No hay mejor lugar que los brazos de mamá

¿Tener más de un hijo significa que se van a pelear entre ellos? Es cierto que esta pregunta siempre tiene dos posibles respuestas. He visto hermanos que se llevan fenomenalmente y otros que se pasan el día a la gresca. Pero la verdad es que no sé dónde reside la diferencia, aunque lo lógico es que, compartiendo casa y padres, algún roce haya entre ellos.

En mi caso, con mi hermana, era una pelea constante. Cuando éramos muy pequeñas, quizás no tanto, pero en cuanto empezamos a ser algo más mayores, en torno a 6 u 8 años, teníamos un motón de broncas y discusiones. Y no sólo las recuerdo yo, también en alguna reunión familiar con mis tíos y primos, nos preguntaban con frecuencia si ya nos llevábamos mejor. Vamos, que nuestra rivalidad no era una novedad para nadie. Y duro años y años, no fue solo cosa de la infancia, en la adolescencia también tuvimos nuestras diferencias.

Lo que también evoco muy bien era a mis padres, enfadados con nosotras por lo mal que nos llevábamos. Siempre nos estaban diciendo que éramos hermanas y que teníamos que cuidarnos y protegernos entre nosotras, pero nosotras, enfadadas como estábamos, le decíamos que éramos hermanas por imposición, no por elección. Mis padres lo pasaban mal. Y ahora lo entiendo perfectamente. Menos mal que los años pasan y maduramos. Y nos convertimos en padres y tenemos que pasar por las mismas cosas.

Durante 10 años, mi hijo mayor ha sido hijo único. Cuando nació Sara, pensé que una diferencia de 10 años iba a hacer que no tuviesen una relación muy cercana, por lo menos los primeros años, en los que tanto se notaba la diferencia de edad. Pero también pensaba que, por ese mismo motivo, no iban a pelearse. ¡Qué equivocada estaba!

Desde que Sara es un poco más mayor, desde que se mueve por la casa como pez en el agua, desde que tiene voz propia (y muy alta), las cosas han cambiado. Las peleas entre los hermanos son continuas. Y yo, en esos momentos, recuerdo a mis padres y les entiendo a la perfección, porque lo llevo realmente mal.

Discuten por infinidad de cosas, desde que no quieren ver el mismo programa en la tele, hasta que se molestan uno a otro con los ruidos o la música, pasando por invasiones del espacio personal del otro. Las broncas en casa están a la orden del día.

Lucas, al ser el mayor y sacar 10 años a Sara, es el que suele llevar la voz cantante, por lo menos, es al que más se le oye. Tiene la manía de hablar fatal a la niña, con voces muy altas, hasta gritos e incluso con falta de respeto. Me hierve la sangre cuando le oigo tratar así a su hermana pequeña, a la que, en condiciones normales, adora y protege. Y eso nos lleva a terminar discutiendo nosotros dos. No me canso de decirle que tiene que tratar a su hermana con el respeto que se merecen todas las personas; además, no tiene que hacer de padre y controlar todo lo que hace y regañarla hasta la saciedad, para eso ya estoy yo.

Pero no es Lucas el único malo de la película, ¡qué va! Sara también se las trae. Tiene un genio increíble, últimamente está en la época en la que la palabra no es su favorita y lleva la contraria a todo el mundo. Incluso hace las cosas con más intensidad cuando se le pide que deje de hacer algo. Por ejemplo, si Lucas está estudiando y su hermana empieza a tocar el piano en la habitación de al lado, él le pide que deje de hacer ruido, que no puede concentrarse. Pero Sara, lejos de dejarlo, le sube el volumen al piano y se pone a tocar en la puerta o incluso, dentro de la habitación de Lucas.  Le encanta chinchar. Evidentemente, la discusión está asegurada.hermanos

Lo peor de todo no es que se griten, es que muchas veces llegan a pegarse. Sara empieza a pegar a Lucas y no veas las tortas que le pega. El niño intenta controlarla y se aguanta un poco, por eso de que es pequeña, pero la pequeña terremoto le llega a pegar patadas y claro, Lucas termina empujándola, dándole un tortazo o un pisotón y los gritos se oyen por toda la casa. Los dos vienen a contarme su versión, a voz en grito, culpándose uno al otro. Suelo enfadarme más con Lucas, por haber hecho daño a la niña, porque él es el mayor, porque debe controlar su genio y su fuerza…pero sé que es injusto para él, porque el genio y la fuerza de Sara no se quedan cortos.

