No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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Del colecho a la cama de mayores: dejar la cama de mamá ha sido muy fácil

Desde que Sara nació, hemos compartido cama y habitación. En España, esta situación se conoce como colecho y aunque muchas personas no lo admiten, dormir con los hijos es más frecuente de lo que parece.

Sus primeras semanas de vida las pasó en mi cama, calentita, vigilada, donde tenía acceso al pecho cada vez que quería, lugar privilegiado para controlar su respiración y evitar sustos enormes, como el que nos llevamos una de las primeras noches que pasamos en casa, cuando se atragantó mientras dormíamos y gracias a estar tumbada a mi lado, pude notar cómo se agitaba y pataleaba y conseguí que expulsase una bola enorme de flemas y leche que tenía alojada en la garganta y que había hecho que se pusiese cianótica. Después de ese susto, supe que íbamos a dormir juntas mucho tiempo.

Los primeros meses trascurrieron así. Cuando creció un poco y se movía mucho, puse la cuna pegada a la cama, sin barandilla, de modo que podía rodar y pasar de un lado a otro sin problema. Incluso algunas noches era yo la que la “empujaba” suavemente a su lado del colchón. Cuando la cuna empezó a quedarse pequeña, moví mi cama a un lado y puse una cama pequeña pegada a la mía, con el cochón a ras de mi colchón. Y así hemos dormido hasta ahora.

Con los años, ambas nos hemos acostumbrado a dormir juntas. El problema no estaba tanto en compartir cama, como en lo que a acostarse se refiere.

Nunca la he “enseñado” a dormir sola. Simplemente, se quedaba dormida. Desde que nació, la teta era su forma de dormir, mamaba, se dormía, la soltaba en la cama y listo.

Hasta que tuvo 18 meses, me incorporé de la excedencia y ella empezó la guardería. Entonces empezaron los horarios y los problemas. Necesitaba instaurar una rutina de sueño, para poder despertarla por la mañana sin mucho problema. Al principio, me iba a mi cama con ella, le daba el pecho y me quedaba allí tumbada, leyendo, hasta que se quedaba dormida. Pero había veces que ese proceso duraba más de media hora y me resultaba un poco desesperante, me parecía una pérdida de tiempo, teniendo en cuenta la cantidad de cosas que me quedaban por hacer y, sobre todo, que tenía a un niño más grande esperándome fuera para hacer alguna cosa los dos juntos antes de irse a la cama.

Y encontré la solución que nos venía bien a los 3, de momento. Como a Lucas y a mí nos gustaba tener nuestro momento a solas para ver alguna peli juntos, lo que hacía es que le daba el pecho a Sara en el sofá del salón y mientras ella iba cogiendo el sueño, Lucas y yo aprovechábamos para nuestras cosas. Pero cada vez es más grande y pesa más, y la tarea de llevarla a la cama dormida desde el sofá empezaba a resultar peligrosa para mi espalda.

Cuando por motivos de trabajo me tocaba (y me sigue tocando) dejarla a dormir en casa de los abuelos o de la tía, al principio me tumbaba con ella en la cama hasta que cogía el sueño y después me iba. Pero poco a poco, empecé a dejarla despierta en la cama y me iba. Y oye, que no había ningún problema, que en casa de los abuelos y de la tía, se dormía sola. Pero en casa era otro cantar.

Ya podréis imaginar la cantidad de comentarios que he tenido que escuchar en estos 5 años sobre el sueño de mi hija, lo mal que lo estaba haciendo, que nunca la iba a sacar de mi cama, que iba a dormir conmigo hasta que tuviera novio…comentarios a los que yo, evidentemente, hacía oídos sordos.

Pero últimamente, las noches se estaban convirtiendo en una tortura. Desde hacía algunos meses ya no usaba su cama pequeña, simplemente dormía en la mía, lo más cerca posible de mí y yo en una esquina de una cama de 1,50 metros. Además, roncaba y mucho (tema del que ya os hablaré en cuanto pueda). Tampoco paraba de moverse de lado a lado, con lo que me pasaba las noches despertándome por sus patadas y sus ronquidos.

Siempre he defendido el colecho, compartir la cama con mis hijos me ha aportado muchos beneficios y estoy segura que a ellos también. Nunca me he planteado obligar a Sara a dormir de otro modo. Pero ya hacía tiempo que yo no descansaba muy bien. Además, varias noches al mes, por motivos de logística, mi sobrina tenía que dormir en casa con nosotros y aquello sí que era una fiesta. Mi sobrina en la cama pequeña de Sara y Sara y yo en mi cama, las tres juntas en la habitación, despertares de una, ronquidos de la otra…Entonces, decidí plantearle a Sara el tema de dormir sola en su habitación.

En el mes de febrero empecé a hablar con ella, sobre que estaba a punto de cumplir 5 años y quizás sería un buen momento para montarle una habitación para ella. Lo primero que me pidió fue que su cama tuviera cama abajo, para dormir con la prima. Y lo otro que me pidió fue poder elegir su cama. Así que dicho y hecho, nos fuimos de compras a una conocida tienda de muebles. Entre las dos elegimos la cama, colchones, edredones y demás muebles para la habitación. Hablábamos cada día del tema, de lo mayor que iba a ser, de lo chula que iba a quedar su habitación….

Colecho

Montamos la habitación y todos sus accesorios. Varias lámparas de luz nocturna, a petición de Sara. Y llegó la primera noche tras el cumpleaños, la noche en que dormiría sola por primera vez, la noche de una niña mayor, como a ella le gustaba llamarla.

