No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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Las lágrimas de los niños

Llevo varios días intentando escribir esto, pero no puedo por falta de tiempo, que no por falta de ganas. Todas las mañanas, todas sin falta, me pasa lo mismo.

Trabajo en un hospital. En una zona, donde cada día, pasan niños a los que tenemos que hacerles pruebas y/o analíticas, curas y otros procedimientos. Niños que vienen asustados, que no saben que les van a hacer y a los que se les realizan actos más o menos invasivos. Todos, absolutamente todos, lloran. Normal ¿ verdad?PrickBebered

Porque lo que me remueve por dentro cada día, es que parece que NO es normal. Algunos compañeros de profesión, regañan a los niños por llorar, por portarse “mal”, por revolverse. Pero ahí no acaba todo. Los propios padres, les regañan hasta la saciedad, les amenazan con quitarles cosas e incluso he llegado a ver algún cachete a niños que rato después de la prueba seguían llorando desconsoladamente.

No puedo con estas escenas. Ni con los comentarios injustos que se les hacen a los niños. He visto a personal sanitario regañar a los niños por gritar o llorar, llamarles maleducados, amenazarles con echar a sus padres de la sala por no dejarse hacer una prueba. Y al final, se lo hacen a la fuerza, con más miedo y dolor por parte del niño.

La otra parte que no consigo entender, es la de muchos padres. Llevan a sus hijos al médico, les sacan sangre o les hacen unas pruebas bastante dolorosas y molestas, ¿qué es lo que esperan? «¿que sean niños buenos?» Los niños están asustados y necesitan el apoyo de las personas en las que más confían. Pero, si después de todo, sus padres les regañan y castigan, ¿cómo van a calmarse esos pequeños? Por favor, ¿tan difícil es ponerse a su altura? Agacharse, abrazarlos, explicarles en la medida de lo posible, calmarlos. Entender que simplemente, son niños, que están asustados, que les han hecho daño y que necesitan consuelo, no unos padres que les regañen por llorar.

¿A cuántos adultos no les gusta que les saquen sangre, por ejemplo? A muchos. Y nos dejamos hacer los análisis porque entendemos que es una necesidad. Pero, un niño pequeño, no entiende ese concepto, no entiende que por su bien, que en la sangre hay un montón de compuestos que una máquina analiza en el laboratorio y con eso saben si está enfermo o no….  Y como no lo entienden, somos nosotros los que tenemos que entender su miedo, su dolor, y calmarlos y tranquilizarlos. Si andando por la calle, nuestro hijo se cae y se hace una herida, corremos a socorrerle. Entonces, si en el hospital le hacen una prueba dolorosa, ¿por qué no hacemos lo mismo?

Yo he probado una técnica diferente. Hablar, dialogar, explicarles, adaptándonos a la edad de cada uno,  dejarles que se relajen, darles un tiempo para que salgan de la consulta y fuera se queden más tranquilos antes de volver a entrar. Y explicarles el cómo y el porqué de las cosas. Hacerles saber que es normal tener miedo y dejarles expresar sus sentimientos. La mayoría de las veces, funciona, desde luego, mejor que las amenazas y las fuerzas. Y si no me entienden, siempre lo hago con una sonrisa, a ser posible, que estén sentados y abrazados a sus padres. Los padres también tienen un papel importante en todo esto, más que nosotros, evidentemente. Antes de llegar a la consulta, en casa, tienen que contarles lo que les van a hacer, sin darle importancia, tomarlo como algo natural y necesario. No sirve de nada que los padres lleguen asustadísimos por lo que se les va a hacer a sus hijos, porque transmiten ese miedo a los pequeños.

El otro día, mi amiga Lorena me comentaba una escena parecida. Llevó a la niña, de apenas 14 meses, a hacerse una analítica. La niña iba asustada, a esa edad, casi todos los bebés temen las batas blancas, porque las relacionan con las vacunas y las revisiones periódicas. Al llegar a la sala de extracciones, una persona le sujetó el brazo a la fuerza para que la enfermera pudiera pincharla, sin avisar, sin mediar palabra. El susto de la pequeña era aún mayor, y, evidentemente, su instinto le hacía retirar el brazo. La niña lloraba, chillaba y se revolvía y una de las personas que estaba en la sala, empezó a decir que la niña era una soberbia, que vaya genio tenía. Se lo decía a la madre, directamente. La madre, en ese momento, se quedó tan cortada que no supo qué responder. Y además, estaba más pendiente de atender a su hija.  Pues ahora aprovecho yo para decirle a esa persona, en primer lugar, que si trata con niños, debería tener más paciencia y sobre todo, más empatía. Y en segundo lugar, que se informe antes de soltar palabras por su boca, porque, según la RAE, Soberbia, en su cuarta acepción  significa «Cólera e ira expresadas con acciones descompuestas o palabras altivas e injuriosas». Y esta niña no sentía ira, lo que sentía era miedo, y no se expresaba con acciones descompuestas ni palabras altivas, lloraba e intentaba zafarse porque es lo que le pedía su instinto de supervivencia.

