No creo que nada pueda compensar su ausencia. Y mi mundo se tambalea. Los días son como vivir en una montaña rusa, a veces subes y parece que estás mejor, más tranquila, pero de pronto vuelves a caer, sin avisar, vuelven a llegar los momentos duros y los ratos de no querer salir de la cama. Y vuelta a empezar, subidas y bajadas sin fin…

Mis hijos me ayudan, eso lo tengo clarísimo, ellos son los que suavizan las subidas y bajadas y los que empujan esta loca vagoneta. Y por ellos lo hago todo. Por ellos, y sobre todo por Sara (porque Lucas es más mayor y autosuficiente en muchos aspectos) adapté mi trabajo y mi vida.

Ya sabéis que cogí una excedencia para quedarme con Sara el mayor tiempo posible. A los 18 meses me incorporé con una reducción de jornada que me permitía llevar y recoger a Sara de la guarde, y próximamente del cole, sin que ninguno de los dos niños tuviese que quedarse a desayunar ni a comer en el colegio. Cuando Lucas era pequeño sí tuvo que hacerlo, quedarse en el cole. No me quedaba más remedio. Pero con Sara he querido y quiero evitarlo por todos los medios.

Y de pronto el jueves llega la noticia. Llevo 12 años trabajando en el mismo hospital y en el mismo servicio. Trabajo de lunes a viernes en turno fijo de mañana, y con la reducción de jornada, pues me he apañado fenomenal para lo que os decía. Pero el jueves…el jueves me comunicaron que el viernes era mi último día de trabajo en esa unidad. No soy fija, soy interina en un hospital público de la Comunidad de Madrid. Vamos, que me imaginaba que esto podía pasar en algún momento, es más, hace años que podía haber pasado, pero ahora mismo, ni siquiera me lo había planteado. Ni a estas alturas del año. Ni con estas circunstancias personales de mi vida.

Ahora estoy de vacaciones forzosas. Y en unos días empiezo a trabajar en otro sitio. No me importa el cambio de trabajo, soy enfermera y me gusta lo que hago. Pero sí me importan los nuevos horarios y el cambio que esto supone en mi vida y sobre todo en la de Sara. Ahora voy a trabajar de lunes a domingo. Ahora tengo que trabajar varias noches al mes. Ahora ya no tengo las vacaciones de verano que había solicitado en mi otro puesto de trabajo. Esto va a suponer que algunas noches tengo que dejar a mis hijos a dormir en casa de los abuelos. Sí, lo sé, no son los únicos niños que lo hacen, los niños adoran dormir con sus abuelos y van a estar con personas que los quieren muchísimo. Pero creo que yo no estoy preparada para ello.durmiendo

En estos más de 3 años que tiene Sara, sólo ha dormido dos noches separada de mí, cuando falleció Jose. Todas las noches dormimos juntas y  nos despertamos juntas para darnos muchos besitos.  Ahora tendré que llevarla a casa de los abuelos y dejarla allí a dormir. Mi sobrina, cuando mi hermana se va a trabajar por la noche, se queda triste y llorando porque no quiere que su madre se vaya… Sí, ya sé que cuando salga de trabajar iré a buscarla para terminar de vestirla y llevarla al colegio y luego podré recogerla. Pero no es lo que yo quiero, no ahora.

Ahora cuando trabaje por las mañanas, no podré seguir haciendo el horario que hacía hasta ahora. Ahora cuando trabaje por las mañanas tendré que dejar a Sara a desayunar en el cole y a comer en el cole. Sí, ya sé que muchos niños desayunan y comen en el cole, Lucas también lo hizo, pero no es lo que yo quiero, no es lo que yo había pensado, me parece tan pequeña para pasar tantas horas separadas.

Ahora ya no tengo las vacaciones de verano que había planificado. El cambio de servicio supone adaptarme a las normas de allí y al ser “la última” en llegar, pues me tengo que quedar con las vacaciones que sobran. Ahora no coincido con mi hermana para poder irnos juntas a la playa. Ahora yo estaré de vacaciones cuando los demás trabajen y trabajaré cuando los demás estén de vacaciones.