¿Queréis saber la verdad? Me esperaba algo peor, traumático, con llantos y quejidos… Desde luego, mi intención era tener mucha paciencia, ofrecerle mi habitación para lo que necesitase y desde luego, no obligarla a nada. Pero llegó esa noche y la emoción se sentía en el ambiente. Le puse le pijama, encendimos las luces quitamiedos, la metí en la cama, le leí un cuento, le di varios besos, le dije lo mayor que era y me fui…hasta el día siguiente. No hubo llantos, no hubo traumas, no hubo nada. Simplemente, ella se ha ido a dormir sola a su habitación cuando las dos nos hemos sentido preparadas para ello. Bueno, creo que ella estaba más preparada que yo, porque esa primera noche yo no podía dormir, con la oreja pendiente por si sentía algún ruido, preparada para saltar cual resorte de la cama al primer inconveniente. Pero no lo hubo. Y no lo ha habido en este par de semanas que llevamos durmiendo separadas.

Alguna noche me ha llamado porque se ha despertado por una pesadilla, he ido, la he calmado y se ha vuelto a dormir sola sin problema. Incluso una mañana me comentó que se había levantado ella sola al baño en mitad de la noche a hacer pis, muy despacito, ¡para no molestarme! Ya ha compartido su habitación con la prima e incluso con su hermano, al que invitó a dormir una noche en la cama de abajo.

Ella se siente muy mayor. Tiene su propia habitación, con la cama llena de muñecos (en mi habitación no podía tener tantos). Ahora tiene todo a mano, estanterías para tener todo ordenado, una mesa con silla en la que pasarse horas haciendo dibujos…Cuando viene alguien a casa, lo primero que hace es llevarle corriendo a su habitación para enseñarle su cama nueva.Colecho (2)

He dormido con mi hija 5 años. Y no tiene ningún trauma por ello. Muy al contrario, creo que es una niña muy segura de sí misma y me lo ha demostrado con el cambio. No ha tenido ningún problema para dormir sola cuando ha estado lista. Simplemente, mi pequeña se hace mayor. Colechar con los hijos aporta a todos los miembros de la familia muchos beneficios. Pero no debemos asustarnos, los niños no van a dormir con nosotros para siempre, simplemente, un día se van y nuestra cama se quedará vacía. Aunque confieso que ya me he acostumbrado a dormir del tirón sin ella y sin estar pendiente de los ruidos, sigo durmiendo en mi esquina de costumbre, con el resto de la cama vacía.

¿Me cuentas cuánto tiempo has dormido con tus hijos y cómo se fueron a su propia cama?

Lactancia materna y protección cardiovascular

Mucha gente piensa que las enfermedades cardíacas son una patología mayoritariamente masculina, pero nada más lejos de la realidad, las enfermedades cardiovasculares matan tanto a hombres como a mujeres y son la primera causa de muerte a nivel mundial, según datos de la OMS.  En América, suponen más de 2,000 muertes diarias, según el CDC. En Europa, el 26% de las muertes en mujeres menores de 65 años se deben a patologías cardiovasculares.

A la vista de estas abrumadoras cifras, está claro que hay que cuidar nuestros corazones, sin importar la edad o el sexo.

En primer lugar, hay que prevenir, evitando los factores de riesgo que se asocian comúnmente a estas patologías: tabaco, alcoholismo, sedentarismo y dieta inadecuada. Es decir, hay que dejar de fumar, dejar de beber alcohol en grandes cantidades, hacer ejercicio físico con asiduidad y sobre todo, llevar una dieta equilibrada, baja en grasas saturadas, sal y azúcares, para evitar la hipertensión, la diabetes y la hipercolesterolemia.

A parte de la prevención, las madres tenemos un arma extra y poderosa a nuestro alcance, para reducir el riesgo de patología cardiovascular. La lactancia materna.

Ya sabemos que la lactancia tiene múltiples beneficios para los bebés. Y está probado que dar de mamar reduce el riesgo de padecer cáncer de mama a las madres. Pero no todo queda ahí. La lactancia también reduce el riesgo de enfermedades cardiovascular, de diabetes y de accidentes cerebrales. Unos datos que hay que tener en cuenta.

lactancia

En este estudio, publicado en Noviembre de 2013, realizado en Noruega sobre más de 20,000 mujeres durante 15 años, se observaron tasas de mortalidad cardiovascular excesivas en mujeres menores de 65 años que nunca habían lactado. Esto sugiere la hipótesis de que la lactancia materna tiene beneficios a largo plazo en la salud cardiovascular femenina.

Hay varios estudios que demuestran las bondades de la lactancia materna en patologías cardiovasculares. En este estudio publicado en 2009 en Pittsburgh, se estudiaron 140,000 mujeres y madres menopáusicas. El estudio demostró que las mujeres que habían amamantado durante más de 12 meses tenían un 10% menos de probabilidad de padecer diabetes y cualquier tipo de enfermedad cardiovascular. Así mismo, las mujeres que dieron el pecho durante pocos meses eran menos propensas a tener diabetes, hipertensión o colesterol alto. Las que amamantaron durante al menos 6 meses, redujeron también la probabilidad de accidente cardiovascular.

Este otro trabajo, mucho más amplio, revisó en total 72 estudios, ensayos y meta-análisis que se centraban en los beneficios de la lactancia materna en la protección frente a problemas cardiovasculares, tanto de la madre como del hijo. El resultado es claro: “Existe una asociación significativa tanto en la disminución de la probabilidad de tener hipertensión materna a corto y largo plazo, como de padecer enfermedades cardiovasculares.”

Resumiendo, ¿cómo funciona exactamente la lactancia para prevenir patologías cardiovasculares? Parece ser que la lactancia reduce los niveles de colesterol “malo” (LDL) y aumenta los niveles del “bueno” (HDL). Además, ayuda a quemar mantener un peso saludable, lo que disminuye el riesgo de padecer diabetes. Disminuye las cifras de Tensión Arterial y estos tres beneficios se mantienen a largo plazo, más cuanto más tiempo haya durado la lactancia.

Cada vez hay más evidencias científicas sobre los beneficios de la LM, no sólo para nuestros hijos, también para las madres. Reduce el riesgo de padecer cáncer de mama y de ovario y disminuye el riesgo de padecer osteoporosis, además de la protección cardiovascular a largo plazo.

La lactancia materna es lo natural, es para lo que nuestros cuerpos mamíferos están preparados. Es lo mejor para los niños y también es lo mejor para las madres. No hay lugar a dudas.