Todos los días, veo estas escenas. Todos los días, salgo con mal cuerpo, viendo como no se respeta el miedo de los pequeños, escuchando comentarios que no deberían hacerse. Todos los días, me acerco a algún pequeño y le llevo un dibujo y unos lápices, para que coloreen y olviden el mal rato, y todos los días, un gesto tan simple como este, funciona. Todos los días, quiero agacharme y abrazar a todos esos niños asustados a los que sus padres regañan. Todos los días…

EDITADO

Para la gente que sólo lee entre líneas, hago una aclaración. 

NO digo que todo el personal sanitario trate mal a los niños, ni muchísimo menos. Por suerte, hay muchos grandes profesionales sanitarios que se dedican a hacer las cosas más fáciles a los pequeños. Digo, que por desgracia, he tenido que ver y sigo viendo cada día, gente que en mi opinión, no está capacitada para tratar con niños. Evidentemente, para ciertos procedimientos, hay que sujetar a los niños, pero no es lo mismo sujetar un brazo para una analítica con una sonrisa y palabras dulces que hacerlo de malas maneras. En mi trabajo, estoy rodeada de grandísimos profesionales y también, de compañeros que no merecen ese calificativo. 

NO digo que todos los padres que ven llorar a sus hijos por quejarse y tener miedo, les regañen y les castiguen. Por suerte, la mayoría de los padres entienden que los niños están viviendo una situación traumática para ellos y les consuelan. Por desgracia, también he visto y sigo viendo a padres, que sí les regañan por llorar, padres que gritan a sus hijos porque les están «dejando en ridículo» (palabras dichas por los propios padres). 

No pretendo, ni mucho menos, menospreciar el trabajo del personal sanitario, ni pretender ser la mejor y la más «guay». Este post es sólo para plasmar una realidad que veo cada día. No considero que yo lo haga mejor que nadie, repito que tengo la gran suerte de trabajar con muchas personas fantásticas, que tratan a todo el mundo con respeto. Esto es sólo una opinión, una visión, MI opinión

Quiero aprovechar para alabar a la enfermera de mi hija, que siempre, cuando ha habido vacunas, se las ha puesto con mi hija en brazos y me ha animado a hacer «tetanalgesia» para que el dolor fuera menor. La sanidad tiene grandes profesionales. 

Sábado de sensaciones

sds

Hacía mucho tiempo que no publicaba fotos un sábado. La verdad es que voy siempre corriendo, y tengo que admitir que aunque me encanta observar las fotos de otras personas, creo que a mí nunca se me ha dado bien el tema fotográfico, casi nunca hago fotos más que de mis hijos, así que tengo poco que ofrecer.

A veces, cuando veo la calidad de las imágenes que se muestran aquí los sábados, me corto un poco. Chicas, ¿cómo sois capaces de captar tanto en una sola imagen? La verdad es que de este carnaval fotográfico, se podría hacer un libro.

Pero bueno, hoy que tengo un pelín más de tiempo, he decidido participar, y como siempre, los protagonistas son mis hijos, jejeje. Bea, gracias por dejarme participar con mi humilde aportación.

Naturaleza

comunicación animal

comunicación animal

Sabores

saboreando

saboreando

¿Niños buenos?

La mayoría de la gente, cataloga a los niños en dos grupos, los que son buenos y los que no. Peor aún, catalogan hasta a los bebés en esos dos grupos. Pero, vamos a ver, ¿es posible que un bebé sea malo? Los bebés y niños no conocen la maldad, es imposible que sean malos. Ni buenos. Simplemente son niños, con sus necesidades, sus inquietudes, su forma de aprender a ser parte de este mundo. Entonces, cuando oigo que hablan así de los niños, me entristece y me enfurece a partes iguales.

Hoy he tenido doble ración de este tema, y en muy poquito rato.

niños buenos

Por la mañana, en el trabajo, me he encontrado con una compañera a la que no veía desde hace tiempo y que tiene un bebé de 5 meses. Lógicamente, nos hemos puesto a hablar de nuestros retoños. Y la primera frase que ha salido de su boca ha sido que su hijo es muy bueno. Claro, yo me he quedado con cara de “todos los niños son buenos, ¿qué iba a ser sino? Pero ella ya me ha aclarado los detalles de porqué su hijo es “bueno”

  • Su hijo es bueno porque desde que nació duerme 8 horas del tirón
  • Su hijo es bueno porque le suelta en la cuna y no protesta
  • Su hijo es bueno porque no llora nunca
  • Su hijo es bueno porque le deja en la hamaca delante de la tele y allí se puede pasar horas, sin quejarse, sin llorar
  • Su hijo es bueno porque no pide que le cojan en brazos

Y entonces, yo me pregunto si a un niño se le cataloga entonces de malo, por hacer todo lo contrario que hace su hijo…. Porque, desde luego, yo no lo veo así. Yo creo que mi hija es buena, es muy buena, es tan buena como todos los bebés:

  • Mi hija es buena porque desde que nació se despierta varias veces por la noche a mamar, para un correcto mantenimiento de la lactancia y para evitar el SMSL
  • Mi hija es buena porque la dejo en la cuna y protesta, porque no quiere estar sola, quiere alegrar a la familia con su compañía
  • Mi hija es buena porque llora cuando necesita algo, y así me pide que le ayude
  • Mi hija es buena porque nunca ha querido estar en la hamaca ni delante de la tele, siempre ha preferido estar haciendo cosas conmigo
  • Mi hija es buena porque quiere estar todo el rato en brazos, para demostrarme su cariño

La mayoría de las madres tenemos hijos porque queremos. Y lo normal es querer disfrutar de ellos, cada momento, porque el tiempo pasa muy deprisa y luego echaremos de menos esos momentos. ¿Por qué queremos entonces niños “buenos”, que no den la lata y con los que casi no interactuemos?

