No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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Cuándo están preparados para quitar el pañal nocturno

Una vez que nuestro hijo controla perfectamente los esfínteres por el día, sabe pedir pipí y caca e incluso lo hace solito y dejamos de usar pañal, muchas familias se preguntan cuándo es el momento de quitar el pañal de la noche. La respuesta es muy sencilla: cuando el niño esté preparado.

Hay que ser respetuoso con los tiempos de cada niño, con el pañal del día y con el pañal de la noche. De todos es sabido que muchas familias fuerzan a sus hijos y les quitan el pañal antes de tiempo, por recomendación de la guardería, del pediatra, de la abuela o de la vecina del quinto. Muchos padres no respetan los tiempos de sus hijos y les obligan a pasar por días de estar mojados y horas interminables sentados en el orinal. El control de esfínteres necesita maduración y ésta es diferente en cada niño. Obligar a un niño menor de dos años a hacer algo para lo que no está preparado, además de conllevar muchos accidentes, en algunos casos puede ser contraproducente. El niño debe estar preparado para ello, debemos estar atentos a sus señales, hablar con ellos del proceso y hacerlo cuando veamos que puede. Aun así, si empezamos la operación pañal y seguimos teniendo accidentes, es mejor posponerlo un tiempo.

Bien, ya hemos superado esa etapa y nos preguntamos ¿cuándo quitamos el pañal de la noche?diaper pañal

Evidentemente, no debemos quitar el pañal nocturno hasta que el niño esté preparado. Hay niños que desde el mismo momento que controlan esfínteres diarios, controlan también el pipí por la noche; hay niños que necesitan unos meses más; hay niños que lo piden ellos mismos porque son mayores; y hay niños que tardan más. Hasta los 5 años, no se considera que un niño que se hace pis por la noche tenga enuresis, así que debemos tener paciencia y respeto por el momento madurativo de nuestros hijos.

Desde luego, lo que no es normal es querer que nuestro hijo no se haga pis por la noche a base de despertarle repetidas veces para llevarle a orinar. Me parece una tortura para el pequeño. ¿Acaso nosotros, lo adultos, nos despertamos varias veces para ir al baño en mitad de la noche? (entendiendo que no hay ningún problema). Pongámonos en el lugar del niño. Está plácidamente dormido, descansando de un agotador día de juegos y aprendizajes, cuando llega uno de sus padres y le levanta dormido, le lleva hasta el baño y le sienta en el inodoro, adormilado, mientras es obligado a hacer pis aunque lo único que quiere es seguir durmiendo en su cama. Y lo peor es que esta tortura se repite varias veces en la noche.  ¿A alguno de vosotros, padres, os gustaría pasar por eso? A mí desde luego no, cuando me acuesto a dormir, lo único que quiero es dormir. ¿Cómo puede entonces algún padre pensar que así su hijo aprende a controlar esfínteres por la noche? A mi entender, así lo único que conseguimos es trastornar el sueño del pequeño. Y forzarle a hacer pis cuando no tiene ganas.

Debemos respetar al niño, su ritmo, su proceso madurativo, no forzando la situación. Valorar cada situación y cada caso de forma individual. Lo correcto es observar al niño.

  • Si el pequeño se despierta por las mañanas con el pañal seco, durante varios días seguidos, significa que aguanta toda la noche y ya podemos quitar el pañal.
  • Si el niño en mitad de la noche se despierta y nos pide hacer pis, es señal de que sabe reconocer esta necesidad incluso dormido y podemos probar a quitarle el pañal.
  • Si es el propio niño el que nos pide que no le pongamos pañal, podemos probar unas cuantas noches a ver qué tal y si vemos que se hace pis, hablar con él para explicarle la situación.

Una vez que hemos comprobado que nuestro hijo está preparado, hay varias cosas que podemos hacer para ayudarles.

  • Intentar restringir un poco los líquidos a última hora de la noche.
  • Que hagan pis siempre justo antes de acostarse
  • Poner una funda protectora o un empapador en la cama del pequeño, por si hay algún accidente.
  • En caso de que una noche nuestro hijo se haga pis en la cama, nunca jamás debemos regañarle, hablar con él y quitarle importancia.

Sara cumplió 4 años en Marzo. Y hasta ahora ha seguido usando pañal por la noche. Al llegar el buen tiempo, los abuelos entraron al trapo en más de una ocasión, diciéndome que debía quitarle el pañal para que “aprendiese” y que si se mojaba, dejaría de hacerlo después de unas cuantas noches. Evidentemente, no les hice ningún caso y a parte de un pequeño problema que tuvimos en el colegio, del que vino llorando porque le dijeron que era un bebé por usar pañal, la niña no ha tenido ningún problema por usar pañal por la noche. Ya llevaba un par de meses que se hacía pis la mitad de las noches y la otra mitad se despertaba seca. Desde hace varios días, no se ha hecho pis ni una sola noche. Ella se despierta y lo primero que me pregunta es: “¿mamá me he hecho pis?” y cuando le digo que no se pone muy contenta. He hablado con ella y le he dicho que vamos a usar pañal unos días más; si sigue sin hacerse pis, en unas noches pasaremos a dormir sin pañal.