Se supone que cierro una puerta y abro una ventana. Imagino que a la larga le veré ventajas. Imagino que acabaré acomodándome. Sé que al seguir con la reducción de jornada voy a trabajar menos días al mes, pero a costa de que mi peque duerma fuera de casa y desayune y coma fuera de casa. Si Jose estuviera aquí, las noches no supondrían un problema. Si Jose estuviera aquí, los fines de semana no serían un problema. Pero como Jose no está…durmiendo

Controversia sobre el sueño de los bebés

Llevo unos días un poco alterada con las cosas que se leen en los periódicos y que se ven en las nocticias. El otro día, el tema de las madres desnutridas que producen leche de mala calidad, y que ya me sacó de mis casillas. Así que me desahogué un poco.

Y en la tele, noticias sobre el sueño. Los comentarios de una “doctora” sobre el colecho, me dejaron de una mala leche…. Que si se puede aplastar a los bebés, que es malísimo dormir con ellos en la cama, que deben dormir en su propia habitación a los 6 meses y que si el colecho produce demasiado apego hacia la madre. ¡¡Pero vamos a ver, por favor!! Esta sociedad del desapego, donde se quiere hacer niños sin sentimientos, completamente desapegados de sus madres, donde se buscan sustitutos para el cariño de una madre en forma de muñecos y mantitas, a los que los pequeños se aferran porque no tienen un regazo seguro al que acudir… Según esto, la culpa es de los padres, claro, que no enseñan a dormir a sus hijos. Me parece a mi que no tienen mucha idea sobre los patrones de sueño saludables de los bebés, estos de esta noticia deben ser amigos de Estivill, aggg.

Me pone negra, de verdad. Porque el desapego, la falta de cariño, el llanto, el aprender a calmarse solos, no hace adultos sanos, ni mucho menos. No digo que se creen psicópatas, claro, pero todo esto sí se traduce en problemas a lo largo de la vida, y aunque de adultos, sean personas sanas y estables, aparentemente, en muchos casos, puede haber problemas debido a esta falta de cariño. Como el cariño, el respeto y el apego, son temas de los que hablo muy frecuentemente, a veces me llegan mensajes, de todo tipo. Mensajes ofensivos, de gente que me dice que por dar un cachete a un niño o dejarle solo llorando, no pasa nada (eso es lo que creen ellos). Pero también me llegan mensajes de personas que han vivido situaciones de desapego y que ahora, de adultos, siguen sufriendo. Una persona me mandó esta historia hace unos días y me ha dado permiso para publicar un fragmento aquí, para que veamos que los actos que tenemos con nuestros hijos cuando son pequeños, también tienen repercusiones en su futuro:

“Soy la primera hija de mis padres. Cuando nací estaban muy ilusionados, vivían en Suiza y había muchos adelantos que no había aquí en España. Entre ellos un libro que ha perjudicado mucho mi educación. Ellos lo compraron pensando que era lo mejor para mí, pero después de 30 años he de decir que no fue así. No recuerdo el nombre ni el autor, pero me han contado algunos de los consejos quedaba. Y es que, decía, que los niños tienen que llorar 20 minutos al día y después se callan. Que no hay que hacerles caso, que se acostumbran.
A mí, desde que llegamos del hospital, me dejaron en la cuna, que podía llorar, chillar, que nadie iba en mi búsqueda. Tanto es así que una vez me caí de la cuna y no se enteraron. No lo considero imprudencia, sino un accidente, pero me parece significativo tener a un bebé de seis meses sólo en una habitación.
Les llamaba la atención que cuando estaba en una habitación sola cerraba la puerta, necesitaba límites.
Todavía hoy, con treinta años y a punto de ser madre, necesito los límites afectivos que no me dieron de bebé. Hasta hace bien poco, tenía una pesadilla que se me repetía incluso estando despierta. Al principio, cuando era pequeña creía que era una pesadilla, ahora soy consciente que era una sensación que no podía expresar y de ahí mi angustia, la única forma que tengo de recordarla es de la manera en que la sentía. Es algo así como la memoria de la piel, por la que aprenden los bebés.
Bien, en esta sensación, me sIento muy, muy pequeña, y todo a mi alrededor es muy, muy grande. Todo está oscuro, ya podía hacer un sol espléndido, y hace frío. Me siento muy sola, quiero que vengan, me cojan, que pongan límites alrededor de mi diminuto cuerpo, pero nadie viene. Supongo que esta situación me ocurrió muchas veces, era bebé, estaba en la cuna y aunque llorara, porque quería compañía, no venía nadie, lo decía el libro.
Una vez lo comenté con una psicóloga y me dio esta interpretación, que posiblemente no fuese un sueño, sino una realidad vivida sin poder expresar lo que necesitaba.
El hecho de cerrar las puertas, me parece muy significativo, pues aún hoy lo sigo haciendo, estoy incómoda en espacios grandes y necesito tener objetos cerca que protejan mi cuerpo. Mi marido me llama exagerada porque en verano necesito dormir tapada, no soy exagerada, también paso calor, pero en mi inconsciente es mejor el calor que la desprotección.
Como digo, ahora voy a ser madre y me preocupa mucho que mi bebé sufra ese sentimiento de soledad que yo viví, porque, doy fe de ello, lo que le pase al bebé, le pasa al adulto.”

¿Veis cómo estos actos en la infancia sí tienen repercusiones en la vida adulta?

Con respecto al tema de que se puede aplastar al bebé, aclaro. En primer lugar, para dormir con el bebé hay que seguir unas normas básicas, como dormir en un colchón firme, sin cojines ni almohada sueltas que puedan tapar al niño, sin espacios por donde pueda caerse. Y los adultos, tienen que estar sanos y tener patrones de sueño normales. Si ambos padres son muy obesos, pues mejor no compartir cama. O en casos en los que uno o ambos padres sean alcohólicos, tomen algún tipo de droga o medicación para dormir. En estos casos, consumir sustancias puede alterar el sueño de los padres. También está desaconsejado en casos de madres fumadoras.  Pero ya está. El resto de los bebés pueden dormir con sus padres. Y tan a gusto. Como madre que lleva compartiendo su cama 24 meses con la peque, os diré que al principio, ni te mueves, te quedas en una esquina, quieta como un palo, y la peque se queda con la parte más grande de la cama. Con los días, te relajas un poco más, pero vamos, en cuanto la niña se mueve un poco, los ojos abiertos como platos. No me creo que un padre pueda quedarse dormido, moverse y aplastar a su hijo bajo su cuerpo sin darse cuenta, sin notar su cuerpo y sus miembros moviéndose para quejarse. No, siempre y cuando, como ya he dicho, no esté bajo los efectos de una medicación o sustancia que te haga dormir profundamente.

Por otro lado, el comentario sobre que el colecho favorece la muerte súbita. Al respecto hay varios estudios. Y en distintos estudios han llegado a distintas conclusiones. Las opiniones están encontradas. Si tenemos en cuenta que la lactancia disminuye el riesgo de SMSL y que el colecho favorece la lactancia materna, podríamos concluir que compartir cama es un dato protector. También, y como ya conté aquí, en mi experiencia personal con el colecho, compartir cama con tu bebé te hace darte cuenta de cosas que le pueden pasar que si está más lejos podrías no enterarte. Mi hija estuvo unos segundos sin respirar, se atragantó y de no haber sido porque estaba durmiendo a mi lado, no me habría dado cuenta y no quiero ni pensar lo que podía haber pasado. Y no soy la única, otras madres se han dado cuenta de que a sus hijos les pasaba algo grave gracias al hecho de dormir juntos.

