No hay mejor lugar que los brazos de mamá

Entradas etiquetadas como ‘abrazos’

Las rabietas y los terribles dos años

Cuando nuestros peques cumplen 2 años, todo el mundo nos vaticina un año terrible de rabietas. Pero con un poco de paciencia, podemos pasar esta etapa sin muchos conflictos.

No es que sean “malos” o que intenten “manipularnos”, es que empiezan a tener conciencia de sí mismos y a saber el lugar que ocupan en el mundo. Es algo normal y necesario en su desarrollo. Han dejado de ser bebés para empezar a ser niños pequeños, empiezan a saber hablar, conocen el poder del no, a saber que son personas independientes de nosotros, a tener sus gustos y preferencias. Y tenemos que acompañarles en esta etapa de su desarrollo.fotolia_56239569

Hay momento difíciles, las famosas rabietas.

Y en general, se puede pasar esta etapa sin mucho conflicto. En mi caso, hay unas cosas que casi siempre me han funcionado.

  • Saber en qué momentos Sara es más propensa a tener rabietas – Cuando no ha dormido bien, cuando está cansada, cuando está nerviosa, es más fácil que se enfade por algo.
  • Conocer motivos desencadenantes y evitarlos antes de que ocurran.
  • Tener alternativas a mano para cuando no se puede evitar la rabieta – Si se enfada porque quiere hacer algo que no puede, le ofrezco otras cosas que le gustan, para cambiar su atención.
  • Paciencia, cariño y comprensión – Saber que los niños no quieren manipularnos, que muchas veces ellos mismos se sienten confundidos, darles nuestro amor incondicional y ofrecerle muchos besos y abrazos en momentos conflictivos son herramientas que funcionan mucho mejor que un castigo.

Evidentemente, no estoy diciendo que para evitar las rabietas haya que darles a los niños todo lo que piden. No es eso, que la gente siempre malinterpreta las palabras. Yo suelo ser permisiva dentro de unos límites, es decir, si me pide algo que veo lógico y puede tener, ¿por qué negárselo? (por ejemplo, una chuche o algo de ropa que ve y les enamora…) pero todo en su justa medida (una chuche al día está bien, si me pide más, pues ya no se la doy). Aun así, a pesar de las buenas intenciones, a veces la situación no conseguimos controlarla del todo y tenemos que llenarnos de calma si no podemos evitar la rabieta.

Más o menos, en nuestro caso, hemos pasado los famosos dos años sin demasiados conflictos, algún enfado pero nada de rabietas escandalosas…hasta justo dos días antes de cumplir los 3 años.

En vísperas de su cumpleaños, bajé con Sara a comprar unas cosas al supermercado. Como la peque es una artista en potencia, tenemos la casa llena de material de dibujo y todo lo que tenga que ver con pintar la vuelve loca. Estábamos haciendo la compra cuando vio unos rotuladores negros permanentes y decidió que los quería, a lo que yo dije que no, pues bastante se mancha con los rotuladores que tenemos en casa (no me importa mucho, luego a la bañera y la ropa a la lavadora y listo) como para cogerle unos permanentes. Y en ese momento se desencadenó la tormenta. Ella empeñada en que los quería, yo explicándole que ya tenía muchos rotuladores, que los de casa de colores eran más bonitos, que en cuanto subiéramos se ponía a pintar, muchas palabras tiernas y dulces…pero en esta ocasión, ninguna de las cosas que siempre pongo en práctica me sirvieron. Fue una rabieta épica, en las que todo el mundo en el supermercado nos miraba y veía a una niña chillando, tirada en el suelo pataleando, a una madre intentando abrazarla y siendo rechazada, a una madre hablando con palabras cariñosas y no siendo escuchada… Vaya ratito. Al final, viendo que nada de lo que intentaba servía, y después de ser casi atropellada por la cesta de la compra que Sara lanzó contra mí, decidí pasar a la táctica de no hacerle ningún caso y dejarla llorando, a lo que la gente me miraba más todavía porque no hacía nada para callar a mi hija. ¿Pero que querían que hiciera? Seguro que más de uno pensaba que mi hija se merecía una torta por caprichosa, torta que yo habría dado gustosa al que me lo hubiese propuesto por imbécil (me estaban poniendo nerviosa todas las miraditas que me echaban los “entendidos” en la materia). Bueno, al final, después de pagar la compra y con Sara aun gritando en el suelo, me marché a casa y en cuanto vio que me iba vino corriendo a darme la mano para volver a casa, eso sí, sin dejar de llorar en ningún momento ni de seguir pidiendo los rotuladores. Llegamos a casa con la cara roja de tanto llorar y menos mal que en el patio vimos a sus amiguitos y ya se le fue pasando el berrinche.

