No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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Cuándo están preparados para quitar el pañal nocturno

Una vez que nuestro hijo controla perfectamente los esfínteres por el día, sabe pedir pipí y caca e incluso lo hace solito y dejamos de usar pañal, muchas familias se preguntan cuándo es el momento de quitar el pañal de la noche. La respuesta es muy sencilla: cuando el niño esté preparado.

Hay que ser respetuoso con los tiempos de cada niño, con el pañal del día y con el pañal de la noche. De todos es sabido que muchas familias fuerzan a sus hijos y les quitan el pañal antes de tiempo, por recomendación de la guardería, del pediatra, de la abuela o de la vecina del quinto. Muchos padres no respetan los tiempos de sus hijos y les obligan a pasar por días de estar mojados y horas interminables sentados en el orinal. El control de esfínteres necesita maduración y ésta es diferente en cada niño. Obligar a un niño menor de dos años a hacer algo para lo que no está preparado, además de conllevar muchos accidentes, en algunos casos puede ser contraproducente. El niño debe estar preparado para ello, debemos estar atentos a sus señales, hablar con ellos del proceso y hacerlo cuando veamos que puede. Aun así, si empezamos la operación pañal y seguimos teniendo accidentes, es mejor posponerlo un tiempo.

Bien, ya hemos superado esa etapa y nos preguntamos ¿cuándo quitamos el pañal de la noche?diaper pañal

Evidentemente, no debemos quitar el pañal nocturno hasta que el niño esté preparado. Hay niños que desde el mismo momento que controlan esfínteres diarios, controlan también el pipí por la noche; hay niños que necesitan unos meses más; hay niños que lo piden ellos mismos porque son mayores; y hay niños que tardan más. Hasta los 5 años, no se considera que un niño que se hace pis por la noche tenga enuresis, así que debemos tener paciencia y respeto por el momento madurativo de nuestros hijos.

Desde luego, lo que no es normal es querer que nuestro hijo no se haga pis por la noche a base de despertarle repetidas veces para llevarle a orinar. Me parece una tortura para el pequeño. ¿Acaso nosotros, lo adultos, nos despertamos varias veces para ir al baño en mitad de la noche? (entendiendo que no hay ningún problema). Pongámonos en el lugar del niño. Está plácidamente dormido, descansando de un agotador día de juegos y aprendizajes, cuando llega uno de sus padres y le levanta dormido, le lleva hasta el baño y le sienta en el inodoro, adormilado, mientras es obligado a hacer pis aunque lo único que quiere es seguir durmiendo en su cama. Y lo peor es que esta tortura se repite varias veces en la noche.  ¿A alguno de vosotros, padres, os gustaría pasar por eso? A mí desde luego no, cuando me acuesto a dormir, lo único que quiero es dormir. ¿Cómo puede entonces algún padre pensar que así su hijo aprende a controlar esfínteres por la noche? A mi entender, así lo único que conseguimos es trastornar el sueño del pequeño. Y forzarle a hacer pis cuando no tiene ganas.

Debemos respetar al niño, su ritmo, su proceso madurativo, no forzando la situación. Valorar cada situación y cada caso de forma individual. Lo correcto es observar al niño.

  • Si el pequeño se despierta por las mañanas con el pañal seco, durante varios días seguidos, significa que aguanta toda la noche y ya podemos quitar el pañal.
  • Si el niño en mitad de la noche se despierta y nos pide hacer pis, es señal de que sabe reconocer esta necesidad incluso dormido y podemos probar a quitarle el pañal.
  • Si es el propio niño el que nos pide que no le pongamos pañal, podemos probar unas cuantas noches a ver qué tal y si vemos que se hace pis, hablar con él para explicarle la situación.

Una vez que hemos comprobado que nuestro hijo está preparado, hay varias cosas que podemos hacer para ayudarles.

  • Intentar restringir un poco los líquidos a última hora de la noche.
  • Que hagan pis siempre justo antes de acostarse
  • Poner una funda protectora o un empapador en la cama del pequeño, por si hay algún accidente.
  • En caso de que una noche nuestro hijo se haga pis en la cama, nunca jamás debemos regañarle, hablar con él y quitarle importancia.