La verdad es que no sé cómo actuar en estos casos. He intentado no intervenir, dejar que lo solucionen entre ellos. Normalmente lo consigo, sobre todo cuando son peleas suaves, si vienen a meterme en medio, les digo que lo resuelvan entre ellos. Pero cuando la bronca se sale de madre, no puedo permanecer impasible, entre otras cosas, porque mi nivel de ansiedad empieza a elevarse.

Entre Lucas y yo, el ambiente en casa últimamente está bastante enrarecido. Peleas y enfados continuos, su etapa de adolescente alborotado, sus notas que van cada vez a peor y mi cansancio nocturno, se unen para hacer que la tensión familiar sea elevada. Quizás eso propicie que entre los hermanos se peleen con frecuencia, porque lo ven como algo habitual. O lo veían, porque a esto le estamos poniendo remedio. Desde hace un par de meses, vamos a terapia familiar, un grupo de apoyo psicológico donde cada quince días hablamos y nos orientan sobre cambios que deberíamos introducir en casa, sobre formas mejores de comunicarnos, donde nos plantean objetivos y nos dan pautas para que madre y adolescente vayan por buen camino. Pero eso es algo que ya contaré otro día.

¿Qué intento hacer yo para evitar tantas peleas?

Lo primero, es hablar mucho con ellos, explicarles que hay que respetarse y entenderse, comprender que cada uno es diferente y tiene sus propias necesidades, que no necesariamente tienen que coincidir con las del otro, es más, entre ellos, la mayoría de las veces no coinciden nunca.

Como ya he dicho, intento no mediar ni hacer de árbitro, que solucionen el problema entre ellos. Hasta hace poco, siempre tendía a culpar a Lucas por el simple hecho de ser el mayor. Pero en una de nuestras sesiones de terapia, me sorprendió bastante con su ruego. Teníamos que hacernos una petición uno al otro, llegar a un acuerdo de algo que queríamos que hiciese (o dejase de hacer) el otro y cumplirlo durante quince días. Y Lucas me pidió que no me metiese en las peleas con su hermana, que no intercediese por ella siempre. Así que algo que yo pensaba que no era para tanto, resulta que para él sí que lo es, y le da mucha importancia. En esas estamos ahora, intentando no mediar y no interceder cuando ya ha empezado la pelea, aunque confieso que me sigue alterando bastante oír cómo discuten.

Eso sí, si la pelea va más allá y empieza a haber daño físico, ahí sí intervengo. Les separo y les llevo a habitaciones separadas, hasta que se calmen. En poco tiempo, ellos solos acercan sus posturas y terminan abrazándose y besándose, pidiéndose perdón.

Admito que me resulta bastante difícil, quizás por el hecho de haber vivido una pelea constante en casa cuando era pequeña, quizás por el hecho de que se peleen a pesar de llevarse tantos años de diferencia; por el motivo que sea, las peleas entre mis hijos no las llevo nada bien, aunque sé que son inevitables, de momento.

 ¿Y vuestros hijos se pelean? ¿Cómo actuáis cuando esto ocurre? ¿Algún consejo mágico para que dejen de hacerlo?

Me encanta la cara de emoción que pone Sara cuando tiene un libro nuevo; quiere ponerse con él incluso aunque sea la hora de cenar, no puede esperar a mirarlo. Y esta vez no ha sido menos.el-jardin

De la mano de Boolino, la plataforma online de libros infantiles más grande de España, nos ha llegado este libro, El Jardín, que forma parte de una amplia colección de libros, la Baby Enciclopedia, con títulos para todos los gustos.