La segunda vez que he tenido un encuentro de este tipo, ha sido al ir a la guardería a recoger a la pequeña. Mientras esperaba a que saliera, han sacado de la clase de los pequeños a una bebé de unos 6 meses. La profe se la ha dado a la abuela, que es la que la recoge todos los días. Y la abuela estaba diciendo lo buena que es la niña, porque no extraña a nadie ni llora nunca. La profe le ha dicho que no es una niña de pedir brazos, y ahí, la abuela ha comenzado a echarse flores, sobre que ellos no cogen a la niña, que la están acostumbrando desde pequeñita a que no se la coge en brazos y a que no puede llorar por todo, que no hay que consentirla……..aggggg, ¡me estaba poniendo negra! De nuevo, una niña “buena” porque no llora y no se la coge en brazos.

¿Dónde se está quedando el amor y el cariño a nuestros hijos? ¿Creemos de verdad que evitando coger a nuestros bebés, estos van a ser niños más buenos? ¿Qué si dejamos que los niños estén solos, para que no se “malacostumbren”, van a ser niños más “manejables”?

La lógica dicta lo contrario. De un ambiente de cariño, besos y abrazos, de caricias, de satisfacer las necesidades, de amor, en definitiva, crecerán niños emocionalmente sanos, capaces de dar amor, y al final, por consiguiente, de adultos, serán “buenos”.

Ahora, de momento, los niños son niños. No son niños buenos. Ni son niños malos. Son niños diferentes, con sus distintas formas de ser. Unos serán más tranquilos. Otros más movidos. Unos serán más risueños y otros serán más serios. Pero son niños, niños buenos, al fin y al cabo. Y que sean adultos buenos, parece que también está en nuestras manos.

Riesgo de atragantamiento alimentando a un bebé

La otra tarde estabábamos en la cafetería de un centro comercial cualquiera. Cuando ya llevábamos un rato allí, entraron varias personas con niños que ocuparon la mesa de atrás. Al rato, un bebé empezó a llorar desconsoladamente. Y como el llanto de un niño desgarra el alma, pues miramos. ¡Y en qué hora!

El bebé tenía unos 6 meses y estaba llorando porque su madre había sacado la merienda, un puré de fruta creo que era. Esa reacción exagerada del niño ya me hizo sospechar algo raro. Pero hasta que no vimos cómo se desarrolló la merienda, no acabamos de ver la magnitud del problema.

El niño no quería comer, eso era obvio, pero los padres estaban decididos a que el niño comiera, sí o sí. De pesadilla. El padre sujetaba al bebé medio tumbado hacia atrás, mientras le sujetaba los brazos para que no se moviera. El pobre niño, evidentemente, lloraba. Y la madre aprovechaba que el niño abría la boca para coger aire, para meterle la cuchara llena de papilla y acto después, ponerle el chupete y sujetárselo allí para que el niño no escupiera. Y así, cucharada tras cucharada, mientras los llantos del bebé iban en aumento. Nosotras mirábamos boquiabiertas la escena, sin saber si teníamos que intervenir o no. Ese momento, creo que no era el adecuado para decirle a esos padres lo mal que lo estaban haciendo y el peligro en que estaban poniendo a su bebé. Siempre que veo cosa así, dudo sobre si intervenir o no. Bueno, esto lo comento más adelante.

Desde entonces, no dejo de darle vueltas al asunto. La necesidad o la extraña creencia que tienen los padres de que sus hijos deben comer a la fuerza la cantidad que ellos, los adultos, creen necesaria. Pero vamos por partes.

Lo principal de este asunto es el peligro en el que estaban poniendo estos padres la vida de su hijo. La vía aérea y la digestiva comparten espacio en la faringe. La faringe conecta la nariz y la boca con la laringe y el esófago. Eso quiere decir, que aire y comida pasan por el mismo sitio, y en un punto, sus caminos se separan.  Como nuestro cuerpo es muy sabio, existen mecanismos para impedir que la comida y los líquidos vayan a parar al sistema respiratorio. Las cuerdas vocales cierran la tráquea cuando tragamos. Del mismo modo, la epiglotis cierra la entrada a la laringe al tragar y se abre después para dejar pasar el aire.faringe

Ahora, podemos ver claramente que el bebé, al llorar, tiene las cuerdas vocales abiertas, puesto que está emitiendo sonidos. A la vez, está respirando, para coger aire y seguir llorando, lo que hace que su epiglotis se abra, para dejar pasar el aire. Si en ese momento se mete comida en la faringe, es bastante fácil que la misma pase a la laringe y la tráquea, en vez de al esófago. Es MUY peligroso meter comida en la boca cuando un bebé llora.  Del mismo modo que debemos concienciar a nuestros hijos de esto cuando se van haciendo mayores. Cuando se está comiendo, no se debería llorar, reír ni hablar, ni tampoco saltar ni correr, puesto que la comida se puede equivocar de camino. Hay que comer sentados y tranquilos.