Todo sin prisas, sin agobios, respetando el ritmo de mi hija, escuchando sus necesidades.

Control de esfínteres nocturno

¿No te pasa que cuando tienes un niño de unos dos años, todo el mundo a tu alrededor te pregunta cuándo le vas a quitar el pañal? Parece que es obligatorio que a los dos años los niños controlen sus esfínteres. Y en muchos, muchísimos casos, se les fuerza y se les obliga a conseguirlo.

Pero el control de esfínteres es un proceso natural que el niño adquiere cuando está preparado para ello. Aunque muchos padres se esfuercen por adelantar y forzar el proceso. Muchas veces, este aprendizaje obligado se debe al hecho de que para entrar al colegio de educación infantil, los niños deben ir con las tareas hechas y sin pañal. Y con muchas más normas absurdas, como conté a principio de curso aquípañal

Sara dejó el pañal con dos años y pico. Un día le quité el pañal, lo hablamos y se hizo pis encima unas cinco veces, no lo pedía. Volví a ponerle el pañal y nos olvidamos del tema. Unos meses después, volvimos a hablarlo, lo intentamos y listo, tuvo un par de accidentes en unos días, pero cada vez que tenía ganas ella lo pedía, yo no tenía que preguntarle. Ocurrió de un modo natural, cuando ella estuvo preparada.

Con el pañal nocturno no ha sido así. Hay niños que controlan esfínteres por la noche casi a la vez que por el día. ¡Perfecto! Están preparados para ellos. Y otro no lo hacen. Lo que es absurdo es obligar a los niños a no hacerse pis por la noche cuando no están preparados para ello.

Si buscas por la red seguro que encuentras muchos consejos sobre cómo quitar el pañal de la noche. Uno de ellos es que beban poco o ningún líquido antes de dormir, vale, tiene su lógica, yo también limito mi consumo de líquidos para no tener que levantarme por la noche. Y otro es que hagan pis antes de acostarse, como hacemos todos, creo yo. Pero de ahí a decirnos que despertemos al niño en mitad de la noche para llevarlo al baño…eso es una especie de maltrato, para el niño que al que despiertas y para los padres que tienen que estar pendientes de llevarlo. Hay que respetar el sueño nocturno, ¿qué absurdez es esa de despertar al niño una, dos o incluso tres veces por la noche para llevarle a hacer pis y evitar que se moje durante el descanso? Si se hace pis por la noche, no está preparado para dejar el pañal, ya lo hará.

Por las noches, Sara bebe poco y hace pis antes de dormir. Aun así, hay mañanas que se despierta con el pañal seco y otras que lo hace con el pañal empapado. Más o menos al 50%. No está preparada para aguantar toda la noche. Yo no le doy ninguna importancia. Su pediatra en la revisión de los cuatro años no le dio ninguna importancia, entonces ¿por qué parece que le importa al resto de la gente?

Algunos miembros de la familia ya me han dado charlas y consejos sobre el tema de vez en cuando. Vamos a ver, ¿qué les importa al resto si Sara usa o no usa pañal por la noche? ¿Los compran ellos? ¿La lavan ellos por la mañana? No, pues listo. Lo más gracioso es cuando me dicen que la culpa de que Sara se haga pis por la noche es mía, debería dejarla sin pañal mojada, y así aprendería. ¡Toma ya educación respetuosa!

El problema ha llegado de la mano del colegio. Parece ser que salió el tema en clase. Y la profesora consideró oportuno decirles a algunos niños que el pañal era de bebés y que no podían usarlo. Durante unos días Sara ha venido hablando de eso, diciéndome que no le pusiera pañal. Obviamente, le he explicado que se lo tengo que poner porque si se hace pipí va a estar mojada. Hasta que parece ser que han vuelto a sacar el tema en clase y una mañana al despertar, me preguntó si se había hecho pis. Le dije que sí y se puso a llorar, porque eso era de bebés, que ella era mayor… ¡Mi cabreo fue mayúsculo! Le quité importancia al asunto, le expliqué que usar pañal por la noche no significaba que fuese pequeña, que ella es mayor e inteligente y sabe hacer muchas cosas, es una niña maravillosa y yo la quiero mucho, use pañal o no. Estoy intentando tener una reunión con la profesora para hablar del tema.