El Jardín es un libro de tapa blanda, acolchado y plastificado, ideal para que los más pequeños puedan manosearlo a su gusto. Pero también tiene bastante texto, para poder leérselo e incluso, para los primeros lectores. Todas sus páginas son plastificadas, y esto tiene su explicación porque además de leer, los pequeños pueden divertirse poniendo y quitando las pegatinas que encontrarán al final.el-jardin

Entre sus páginas, nuestros hijos aprenderán sobre plantas, huertos, flores, árboles y muchas más cosas. Y al final, pondrán a prueba sus conocimientos con varios juegos de pegatinas. Y no todo acaba ahí, porque ¡el libro esconde una última sorpresa! Un pequeño puzle de cartón de 12 piezas.descubre_mas_150

A Sara le ha gustado mucho, todo lo que sean libros con actividades le resulta muy entretenido. Y además, ha aprendido algunas cosas sobre cómo cuidar las plantas. Espero que me sirva de ayuda para cuidar las pocas macetas que tengo, que nunca me duran mucho.

El libro lo puedes encontrar en este enlace de la web Boolino, por solo 9.95€. En breve, seguiremos ampliando la colección.

Escribir en el blog es para mí un momento de liberación, de poder expresar mis sentimientos, dudas e inquietudes, pero también mis alegrías y experiencias positivas, mis vivencias en esto de la maternidad.  Todo empezó hace más de 4 años, cuando decidí aparcar momentáneamente mi trabajo como enfermera en post de la crianza de mi hija.  En este tiempo, el blog ha ido creciendo gracias a personas como vosotros, que estáis ahí detrás, leyendo lo que escribo y dándome vuestro apoyo. Sigo sorprendiéndome cada vez que alguien me deja un comentario positivo o me manda un mail con palabras de agradecimiento. También me sorprendo, pero negativamente, cuando alguien me pone a caer de un guindo o decide atacarme gratuitamente por algo que no le ha gustado. Que digo yo, que es lógico que haya opiniones para todos los gustos, pero oye, si no te gusta lo que escribo, no lo leas, o simplemente, puedes dejarme una opinión al respecto sin tener que recurrir al insulto o a la violencia verbal. En fin, gente hay de todos los tipos y en ocasiones, sé que me expongo al ataque. Pero la norma general es la otra, la de personas que me leen, que les gusta lo que digo, la de personas como vosotros, que hacéis que esto sea una ilusión cada día.

Últimamente, la cosa ha decaído un poco. No porque no quiera escribir, sino porque a veces siento que no tengo mucho que contar. Ya quemé las etapas de lactancia y portabebés que tanto me gustaban y que tanto y tanto me dieron para escribir. Ahora me encuentro en casa con un adolescente, que a veces me quita el sueño  y otras me hace morir de la risa y con una pequeña terremoto de casi 5 años, con una personalidad y un genio que ya quisieran muchos. Muchas veces no sé qué contar. Otras, las historias simplemente se acumulan en mi mente y en mi cuaderno de apuntes, o quedan en archivos incompletos, esperando el momento de salir a la luz. Y es que, como a todas las madres y padres, por supuesto, las horas del día se me quedan cortas. Y la mayoría de las noches, cuando por fin bajo el ritmo y tengo tiempo libre, estoy tan cansada que sólo me apetece quedarme tirada un rato en el sofá, descansando cuerpo y mente, ya me perdonaréis.

Siempre he escrito por placer. Y si una cosa tengo clara es que mi escritura es normalita, nunca publicaré un best seller. Jamás pretendí ser famosa y rica a costa de esto (risas entre el público 😉 ), sólo compartir algunos momentos de mi vida, sin aspirar a más. Por eso, mi sorpresa ha sido mayúscula estos días.