Aquí no acaba el problema de la alimentación de este bebé. El organismo tiene varios mecanismos de defensa, para evitar que la comida llegue al árbol bronquial. Uno de ellos es la tos. De este modo, la laringe intenta expulsar el alimento que ha pasado. Si el bebé está sentado erguido, como se debe comer, es fácil que el alimento salga con la tos por sí solo. Pero, si el bebé está reclinado hacia atrás, la tos tiene que trabajar contra gravedad, de ahí el riesgo de comer reclinado. No porque el hecho de estar tumbado conlleve peligro en sí, sino por el hecho de que se hay un atragantamiento, al alimento le cuesta más salir. Por ello, en caso de ahogo, en bebés y niños pequeños, hay que intentar ponerles con la cabeza más baja que el culo o echados hacia delante.que-hacer-en-caso-de-atragantamiento-de-niños-menores-de-un-año-piensa-rapido

Y el último acto fatal que estaban haciendo estos padres, era ponerle el chupete a la fuerza después de meterle la comida. En caso de que la comida se fuera a las vías respiratorias y el niño tosiera para intentar expulsar el alimento, el chupete impediría la salida del mismo. O, una arcada, también para expulsar el alimento, vería su salida cerrada.

Creo que muchos padres no ven el peligro real que hay en esta forma de alimentación. Cuando mi pequeña tenía 6 o 7 meses y comía trozos sólidos y grandes, muchísima gente me decía de todo, que si se iba a ahogar, que si era muy pequeña para comer así…La realidad, es que hay más atragantamientos en niños alimentados con purés y con cucharas que le meten los adultos en la boca, que en niños que se alimentan solos con sólidos. Por favor, sirva esta experiencia que viví el otro día de ejemplo para abrir los ojos a muchos padres que obligan a sus hijos a comer. Porque imagino que esos padres no sabían el riesgo que estaban corriendo. Y que siguen haciendo, pues mucho me temo que esa es la forma de obrar que tienen cada día.

Ahora voy al otro punto. ¿Por qué los padres obligamos a nuestros hijos a comer? Yo me incluyo en la pregunta porque yo también creía que comer era una obligación, cuando mi mayor era pequeño. Me dejé llevar por consejos y opiniones de otra gente, que me decía la cantidad que tenía que comer ni hijo y claro, si no se la comía, yo me enfadaba, le regañaba, incluso le obligaba y acababa vomitando, lo que era peor. Por suerte, supe reaccionar a tiempo y cambiar el chip.

En la mayoría de las consultas de pediatría, a partir de los 6 meses, a los padres se les dan unas pautas de alimentación para sus hijos. Unas hojas en las que dicen lo que debe comer, como deben hacerlo, y en algunos casos, hasta las horas a las que hay que darle de comer. También nos guiamos por tamaños de vajillas infantiles o de tarritos de comida preparada que poco se ajustan a la realidad. Y la realidad es que pocos niños se pueden comer las cantidades que los adultos piensan que son las adecuadas. Si nos paramos a mirar y comparamos el tamaño de un bebé con la cantidad de comida que le queremos meter, seremos conscientes de que es una burrada. Los percentiles y las comparaciones entre otros niños de la misma edad, terminan de hacer el resto.

Seamos realistas. Hay adultos de todos los tamaños y pesos. ¿Por qué se pretende que todos los bebés pesen y midan lo mismo? ¿Qué todos los niños estén en el percentil X o más? Es que no se tiene en cuenta que lo mismo los padres son pequeños o que, simplemente, el niño no necesita comer más cantidad y con el peso que tiene está estupendamente.  Tenemos que dejar que los niños regulen la cantidad de alimentos que comen. Si en vez de poner un plato lleno y que se deje la mitad, le ponemos un plato casi vacío y se lo come todo, veremos las cosas desde un punto de vista mucho más relajado.

En el caso del bebé de la cafetería. El niño ya tenía miedo de la hora de la comida,  posiblemente le obligaban a comer más cantidad de la que su estómago requería. Como le metían la comida a la fuerza, el niño lloraba aún más, los padres forzaban más la situación y cada vez que llegaba la hora de la comida, era un momento angustioso para toda la familia.

Recuerdo una historia de hace unos años, de una compañera de trabajo. Su hija comía “poco” (según la valoración de la madre), era una niña alta, delgada y perfectamente sana, pero la hora de la comida era siempre una batalla campal, tanto, que empezaron a acudir a un terapeuta. Y a la madre le dieron unas pautas muy sencillas. Cada vez que había que comer, a la niña le tenían que poner en su plato sólo una cucharada de comida. Y dejarla tranquila. Sin amenazas, sin presiones. Y así, la madre empezó a relajarse, si se lo comía todo, genial y si quería más cantidad, pues muy bien también.

Sin ir más lejos, vivo una historia parecida muy cerca de mí. Mi sobrina tiene casi 6 años. Siempre ha sido una niña que no ha comido mucho y que come despacio. Mi hermana, siempre ha estado obsesionada con el tema. Y la hora de la comida es horrible. No soporto cuando comemos en familia, porque se pasa todo el rato pendiente de la niña, regañándola, amenazándola, chantajeándola y ahora también, comparándola con lo que come mi hija. Cuando algún día mi sobrina se ha quedado a comer en mi casa, sin la presencia de su madre, las cosas has sido totalmente distintas. Yo pongo los platos, a ella menos cantidad, y nos ponemos a comer tranquilamente, no la miro, no le digo, no le comento. Ella come a su ritmo, lo que le apetece, y así, pasamos una comida distendida y agradable. Y para sorpresa de mi hermana, casi siempre se come todo lo que le pongo. Pero por más que le explico a mi hermana que tiene que relajarse con el tema de la comida, ella siempre sigue haciendo lo mismo.