¿Usar pañal por la noche impide el correcto funcionamiento de una clase de 3 años? ¿Qué mi hija se haga pis por la noche le impide relacionarse con el resto de sus compañeros? Un tema tan absurdo no debería sacarse en clase, y  menos tratar a los niños como “bebés” o “niños pequeños”, propiciando que el resto de la clase entre en el juego de tratar a los niños de forma diferente en función de sus capacidades.

Hasta los 5 años se considera normal que los niños no controlen esfínteres por la noche. Como en todo proceso evolutivo, unos niños los harán mucho antes y otros mucho después. Si el niño se despierta con el pañal mojado por las mañanas, es absurdo intentar quitarle el pañal y forzarle a algo que no está preparado, respeto por el niño y por sus tiempos.

 

Educación infantil o cómo obligar a nuestros hijos a crecer

Pues sí, ya llegó la etapa de escolarización de Sara. Ya está en el cole de los mayores. Ella está feliz, pues como todos los niños, la sensación de crecer y hacerse mayores es todo un logro para ellos. Aunque yo le sigo diciendo que no quiero que corra tanto y que se quede pequeña, no me hace caso.

En España la escolarización no es obligatoria hasta los 6 años. La educación infantil comprende de los 3 a los 6 años, tres cursos que “no son obligatorios”, pero que es como si lo fueran, pues es cuando los colegios ofrecen todas las plazas. Intentar escolarizar a los niños cuando tienen 6 años, en 1º de primaria, es misión casi imposible si quieres llevarlo a un colegio determinado. No lo dejarán en la calle, pero no habrá plazas para ningún colegio aceptable y la comisión de escolarización lo mandará al que no quiera nadie y tenga plazas disponibles. Vamos, que con 3 años los niños tienen que empezar el cole de mayores, nos guste o no.

Y empezar el cole implica enfrentarse a muchos cambios, a muchos de los cuales no están preparados.

Siempre he abogado por el respeto a los niños. Y sobre todo, por el respeto a sus tiempos y a sus necesidades. Cada niño debe llevar su propio proceso madurativo. Hay niños que andan antes y otros andan después, pero todos acaban haciéndolo. Lo mismo pasa con sentarse, dormir solos o dejar la teta, antes o después, si les dejamos, todos lo harán.

¿Qué pasa entonces con el colegio, que está lleno de normas? Pues que obligamos a nuestros hijos a hacer cosas para las que puede que no estén preparados.

Una de las primeras cosas es dejar el pañal. Los niños dejan el pañal entre los 2 y los 3 años. Los que lo hacen antes no es por proceso madurativo, es porque los padres les han “obligado” y les han condicionado para que lo haga. Lo ideal es respetar sus tiempos, no forzarles y esperar a que estén preparados. Quitarles el pañal cuando aún no ha llegado su momento implica muchos accidentes, muchas horas de niños sentados en el orinal sin necesidad, muchas lavadoras, mucho tiempo preguntado “¿quieres hacer pis?” e incluso en algunos niños, implica pánico al momento y estreñimiento forzoso. Las prisas por obligar a nuestros hijos a dejar el pañal no son buenas. Hay que esperar a que estén preparados para ello, de esa manera resulta mucho más fácil para todos y nada traumático. Pero claro, para entrar en el cole de mayores, los niños tienen que tener control de esfínteres. Todos. Da lo mismo si es un niño nacido en enero que si es uno nacido en Diciembre. Da igual si cuando entran al cole tienen 3 años y mucho o si tienen 2 años y pico.

Y no todo queda en el pañal. Entrar al colegio de mayores está lleno de normas. Me dieron esta hoja para rellenar y devolver con los logros de Sara. Me chocaron bastante algunas de las preguntas.normas absurdas para el colegio

¿Qué importa si va andando a los sitios o no? Pues aunque yo no le veo lógica, parece que para ir al cole de mayores es muy importante. ¡A una mamá le dijeron que el niño tenía que ir andando al colegio, que no le podía llevar en la silla de paseo! Vale que no pueda dejar la silla en el patio  ¿pero qué importancia tiene si llega al coche andando o en silla? ¿Y si va en coche? A otra mamá, en una entrevista personal, le preguntaron si aún tomaba biberón. Al decirle que su hijo tomaba biberón para desayunar, le dieron una charla moralista. Pero vamos a ver, lo importante es que los niños vayan desayunados al colegio, ¿tiene tanta importancia si el niño toma leche y pan tostado, teta o un biberón de cereales? ¿Acaso son diferentes por lo que hayan desayunado en casa? Vale que en clase a media mañana no se lleven un biberón, pero lo que haga cada uno en su casa da lo mismo. Vamos, que si me llegan a preguntar a mí y les digo que Sara toma teta, nos expulsan del colegio. Y así un montón de cosas, que creo que no tienen que ver con la educación y la enseñanza. A esta misma mamá le dijeron que tenía que quitarle el pañal de la noche ya. Joder jolines, ¡como si por dormir con pañal fuese a tener un problema para relacionarse en clase! Antes o después, los niños dejan el pañal, el chupete, el biberón y la teta y hasta dejan de pedir brazos. ¿Por qué nos empeñamos, o más bien se empeñan, en hacer que esas cosas ocurran tan pronto?