Y nosotras, madres, tenemos la oportunidad de mejorar nuestro futuro, de alejarnos de las estadísticas que muestran que la enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en el mundo. Dando de mamar a nuestros hijos, cuidamos de su salud y cuidamos de la nuestra. Además del ahorro de dinero que supone alimentar a nuestros hijos con lo que la naturaleza nos ha dotado.

 

 

De lactancia materna, copas menstruales y partos en casa

 

Hace sólo unos días leí estupefacta un artículo de la rancia Carmen Posadas que se publicaba en el dominical de un famoso periódico. Esta señora escritora, de la que casualmente no he leído ningún libro, se ha lucido con su artículo, en el que no deja títere con cabeza, o más bien, en el que no nos deja a las mujeres en muy buen lugar, a las mujeres que optamos por una maternidad y una vida más natural y respetuosa. El respeto, en su caso brilla por su ausencia. Me niego a enlazar su artículo y hacer que reciba más visitas. He aquí una imagen de sus desvaríos.

lactancia, copa menstrual, parto en casa

En un vuelo transatlántico me tocó al lado una mamá joven, muy guapa y con estudios universitarios, que viajaba con su hijo de dos años. Ante mi sorpresa, llegada la hora empezó a dar de mamar al retoño después de que este, hablando como un catedrático, solicitara el servicio de comedor. No seré yo quien se mese los cabellos ante las madres que reclaman su derecho a alimentar a sus hijos cómo y cuándo les plazca, allá cada cual con su particular afán de protagonismo, por no decir exhibicionismo. Pero ¿es compatible con una vida profesional amamantar niños hasta esa edad? “

¿Afán de protagonismo y exhibicionistas? La lactancia materna, la función natural de los pechos de las mujeres, sigue avergonzando a muchas personas, e incluso a esta escritora retrógrada que no está puesta en las recomendaciones de la OMS. Porque digo yo, que si organismos científicos internaciones, después de muchísimos años de estudios, insisten en que lo más beneficioso para los bebés es la leche materna en exclusiva hasta los 6 meses y complementada hasta los 2 años y más allá de ese tiempo siempre que madre y bebé así lo deseen, será por algo. Que no señora, que si mi hija de 4 años me pide teta, ni yo soy una exhibicionista que quiero mostrar la turgencia de mis pechos a todo el mundo ni quiero ser la protagonista de una reunión de amigos. Si le doy teta es por su salud, por mi salud, porque a ella le gusta, porque le alimenta, porque es sano, porque le calma, porque tengo esa posibilidad y punto. Ah, y los mismo da el aspecto físico de la madre lactante y su nivel de estudios, guapas y feas, universitarias o sin graduado escolar, las tetas de todas están hechas para alimentar a nuestros hijos y de las tetas sale leche de igual calidad.lactancia

¿Compatible con la vida profesional? Teniendo en cuenta que la OMS recomienda lactancia en exclusiva hasta los 6 meses y que en España la baja maternal no dura ni 4 meses, es difícil, pero perfectamente compatible. Al principio podemos sacarnos leche con un sacaleches y a partir del 6 mes, cuando el bebé comienza a tomar otros alimentos, puede comer “comida” mientras nosotras no estamos y tomar teta cuando estamos con ellos. Porque las madres trabajadoras volvemos a casa después de la jornada laboral y en esas horas que compartimos con nuestros hijos, podemos darles el pecho, podemos leerles un cuento, podemos jugar a revolcarnos por el suelo y podemos hacer cientos de cosas. Quizás Carmen no lo sepa porque no dio pecho a sus hijos o porque al llegar a casa tenía a los niños cuidados con alguna niñera…

 Tampoco parece muy compatible con el trabajo lo que propugnan las muy progresistas ‘miembras’ de la CUP. Ellas desean que los centros de salud promuevan «métodos alternativos de recoger el sangrado menstrual» a los caros y poco ecológicos tampones y compresas.  Para ello abogan por el sangrado libre y la utilización de esponjas marinas. “

Y digo yo, señora Posadas, ¿qué leche tendrá que ver mi ciclo menstrual con la compatibilidad con el trabajo? ¿Y acaso usar una copa menstrual me convierte en independentista? No seré yo la que hable de política, pero sí la que habla de métodos alternativos para recoger el sangrado menstrual. Y casualmente, la moción sobre la menstruación que ha presentado la CUP me parece fenomenal.  Resulta que la menstruación no es algo nuevo, sino que al igual que la lactancia materna, es tan antigua como la humanidad. Es inherente a los mamíferos. Las mujeres tienen pechos para amamantar. Y las mujeres tienen periodo menstrual. Durante años, lo que viene siendo de toda la vida, vamos, las mujeres han cuidado sus ciclos menstruales de una u otra forma, hay constancia de que en Egipto las mujeres usaban una suerte de compresas para tal menester. Desde entonces ha llovido mucho y ha habido adelantos, o no. Los tampones casualmente, están ligados al Síndrome de Shock Tóxico y tanto compresas como tampones dejan en el cuerpo de la mujer residuos. Y no solo en nuestros cuerpos, sino en el medio ambiente, pues aunque a esta mujer le parezca que cuidar el medio ambiente es absurdo ¿Y si estropeo el medioambiente con mis tampones y compresas?”  Poner un poco de parte de cada uno ayuda bastante. Además, el gasto mensual es compresas y tampones es muy grande. Ya me imagino yo a familias que no consiguen casi llegar a fin de mes, sufriendo por gastarse 10 o 15€ mensuales en compresas. Si invierten 30€ en una copa menstrual que dura 5 años, ¿no supone esto un gran ahorro? Creo que Carmen Posadas no ha leído bien la moción de la CUP, pues no propugnan el sangrado libre, sino el uso de métodos alternativos. Y  puedo hacer mi trabajo igual de bien con un tampón que con una copa menstrual.