Sara cumplió 4 años en Marzo. Y hasta ahora ha seguido usando pañal por la noche. Al llegar el buen tiempo, los abuelos entraron al trapo en más de una ocasión, diciéndome que debía quitarle el pañal para que “aprendiese” y que si se mojaba, dejaría de hacerlo después de unas cuantas noches. Evidentemente, no les hice ningún caso y a parte de un pequeño problema que tuvimos en el colegio, del que vino llorando porque le dijeron que era un bebé por usar pañal, la niña no ha tenido ningún problema por usar pañal por la noche. Ya llevaba un par de meses que se hacía pis la mitad de las noches y la otra mitad se despertaba seca. Desde hace varios días, no se ha hecho pis ni una sola noche. Ella se despierta y lo primero que me pregunta es: “¿mamá me he hecho pis?” y cuando le digo que no se pone muy contenta. He hablado con ella y le he dicho que vamos a usar pañal unos días más; si sigue sin hacerse pis, en unas noches pasaremos a dormir sin pañal.

Todo sin prisas, sin agobios, respetando el ritmo de mi hija, escuchando sus necesidades.

Quien siembra amor recoge amor

Hace algo más de 60 años nació Mariano, en una familia autoritaria, donde obedecer a los padres sin rechistar era la norma y decir “si señor” a todo era lo normal. Mariano quedó huérfano de padre siendo muy joven y se vio obligado a madurar rápidamente para cuidar de la familia. Las muestras de cariño nunca se vieron en esa casa.

Mariano creció, se casó y fundó su propia familia. Pero lejos de evitar los errores del pasado, volvió a cometerlos y en su propia casa tampoco se demostraba el amor. Tuvo una hija, Sonia, que creció en un ambiente sin besos, ni abrazos, sin cuentos antes de dormir y sin cosquillas en la cama al despertarse. A ojos de su padre, Sonia no hacía nada bien. Las cosas buenas no se valoraban en su casa, su padre sólo resaltaba las malas, aunque no fuesen importantes. Creció siendo comparada con distintas personas, todas mejor que ella. Sin obtener respuestas lógicas a sus preguntas; las cosas se hacían así porque el padre decía y punto. No fue de extrañar que la relación padre e hija no fuese muy cordial y Sonia no quisiera contarle cosas a Mariano. Lo más ilógico de todo era que pasados los años, el padre se enfadaba porque no contaba con él para nada, porque no compartía sus confidencias… ¿qué esperaba? Uno recoge lo que siembra.amor

Herencia de su infancia, a Sonia le costaba prodigarse en muestras de afecto con el resto de las personas. Eso no le impidió ser una persona risueña y extrovertida, aunque no pudiese dar abrazos.

Hasta que formó su propia familia. Al nacer su primer hijo, Bruno, sintió que todo el amor que había tenido guardado había estado allí esperando para él, para ese niño inocente y perfecto que había nacido de su ser. Y así, Sonia supo cómo demostrar el amor, dejó que lo que había en su interior saliese y Bruno creció rodeado de amor, de besos, de abrazos, de cuentos antes de dormir y de cosquillas al despertar, de palabras de ánimos y escuchando cuánto le querían continuamente. Evidentemente, Mariano no comprendía aquello y durante años, criticó a Sonia por ser tan “blanda”, por proteger tanto a su hijo, decía que en el colegio se iban a reír de él por querer tanto a su madre. A la menor oportunidad, cuando se quedaba sólo con su nieto, aprovechaba para criticar a Sonia delante del niño y hacer exactamente lo contrario de lo que ella haría. Chocaron muchas veces por ese motivo, hasta el punto de evitarle y no querer volver a verle. Pero las circunstancias de la vida hicieron que Sonia necesitase a sus padres para cuidar de su hijo en algunas ocasiones.

Lo que Mariano no esperaba era que Bruno creciese y empezase a verle igual que lo veía su hija, como un adulto que no sabía dar cariño, que sólo sabía criticar al niño que era, que nunca valoraba los logros del pequeño y que sólo le echaba en cara sus defectos. Un adulto que criticaba a su propia madre por darle cariño. ¡Ah no! Bruno también se enfadó con Mariano y empezó a distanciarse. Y Mariano, en vez de darse cuenta que la culpa era suya, culpó a Bruno por ser un malcriado, culpa que venía directamente de Sonia.

Luego nació Maya, una niña que llenó la casa de nuevo de risas, de la inocencia pura del amor, que confirmó que criar a los hijos rodeados de amor y cariño era lo mejor para ellos. Una niña que con casi 4 años tomaba teta de mamá y dormía en su cama. Mariano ardía de rabia. Y seguía con sus críticas a la forma de crianza de su hija. Y seguían discutiendo por ese motivo.amor

La vida a veces es difícil y Sonia se encontró sola criando a dos hijos, motivo por el cual tenía que echar mano de sus padres de vez en cuando. Maya no soportaba la ausencia de su madre, no quería que fuese a trabajar, despedirse de ella era un momento muy duro, la niña lloraba y abrazaba fuerte a su madre mientras ella intentaba calmarla con palabras dulces y tiernas, la llenaba de besos y le prometía que volvería pronto. Le rompía el corazón separarse de su hija y verla llorar así.