Nos dieron un librito informativo en mi colegio sobre la incorporación del niño a la etapa de educación infantil.  Ya veo que en todos los colegios se rigen por las mismas tonterías. Leo perlas como estas: “niños caprichosos que quieren imponer sus deseos” Vaya, poniendo etiquetas a los niños desde el principio; “algunos niños todavía van en carrito a la escuela” si van en coche no hay problema; “continúan usando chupete y biberón en casa” que digo yo que lo que haga en mi casa será cosa nuestra; “hay niños que no tienen adquiridas unas rutinas básicas de alimentación, sueño…” Mi hija no va al colegio a comer (hay niños que se quedan en el comedor y ya “aprenderán” a comer lo que allí les pongan) ni mi hija va al colegio a dormir. Si se duerme cada noche con mi teta y compartimos cama, ¿qué mal hace en el colegio? “debe dormir sin problema, si llama la atención, ignorarle para que no se repita; tres días de firmeza…”  Bueno, con el tema del sueño y de dormir me suelen tocar mucho las narices. Qué manía con que los niños deben dormir solos, y tenemos que “enseñarles” y ser duros y firmes. ¿Acaso a los adultos no nos gusta dormir acompañados? Mi hija ya dormirá sola cuando se sienta preparada. Y ya no os cuento las orientaciones para un programa de entrenamiento en el control de esfínteres porque parece que los niños estén en el ejército.

Los padres tenemos una importante labor en la educación de nuestros hijos, una labor conjunta con la escuela, somos su pilar fundamental.  Tenemos que educarles en valores, en respeto, en educación, tenemos que poner normas. Van a compartir el aula con más niños y una profesora que se enseñará mediante el juego la mayor parte de la mañana. Soy la primera en defender eso. Pero las cosas que no influyen para el comportamiento en el colegio ni para el desarrollo del niño, deberían quedar en cada casa, en manos de cada familia. No intentar forzar a los niños a hacer cosas para las que muchos no están preparados.

Resumen de la jornada educativa Gestionando Hijos

Como ya os comenté hace unos días, fui al evento de educación Gestionando Hijos, un evento que contó con varios invitados que nos dieron su visión sobre la educación y sobre cómo ayudarnos a educar a nuestros hijos, con un montón de consejos. Fueron varias horas de aprender y tomar apuntes. Como en todos los eventos, hubo charlas que me resultaron más amenas y otras menos, igual que hubo ponentes más activos y otros más aburridos, pero de todos se aprendió algo. El evento reunió a más de 700 padres interesados en educación.

Contaros ahora mis propias opiniones resultaría una tarea ardua, así que mi idea es transcribir las propias palabras de los invitados, de las notas que fui tomando. Aquí os dejo un resumen.

Leo Farache, director del evento y profesor universitario, se encargó de la presentación de esta jornada.

Enrique Sánchez de León director de la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD) se centró en la idea de conectar el mundo de la empresa con la educación.

“Hasta ahora estos son dos mundos demasiado separados. Tiene sentido que el mundo empresarial, en el que los niños de ahora van a pasar dos tercios de su vida,  se interese por el mundo educativo.  Nuestros hijos no tienen competencias para triunfar en este mundo, sacrificio, competencia, valores, solidaridad,  compañerismo… hay que hacer que estos dos mundos se acerquen, concienciando a padres, profesores y directores de empresa para trabajar juntos en ese acercamiento, para conseguir la felicidad plena cuando lleguen a la vida laboral. El camino de la educación tiene diferentes rutas. Es importante tener el conocimiento que nos permita elegir y adaptarnos en el camino.”

Javier Urra, pedagogo y primer defensor del menor lanzó al público la siguiente pregunta:

“¿Por qué es importante que padres y madres lo hagamos bien? Los niños tienen que aprender a aburrirse, a despedirse, el niño es el fin en sí mismo y la educación es un medio para conseguir ese fin. Los niños son el presente y tienen futuro. La infancia es un presente cargado de futuro, los niños son la esperanza. Las emociones conflictivas son las que hay que hay que tratar, educar en la emoción y en los sentimientos. Debemos educar a los niños para encauzar sus emociones, para no conducirse en imprevisibles impulsos. Hay que preparar a los niños para aprender a afrontar la soledad, los errores, la angustia. No podemos sobreprotegerles. Hagámosles conscientes del dolor, de las injusticias.  Y también hay que trasladarles el humor, reírnos de nosotros mismos.