Bueno, para terminar con el tema que empecé, el del bebé alimentado a la fuerza y con riesgo de atragantamiento. En varias ocasiones, me he acercado a algún padre que porteaba en mochilas no ergonómicas o con bebés mirando al frente, a decirles que esa no era la mejor manera. Siempre lo he hecho sin ánimo de ofender, sólo de ayudar. Pero en la mayoría de las ocasiones, lo que me he encontrado ha sido a padres enfadados y ofendidos, porque piensan que les atacaba o que les criticaba. Nada más lejos de la realidad. Luego, poniéndome en su lugar, si fuera yo y alguien se me acercara a decirme, por ejemplo, que porqué le doy la teta a mi hija “tan mayor”, yo también me sentiría atacada. Así que opté por no decirles nada a los padres. En el caso de este bebé, me pasó lo mismo. Si me acerco a sus padres y les digo que esa forma de dar de comer a su hijo puede hacer que se atragante, seguramente, estarían enfadados en vez de agradecidos. Así que esperemos, que de algún modo u otro, les llegue esta información, y si por lo menos, algún padre que alimenta así a su bebé, ve el peligro potencial del acto y deja de hacerlo, esto habrá servido para algo.

La maternidad de la A a la Z: Z de Zurullo

De nuevo me siento delante del ordenador a plasmar una nueva palabra de mi particular diccionario de la maternidad. Y aunque esta es mi palabra, se suma a las palabras de otras madres que comparten este espacio, para hacer entre todas, la Gran Obra Maternal, gracias a Trimadre a los treintaembarazada-silla2

Venía yo de un evento que ya os contaré, dándole vueltas al coco, cuando se me ha ocurrido la palabra Zurullo. La cosa es, ¿cómo se te ocurre algo así conduciendo? Pues la respuesta es muy fácil.  En mitad de la autovía, sin sitio para parar, tu princesa decide que es el mejor momento para hacer caca y claro, el ratito que te queda para llegar a casa lo haces entre los vapores de la plasta que acaba de soltar y las risillas de la peque cada vez que dice “caca peste”, que es lo último que ha aprendido.

Cuando nos dan el carnet de madres, también nos dan un master en zurullos y cacas varias. Nuestro primer contacto con el mundo de las cacas llega en el hospital, de la mano del meconio. Esa primera plasta que suelta nuestro retoño, de ese color negro y esa consistencia pastosa y como de chicle, porque madre para limpiar eso del culete, es para nosotros como un regalo. Sí, sí, podéis reír, pero confieso que con mi mayor, hasta hicimos una foto del momento plasta pegada en el culo, que él cuando la ve, 11 años después, me pide por favor que quite del álbum….

Luego, llegamos a casa con nuestro bebé de teta y resulta que decide hacer una media de 8 a 10 cacas cada día. ¡Toma ya economía familiar en pañales! Pues sí, esas cacas líquidas, que apenas huelen pero que salen a todas horas del día y de la noche, son especiales, porque las noches no tienen descanso para los zurullos, no señor, el organismo de los bebés se está regulando y después de mamar, sueltan la caca, da lo mismo el lugar o la hora.

Yo me saqué un título especial. El de limpiar cacas en cualquier parte. Porque, como ya he comentado, ellos no buscan el lugar perfecto para hacerse caca. Y claro, uno no siempre está en una casa o en un centro comercial con cambiadores. Yo he quitado cacas sentada en una taza de wáter, en un cuarto de baño en el que casi no me podía mover de lo enano que era, sujetando la puerta con las rodillas, con la peque tumbada sobre mis muslos, con las toallitas entre los dientes, con su culo apuntando peligrosamente en mi dirección, y haciendo el cambio de pañal más rápido de la historia, no fuera a haber algún escape. También soy experta en cambios en el asiento del coche, comodidad donde las haya, y peor en pleno invierno, embutida entre asientos de retención infantil, quitando abrigos, leotardos y pantalones largos, sin poderte ni mover ni poder abrir la puerta del coche para tener más espacio por miedo a que entrase el frío y nos quedásemos congelados.

Seguimos con el manual del buen zurullo. En la fase de las cacas líquidas, cuando nuestros bebés comienzan a moverse un poquillo más, allá por los dos meses, nos encontramos que esas cacas tienen vida propia y deciden desafiar los límites del pañal. Es divertidísimo cuando tu peque se hace caca en la silla del coche y tú rezas porque la caca no haya decidido trepar por su espalda y pensarte si meter a la lavadora la funda de la silla, la ropa de la niña y hasta a la niña misma. Aquí, tengo que contar una anécdota con una de esas cacas y un portabebé…. Pues sí, justo lo que estáis pensando, íbamos paseando en nuestro fular elástico, y una de esas cacas decidió que era el momento justo para desbordarse del pañal y ponernos un poco perdidas a las dos y al portabebé. Menos mal que llevábamos 3 capas de fular y solo nos enteramos del estropicio nosotras, no llegó a salir al exterior.