“¿Para qué ir a un hospital si se puede parir igual en el colchón de casa, como sacraliza un conocido anuncio de televisión? Por supuesto, y una vez más, parir con dolor es una opción, pero no parece precisamente ‘moderno’ anteponer la intimidad a la seguridad o considerar irrelevante la contribución del parto hospitalario a la hora de reducir la mortalidad materno-infantil.”

El parto en casa, en un embarazo sano y controlado, es una opción segura y responsable. En otros países Europeos, sin ir más lejos, es una opción que se considera normal. Parir en casa se hace bajo la supervisión de matronas, que son las profesionales de la salud que controlan la vida sexual y reproductiva de las mujeres y que se encargan de los partos en la inmensa mayoría de las ocasiones. Digo inmensa, pues en muchísimos casos innecesarios, intervienen los ginecólogos con sus episiotomías, sus maniobras de Kristeller,  sus cesáreas, sus partos programados… Una vez más, la OMS, ese organismo del que parece que Carmen Posadas no ha oído hablar, considera que en condiciones de salud, el parto en casa es tan seguro como un parto hospitalario. Y lo de parir con dolor, no es una cuestión de masoquismo. Hay alternativas más naturales y menos dañinas a la epidural, que conlleva muchos riesgos, como partos instrumentalizados y mayor tasa de cesáreas. Una mujer que decide parir en casa no lo hace salvaje e inconscientemente. Una mujer que decide parir en casa se ha informado y ha decido. Y no está poniendo en riesgo su salud ni la de su bebé si no hay nada que contraindique este tipo de parto. Son decisiones normales y respetables. Y contempladas por la OMS.

“Nuestros primeros años como profesionales son brillantes, pero cuando el reloj biológico comienza a hacer tictac, se acabó puesto de relumbrón y sueldo espléndido, la maternidad es lo primero. Caer en viejos tics gracias a nuevas modas pseudoprogresistas es completamente imbécil”

Está claro que cuando esta mujer tuvo a sus hijos, hace unos 40 años, trabajaba y trabajaba….ah no, que leyendo su biografía resulta que dejó sus estudios universitarios para casarse y tener hijos y hasta unos años después no comienza a escribir libros (cosa que seguro hacía perfectamente desde casa) y luego se casó con el gobernador del Banco de España… Precisamente ella, que ha tenido una vida acomodada y fácil, viene a dar lecciones sobre maternidad y sobre quedarse en casa cuidando hijos. Pues mire por donde, sí, la maternidad es lo primero. Aunque aún haya mucha gente que no se haya dado cuenta. La infancia de nuestros hijos pasa rápida y fugaz. Y es en esos primeros años que se forja su personalidad y su relación con el resto del mundo. De nuevo a la cola de muchos países más progres que nosotros, la baja maternal no deja tiempo para nada. En países mucho más avanzados cuidan a las mujeres y sus maternidades, ofreciendo bajas maternales mucho más largas, periodos de excedencias remunerados, evitando que los bebés vayan a guarderías al cuidado de desconocidos y fomentando que sean cuidados y amados por sus madres. Decidir aparcar tu carrera profesional, por poco o mucho tiempo, es una decisión personal de cada madre y de cada familia, pero no es una decisión criticable. Más criticable me parece a mí que la vicepresidenta en funciones renunciase a su baja maternal y se incorporase al trabajo tan sólo 10 días después del nacimiento de su hijo. Que por muy bien cuidado que estuviera el niño, no tenía a su madre, ni su calor, ni su olor y evidentemente, ni la leche de su madre. Muchas mujeres se ven obligadas a incorporarse al trabajo cuando su bebé tiene sólo 16 semanas de vida, destrozando una recién comenzada relación, creando una angustia de separación madre-hijo difícil de calmar. Y se acostumbran, claro, no les queda otra y se engañan diciendo que su hijo está fantásticamente y cuando llegan a casa intentan recuperar ese tiempo perdido. Pero muchas de estas mujeres darían lo que fuera por no tener que dejar a sus retoños tan pequeños, por poder aparcar por una temporada su carrera profesional. Por suerte, algunas otras mujeres sí pueden hacerlo. Y renunciar temporalmente al trabajo por cuidar de tu hijo, de esa parte de ti, es más gratificante que el sueldo espléndido de ese mes. No es nada imbécil ni tiene porqué acabar con tu carrera profesional; unos años después y podemos volver al trabajo.

Definitivamente, nunca me había leído ningún libro de esta señora, pero después de leer este artículo, tengo clarísimo que nunca lo haré. Ella, la que se hace llamar feminista, no es más que una machista escondida detrás de un ordenador, con una gran falta de respeto hacia las mujeres y madres que deciden tomarse la maternidad de una forma un poco diferente.

Balance tras cuatro años de lactancia

Ahora que Sara ha cumplido 4 años, me apetece hacer un repaso a los aspectos que más nos importan y nos han importado.

Voy a empezar por la lactancia, que es lo primero que nos unió. Así han sido estos 4 años de teta.

La teta, fue lo primero después de separarnos tras el parto. Sólo unos segundos después de nacer, se enganchó a mi pezón y así estuvo durante horas. No quería tocarla, no quería que nadie la cogiera. Simplemente, quería que estuviese así, a mi lado, sintiendo su calor y notando como mamaba como si lo hubiese hecho siempre. Es increíble como la naturaleza es tan sabia y dota a nuestros hijos de ese conocimiento y del reflejo de succión.

Durante las 48 horas que estuvimos en el hospital, casi no me la quité del pecho. Así, antes de salir de allí, ya tenía los pechos rebosantes de leche.

4 años de lactancia en imágenes

4 años de lactancia en imágenes

Las primeras semanas fueron las más duras. Nunca tuve grietas, pero sí tenía los pezones irritados. Siempre digo que la lactancia con un agarre correcto no duele, no debe doler. Pero también es cierto que al principio, los pezones se irritan. Son una zona delicada del cuerpo, que de pronto se ve sometida a un roce y a una humedad continua y es normal una pequeña molestia hasta que se acostumbran. Si esa misma succión continua se produjese en el antebrazo, también acabaría irritado.