Hay que dotarles de correctos juicios morales, para que comprendan que el mundo no está para servirlos. Hay que enseñarles a enfrentarse a rupturas y despedidas, valorar lo humilde, lo esencial, dotarles de ideales. Hacer que los adolescentes colaboren en actividades solidarias. Hay niños que no tienen calor de hogar en su casa. Compartir con ellos sonrisas, dar las gracias. Aceptar los sentimientos de los demás aunque no los compartamos.

Hay una vacuna contra la violencia y empieza en casa, hay que educarlos para saber que las cosas se pueden romper, prepararles para las separaciones, para que sepan que las cosas pueden pasar y si suceden, que no sean violentos. Según un estudio, los jóvenes de 18-24 años mueren más por suicidio que por accidentes, porque no saben controlar la frustración”

David Cuadrado, director de Viventia, licenciado en psicología y escritor del libro Coaching para niños (o mejor dicho para… para padres) hizo una ponencia de lo más divertida.

“No se puede aprender a montar en bicicleta sin haberse caído antes, para aprender, hay que equivocarse. Desmontar hábitos que no nos gustan, sobre todo después de haberlos fomentado nosotros, es difícil. Es más fácil construir un hábito nuevo que desmontan uno pasado. Huye de las soluciones fáciles, pensar significa pararse a pensar. Trabajo en equipo. Ayuda, solidaridad, colaboración. Jugar y aprender del juego. Coopetir– cooperar y competir. Aumentar la competitividad cooperando entre nosotros”

Eva Bach, pedagoga, profesora y autora del libro “Adolescentes: qué maravilla”.  Nos transmitió que padres y profesores deben remar en una misma dirección.

“En muchas ocasiones entre familia y escuela no existe comunicación y cada uno va en sentido distinto, no se avanza. Los niños necesitan que las personas responsables de su educación nos respetemos. Estos son sus diez para cooperar:

  • Confianza, imprescindible para que los profesores puedan hacer bien su trabajo.
  • Sintonía de fondo, un horizonte común, con motivaciones y objetivos parecidos.
  • Tener claras las funciones de cada cual. Cada quien en su lugar para poder educar.
  • En el cole, las normas del cole, en casa las nuestras, en casa de los abuelos, las de los abuelos… no hace falta que todos estemos siempre de acuerdo en todo. Lo importante son las motivaciones de fondo.
  • Comunicación asertiva. Ser exquisitos en el fondo y en las formas cuando nos dirigimos a los profesores de nuestros hijos. También en todas las relaciones de nuestra vida, con los hijos, con la pareja, con los amigos. Respeto aunque no estemos de acuerdo.
  • Los profesores menos brillantes también educan. “Incluso un reloj estropeado esta acertado dos veces al día, Paulo Coelho”. Aunque un profesor no nos guste, no significa que no valga.
  • Responsabilizar a nuestros hijos. Es tarea suya aprender a llevarse bien con sus profesores. Solo si hay tratos vejatorios actuaremos.
  • Contagio emocional positivo. ‘Tu nuevo profe me gusta´, ‘Me gusta esto de tu profe´. Trasmitir calidez, empatía, buscar cosas buenas de los profesores para transmitirlo a los hijos.
  • Ser buenos aliados de los profesores de nuestros hijos. No aliarnos con los hijos contra los profesores, sino con los profesores a favor de nuestros hijos.
  • Revalorizar el prestigio social del profesorado. Hay una sola profesión en el mundo que enseña a desarrollar a todas las demás.

Todos tenemos una varita mágica que tenemos que recuperar. Iluminar el potencial de nuestros hijos desde la luz de nuestro propio corazón para ver a los profesores como grandes magos y hadas de nuestra sociedad.”

 

Catherine L´Ecuyer, investigadora y divulgadora, nos habló de cómo educar en el asombro y en la belleza.

“Los niños se asombran por todo. El asombro es el deseo para el conocimiento y debemos respetarlo.

Hay que respetar el ritmo de los niños. Los niños viven el presente. Respetar las etapas de la infancia. No hay que reducir la infancia. No debe hacernos gracias qué los niños quieran maquillarse o usar joyas. Los niños deben ser niños y jugar, asombrarse.

El consumismo es la forma más directa de matar el asombro. No dar las cosas por supuesto, y así nos asombraremos cuando las tenemos. Los niños lo tienen todo e incluso lo tienen antes de desearlo siquiera. Abrumamos los sentidos de los niños y piensan que todo lo que hay a su alrededor es un deber, se acaban haciendo tiranos.