Ains, iba a hablar de mi master en zurullos, pero es que no dejan de venirme a la mente anécdotas más o menos graciosas de momentos escatológicos, que no puedo dejar de contar…. Era el mes de mayo, la peque tenía 2 meses y la caca escapista hizo su aparición. Le quité toda la ropa y la limpié como pude, para ir al baño a bañarla. Cuando estaba llenando la bañera, decidió hacerse pis encima de mí. Y no contenta con eso, me echó una bocanada de vómito en el hombro. Vamos, un cuadro que inmortalicé con la cámara del móvil, aunque creo que mejor no subo la foto, que dentro de unos años la peque me lo puede echar en cara.

Cuando empezamos con la alimentación complementaria, el intestino de la princesa cambió. Pasó de esas cacas líquidas y escapadizas a un estreñimiento preocupante. Hacía cada dos o tres días. Pero ella estaba contenta. Nada raro, algo completamente normal hasta que su intestino aprendiera a regularse. Y así fue, en poco tiempo, empezó a hacer caca a diario otra vez. Y a veces, ya es su forma de adulto, un zurullo en toda regla, jejeje.

Este nuevo tipo de caca, también nos ha dejado anécdotas, a ver que vais a pensar. La más divertida, viéndolo desde fuera, claro, es el momento zurullo y bañera. Estábamos las dos bañándonos juntas cuando decidió que era el mejor momento para hacer caca. Y allí apareció de pronto, flotando entre las dos, una caca de tamaño descomunal. A la peque no le hizo ni pizca de gracia, porque empezó a llorar y a señalarla con el dedo, apartándose de su camino. Claro, acostumbrada a hacerlo en el pañal, creo que era la primera vez que veía una caca en directo. A mí me dio un ataque de risa…y el mayor llegó con la cámara de fotos para inmortalizar el momento. Madre mía, ¡vaya álbum tengo ya! Ese no se puede enseñar a las visitas…

Ahora, nos encontramos en un nuevo momento. La princesa habla, dice algunas cosillas y dos de las palabras que mejor le salen son “caca” y “peste”, así que por lo menos, ella ya me avisa cuando me ha dejado el regalito.

¿Cuál será la siguiente etapa?

Gran quedada familiar al aire libre

El próximo domingo 6 de Octubre, vamos a reunirnos unas cuantas familias a pasar un día campestre. Motivos para dicha celebración hay varios: celebrar la Semana Mundial de la Lactancia Materna, que es España tiene lugar la primera semana del mes de Octubre; celebrar la Semana Internacional de la Crianza en Brazos, que desde luego, es muy adecuado al tema de mi tienda; celebrar que ha llegado el Otoño y que probablemente no tengamos más oportunidad de reunirnos al aire libre hasta la próxima primavera; o simplemente, reunirnos unas cuantas personas sin más, a pasar un día agradable, conocernos unos a otros y compartir unos buenos momentos.sicb 2013Durante el mes de Agosto, ya empezamos a vislumbrar la posibilidad de este encuentro. Y hablo en plural, porque esto no lo estoy organizando yo sola. Quiero aprovechar para dar las gracias a dos personas que se han implicado en la organización del evento tanto como yo, dos personas con las que siento una especial conexión y a las que tengo que agradecer todo su apoyo.

Una de esas personas es Carol, del blog mamadoracacharreadora, mamá de Alicia, una bebé preciosa, con la que comparto más que una forma de crianza. Tenemos un proyecto en mente, un proyecto que ojalá se cumpla.

Y la otra persona implicada en el evento es Isabel, Mi mami es matrona, matrona de profesión e implicada a fondo en la lactancia y en formas más naturales de gestación y parto.

Y sin más, paso a contaros algunas de las cosas que tenemos preparadas para este día.

La quedada va a tener lugar en el Parque Natural Loranca, en Fuenlabrada, Madrid. Hemos quedado a las 11, para empezar a ocupar el parque. Es muy fácil llegar, está justo en frente del centro comercial. El parque cuenta con parking propio, aunque también se puede usar el del centro comercial de forma gratuita. Nos situaremos justo a la derecha de la entrada principal, una zona con amplias zonas verdes y bastantes árboles. Ah, no olvidéis llevar una manta para el suelo y comida tipo picnic, que cada uno se lleve la suya. EDITADO: Los domingos es día de mercadillo y lo ponen en el parking del parque, por lo que está cerrado. Lo más fácil, es meter el coche directamente en el parking del centro comercial, que está abierto y es gratuito. 

Vamos a contar con varios talleres, aunque aún falta por cuadrar horarios y algún evento más:
• Taller de Baby-led weaning, o alimentación complementaria regulada por el bebé, a cargo de Cristina Gómez Calero, Terapeuta Ocupacional y por supuesto, mamá de un bebé alimentado de este modo.

• Taller de primeros auxilios a cargo de Prevenkids. Importante no perdérselo.

• Taller sobre el sueño de los bebés y la lactancia materna, que impartirá Isabel Mallo Pérez, matrona.
• Taller sobre portabebés y lactancia, en el que hablaré yo misma
• Todo el evento va a ser inmortalizado por la cámara de Eva, de Fotodetalle especialista en fotografía infantil, que tomará imágenes de cada momento de la reunión.
• Vamos a tener una degustación de exquisitas y preciosas galletas de El hada de las galletas Os vais a chupar los dedos.