¿Cómo puede un adulto estar tan ciego? ¿Cómo puede pensar que el amor, que el cariño, que el respeto hacia los hijos les causa algún daño? Mariano sigue pensando que Maya llora cuando su madre se va al trabajo por su forma de crianza, por compartir cama con ella, por seguir dándole el pecho, por hablarle con voz tan dulce, por llenarla de besos y abrazos, por contarle cuentos antes de dormir y por llenarla de cosquillas al despertar. Mariano está ciego, no consigue ver las diferencias que consigue el amor.

Mariano fue desapegado con su hija. Consecuencia: su hija no tiene ninguna confianza con él, su hija no le da besos ni abrazos, su hija no quiere contarle las cosas, su hija casi no quiere verlo.

Sonia está muy apegada a sus hijos. Consecuencia: sus hijos no quieren que se vaya, sus hijos hacen una fiesta cuando ella vuelve, sus hijos le cuentan sus problemas e inquietudes, sus hijos la abrazan por el pasillo y le lanzan besos desde el otro lado del salón, sus hijos se tiran con ella en la cama los sábados por la mañana para compartir un momento de risas y confidencias. Sus hijos le hacen dibujos de corazones y le escriben notas de amor que cuelgan en la nevera.

Uno recoge lo que siembra. Ama a tus hijos sobre todas las cosas, hazles ver lo mucho que les quieres, lo mucho que valen, lo mucho que te importan. Apóyales en sus decisiones, aunque no sean las tuyas. Llénales de besos y de abrazos, valora su individualidad, no les compares con otras personas.

Quien siembra amor recoge amor.

Nota de la autora-Historia basada en hechos reales, aunque he cambiado los nombres 
de los protagonistas. Si alguien se da por aludido...

No quiero, ahora mismo y mamita, las frases favoritas de estos últimos días.

Después de los famosos terribles dos años, se supone que llega la calma… Pues no, en casa se han instalado los terribles tres y los terribles trece.

Estoy agobiada, muy agobiada, 24 horas al día sola en casa, cada día de la semana, con dos niños de diferentes edades y diferentes necesidades. Mis hijos, a los que adoro y quiero por encima de todas las cosas, a veces me desestabilizan del todo. Se juntan en el mismo momento con sus problemas y sus exigencias. ¡Sí, exigencias! Porque parece que lo quieren todo y tiene que ser ahora mismo.

Nunca he sido una madre súper permisiva y dada a concederles todos los caprichos. Primero, porque creo que dárselo todo no es nada beneficioso para ellos. Y segundo porque no tengo cómo. Eso no quita que no tengan cosas, caprichos, claro está, pero no siempre ni todo lo que quieren.  Criar a mis hijos con apego, cariño y seguridad no implica tolerar todas las cosas.

Pero en este precioso momento, los dos están en esa etapa en la que parece que no entienden las cosas. Vale, Sara quizás todavía no entienda que no se puede tener todo y se enfade cuando no lo consigue. Pero Lucas sí lo entiende de sobra y aun así, se pasa el día enfadado cuando no tiene lo que quiere.

Para mí es muy frustrante, ver como piden, exigen, se enfadan, y vuelta a empezar. Hay días que cuando llega la noche ya no puedo más, sobre todos los fines de semana y festivos, cuando estamos más horas juntos.

Lucas está en la preadolescencia y se pasa la mitad del día enfadado y la otra mitad triste. Entiendo que está teniendo muchísimos cambios en su vida, le apoyo, le respeto, hablo con él, le comprendo…pero a veces me puede, puede conmigo. Cuando se niega a hacer alguna tarea doméstica de las que acostumbra a hacer, como bajar la basura, por ejemplo, y no sólo se niega, sino que además se enfada y me dice que lo haga yo, que no la bajo nunca. No ve que yo hago otras cosas, muuuuchas más que él, pues le encanta compararse conmigo (sólo para lo que a él le interesa), y tener siempre la última palabra. En esos momentos de discusiones, en las que ambos entramos en bucle y no sacamos nada en claro, siempre decido para en seco y dejarlo para más tarde. Lo normal es que le mande a su habitación o a otro sitio donde no esté yo, no como castigo, sino para separarnos y a veces soy yo la que sale y ya hablamos cuando hemos respirado, ha pasado el tiempo y nos hemos calmado.