También tuvimos unos cuantos pequeños sustos las primeras semanas. Mi reflejo de eyección era muy potente. Tanto que Sara empezaba a mamar y la leche salía con mucha presión y en mucha cantidad y siempre se atragantaba. Fueron semanas duras, en las que intentaba vaciarme un poco el pecho antes de que empezase a mamar para disminuir ese reflejo. Pero casi todas las veces se atragantaba, estaba un par de segundos sin respirar, tosía incómoda y volvía a seguir mamando. En esas semanas, disparé leche por todos lados. Cada vez que Sara se retiraba del pecho, la leche salía disparada y le caía en la cara, en los ojos, en el pelo…e incluso en alguna persona que se ponía demasiado cerca.

También fueron duras las noches. El pecho a demanda es así, los peques maman cada vez que lo necesitan. Y por la noche mamaba muchas veces. Jose y yo nos caímos por las esquinas del sueño. Lo bueno, es que compartimos cama y de ese modo, los despertares fueron menos y más cortos. Cuando fue creciendo, muchas noches mamaba y no me enteraba, pues ella sola era capaz de buscar mi teta y engancharse. Eso sí, tenía que dormir despechada, para tener el self-service listo toda la noche.

Es estos cuatro años, la teta nos ha dado mucho consuelo. Al principio servía para calmarla, tranquilizarla, que se relajase, además de alimentarla. Con el tiempo, descubrimos que la teta era el mejor calmante. Durante todo este tiempo, la teta ha sido un potente analgésico. Cualquier dolor, cualquier herida, cualquier malestar, todos hemos conseguido reducirlos con el poder sanador de la teta. La tetanalgesia existe.

Los primeros meses estuvieron llenos de comentarios por parte de todo el mundo. Ya sabemos que en esto de la maternidad, parece que la gente de nuestro alrededor es experta y todos dan consejos sin pedirlo. De este modo, al principio todo el mundo me decía que la niña mamaba muchas veces y por eso regurgitaba, porque estaba llena. También me dijeron que posiblemente mi leche no fuese buena y se quedase con hambre, por eso pedía tan seguido. Menos mal que no hice caso de ninguno de los comentarios y seguimos felizmente lactando. Algunas veces expliqué la fisiología de la lactancia; otras, simplemente, sonreía con cara de “que sí, que lo que tú digas pero yo hago lo que me da la gana” y a seguir con la teta. Superados los 6 primeros meses, los comentarios cambiaron de rumbo. Empezó la época de “ya es muy mayor, quítale la teta” o “deja de darle el pecho que con esos dientes tiene que comer pan” o la mejor “a esa edad, ya la teta no alimenta, es sólo vicio” Si ya superas el año de lactancia, oyes verdaderas tonterías. Pero bueno, nada que no se pueda solucionar con unas palabras cortantes. Con algo más de 2 años, directamente pasaron a decirle las cosas a Sara en vez de a mí. En una ocasión le dijeron que la teta era caca; tuve unas palabritas con esa persona y al final terminó pidiendo perdón. Y así hemos seguido hasta ahora. Como ya mama muy poco y sólo en determinados momentos, lo normal es que lo hagamos en casa y no nos vea nadie, así no nos hacen comentarios.

Con estos 4 años de lactancia he proporcionado a Sara un montón de defensas. Es una niña sana y feliz, segura de sí misma y con una personalidad muy bien definida. Puede estar agarrada a mi pierna cuando conoce a alguien nuevo y estar jugando con esa persona cinco minutos después. Desde luego, alargar la lactancia el tiempo que quieran mamá y bebé no hace que los niños sean dependientes.

Pero todo lo bueno se acaba y desde hace unos meses, sé que nuestra lactancia está llegando a su fin. Cada vez mama menos, y cuando lo hace, son sólo unos segundos. Desde el día de su cumpleaños, me ha pedido teta sólo 3 veces. Lo que me alegra es que no ha sido nada impuesto, ha sido algo natural, que va llegando sin esfuerzo y sin presiones. Hace unos meses, cuando me di cuenta de lo que estaba pasando, me dio mucha pena. En este tiempo me he ido acostumbrando y sé que cualquiera puede ser la última vez. Así que estos pocos momentos que tenemos últimamente los disfruto al máximo.

Esta conversación tuvo lugar hace unos días, cuando llegamos a casa del colegio y se estaba lavando las manos para comer:

-Mamá, ¿me das tetita?

-Anda Sara, hacía muchos días que no me pedías, como ya tienes 4 años pensé que ya no querías.

-Mamá, si yo no tomo teta, ¿qué vas a hacer tú con tus tetitas? Yo no veo que tengas ningún bebé para darle teta.

Y con esta lógica infantil de mi hija, que entiende mejor que nadie que los pechos de las mujeres son para alimentar a sus hijos, me despido con una pregunta.

¿Hasta qué edad han mamado tus hijos?

Lactancia artificial y evidencia científica

Evidencia Científica – “En ciencias, una prueba es un hecho conjeturado por alguna teoría cuya presencia o ausencia solo es compatible con una o varias teorías científicas. Así las pruebas permiten discriminar qué teorías científicas pueden dar cuenta adecuadamente de cierto conjunto de hechos y cuáles no. La prueba científica es un conocimiento objetivoverificable y reproducible. El nivel o grado de evidencia clínica es un sistema jerarquizado, basado en las pruebas o estudios de investigación, que ayuda a los profesionales de la salud a valorar la fortaleza o solidez de la evidencia asociada a los resultados obtenidos de una estrategia terapéutica. Desde finales de la década de 1990, cualquier procedimiento realizado en Medicina, ya sea preventivo, diagnóstico, terapéutico, pronóstico o rehabilitador, tiene que estar definido por su nivel de evidencia científica, corriente que se llama Medicina basada en la evidencia o basada en las pruebas.” Fuente Wikipedia

Para que quede claro, la ciencia basada en la evidencia científica se apoya en hechos, en pruebas, en datos que se pueden medir y analizar.