Personas Multitarea. Los científicos dicen que no podemos hacer dos cosas a la vez. Hay actividades automáticas, como conducir, que sí se pueden y luego están las actividades que requieren prestar atención. No podemos escuchar a nuestros hijos mientras vemos la televisión o hablamos por el móvil. Nuestra atención oscila entre varias actividades, no prestamos atención a nada en concreto ni hacemos las cosas a la vez, las oscilamos. Cuando procesamos mucha información usamos mucho la memoria a corto plazo, pero no se puede prestar atención real a muchas cosas a la vez. Del mismo modo, los niños no pueden hacer los deberes con la radio, la tele, el PC, el móvil…”

 

María Jesús Álava, psicóloga, nos habló de la sobreprotección.

“Sobreprotección es no dejar a los niños hacer las cosas para las que están preparados, lo que impide que adquieran autonomía. Los niños tienen que aprender a entretenerse solos, dejarles espacios para que piensen y reflexionen. Los padres se anticipan a sus necesidades, impidiendo a los niños desarrollar estrategias y recursos que les serán necesarias en el futuro.

Un error que cometemos muchos adultos es resolver sus conflictos. Las cosas de niños las tienen que resolver entre ellos sin que los adultos se metan en medio. Hay que ayudarles a superar situaciones, no resolvérselas. Si les impedimos desarrollar sus habilidades para solventar dificultades, corremos el riesgo de que se conviertan en niños dependientes. No olvidemos que los niños están preparados para hacer cosas solos desde bien pequeños. Dejarle comer solo, dejarle vestirse, aunque tarden más.

En un estudio que se hizo sobre la relación entre el estilo educativo de los padres y el desarrollo de competencias emocionales de los niños, cogieron tres tipos de padres:

Estilo autoritario, gran disciplina, alta exigencia, baja afectividad.

Estilo permisivo, sin pautas ni normas, mucha comunicación y afecto.

Estilo equilibrado, normas necesarias, límites establecidos, alta comunicación y afectividad.

Los niños con padres de estilo educativo equilibrado fueron los que desarrollaron más su inteligencia emocional, después los autoritarios y por último los permisivos, cuyos hijos tenían un desconcierto permanente.

Haya que enseñar a los niños a frustrarse, no hay errores, hay aprendizajes. Ayudar a un niño a quererse a sí mismo, perdonarse por sus fallos y quererse por sus esfuerzos. Aplicarles en la dinámica de la casa. Adaptar nuestros patrones educativos, formando equipo. Dar importancia a la comunicación, mejor escuchar que hablar. Aprender a poner normas adecuadas de forma eficaz. Educar sin violencia, en la fuerza del dialogo.”

 

Maite Vallet, pedagoga y formadora de padres y profesores nos amenizó con un vídeo. No a los castigos, sí a las consecuencias.

“Pactar previamente las consecuencias, sin estar enfadados, y que el adolescente también colabore. El castigo es una penalización, la consecuencia está establecida previamente. Si ocurre algo que no estaba pactado, en ese momento establecemos algo sin contar con el niño, pero hay que dejarle claro que eso hay que hablarlo cuando estemos tranquilos para poner una consecuencia. Siempre va a haber una primera vez para todo, pero poco a poco iremos poniendo consecuencias. Tú sabes que cuando haces esto, esto es lo que va a suceder. Las consecuencias son como un castigo o como un premio a la vez. Por ejemplo, si recojo la habitación, puedo salir. Si no recojo, no salgo. El niño decide la consecuencia en función de sus actos.”

Antonio Tobalina trabaja en el SAMUR y es autor del programa ¿La noche es tuya? Bueno, la verdad es que se me pusieron un poco los pelos de punta al escuchar experiencias suyas sobre los adolescentes. Presentó las conclusiones de un estudio en adolescentes, con 15 años, ¡¡¡un 10% de los niños llegan a casa después de las 8 de la mañana!!!IMG_20141211_133320

“Muchos padres viven con angustia y ansiedad que sus hijos salgan por la noche. El alcohol mal usado va a traer muchos problemas en las familias. La noche es tuya es un programa para la prevención del uso de alcohol y cannabis para niños de desde 4º ESO hasta 2º bachillerato. El 52% creen tener información suficiente sobre el alcohol. El 63% dice que va a beber y controlar. Los chicos no tienen en cuenta sus circunstancias personales. Ellos no tienen percepción del riesgo. Los chicos están aprendiendo a través de sus experiencias en la calle. Los adultos debemos educar a nuestros hijos, si bebemos, hacerlo moderadamente y porque nos gusta cómo sabe, no beber para pasarlo bien, porque eso es lo que ellos aprenden. Debemos enseñar a los niños primeros auxilios. Las características físicas de los chicos influyen mucho en la cantidad de alcohol. Su estado emocional también influye, si están mal beben más.”