Sara también está en esa etapa, la mayoría de las veces se niega a hacer lo que le pido (recoger las cosas de la mesa para comer, dejar de saltar desde el respaldo del sofá o desde la cama, lavarse las manos…). Me dice que no, y punto. Negocio con ella, se lo pido por las buenas, siempre le dejo un ratito más…pero la inmensa mayoría de las veces no consigo nada, y claro, acabo enfadándome. El otro día, sentada en el suelo con los zapatos de la calle, puso cada pie en la pared. Yo no soy una obsesionada de la limpieza, pero hombre, esas cosas pues prefiero evitarlas. Le pedí educadamente que dejara de pisar la pared porque la manchaba, pero me decía que no y seguía, y seguía, y seguía…

Luego están las exigencias. Lucas pide mucho, se enfada porque no lo tiene, le explico que no se puede tener todo e incluso le muestro que hay gente que no tiene nada y lo arreglamos. Sara exige, quiere algo y lo quiere ya. No son cosas materiales, más bien son situaciones. Hace mucho que hace pis solita. Me dice que va ella sola y se cierra la puerta y todo. Pero de repente, en un momento dado, quiere que yo vaya con ella y me siente en el suelo a mirarla y tiene que ser ya, ahora mismo, y si no, pues enfado y llantos al canto. O ya quiere que le ponga una película, ya quiere jugar a la plastilina, pintar con las acuarelas o ponerse un disfraz. Todo tiene que ser cuando ella quiere, y la inmensa mayoría de las veces, no puedo salir corriendo, entre otras cosas porque hay cosas que pueden esperar y no quiero que aprenda que todas sus exigencias tienen que ser satisfechas. Pero se enfada, chilla, me llama mala y hasta ha llegado a escupirme y darme alguna torta. Mi forma de actuar es calmada, con paciencia, explicándole las cosas…pero todo tiene un límite.

Luego están los días llorones. No sé por qué, hay días que cada 10 minutos se enfada por algo y llora y me llama mamita. La mayoría de los enfados son con su hermano mayor. Y eso me sienta fatal, entiendo que los hermanos no se tienen que llevar bien todo el rato y se peleen. Pero me da rabia que Lucas se baje al nivel de Sara y la haga rabiar para que llore. Luego ella se enfada y le pega y los dos me llaman ¡mamita! ¡Que Sara me ha pegado! ¡Nooo, que Lucas me ha quitado mi muñeco! ¡¡¡¡Mamá!!!

Pues hay días en los que se junta todo, los enfados entre ellos, las negativas y discusiones, las exigencias, y a lo largo del día se suceden una y otra vez. Esos días pongo en duda mi forma de crianza, esos días me pregunto si todo el cariño y el amor que les doy sirve para algo, esos días me enfado y chillo y me siento mala madre, esos días intento desconectar un poco y me encierro en el baño pero la pequeña aporrea la puerta mientras grita mi nombre y yo lloro y me tapo los oídos y pienso que no puedo con todo… Esos días me siento taaan sola, esos días echo tanto de menos a Jose, tener a otra persona que también tome parte en el asunto, no ser siempre yo sola la buena y la mala, que Jose pudiera mediar, o quedarse con ellos y salir yo a la calle a respirar 10 minutos, o que se los llevase un rato. Esos días se me hace tan dura la maternidad.

A veces me siento muy sola. Mis padres y mi hermana trabajan y no están siempre cuando me gustaría. A veces, en días así, mi hermana se ha llevado un rato a los niños y yo he podido descansar y relajarme, pero no siempre hay alguien disponible.

Por suerte, esos ratos, esos días pasan y al rato mis dos hijos, el mayor tesoro de mi vida, me abrazan, me llenan de besos, me piden perdón, y vuelvo a sentir que la maternidad tiene sentido, que los amo por encima de todas las cosas, que soy buena madre y que ellos son los mejores hijos del mundo.

Despropósito en el Taller de Sueño de Carrefour

Siguiendo con el artículo que publiqué el sábado y que se puede leer en este enlace, y para terminar de estropear mi relación con Carrefour, para la presentación habían preparado un taller de sueño.

Tenía ganas de escuchar lo que nos iban a contar, pues muchos padres se quejan de que sus hijos no duermen bien, a pesar de tener un patrón de sueño normal en los bebés. Por eso, me apetecía escuchar datos algo más científicos.