El día 14 fue el día mundial del sueño, por eso ha habido varias noticias al respecto. Y ya leer este otro artículo  ha sido la gota que ha colmado el vaso.

Bueno, en primer lugar, el estudio del que hablan está presentado por una ¡¡marca de pañales!! Sí, esa marca que habla de que tu bebé, con su súper pañal, dormirá toda la noche. Uf, esto, como todo, huele a publicidad pura y dura, la pasta que se habrán llevado. Sólo les ha faltado decir que todos los problemas de sueño se solucionan usando sus pañales. Pero vamos al cuerpo de la noticia, porque estoy que echo humo.

Según este doctor, un bebé duerme mal por culpa de los padres, y al mes y medio ya debería dormir toda la noche. ¡Toma ya! ¡Vamos a cargarnos las lactancias! Y de paso, además de comprar la marca de pañales, nos pasamos a la leche de fórmula. La lactancia materna debe ser a demanda. Como la leche se digiere de forma muy rápida, es normal y lógico que los bebés hagan varios despertares para mamar. No es manía ni vicio. Se llama hambre, aunque algunos no quieran entenderlo. Además, por la noche, la leche materna cambia su composición, casualmente. Por la noche se segregan melatonina y triptófano en la leche, ambas sustancias que favorecen el sueño y que ayudan al bebé a ir cogiendo los ritmos de sueño nocturnos. Muy importante también es la prolactina, la encargada de la producción de leche, que también adquiere sus picos máximos durante la madrugada. La succión del bebé a esas horas activa la producción de esta hormona, que se encarga de producir leche para el día siguiente, de modo que dar de mamar por la noche sirve para asegurarse una buena lactancia.

Pero en el artículo aún hay más. La siesta. A los 5 años, el niño que duerme la siesta es anormal, suavizando la palabra patológico. Ufffffff. España, el país de la siesta por excelencia. Las virtudes de un descanso después de comer son ampliamente conocidas, tanto que hasta los chinos importaron la siesta y la implantaron en sus trabajos. Echar una cabezadita a media tarde hace que estemos más despejados para afrontar lo que queda del día. A mí, particularmente, me gusta tumbarme todas las tardes un rato con la pequeña, y el día que por alguna circunstancia no puedo hacerlo, lo noto muchísimo. Voy el resto de la tarde como zombi y al llegar la noche, me voy mucho antes a la cama porque no puedo con el sueño, quitándome el poco rato que tengo a esas horas para hacer cosas en el blog o en casa. Si esto me pasa a mí como adulto, ¿cómo no se van a sentir los niños? Habrá niños que necesiten descansar más y otros que lo necesiten menos. Pero vamos, que un niño se siga echando la siesta con 5, 8, 12 o 30 años, me parece lo más sano del mundo.

Según este estudio, el bebé tiene que aprender a dormirse solo, sin los brazos de los padres. De nuevo, el desapego. Los brazos son el lugar donde los bebés se sienten más seguros y protegidos, y es normal que se relajen y se queden dormidos. Y no hay nada malo en ello. Un niño de 6 años no va a seguir durmiéndose en brazos de su madre. Igual que uno de 8 no sigue usando pañal, o chupete o biberón, por poner ejemplos. Antes o después, todos lo dejan. Igual que antes o después, todos dejan de dormirse en brazos y también dejan de dormir en la cama de sus padres, mira por dónde. Todos pasan por distintas fases. Y si a mitad de la noche se despiertan asustados y necesitan el consuelo de su madre para volverse a dormir, no hay nada de malo en ello. Somos los únicos mamíferos que separan a sus crías para dormir. Es más, los adultos tienden a emparejarse y les gusta dormir en compañía, ¿por qué motivo no deben dormir acompañados los más desprotegidos de la casa?