Iñigo Pirfano, filósofo y director de orquesta

“Es importante la empatía. Los niños tienen la necesidad de sentirse comprendidos y queridos. El educador debe tener unas cualidades: comprensión, humildad, corazón, grandeza, prudencia, exigencia y seguridad. Cada persona es única e irrepetible. Las decisiones más acertadas no son las que se toman con más tiempo sino con más prudencia. En educación hay que saber ceder, aceptar propuestas. “

Fernando Botella, CEO, profesor y colaborador de la Fundación Teodora, nos enseñó que la vida es chula

Qué difícil es comprender que a veces que la vida es chula y merecer la pena vivirla. Vivir es elegir, es decidir, tenemos capacidad de priorizar, de elegir unas cosas y dejar otras. Nuestra vida son las decisiones que tomamos y que han tomado por nosotros. Todo lo que los niños van a ser va a depender de las decisiones que tomen.

ITV. Ilusión, talento y valentía

Ilusión. Aquello que te aburre te hace desconectar. La diversión nos conecta con las cosas que hacemos. Y nos permite concentrarnos, poniendo atención en aquello que nos importa. Hay que asumir el cambio. La ilusión es la pulsión viral que nos lleva a conseguir cosas en la vida. El entusiasmo es energía.

Talento. El talento tiene que ver con el esfuerzo, te ayuda a que tu vida sea plena. El talento no es innato, se construye, es tener la capacidad de saber que las cosas se pueden cambiar.

Valentía. Capacidad de que las cosas pasen. Los cuentos pueden tener un final diferente, tenemos que tener coraje para perseguir ese final. La valentía es una actitud, una disposición positiva para las cosas que pasan en la vida.

Qué sí puedo hacer. Cambiar el no por el sí. No podemos poner a nuestros hijos en el peor de los casos. No hay que confundir lo difícil con lo imposible. La vida tiene subidas y bajadas. Y es natural que comprendan que la vida es incierta.”

En resumen, una jornada muy interesante que espera repetirse cada año y que me hizo salir de allí con un gran sabor de boca, con ganas de seguir haciéndolo con mis hijos de la mejor manera posible.

Besos a la fuerza, no gracias

El otro día, en el Gran Diccionario de la Maternidad, de Trimadre a los 30 escribí sobre los besos, puedes leerlo aquí. Sobre los besos que me encanta darles a mis hijos y que me encanta que me den ellos a mi.

Pero hoy, quiero hablar sobre los otros, sobre los besos por compromiso y por obligación. Porque esos me gustan menos.

Parece que cada vez que nos encontramos con algún conocido, amigo o familiar, tenemos que plantarle dos besos, como mandan las normas. Pero, ¿Qué normas? Ya os conté que yo no soy muy besucona. Y no me gusta tener que darle dos besos a mucha gente, sobre todo, si encima les veo todos los días.

Me gusta besar a mis amigos cuando los veo. Se nota cuando lo hago porque quiero, porque a veces, los besos van acompañados de abrazos. Pero hay besos, de esos que das sin besar, plas, plas, que no me gustan.

Y ¿cuándo empieza la obligación? Porque yo, desde luego, no pienso obligar a mi hija a que bese a nadie. Me niego. Es que me parece tan absurdo…….

Ya he escuchado algún comentario del tipo “no me das un beso, que mala eres” y me enciendo y me pongo de los nervios. Primero, porque ahora ella está empezando a dar besos. Y, evidentemente, se los da a quien le da la gana, porque para ella, los besos son espontáneos, no obligados. Y segundo, ¿Por qué un bebé o niño tiene que ser catalogado de malo, por no querer dar un beso? ¿Qué es un niño malo? ¿Un niño que no da besos, que no come bien, que no duerme del tirón? Noooooooo. Esta no es la definición de niño malo, es sólo la definición de niño, de una personita que se está forjando su carácter, su forma de ser, una personita que está aprendiendo a comer, a dormir y a dar besos. Niños malos, malos como tal, en el estricto sentido de la palabra, niños que hacen las cosas con maldad, debe de haber muuuuy pocos, son escasos, por suerte, porque todos los niños son buenos por naturaleza. Así que, si mi hija no quiere dar un beso NO ES MALA .

Y el otro comentario que no soporto “No me das un beso, pues ya no te quiero”, ufffffffff, mira que depende de con qué personas, me tengo que morder la lengua para no saltarles: “pues por eso mismo no te da un beso, porque tanto decir que no la quieres, ella no te quiere a ti”. Ainsss, pero como un adulto, que se supone que es más inteligente que un niño, ¿puede entrar en esos juegos, puede decir esas cosas? ¿A quien le gusta recibir algo (un beso) a cambio de presión (ya no te quiero)? Los niños crecen, y al final, si oyen esas cosas muchas veces, van a ser ellos los que no quieran nada con esa persona.