  • Clase de yoga para mamás y bebés y embarazadas, a cargo de Felisa García, profesora de yoga especializada en prenatal y mamás con bebés.

Y seguro que aquí no acaba todo. Porque guardaremos alguna sorpresilla más. Vamos, no me digáis que no os parece interesante la propuesta.
Para venir, no hay que hacer nada especial. Si me dejáis un comentario en este post, por el tema organizativo, genial. Pero sino, tampoco es necesario. Simplemente tenéis que pasaros por allí el domingo 6 de Octubre, a partir de las 11. En unos días os pondré el cartel completo.
¿Os apuntáis?

La maternidad de la A a la Z: E de Emprender

Otra semana más con nuestro particular diccionario maternal, ideado por Vero trimadre 

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Emprender significa empezar algo. En realidad, según la RAE, emprender es “comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”. Y que mejor momento que la maternidad, para usar esa palabra. Cuando nos convertimos en madres, emprendemos una nueva vida.  Y vaya si encierra dificultad, jajaja. Cada día en la maternidad es un nuevo reto para nosotras: sabremos cuidarlos bien, les educaremos con respeto, serán felices, serán adultos sanos y responsables… Vamos, que es todo un empeño lleno de dificultades.

Y como dice la definición, emprender también implica peligro. Cuando emprendemos el camino de la maternidad, tenemos que sortear un montón de peligros que siempre nos acechan en el camino: las enfermedades que se esconden tras los primeros fríos, las caídas cuando comienzan a dar sus primeros pasos, e incluso, peligro para nosotras, como que la peque de un portazo y te pille un dedo, pegue un salto y te pise el pie descalzo o decida que quiere sentarse en la silla justo cuando tu te has subido de pie a coger algo del estante más alto de la cocina….¡qué situación más peligrosa!

La maternidad también me ha hecho emprender otros caminos que no creía que pudiera recorrer. Antes de ser madre, siempre iba a lo seguro, no he sido de arriesgarme mucho. Es más, solía darles muchas vueltas a las cosas antes de tomar una decisión. La maternidad me sorprendió en este aspecto bastante. No voy a decir que ahora tome decisiones a la ligera, ni mucho menos, sobre todo, cuando se trata de mis hijos, tiendo a sopesarlo todo antes. Pero la maternidad, sí me hizo emprender un negocio. Desde luego, si esto me lo hubieran dicho hace unos años,  no lo habría creído posible.

Como ya sabéis, porque lo he contado en más ocasiones, hace unos meses emprendí mi propio negocio. Y fue gracias a la maternidad. Fue por querer estar con mi hija todo el rato, por tener más rato para mi hijo mayor también. En ese momento, y después de darle vueltas a la forma de no tener que volver tan pronto al trabajo, lo vi claro, tenía que hacer algo que me gustase, que me permitiese estar en casa más horas y que me diera la posibilidad de estar con mi hija las 24 horas del día. Saqué de dentro de mí a la mujer que no conocía, esa que a través de su maternidad, se sintió más poderosa, más capaz de todo. Y hasta hoy. A pesar de que no ha ido tan bien como esperaba, lo cierto es que tampoco ha ido tan mal, todo hay que decirlo. Y mi emprendimiento me ha permitido pasar 18 meses a jornada completa con mi hija y ahora, sólo tengo que separarme de ella 4 horas.

Y a ti, ¿Qué te ha hecho emprender la maternidad?

La maternidad de la A a la Z: G de Gastroenteritis

Esta semana, de nuevo se abre el diccionario de la maternidad, de Vero trimadre aunque los ánimos no estén muy “animados”. Pero esto es lo que me está pasando desde ayer, y quería contarlo. La entrada de hoy será breve, seguro. Ahora os contaré porque.

¡¡¡Gastroenteritis!!! ¡¡Pero eso no solo pasa con la maternidad!! Pues no, claro que no, un virus de estos nos puede pillar a cualquier edad y en cualquier momento. Y sino, que me lo cuenten a mí, que siempre he sido un poco delicadilla de estómago y me los pillaba todos.

Entonces, ¿qué tiene que ver con la maternidad?

Pues bien. Si ya de por sí, soy propensa a pillarme los virus estomacales, cuando vives en una casa con niños, los riesgos se multiplican. Cuando uno de tus hijos tiene gastroenteritis, te dan una serie de normas para que el virus no se propague: extremar las precauciones; Lavado frecuente de manos; no compartir vasos ni cubiertos….Normas que parecen sencillas de realizar, pero a ver cómo le dices a tu bebé, de 18 meses, que no se meta las manos en la boca y luego lo toque todo o que no venga a darte besos en la boca llenos de babas….

Vamos, que mi hija lleva con gastroenteritis desde el domingo por la noche y aquí la que escribe, ya se la ha pillado en todas su versiones. De ahí la brevedad de mi entrada de hoy. Para nuestra desgracia, el mayor también la ha cogido, así que estamos ahorrando una pasta en comida, porque ninguno tiene hambre y gastándonos el ahorro en papel higiénico y lavadoras para lavar la ropa vomitada.