El taller estaba dirigido por el  Doctor García- Borreguero, especialista y presidente de la Sociedad Española del Sueño y contaba también con Yolanda de la Llave, madre y psicóloga especialista en sueño. Los dos trabajan juntos en el Instituto de Investigaciones del Sueño, qué casualidad.

La charla empezó siendo bastante interesante, pues nos explicaron que hasta los 6 meses más o menos, los bebés no distinguen el día de la noche, hacen ciclos cortos de sueño y por eso despiertan varias veces y que su patrón de sueño es fundamentalmente REM así que me parecía bastante respetuoso.

Hablaron sobre las sociedades donde el sueño no es un factor sobre el que influyan los padres, en sociedades donde es normal el colecho, donde toda la familia duerme junta, donde amamantan, donde portean a los bebés e incluso los llevan a trabajar a los campos, en esas sociedades donde nadie cree que existan problemas de sueño, estos no existen, los niños siguen un patrón normal del desarrollo del sueño y sobre los 3 años adquieren el sueño más maduro de los adultos, es decir, si no interferimos, duermen igual de bien cuando les corresponde. Eso me gustó un montón, respeto por el ritmo de los bebés.

Pero de pronto el taller tomó un cariz completamente diferente. Resultó que en nuestra sociedad sí influimos en el sueño de los bebés, les dormimos en brazos, o con un chupete, o cantándoles o con la teta…creamos rutinas que los bebes asocian para dormirse y luego no saben dormir sin ellas (claro, en África los bebés no sabrán dormirse si su madre no está cerca dándole la teta, pues esa será la rutina que han aprendido, con la diferencia de que nadie se extraña).

Pero en nuestra sociedad, eso no está bien y hay que “enseñarles” a dormir. Y entonces el respeto por el sueño de los bebés cesó y la psicóloga se declaró totalmente partidaria de los métodos conductistas, tipo Ferber/Estivill, para enseñar a los niños a dormir, diciendo que no pasaba nada por dejarles llorando unas noches, que eso no iba a crear un trauma en ellos… ¡Soltó perlas como que había que destetarles en algún momento, pues no iban a estar mamando hasta los 18 años! Pues discúlpeme señora psicóloga experta en sueño, pero no experta en lactancia, la edad media de destete está en torno a los 4 años y medio. En esas sociedades donde dormir es un acto natural y nadie se preocupa, resulta que la lactancia también es algo natural y los bebés se destetan solos, nadie les obliga a dejar de mamar, y casualmente, el destete se produce de forma natural entre los 2 y los 7 años, vamos, que ningún adolescente de 18 años sigue pegado a la teta de su madre por no haberle destetado a tiempo.

Ni que decir tiene que a partir de ese momento, la tensión de la sala cortaba el ambiente, muchas madres opinamos de forma distinta, y ante todo, deberíamos respetar la forma de hacerlo de cada una. Luego la psicóloga se desdecía y hablaba de respeto y de otras opciones, pero ya había soltado la perla, recomendando métodos conductistas y libros de los que no tomé nota.

Eso no era un taller de sueño, eso fue un taller sobre cómo los niños tienen problemas de sueño y tienen que aprender a dormirse, bien podrían haberle cambiado el nombre y no haberme hecho perder el tiempo.

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Cuando tomé la palabra, fue para decir que aunque un niño adquiera una rutina para dormirse, no tiene por qué ser algo malo, y que si no nos gusta, la podemos cambiar con cariño y paciencia, no dejándoles llorar. Por ejemplo, cuando nació Sara se quedaba dormida mamando en mis brazos, luego durante una época tuve que pasearla arriba y abajo por el pasillo con la bandolera para que se durmiera. Cuando esa rutina llegó a cansarme, con paciencia y sin llorar conseguí que se quedara dormida tumbada en la cama mientras mamaba…y así pasamos por varias fases. Ahora, a punto de cumplir 3 años, mama un rato antes de dormirse y luego simplemente, se tumba encima de mí para mantener el contacto y se duerme. La dejo en su cama y duerme casi todas las noches del tirón. Alguna noche se despierta y se pasa a mi cama a abrazarme y seguir durmiendo, algunas noches me pide agua (cosa que la psicóloga decía que no podíamos permitir, que pedir agua de noche es para tomarnos el pelo, como si ella nunca hubiese tenido sed durmiendo) y algunas noches está más nerviosa y se despierta varias veces. Pero no me preocupa en absoluto porque he observado cómo ha ido evolucionando su forma de dormir de manera natural. Y de la misma forma que sé que se destetará cuando esté preparada, también sé que dormirá sola en su cama cuando esté preparada.dormir2