O el típico, “si no me das un beso, no te doy un caramelo”. Pues sabes que, métete el caramelo donde te quepa  en la boca.

Yo tengo una sobrina muy seria, es muy tímida, y en cuanto ve a alguien que no sean sus padres, suele retraerse y a veces, hasta esconderse detrás de mi hermana. Cada vez que la veo y hay más gente, siempre tengo que estar escuchando comentarios, hasta de sus propios padres, “esta niña, que mala, no habla, no da besos, da un beso ahora mismo, te voy a castigar…” y, evidentemente, ella se retrae aún más.  Cuando yo la veo, la dejo a su aire, nunca la presiono, muchas veces, me acerco a ella, jugando, le hago cosquillas, la cojo en brazos, la achucho y un momento después, ya se ha relajado y está tan tranquila. Otras veces, eso tampoco le apetece, pues nada, la dejo a su aire y cuando a ella le apetezca, ya vendrá. La diferencia entre tratar así a un niño y la otra manera, es increíble, ¿verdad?

Pues, por favor, mi hija da besos (y abrazos) a quien le da la gana. Si no da un beso, si no quiere recibirlo a la fuerza, no la obligues, no la llames mala, no la chantajees, ni física ni emocionalmente, porque ya me estoy cansando de tanta tontería, y un día de estos, voy a soltar alguna burrada, me da igual quien sea. Ante todo, RESPETO.

Violencia con los niños

Ayer en el supermercado, nos quedamos alucinados. Estábamos por los pasillos cuando oímos a una mujer ponerse a dar voces. Y claro, miramos. Estaba regañando a un niño pequeño, de unos dos años, no sé que habría hecho el chiquitín, seguro que algo que a su madre no le había gustado, pero vamos, que no le había gustado nada de nada por el volumen de las voces. El niño, como es normal en su edad, no hizo mucho caso, y siguió  jugando y correteando por el pasillo. Y la madre, ni corta ni perezosa, se acercó  y le  dio un tremendo azote.

El niño, por supuesto, se puso a llorar, pero no dejó lo que quiera que estuviera haciendo (estábamos un poco lejos y no alcancé a verlo). Y siguió por el pasillo jugueteando. Un señor mayor que iba con ellos, imagino que el abuelo, iba detrás del peque y entonces, la madre le dijo al abuelo que le pegara, porque se estaba portando fatal……..¡¡Y el señor le dio otro azote fuerte en el culo!!

Uf, me he encendido,en ese momento, no sabía si acercarme o que, pero estaban pagando y en seguida se han ido.

No entiendo porqué la violencia contra los niños está bien vista. Ese niño, seguramente no ha aprendido hoy que “eso no se hace”, pero si habrá aprendido que las cosas se arreglan pegando. Así, si esa situación continúa en el tiempo, de mayor, seguramente, le parecerá normal pegar a sus hijos.

Es cierto que los niños a veces nos sacan de quicio, quien diga lo contrario, miente. Y más en la época en la que empiezan con las rabietas. Pero las palizas no son la respuesta. Hay modos pacíficos de calmar a un niño que está teniendo una pataleta, o que no nos hace caso. Pero todos son modos basados en el amor y en el respeto.

Es normal ver a una madre con un niño pequeño teniendo una rabieta, por ejemplo, en el supermercado, porque quiere algo y mamá no se lo compra. El niño grita, chilla, hasta se tira al suelo. Y todo el mundo alrededor mira, a ver que está pasando. Lo increíble es que la gente mira al niño y a la madre y hasta comentan, “vaya niño malcriado” . Sí, el niño es malo por chillar tanto y la madre es mala por dejarle. Pero bueno, encima, esos comentarios los hacen personas que en su mayoría han tenido hijos y que en su mayoría, han vivido las pataletas de sus hijos en primera persona. ¿es que ya no se acuerdan? Porque yo sí. Recuerdo perfectamente momentos como ese, vividos con mi príncipe cuando era pequeño. Y recuerdo las miradas de la gente y las palabras desairadas.

Y ahí es donde entra la forma de educar a nuestros hijos. Si somos conscientes de que estos momentos son etapas, son formas de nuestros hijos de llamar nuestra atención, sabremos como actuar. Pero desde luego, nunca  nunca, pegando al niño, ni gritándole ni dejándolo en ridículo.

¿Habéis probado a agacharos a la altura del niño, hablar con él pausadamente y abrazarle? Os aseguro que da mucho mejor resultado que los gritos y por supuesto, que pegarle. Y a la gente que mire en el supermercado, que comente sobre lo mal criado que está nuestro hijo, o que nos insinúe si quiera por un momento que nuestro hijo necesita una torta, podéis ignorarla, o podéis decirle lo mal educados que son ellos por querer que se pegue a un niño.

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