Ay, que ligada va la gastroenteritis con la maternidad. Y no os cuento más porque el cuarto de baño me reclama.

Feliz cumpleaños

17 de Septiembre. Parece un día más en el calendario. Y lo es, es cierto, pero para mí, hoy el día es un poco más especial. Hace justo 39 añazos que decidí llegar a esta mundo, unas horas antes del cumpleaños de mi madre, es sí que fue un buen regalo de cumpleaños.

En todos estos años, me han pasado cientos, que digo, miles de cosas, unas buenas y otras no tanto. Cosas que forjan nuestro carácter y nuestra forma de ser. Nuestros sueños y expectativas. Y poco a poco, vamos creciendo y viendo el mundo con distintos ojos.

Porque no tiene nada que ver la visión de un niño a la de un adulto. Esa inocencia, que con el paso de los años vamos perdiendo. Entramos rápidos en la adolescencia y de ahí a la edad adulta, hay sólo un paso. Recuerdo como siempre quería ser más mayor, siempre quería tener un año más. Y un día, no sé cuándo, ya no quería eso, al contrario, quería tener un año menos…. Si es que pasan tan rápidos….

Y de pronto te conviertes en madre. Y de nuevo, ves cómo los años corren, pero ya no tanto por ti, sino, por tus hijos, que crecen y cada día te enseñan algo nuevo.  Cuando mi príncipe ya tenía unos años, siempre pensé que sería mi único hijo. Pero no quería conformarme con eso. Sabía que la maternidad me esperaba nuevamente. Fantaseaba con ser madre soltera, me ponía metas, me decía que si en X años no lo había conseguido, me haría una inseminación artificial. Al final, mi fantasía no fue tan descabellada. No, porque mi embarazo no se produjo de modo natural. Y porque ahora vuelvo a estar soltera, ironías de la vida…

Pero, esta maternidad me ha pillado mucho más adulta, mucho más madura. La estoy viviendo de otra manera. Ya lo sabéis. Ya me conocéis. Llevo muchos meses plasmando en estas letras todo lo que llevo dentro, esa maternidad que me ha transformado, me ha metamorfoseado (guiño a Nieves y Vero :-)). He vivido 18 meses intensos al lado de mi princesa, meses de 24 horas juntas, cansados y agotadores, es cierto, pero sobre todo, felices y completos. A veces me he preguntado que habría pasado si pudiera haber hecho lo mismo con el mayor…pero no pudo ser y bueno, creo que ya tampoco importa mucho, además, lo he hecho muy bien.

Él es mi hombrecito, mi punto de apoyo, es mi niño pequeño y mi tabla de salvación. Es cariñoso a rabiar. Es tierno y dulce. Siempre tiene una palabra amable en los labios. Siempre ve la bondad de las personas. Ahora está en época de cambios, claro, para él también pasan los años rápido y está entrando en la adolescencia. En una época difícil que tenemos que torear de vez en cuando. Y aunque discutimos más de lo que me gustaría y de lo que quiero admitir, siempre nos pedimos perdón y nos queremos más todavía. Él ha sido el primero en felicitarme, lleva días planeando mi cumpleaños, está más emocionado que yo. Me ha comprado un regalo con el dinero de su hucha, es la primera vez que lo hace. Yo no quería nada, me conformo con un detalle hecho con sus manos. Pero él quería sorprenderme con algo más, porque ya es mayor…. (Mientras escribo estas líneas, aún no sé lo que es, no le he dejado darme el regalo la noche de antes de mi cumple, le he pedido que aguante un poquito más, pero ya os lo diré).

Y, después de contar lo bien que lo hice con el mayor, espero estar haciéndolo igual de bien con mi pequeña. Esa flor preciosa que cada día me ilumina el alma. Esa personita que me ha hecho multiplicar el amor, saber que es posible querer a dos hijos por igual y de forma incondicional. Ella hoy no sabrá que es un día especial para mí. No importa. Para mí es más que especial sólo porque ella ha llegado a alegrar mis días. A llenarlos de inocencia, de descubrimientos, de nuevas palabras que surgen de su boca cada día, de besos lanzados al aire y estampados en mi cara. De abrazos a media noche y de su cabeza reposando en mi pecho. De esos suspiros de felicidad que deja escapar cuando ve su teta. De esas caricias suaves mientras mama relajada, tranquila y feliz.

Gracias hijos míos. Hoy quiero que sepáis que sois el mejor regalo que una madre pueda desear. No hay nada que compre estos momentos. Felicidades, mis tesoros, por ser tan especiales. Os quiero.

cumpleaños

Sábado de sensaciones

Hoy es sábado, SDS para ser más exactos. Muchos sábados tengo que faltar a esta sensacional propuesta de Bea mamá de dos, porque ando sin tiempo ninguno. Pero hoy, he sacado un momentillo de debajo de una piedra, jejeje, para enseñaros unas fotos que me transmiten mucho.

Sonrisas – Esta es de hace 4 años, mi príncipe enseñando los dientes, o la ausencia de ellos, y me encanta la cara de felicidad que tenemos los dos. Mira que me parecen guapos los niños cuando se les empiezan a caer los dientes, me transmiten tanta ternura…

Dientes

Urbana – Sí, las vacas cruzando la carretera un invierno en Soria.

Soria 1