Vamos, un despropósito Carrefour y su taller de sueño. Me dejó mal sabor de boca. Lo único positivo del evento fue poder estar con otras mamás blogueras a las que aprecio y conocer el Bar Galleta, un sitio precioso y decorado con mucho gusto, donde poder merendar una tarde entre amigas.dormir3

Criar con apego

Últimamente se habla mucho del apego. Yo misma, hablo de ello y comparto publicaciones, artículos y todo lo que me parezca interesante en mi página de Facebook. ¿Pero, que es exactamente el apego?

Según la Real Academia de la lengua,
Apego- (De apegar)- 1. m. Afición o inclinación hacia alguien o algo.
Y en la versión del año 2005- Afecto, cariño o estimación hacia una persona o cosa.

La crianza con apego es una filosofía basada en los principios de la teoría del apego. Según la teoría del apego, un fuerte enlace emocional con los padres durante la infancia, también conocido como apego seguro, es un precursor de relaciones seguras y empáticas en la edad adulta.

Así que así es como deberíamos criar a nuestros hijos, con apego, con cariño, con una relación basada en la confianza.

Hoy en día, todo el mundo puede encontrar información en internet, grupos de apoyo a la crianza, múltiples herramientas disponibles para ayudar(nos) a muchos padres que andan perdidos en esto de criar un hijo. Es altamente recomendable. Yo misma intento aportar mi granito de arena, extendiendo la crianza en brazos como parte de una rutina normal en la vida de padres y bebés.

Ahora, con la princesa, me está resultando todo más fácil. Pero… hace 11 años, cuando nació mi príncipe, yo no conocía nada de esto. Y no por eso, le crié de distinta manera.

Llegué a casa con un bebé y muchas dudas. Con unas normas rígidas que me imponían dar el pecho cada 3 horas y 10 minutos de cada uno y con cientos de consejos gratuitos de todo el mundo, que parecía saber la forma correcta de criar a un hijo. En lo que más o menos todos coincidían era en que no debía cogerle mucho en brazos, porque se acostumbraba y en que tenía que dejarle en la cuna, para que aprendiera a dormirse sólo. Hasta me dieron un consejo que aún hoy, al recordarlo, me pone los pelos de punta. El príncipe lloraba mucho y me aconsejaron que en uno de sus múltiples llantos, lo “tirara” bruscamente contra la cama, para que con el susto, dejara de llorar… Menos mal que no se me ocurrió hacer caso de ese consejo, que desde luego, seguro que es más perjudicial que beneficioso.

El caso es que después de las consabidas visitas de los primeros días, me encontré sola en casa, con ese príncipe que no dejaba de llorar. Y empecé a dejarme guiar por mis instintos, y no por los “sabios” consejos que me daban.

Si lloraba y le cogía en brazos, se calmaba. Solución, me pasaba el día paseando con él arriba y abajo por la casa.
Si no había pasado el tiempo “estipulado” para la teta, pero tenía hambre, le daba la teta y se calmaba. Solución, empezó a mamar a demanda.
Si se despertaba varias veces por la noche y me lo metía en la cama para darle de mamar, hasta yo descansaba mejor. Solución, dormíamos juntos.
Y todo eso, a pesar de no saber por entonces lo que era el apego, ni la crianza en brazos, ni la lactancia a demanda ni el colecho. Simplemente, era lo normal y lo natural. Y me criticaron, vaya si lo hicieron. Pero me dio igual.
A mi príncipe lo crié contra la normas, con todo el amor y el cariño que me salía de dentro. Y diciéndole continuamente lo mucho que le quería.

Ahora, con 11 años, todos los días nos llenamos de besos. A veces, él me escribe notas de amor que me deja por los rincones. Yo le dejo réplicas llenas de corazones, para que lea cuando se despierte. Y nos decimos cientos de veces lo mucho que nos queremos. Es un niño bueno, amable y cariñoso. E imagino que gran parte de esta forma de ser, es gracias al cariño que recibió de pequeño, a lo que ahora sé que se llama “apego seguro”.

Y es exactamente lo mismo que estoy haciendo con mi princesa. Disfrutar cada momento del día. Llevarla en brazos a todas horas, ahora con ayuda de portabebés, colechar con ella, darle la teta a demanda y quererla mucho, simplemente, quererla.

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