Como cada año, Madresfera, una gran familia de blogs relacionados con la maternidad y el mundo infantil, que cuenta actualmente con más de 3700 blogs inscritos, ha organizado los Premios Madresfera 2016. En este concurso, se premia a los mejores blogs en distintas categorías relacionadas con el tema. Y mi sorpresa llegó al recibir un correo en el que se me comunicaba que estaba nominada en la categoría “Embarazo y Crianza”.  ¡Imaginad  mi cara al pensar que alguien, alguna de las personas que lee mi blog, me ha creído merecedora de optar a un premio y hasta se ha tomado la  molestia de nominarme!concurso-madresfera-ranking

Evidentemente, no aspiro a nada, asumo con  toda naturalidad que hay madres y padres que escriben verdaderas maravillas, que dedican muchísimo tiempo y esfuerzo a cuidar sus blogs y que merecen ganar este concurso mucho más que yo.

Pero…ya que estamos, ya que mi nombre está en una lista, ¿por qué no aprovechar el momento y pediros una ayudita?  La verdad, mirar esta mañana la lista de los blogs nominados y ver que estaba entre los 75 primeros, ha sido un subidón, oye, que una se alegra con bien poco.

Así que si te gusta lo que escribo, si alguna vez te has sentido identificada con algo o te he ayudado en parte, pero sobre todo, si te apetece, me harías muy feliz si votases en el siguiente enlace por mi blog. Se podrá votar hasta el 5 de Febrero antes de la media noche. Para emitir el voto, es necesario una dirección de correo válida donde llegará un enlace para verificar el voto y que cuente.

¡Muchas gracias por estar ahí!

 

 

 

 

 

 

 

 

Este no es un tema sobre el que suela escribir, un lugar para cenar sin que estén los niños. Lo sé, no tiene nada que ver con la maternidad. Pero oye, es que de vez en cuando, también apetece hacer alguna cosa sin llevar a los niños. Y si encima, te encuentras con un sitio como este, con buena comida y buen ambiente, ¿Cómo no compartirlo con vosotros?

El sábado fuimos a cenar al restaurante El Perro y la Galleta, justo frente al Retiro. Y salimos encantados.

El lugar está decorado con muchísimos detalles, y aunque puede parecer cargante tanto objeto, la verdad es que no desentonan. Mesas de madera rústica, luces tenues, grandes ventanales y perros por todos lados, en lo cuadros, por las esquinas, de peluche…de ahí parte de nombre del local, de la pasión del dueño por los perros. La otra parte del nombre se debe a que es el nieto de la fundadora de María Fontaneda y prueba de ello la encontramos en la carta (y en una fuente de galletas que había justo en frente del baño).

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Fotografía del restaurante El Perro y la Galleta

 

Reservar en el restaurante no es moco de pavo, siempre está lleno, así que no se os ocurra pasaros sin llamar. Estaba lleno hasta los topes y aunque había muchísima gente, lo que me gustó es que era un ambiente relajado, en el que poder charlar a gusto, sin ruidos excesivos. La única pega que le pondría es que por aprovechar bien el sitio, tienen demasiadas mesas, lo que se traduce en espacios pequeños y mesas muy juntas, un poco demasiado para mi gusto. Vamos, que me tocó dejar el bolso en el sofá en el que me senté justo pegando con el bolso de la chica de al lado. Un poco más y nos hacemos amigas.

La carta, bastante original. Está bien cambiar de vez en cuando. Y la comida, exquisita, un 10 al chef. Además, platos abundantes, nada de minicomidas que se pierden en un plato gigante. Os cuento lo que comimos.

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Carta El Perro y la Galleta

Berenjenas rebozadas en galleta con pomodoro sin parmesano, por aquello de mi aversión al queso. Una fuente llena de berenjenas en tiras, doradas y crujientes, no pudimos terminar con ellas.

Tartar de atún con aguacate, mango, jengibre y sésamo una mezcla deliciosa entre el sabor salado del atún y el dulce del mango. Muy bien presentado.

Solomillo a la plancha con puré de patata trufado. El solomillo estaba exquisito, esa carne que se deshace en la boca. Y el puré con trufa para acompañar, perfecto también.