Antes de empezar aclaro a todas aquellas personas que se sienten ofendidas cada vez que escribo de lactancia, que mi intención no es atacar, culpabilizar ni señalar con el dedo a nadie. Mucho menos pongo en tela de juicio la maternidad de ninguna. No creo que ser buena o mala madre se mida por la forma en que hemos alimentados a nuestros bebés. Definir la bondad de una madre en función de si ha dado o no el pecho a sus hijos es tan absurdo e inadmisible como valorar la inteligencia de un niño según las notas que saca en la escuela. Ni la escuela mide la inteligencia de un niño, ni la lactancia calibra la bondad de una mujer” – Cita de Olga Ayllón, casada con Julio Basulto, Técnico Especialista en Nutrición Humana y Dietética, y Diplomada en Nutrición Humana y Dietética. Pero que la lactancia artificial conlleva riesgos, es un hecho científico basado en la evidencia.

Hace años, el tabaco formaba parte de nuestro día a día, anuncios de unos hombretones montando a caballo mientras se echaban un pitillo eran normales en la televisión, las revistas y las vallas publicitarias. Es más, recuerdo que hasta guardabas las solapas de las cajetillas y luego las podías canjear por regalos de la marca…publicidad en estado puro. Después de la lucha de muchísimas personas, por fin se reconoció que el tabaco era malísimo para la salud y que causaba una cantidad increíble de muertes al año. Estudios basados en la evidencia pusieron y ponen de manifiesto los daños que hace el tabaco en el organismo. A día de hoy, nadie duda de esto (o casi). Todos sabemos que el tabaco es malo, muy malo, que mata y produce daños irreversibles en el organismo. Aun así, hay gente que sigue fumando. Hace algún tiempo tuve un paciente, un señor de unos 70 años que iba con la cajetilla de tabaco en el bolsillo de la camisa. Como enfermera y queriendo promocionar la salud, saqué el tema con el caballero. Su respuesta fue: “Fumo desde que era un crío y estoy sano, no he tenido ningún problema respiratorio y no tengo cáncer. Esas tonterías que dicen del tabaco son mentira. Yo soy la prueba de que el tabaco no mata”. Ala, ¿qué decir a esto? Ese hombre estaba convencido de tener razón, por más datos científicos que quisiera enseñarle. ¿Qué ocurre si en un blog sobre salud se habla de los daños que causa el tabaco y algunos fumadores se ofenden y empiezan a hacer comentarios sobre que ellos fuman hace años y no les ha pasado nada?

Pues llega el turno de la lactancia artificial. Antes de que nos tiremos de los pelos, el ejemplo del tabaco era sólo un ejemplo muy exagerado, ¡no estoy comparando el tabaco con la lactancia artificial!

La lactancia artificial apareció hace años para dar respuesta a los bebés huérfanos y/o abandonados que morían o enfermaban por el exceso de proteínas que tenía la leche de vaca. Está claro que hay casos en los que la lactancia artificial es necesaria, en casos en los que la lactancia materna esté ausente. El problema fue que las grandes empresas farmacéuticas comenzaron a vender su producto como algo igual de bueno o mejor que la leche materna y que además permitía la liberación de la mujer. De ese modo, el poder económico de estas empresas popularizó la lactancia artificial (igual que hicieron las tabacaleras en su momento) hasta el punto que en los años 60-70 lo normal era que los bebés tomaran biberón y lo raro era la lactancia materna.

Anuncio en un centro comercial sobre las salas de lactancia en los que las compañías de leche de fórmula se dejan un dineral en publicidad

Una sala de lactancia…patrocinada por leche de fórmula. ¡Publicidad basura!

Por suerte, la evidencia científica y los numerosos estudios llevados a cabo durante años pusieron de manifiesto que alimentar a los bebés con leche de fórmula conlleva riesgos. No es que la lactancia materna tenga beneficios, es que la lactancia artificial tiene riesgos.

Los bebés que toman leche artificial tienen mayor riesgo de padecer infecciones, enfermedades autoinmunes como diabetes o alergia, tienen mayor riesgo de obesidad, tienen mayor riesgo de SMSL (síndrome de muerte súbita del lactante)… Esto no lo digo yo ni las múltiples personas que escriben sobre lactancia porque nos lo hayamos inventado. Estos datos están estudiados, evidenciados, contrastados científicamente. En un estudio de Diciembre de 2015 se extrajeron estos datos: “El riesgo de mortalidad por todas las causas era más alto en lactantes no amamantados en comparación con los lactantes amamantados de forma exclusiva de 0-5 meses. Los niños de 6-11 y 12-23 meses de edad que no fueron amamantados tuvieron 1.8 y 2.0 veces más riesgo de mortalidad, respectivamente, en comparación con los que fueron amamantados. El riesgo de mortalidad relacionada con la infección en bebés de 0-5 meses era más alto en bebés no amamantados en comparación con los bebés alimentados con leche materna exclusiva. El riesgo fue dos veces mayor en niños no amamantados, en comparación con los niños alimentados con leche materna de 6-23 meses.”

Si la evidencia científica ha demostrado en múltiples ocasiones estos hechos, ¿por qué cada vez que sale el tema de la lactancia en este u otro blog, en Facebook o en alguna otra red social, muchas madres hacen comentarios tipo “mi bebé tomó biberón y está muy sano” “pues yo fui alimentada con fórmula y a mi edad estoy perfectamente”? Es cierto que un bebé puede ser alimentado con fórmula y estar sano, como ese señor que fumó durante 60 años y no tenía cáncer de pulmón. Pero también es cierto que si se comparan poblaciones mucho más amplias, de miles de personas, habrá más bebés alimentados con fórmula que tengan alguna patología, igual que si comparan a personas que hayan fumado durante 60 años habrá muchísimas que si hayan tenido cáncer de pulmón.