Este doctor experto en sueño es totalmente conductista, de la línea de Ferber y Estivill, porque eso de que se vaya a calmarlo durante sólo dos minutos y luego se les deje solos… Aunque él diga que no sigue un método claro, pero vamos, que las pautas que ofrece van todas por ese camino. Y claro, va más allá, a aplicar los métodos también durante el día, dejarlos solos jugando en la habitación. Parece que sólo se busca que los  niños estén quietecitos, que no den guerra, que no molesten, que no sean niños, al fin y al cabo. Lo niños son niños y como tal deben comportarse, deben jugar y divertirse, deben compartir con sus padres muchos momentos, todos los que sean posibles. La infancia pasa muy deprisa, y luego nos arrepentiremos de no haber estado más tiempo con nuestros hijos.

No puedo con este tipo de noticias. No se dan cuenta los medios de comunicación del daño que hacen, de la cantidad de gente que lo va a ver/leer y que va a pensar que como sale en la tele o en un periódico, será que tiene razón. Me irrita sobremanera que den tanta importancia a estas cosas, en vez de fijarse más en otros aspectos de la infancia o de la educación más importantes, en vez de promocionar la lactancia, o el respeto, fomentan el desapego.

Yo no soy una madre moderna

Desde que nació la princesa, hace 16 meses, me he hartado de escuchar comentarios, consejos y críticas a mi forma de crianza.

Que si la teta no le alimenta, que si se despierta por hambre, que si tantos brazos la estas malacostumbrando, que si comiendo así se va a atragantar, que si dormir en la cama contigo no es bueno y varias tonterías de esas más.

Y en estos meses, he pasado por varias fases. Primero, la fase en la que me molestaba todo lo que me decían y siempre estaba dando explicaciones de por qué lo hacía. Luego pasé a la fase  de asentir, decirle a todo el mundo que sí, dijeran lo que dijeran. Y por último, a la fase de pasar, cada vez que me hacen un comentario de estos, les ignoraba y ya está.

Pero ayer, hablando con una madre que tiene una niña un par de meses menor que la mía y que se asombraba de los rellenita que estaba la princesa, me preguntó qué le daba de comer, porque la suya comía fatal y que no quería nada en trozos. Le expliqué, mientras estaba en el fular mamando, que comía de todo, lo que le apetecía, lo mismo que los mayores. Y entonces, muy seria me dijo:

“¡Tú lo que pasa es que eres una moderna!”

Y como siempre hay una gota que colma el vaso, pues ese comentario fue la gota, la que me molestó sobremanera, la que hizo que mi etapa de pasar de todos los comentarios que recibo llegara a su fin.

Así que hoy, aquí, a tí, a esa persona que parece que no tiene otra cosa que hacer que comentar, criticar y opinar, a esa persona a la que yo no le digo NUNCA nada sobre su forma de crianza, sí, a ti, a ti y a ti, que seguro que me lees, te digo esto:

  • Moderna eres tú que das a tu bebé leche de fórmula. Somos mamíferos y como tales, estamos diseñados para dar de mamar. De siempre, desde los tiempos más antiguos, desde Adán y Eva, si es eso en lo que crees, o desde el primer homínido que hubo en la tierra, si crees en esto otro, desde entonces, las mujeres dan el pecho a sus hijos. Sin mirar horarios ni límites de tiempo, hasta que el propio niño deje de mamar, en algunas culturas, es normal que mamen hasta los 6-7 años. Si alguna, por algún problema rarísimo, no podía amamantar a su bebé, alimentaba a su hijo a través de una nodriza, de otra madre que le prestaba sus pechos. La leche de fórmula se inventó a finales del siglo XIX, para alimentar a los terneros y posteriormente, para alimentar a bebés, a niños que abandonaban en hospicios y que morían por falta de alimento o por el exceso de proteínas de la leche de vaca. Posteriormente se popularizo este tipo de lactancia, y esto es moderno.
  • Moderna eres tú, que llevas a tu hijo en un carro de paseo. Los bebés humanos  están diseñados para ser llevados. A un recién nacido que se le levanta por debajo de las axilas, levanta sus piernas y las pone en posición ranita, para acoplarse al cuerpo de su madre. En brazos tiene TODO lo que necesita: alimento, movimiento, contacto físico, calor, se cubren sus necesidades. Los carros de bebé, esos artilugios enormes, de plástico con ruedas, donde los bebés van completamente estirados, a más de medio metro de distancia de sus padres,  se inventaron hace poco más de 150 años, para la realeza inglesa. Esto es moderno
  • Moderna eres tú, que das a tu bebé papillas de cereales deshidratados y procesados. Desde siempre, cuando los bebés empezaban a tomar otros alimentos además de la leche materna, se le daban comidas naturales, cereales machacados o cocidos, que se mezclaban con agua y se hacían una especie de gachas. O comían arroz, un cereal altamente disponible en la mayoría del mundo. Las papillas de cereales hidrolizados son un invento moderno
  • Moderna eres tú, que introduces la alimentación complementaria en forma de purés, mezclando verduras y carne en una consistencia homogénea, que no deja al bebé diferenciar sabores. Antiguamente, se cree que los bebés se alimentaban de gachas de cereales, de comida pre masticado por las madres y de comida de adultos adaptada a sus necesidades. Las batidoras eléctricas  son un invento moderno.
  • Moderna eres tú, que acuestas a tu bebé en una cuna, en una habitación separada de la tuya, donde no está cerca de sus padres, donde tiene que llorar para que le oigan, donde está solo y asustado.  Antiguamente, y en numerosos culturas actuales, los bebés dormían en la misma habitación e incluso, en la misma cama de los padres. De ese modo, estaban todos protegidos, se tenía acceso libre al pecho materno, se daban calor cuando hacía frío. La manada siempre ha dormido junta. Dormir en una habitación separada de los padres es moderno.
  • Moderna eres tú, que dejas llorar al bebé para que aprenda, para que no se “acostumbre” a que se satisfagan sus necesidades, que piensa que un bebé con pocos días, semanas o meses manipula a sus padres con sus lágrimas y prefiere dejarle llorar para que deje de hacerlo. Así, el bebé dejará de pedir, pero no porque aprenda, por ejemplo, a dormir solo, sino porque aprende que aunque llore, no van a ir a atenderle y no merece la pena seguir haciéndolo. Será un bebé inseguro. Un libro que pretende decirte como enseñar a dormir a un bebé dejándole llorar, eso es moderno.

Yo, en cambio, no me considero moderna por darle a mi hija teta cuando ella quiera y hasta que ella quiera; Por tenerla en brazos cada vez que lo pide, por llevarla a todos lados “aúpa”, usando portabebés para la comodidad de las dos, donde está en contacto conmigo, confiada; Por darle de comer comida natural, sin procesar; Por dejarla comer saboreando,  probando texturas, con las manos, comiendo la misma comida que comemos los adultos; Por dormir con ella en mi cama, donde tiene la teta a mano para cuando la necesita, donde está segura y protegida, donde la tengo vigilada, donde casi no se despierta porque en cuanto se mueve estoy yo para calmarla; Por no dejarla llorar para que aprenda a hacer nada, al contrario, abrazándola y queriéndola, demostrándole cada día que es lo más importante del mundo.

A pesar de que la moderna seas tú, jamás me habrás oído a mí criticarte por tu forma de crianza. A mi modo de ver, bajo mi punto de vista, la forma en la que tú lo haces no es la correcta. Porque creo que lo natural, el amor incondicional y el consuelo, son lo mejor. Si me preguntas, te digo lo que yo hago, pero sólo si me preguntas, no te ataco directamente por lo que tú haces. Ni te critico. No pongo cara de asombro cuando te veo. Simplemente, tú haces las cosas de la manera que tú crees correcta y eso mismo hago yo, hacerlo del modo que yo creo que es el correcto.

Por eso te pido, por favor, que dejes de hacerme comentarios sobre como estoy criando a mi hija. Porque lo estoy haciendo con sentido común, como se ha hecho toda la vida.

Yo no soy moderna, soy natural.

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