Tacos mexicanos de bacalao rebozado con guacamole, cilantro y pico de gallo. Tres tacos con unos contundentes trozos de bacalao, muy bien preparado. Otro plato con el que no pudimos terminar, a pesar de lo bueno que estaba.

Y ya el estómago no estaba para postres, si es que somos de poco comer. Confieso que me quedé con ganas de comerme una hamburguesa de Angus, vi que era el plato elegido por muchos comensales. Y de probar unos cuantos platos más, pero como todo no puede ser, los dejaremos pendientes para la próxima ocasión que se presente.

El precio por comensal, rondando los 35€, un precio justo para la calidad de la comida.

Sólo me faltó hacer fotografías de la comida. La verdad es que no se me ocurrió hasta el final que podía escribir sobre el restaurante, así que tendréis que conformaros con las fotos propias del restaurante y con mi opinión sobre la comida. De verdad, un sitio que no te puedes perder.

En estas semanas, no he parado de encontrar chistes y bromas sobre que no nos entra el pantalón, sobre lo mucho que engordamos y lo mucho que comemos. Incluso en las noticias escuché que de media, en Navidades, se cogían unos 3 kilos. ¡Qué barbaridad! Vamos, es lo que a mí me parece, ¿damos rienda suelta a nuestros apetitos más primitivos estos días o qué?

Es cierto que en estos días que han pasado, las reuniones familiares se suceden y la comida y el alcohol llenan las mesas cual banquete romano. Pero también es cierto que en nuestras manos estaba no cometer excesos.

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Sí, me he pesado y no he engordado, no he cogido peso, sigo igual que antes de las navidades. Y sí, he tenido reuniones familiares, he comido dulces típicos y sobre todo, hemos comido muchas veces fuera de casa. Pero me he controlado. ¿Que en Nochebuena mi madre puso en la mesa más platos que en un banquete de boda? Pues ese día, al medio día, comí poco y sano, en la cena intenté no pasarme y al día siguiente volví a la comida sana y baja en calorías. ¿Que en Nochevieja volvimos a llenar la mesa de viandas? Cierto de nuevo, pero la clave estuvo en no pasarse al medio día y en seguir comiendo bajo en grasas los días siguientes. He comido roscón en varias ocasiones, mentiría si dijese que no y además, lo he disfrutado. Pero para compensar, lo he tomado con café en vez de chocolate y el resto del día, pues lo mismo, comida sana.

Bien, yo me he controlado estos días, pero sé que para muchas personas, este control ha sido difícil y ahora toca volver a la rutina y a dejar nuestro cuerpo sano y con el peso previo fiestas. Por eso, ahí van unos consejillos:

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  • Alcohol – El alcohol se sintetiza en el hígado y posteriormente en los riñones. Cada vez que ingerimos alcohol, nuestro hígado, que es muy sabio, trata de descomponerlo y eliminarlo en primer lugar, relegando a un segundo plano su otro trabajo (producir enzimas, digerir alimentos). Así que ahora que han pasado los días de brindar por todo, lo mejor es evitar el alcohol en todo momento, beber muchísima agua para rehidratar a nuestro organismo y si vamos a tomar alguna bebida alcohólica, hacerlo siempre con el estómago lleno. Un remedio que a mí me funciona para beber agua y que no se me olvide, es llenarme una botella de litro y llevarla conmigo, tenerla delante. De ese modo, bebo mucho. Y por supuesto, la relleno cuando se termina, que deberíamos beber unos 2 litros al día.

  • Porciones pequeñas – Después de que nuestro sistema digestivo se haya visto saturado estos días, es necesario darle un respiro. Y que mejor manera que comiendo menos. Así que vamos a optar por usar platos más pequeños, para que las raciones de comida sean menos. Llenar un poco menos el plato es la clave. Y masticar mucho la comida, de ese modo facilitamos la tarea de la digestión.