La intención de las personas que escribimos sobre lactancia, de todo el personal sanitario y no sanitario que promueve la lactancia materna, de los múltiples estudios que se realizan es informar, ayudar a las madres y futuras madres a elegir un camino con conocimiento de causa. No es culpabilizar a las que eligieron, libremente o no, con conocimiento o no, la lactancia artificial por algún motivo, es aportar información veraz y contrastada sobre los riesgos que puede conllevar alimentar a los bebés con leche de fórmula. Esta información es difícil de escuchar en muchos momentos. Como leí el otro día en el blog de Julio Basulto, y que me dejó muy asqueada, “los fabricantes de leche artificial para bebés invierten 150 veces más dinero en publicidad de lo que los gobiernos invierten en la promoción de la lactancia materna.”

Pero aunque sea difícil, aunque seguramente reciba comentarios de nuevo de personas que me tachan de sectaria, aunque vuelva a leer comentarios sobre lo sano y rollizo que es su bebé que sólo toma biberón y que lo que yo escribo son tonterías, a pesar de todo eso, seguiré intentando informar y divulgar conocimientos científicos sobre los riesgos de la lactancia artificial y sobre la maravilla naturaleza que poseemos y que nutre nuestros cuerpos de leche perfecta para nuestros hijos.

Soy madre hace 14 años

Parece que fue ayer cuando me convertí en madre por primera vez y ya han pasado 14 años. 14 años de ver crecer a ese bebé pequeñito y regordete que cabía en el hueco de mi brazo y que ahora es casi más alto que yo.Feliz cumpleaños

En todo este tiempo he aprendido y vivido muchas cosas que no imaginaba antes de ser madre. La maternidad te cambia la vida, totalmente. En la inmensa mayoría de los aspectos es maravillosa, aunque la maternidad también tiene sus cosas duras.

  • Hace 14 años aprendí a amar a alguien más que a mí misma. Es cierto, cuando tienes un hijo, el amor es algo imposible de describir, a tus hijos les quieres por encima de todas las cosas, a otro nivel.
  • En estos años he aprendido que una madre puede ir por la vida con muy pocas horas de sueño. Los primero meses son agotadores, la lactancia a demanda, los despertares frecuentes, los hábitos de sueño de los bebés que nada tienen que ver con los de los adultos…Pero oye, que duermes poco y encimas tiras, con unas ojeras que te llegan hasta el suelo, claro. Recuerdo esas primeras semanas, iba a casa de mis padres varias veces a la semana a comer. O eso creían mis padres. Yo en realidad no iba por la comida, ¡iba por la cama! En cuanto Lucas terminaba de mamar, les dejaba al niño y me iba rauda y veloz a dormir hasta que mi pequeño retoño necesitase la teta de su madre otra vez.
  • Paciencia, cuando te conviertes en madre, además de un bebé ganas un plus en paciencia. Si echo la vista atrás, veo cómo me he asentado, cómo pasaba de enfadarme por muchas cosas que ahora me parecen sin sentido a tener una paciencia infinita; paciencia cuando los niños tienen rabietas sin saber por qué; paciencia para volver a cantar la misma canción por décima vez; paciencia para escuchar sus peroratas sobre algún acontecimiento importante…aunque la paciencia, como todo, se agota y ha habido muchos momentos en estos 14 años que me he quedado sin ella. Menos mal que es como un pozo sin fin, y aunque momentáneamente se haya secado, el pozo se vuelve a llenar y volvemos a empezar.
  • Regreso a la infancia. Quién me iba a decir a mí cuando tenía 26 años que me iban a importar las cosas de mi infancia…un año después llegó Lucas y de nuevo me vi recordando esas canciones que me cantaba mi abuela, jugando tirada en el suelo a hacer torres con bloques de Lego, bañándome en una bañera donde había más juguetes que agua, disfrutando de la noria, comiendo chucherías…
  • Hace 14 años el miedo y la angustia llegaron para instalarse en mi corazón y ya nunca se han ido. Tienes un hijo, el ser más adorable y al que más quieres del mundo. Y con el amor infinito, también llega el miedo a perderlo, el dolor de verlo enfermo, el sufrimiento cuando sufre. Ser madre te convierte en sufridora nata. Lucas fue un niño que de pequeño tuvo varios ingresos por bronquiolitis y neumonías. Cada vez que veía a mi pequeño con esa dificultad para respirar, con mascarilla y suero, apagado en una cama de hospital, cuando pasábamos más días en urgencias que en casa, cada vez que me decían que había que dejarle ingresado porque no mejoraba se me partía el alma. Tengo dos anécdotas con las que ahora me río, pero recuerdo lo mal que lo pasé. Una noche, Lucas tendría 7 u 8 años, estábamos jugando antes de dormir, ya en la cama, cuando sin querer se tiró hacia atrás y se dio con el pico de la mesilla de noche en la cabeza. Se hizo una herida y empezó a sangrar. Y yo, la superenfermera que se enfrenta a cosas muy feas cada día, en ese momento me volví la madre más blanda del mundo, me mareé y casi pierdo el conocimiento. Era para vernos, en el mini cuarto de baño, yo tumbada en el suelo, Lucas sangrando y Jose tapándole la herida con una mano mientras con la otra me sostenía las piernas en alto a ver si se me pasaba el mareo. La otra anécdota fue cuando vimos la película “Lo imposible”. Estábamos en casa, Lucas ya estaba dormido y llega el tsunami. Cuando a la madre la arrastra el agua con su hijo Lucas, al que pierde y trata desesperadamente de agarrar, cuando son golpeados con violencia por todas las cosas que arrastra el agua…no podía respirar, la sensación de miedo, el hecho de que el niño se llamase como hijo, el sufrimiento que estaba viendo me hicieron tener una crisis de pánico. Tuve que apagar la película e ir a tumbarme en la cama con mi hijo, que dormía plácidamente.
  • Cuando me convertí en madre pasé de pensar sólo en mí a poner a mi hijo por delante. Recuerdo cuando era pequeña y había algo rico para comer, mi madre no se lo comía por dárnoslo a nosotras. Esas cosas sólo las hace una madre (y un padre). Antepones a tus hijos a tus  necesidades. Ellos se convierten en lo primero y en lo más importante, después, si sobra, si puedes, si hay tiempo, vas tú.
  • Hace 14 años que me convertí en una leona luchadora. Como decía una casposa de esas que salen en la tele “yo por mis hijos mato” Y es así, luchas por ellos hasta tu último aliento. Como madre no permites que les hagan daño (aunque les van a hacer daño muchas veces y no podremos evitarlo y sufriremos con ellos). Como madre te sacrificas, luchas, lo haces todo por su bienestar y en su beneficio. A veces me pregunto cómo he conseguido llegar donde estoy yo sola. Porque sí, porque aquí he llegado con poca ayuda, con mi fuerza y mi tesón. Cuando Lucas tenía 6 meses su padre nos dejó, nos quedamos sin casa (menos mal que mis padres nos acogieron casi dos años), sin trabajo, sin coche, con deudas y por supuesto, él no pasaba un duro de pensión. Pero yo me busqué la vida, encontré trabajo, me compré un coche, alquilé un piso y yo sola, con un niño pequeño, lo hacía todo, lo eduqué y lo saqué adelante. Hoy puedo decir con orgullo que mi hijo es un niño maduro y responsable ¡y adolescente!, que valora todo lo que he hecho por él aunque a veces lo olvide, es un niño sensato, seguro de sí mismo, cariñoso, educado, que se preocupa por los demás. Y eso lo hemos conseguido los dos, él con su forma de ser y yo con mi lucha diaria. ¿Quién me iba a decir hace 14 años que hoy tendría dos hijos y sería single mami?cumpleaños