  • Ejercicio – Si estamos acostumbrados a hacer ejercicio físico, no nos será complicado retomar nuestras rutinas. En cambio, si eres mas del tipo sedentario, quizás ahora sea un buen momento para empezar. El ejercicio no solo ayuda a mantener el peso a raya; también es beneficioso para la salud cardiovascular, previene enfermedades, mejora la salud en general y tiene beneficios psicológicos. Así que no lo dudes. Si no encuentras tiempo para apuntarte al gimnasio, por lo menos aprovecha los días soleados para salir a pasear, a montar en bici, sube escaleras en vez de coger el ascensor, aparca un poco el coche y ve caminando a los sitios. Todo esto ayudará a quemar alguna caloría extra.
  • Comida sana – No hace falta ser un gran cocinillas para comer bien, y sobre todo sano. La dieta mediterránea es una de las más saludables que existe. Para bajar esos kilillos de más, nada mejor que comer bien y con menos calorías. Disminuir el consumo de grasas, cambiar frituras por asados y planchas, evitar la bollería industrial y los alimentos precocinados, evitar la comida rápida y sobre todo, comer más verduras, frutas y hortalizas.
  • Descanso – Yo ya estoy agotada de tanta fiesta, tantos días de acostarme tarde, levantarme pronto, pasarme el día fuera de casa…Así que vamos a tratar de descansar, dormir 8 horas seguidas (un sueño para muchos, con esta vida tan ajetreada que llevamos). Si tenemos oportunidad, una pequeña siesta reparadora. Y el sofá, ese querido aliado de mis ratos de ocio. Fin de semana, una película, el sofá, una manta, las piernas estiradas….no veo el momento de que llegue.

Ya sabes, no sólo después de las fiestas tenemos que cuidarnos. Estos consejos deberíamos incorporarlos a nuestras rutinas diarias y cuidarnos siempre. Nuestro peso y nuestra salud nos lo agradecerán.

Mucha gente piensa que las enfermedades cardíacas son una patología mayoritariamente masculina, pero nada más lejos de la realidad, las enfermedades cardiovasculares matan tanto a hombres como a mujeres y son la primera causa de muerte a nivel mundial, según datos de la OMS.  En América, suponen más de 2,000 muertes diarias, según el CDC. En Europa, el 26% de las muertes en mujeres menores de 65 años se deben a patologías cardiovasculares.

A la vista de estas abrumadoras cifras, está claro que hay que cuidar nuestros corazones, sin importar la edad o el sexo.

En primer lugar, hay que prevenir, evitando los factores de riesgo que se asocian comúnmente a estas patologías: tabaco, alcoholismo, sedentarismo y dieta inadecuada. Es decir, hay que dejar de fumar, dejar de beber alcohol en grandes cantidades, hacer ejercicio físico con asiduidad y sobre todo, llevar una dieta equilibrada, baja en grasas saturadas, sal y azúcares, para evitar la hipertensión, la diabetes y la hipercolesterolemia.

A parte de la prevención, las madres tenemos un arma extra y poderosa a nuestro alcance, para reducir el riesgo de patología cardiovascular. La lactancia materna.

Ya sabemos que la lactancia tiene múltiples beneficios para los bebés. Y está probado que dar de mamar reduce el riesgo de padecer cáncer de mama a las madres. Pero no todo queda ahí. La lactancia también reduce el riesgo de enfermedades cardiovascular, de diabetes y de accidentes cerebrales. Unos datos que hay que tener en cuenta.

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En este estudio, publicado en Noviembre de 2013, realizado en Noruega sobre más de 20,000 mujeres durante 15 años, se observaron tasas de mortalidad cardiovascular excesivas en mujeres menores de 65 años que nunca habían lactado. Esto sugiere la hipótesis de que la lactancia materna tiene beneficios a largo plazo en la salud cardiovascular femenina.

Hay varios estudios que demuestran las bondades de la lactancia materna en patologías cardiovasculares. En este estudio publicado en 2009 en Pittsburgh, se estudiaron 140,000 mujeres y madres menopáusicas. El estudio demostró que las mujeres que habían amamantado durante más de 12 meses tenían un 10% menos de probabilidad de padecer diabetes y cualquier tipo de enfermedad cardiovascular. Así mismo, las mujeres que dieron el pecho durante pocos meses eran menos propensas a tener diabetes, hipertensión o colesterol alto. Las que amamantaron durante al menos 6 meses, redujeron también la probabilidad de accidente cardiovascular.

Este otro trabajo, mucho más amplio, revisó en total 72 estudios, ensayos y meta-análisis que se centraban en los beneficios de la lactancia materna en la protección frente a problemas cardiovasculares, tanto de la madre como del hijo. El resultado es claro: “Existe una asociación significativa tanto en la disminución de la probabilidad de tener hipertensión materna a corto y largo plazo, como de padecer enfermedades cardiovasculares.”

Resumiendo, ¿cómo funciona exactamente la lactancia para prevenir patologías cardiovasculares? Parece ser que la lactancia reduce los niveles de colesterol “malo” (LDL) y aumenta los niveles del “bueno” (HDL). Además, ayuda a quemar mantener un peso saludable, lo que disminuye el riesgo de padecer diabetes. Disminuye las cifras de Tensión Arterial y estos tres beneficios se mantienen a largo plazo, más cuanto más tiempo haya durado la lactancia.

Cada vez hay más evidencias científicas sobre los beneficios de la LM, no sólo para nuestros hijos, también para las madres. Reduce el riesgo de padecer cáncer de mama y de ovario y disminuye el riesgo de padecer osteoporosis, además de la protección cardiovascular a largo plazo.

La lactancia materna es lo natural, es para lo que nuestros cuerpos mamíferos están preparados. Es lo mejor para los niños y también es lo mejor para las madres. No hay lugar a dudas.

Y nosotras, madres, tenemos la oportunidad de mejorar nuestro futuro, de alejarnos de las estadísticas que muestran que la enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en el mundo. Dando de mamar a nuestros hijos, cuidamos de su salud y cuidamos de la nuestra. Además del ahorro de dinero que supone alimentar a nuestros hijos con lo que la naturaleza nos ha dotado.

 

 

Siempre hemos oído hablar de los terribles dos años, las épocas de las rabietas, cuando nuestros hijos aun no saben gestionar y manejar sus emociones y se frustran, dando lugar a las famosas rabietas.

En nuestro caso, los dos años pasaron bastantes tranquilos, solo recuerdo un par de momentos de crisis, pero cedían en seguida. En cambio, según la peque ha ido creciendo, estas rabietas y estas crisis han ido apareciendo con mayor frecuencia. Y no solo eso, no solo de enfados vive mi hija. También de lloros sin motivos.

Sara es una niña muy alegre y con muchísima personalidad, sabe lo que quiere y la mayoría de las veces, lo quiere ya. Evidentemente, en mi mano está darle la educación que corresponde y enseñarle que no puede tener todo lo que quiera ni mucho menos cuando ella lo quiera. Pero de momento, sigue sin entenderlo.

Y así estamos, a tres meses de cumplir los 5 años y con mas enfados ahora que cuando era pequeña. Y es que la mayoría de los enfados son por cosas sin sentido (al menos para mí, porque para ella debe tener todo el sentido del mundo).

Nuestros días comienzan así. Suena el despertador y se despierta de un humor horrible. No es por cansancio, porque duerme unas 11 horas del tirón. Simplemente, le sienta fatal despertarse. Y no solo los días de diario, cuando hay que levantarse forzadas; los fines de semana también se levanta con el pie izquierdo y no quiere ni que la hablemos. Por lo general, como se acerque su hermano a decirle algo, ya está liada. He probado distintas alternativas, como acostarla antes todavía, poner el despertador diez minutos antes, para que se vaya espabilando poco a poco, hacerle cosquillas, darle besitos, despertarla cantando, pero no parece que nada funcione. Sólo salta de la cama y se levanta de buen humor cuando tenemos algún plan a la vista que le apetece mucho. Levantarse para ir al cole, no entra dentro de esa categoría.