Seguro que hay muchas más cosas que cambiaron en mi vida hace 14 años, cambios grandes y cambios pequeños, pero todos para bien. No cambio mi vida de antes con la de ahora, a pesar de sus malos momentos. Tengo dos hijos maravillosos, con los que disfruto muchísimo, que me han enseñado a ser mejor persona, dos hijos que también a veces, estoy deseando que se vayan a dormir y me dejen un rato de tranquilidad, dos hijos que son mi mayor tesoro.

Lucas fue el que abrió el camino del cambio, el que llegó a mi vida hace 14 años y la transformó, el que me hizo ser madre. ¡Muchas felicidades hijo! Gracias por haberme elegido para acompañarte en este camino.

Se acerca el destete

Vaya, qué raro se me hace decir esto, pero creo que nuestra lactancia se está acercando a su fin. En poco menos de un mes Sara ha pasado de mamar en bastantes ocasiones a espaciar las tomas hasta casi ninguna.

Y todo esto ha sido a raíz de empezar el colegio de mayores. Madre mía, si es que el colegio les hace mayores para todo, aunque no queramos.

Hasta que empezó el colegio todo iba como siempre. Nos despertábamos tranquilamente, mamaba en la cama sin prisa y pasábamos el día. Siempre tomaba teta para dormir la siesta y al despertarse y también tomaba por la noche para dormirse. Esas cuatro tomas eran sagradas y no nos las saltábamos nunca (bueno, algún día que no se haya echado siesta…) Además, pedía teta cuando estaba cansada, tenía hambre o sed, se aburría o se había hecho daño.

Y de pronto llegó Septiembre y el inicio del colegio, con sus nuevas prisas. Tengo que reconocer que el curso pasado, en la guardería, aunque entraba a las 9 siempre la llevaba más tarde, en la franja de 9 a 10, porque nos lo permitían, así que teníamos tiempo de despertarnos tranquilamente. Pero el colegio es otro tema, hay que estar a las 9 allí sí o sí, no podemos llegar a la hora que nos dé la gana. Esto ha supuesto hacer las cosas con prisas por las mañanas. Ahora me levanto, preparo los desayunos y voy a despertar a los niños (bueno, Lucas suele estar levantado), lo que ha implicado saltarnos la toma de la mañana. El primer día que la desperté para ir al cole estaba tan emocionada que no se acordó de la teta. Y desde entonces, hemos cambiado esa rutina y ya ninguna mañana me pide. Tampoco me pide cuando la recojo del cole, porque venimos jugando y hablando de cosas. Y así, vamos dejando tomas atrás. Tanto, que un día me di cuenta que no había mamado en todo el día. No fui consciente de ello hasta el día siguiente, cuando caí en la cuenta que en más de 24 horas no me había pedido teta. ¡Y me llevé un disgusto!

Sé que es normal, que todos los niños se destetan tarde o temprano y sé que a la mía no le debe quedar mucho ya. Tiene 3 años y medio y se va haciendo “mayor”. Incluso hace unas noches que ya no mama para dormir. Una noche me dijo que era grande y que no iba a tomar teta para dormirse, sólo un poco antes de dormir. Mamó unos segundos y se acabó. Ahora me descubro muchas noches ofreciéndole el pecho aunque ella no me lo haya pedido. Le digo: “¿quieres un poquito de teta después de cenar? Que sabes que ya no tomas para dormir…” Y la mayoría de las veces me dice que no.

La siesta la sigue haciendo con la teta y al despertar lo mismo, pero hay dos días a la semana que no duerme siesta porque no nos da tiempo, y esos días, si no se acuerda de pedirme por la tarde, se los pasa sin mamar.

Siempre que se hace daño sigue pidiendo. Y eso me gusta. Me encanta que la teta siga siendo su consuelo. Pero me pregunto hasta cuándo durará, viendo el rumbo que están tomando las cosas.lactancia

Pensar en el final de nuestra lactancia me provoca sentimientos encontrados. Por un lado, hay momentos en los que hasta me alegro. Sobre todo por las noches, cuando mamaba hasta quedarse dormida. Esas tomas ya me molestaban. Pero por otro lado me da mucha pena, pensar que es una etapa que se termina, otro detalle más que me demuestra que mi niña crece y se hace mayor y no se va a quedar pequeña por más que se lo pida.

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