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Llega la hora del desayuno y como se ha levantado enfadada, no quiere desayunar. Los fines de semana dejo que lo haga mas tarde, sin prisas, pero los días de diario no podemos entretenernos mucho. Da lo mismo, aunque deje el desayunando como la ultima tarea del día, ella lo hace enfadada, protesta porque quiere desayunar algo que justo ese día no hay, protesta si el pan está más tostado de lo normal, si su leche está demasiado caliente o demasiado fría, si le pongo colacao o si no se lo pongo…. Al final, termino dejándola en la cocina con el desayuno mientras yo voy a terminar de arreglarme para salir de casa, y de ese modo, suele desayunar lo que le apetece.

La recojo del cole y pasa de estar riéndose en el patio a enfadarse en escasos segundos. Y vale, entiendo que está cansada, que me ha echado de menos, que conmigo tiene la confianza para hacerlo… a si que intento mimarla mucho (si me deja), cogerla en brazos y generalmente se le pasa. Pero, llegamos a casa del cole y se enfada porque Lucas está viendo la tele, o porque quiere pintar y no encuentra justo el lápiz o el cuaderno que quiere, se enfada si no le doy una chuche, se enfada porque quiere merendar justo lo que no hay en la nevera…no puedes imaginar a qué nivel llegan sus enfados. Porque todos los enfados van acompañados de llantos y de gritos. Si, mi hija grita y mucho. Grita para pedir las cosas, chilla si no tiene lo que quiere, se tira al suelo y patalea o se mete debajo de una mesa y da golpes a las patas, empuja las sillas…. Y mira, que se enfade porque está frustrada por algo, lo entiendo y lo respeto y espero a que se le pase para hablar con ella. Pero que grite y de golpes por lo mismo, no puedo consentirlo y termino enfadándome con ella.

Y así pasamos la tarde y llegamos a la cena del mismo modo, cabreándose por mil cosas: si la baño, porque la baño; si no lo hago, porque ella quería un baño de espuma, si hago sopa, porque quería puré, si hago puré, porque quería ensalada…. Parece que nada le viene bien.

Es muy frustrante para mí su comportamiento. Supongo y entiendo que es algo temporal, que es otra etapa de su desarrollo que irá dejando atrás poco a poco.

La otra cosa característica de estos días son los lloriqueos continuos sin motivo aparente. Todo lo pide llorando, me habla con esa vocecilla que no le sale de dentro. Lo he hablado muchas veces con ella, que no tiene que pedirme las cosas así, que me las pide normal, sin llorar y sin enfadarse, pero de momento, no ha dado resultado.

Después de sus múltiples enfados diarios, siempre hay algo común: unos instantes después de haberse enfadado por lo que quiera que sea, cuando la dejo un poco a su aire para que se le pase sin abrumarla demasiado, ella piensa y recapacita y siempre viene a pedirme perdón, llorando, eso sí. Por una parte, el hecho de que ella se de cuenta de que esos enfados no tienen sentido, me hace pensar que por lo menos es consciente de la situación; pero por otra parte, también me da bastante pena que se sienta culpable por algo que quizás, de momento, escapa de su control.

Imagino que será una etapa más de su desarrollo y de su personalidad, algo que me sorprende porque no lo había visto en su hermano, pero claro, cada niño tiene su propia forma de ser.

Lo mejor de todo, es que el resto del día sigue siendo mi Sara, mi niña risueña, esa niña que no para quieta, que siempre está dispuesta a aprender, que no se aburre porque tiene una imaginación desbordante y siempre hay algo nuevo por hacer. Esa niña que se esfuerza por aprender a escribir simplemente porque le apetece, que quiere leer todo lo que encuentra, esa niña que pinta y colorea, que hace manualidades, que juega con su imaginación. Esa niña que salta, corre, baila y juega. esa niña que se lleva bien con todo el mundo, abierta y vivaracha, que se emociona y alegra sinceramente cada vez que se encuentra con alguien a quien aprecia. Esa niña que me da cientos de abrazos, que me dice varias veces al día lo mucho que me quiere, que me come a besos y a la que le parezco la mejor madre del mundo.

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