Esta no es Sara, pero bien podría haberlo sido

Esta no es Sara, pero bien podría haberlo sido

Y yo que me enorgullecía de haber llegado a los 3 años sin ninguna rabieta escandalosa y justos dos días antes.

¿Os ha pasado tener una rabieta de este estilo, de las grandes? ¿Cómo habéis manejado la situación? ¿Cómo creéis que debería haberla manejado yo?fotolia_79074832

Un único propósito para este nuevo año: disfrutar de mi familia

Cada año, al sonar las campanadas, le gente se besa, se alegra, se felicita el año y se llena de buenos propósitos. Todo es felicidad y buenos deseos, muchas personas se proponen hacer cosas que luego, la mayoría de las veces, no cumple. Y en cuanto han pasado un par de días, se nos olvida la alegría y la felicidad y volvemos a nuestras vidas de siempre, a las carreras, a los horarios, a las prisas, a los enfados, a los nervios y nos olvidamos de esas horas en las que el año llegaba cargado de buenos propósitos.

Yo sólo tengo un propósito. Y quiero compartirlo con vosotros, para que también tengáis el mismo.

En abril del año que acabamos de terminar falleció mi marido. Un suceso que nos dejó a todos confundidos, doloridos, solos. Dicen que el tiempo todo lo cura, pero el tiempo pasa despacio y puedes pensar en todo una y otra y otra vez. Hay dos cosas que no dejan de pasarme por la cabeza. Una son los “y si…”. “Y si no hubiese ido a correr…” “Y si hubiese ido con los niños en el coche…” “Y si le hubiese dicho…” Esos “y si” no llevan a ninguna parte, está claro, aunque no puedo evitar que me ronden. La otra cosa que no deja de pasarme por la cabeza es pensar que debía haberle abrazado más, deberíamos haber discutido menos, debería haberle dado más besos, deberíamos habernos reído más veces… Está claro que esto tampoco tiene solución con él. Pero sí la tiene con el resto de mis seres queridos. Y de los vuestros.

Mi propósito, vuestro propósito para este 2015 debe ser disfrutar más de nuestros seres queridos.preciosa familia

No nos damos cuenta, pero la mayoría de las veces damos las cosas por sentadas. Pensamos que siempre vamos a estar aquí, pensamos que la persona con la vamos a compartir nuestra vida estará aquí para siempre, descuidamos nuestras relaciones de pareja, nos alejamos de seres queridos, no pasamos el suficiente tiempo con nuestros hijos….

El propósito más importante para este año es que las personas a las que amamos lo sepan. Decidlo, decidles a vuestros seres queridos lo mucho que los queréis, dad muchos abrazos, muchos besos, parad un poco y sonreíd un poco más. Nunca os vayáis a la cama enfadados, aunque hayáis discutido, antes de dormir abrazar a esas personas a las que amáis y todos dormiréis mejor y más felices.

Yo lo llevo poniendo en práctica varios meses y seguiré haciéndolo todo este año, y el próximo, y el siguiente… Amo muchísimo a mis hijos, ellos son el motor que impulsa mi vida, ellos son los que en los momentos más duros me han dado ánimos para levantarme y seguir, por ellos hago cualquier cosa. Y lo saben, porque no paro de decírselo.

Quizás antes de que Jose falleciera se lo decía menos, aunque yo siempre he sido muy cariñosa y les he dicho muchas veces lo mucho que les quería. En ese sentido, nunca me han faltado palabras de cariño. Pero ahora, ahora les digo muchas más veces lo mucho que les quiero, ahora les doy más besos y más abrazos.

Ahora saco ratos para ellos debajo de las piedras. Hace tiempo leí sobre un método para rentabilizar el tiempo a la hora de trabajar desde casa y no distraerse. Pues nosotros en casa lo hemos aplicado a nuestra manera. Está claro que siempre tenemos un montón de cosas que hacer, trabajar fuera de casa, trabajar dentro de casa, hacer comidas, tareas domésticas… Cuando estamos en casa haciendo cosas, por ejemplo, los fines de semana por la mañana que los dedicamos a dejar la casa más ordenada, ponemos el cronómetro 20 minutos y durante ese rato sólo nos encargamos de lo que toca (limpiar el polvo, cambiar sábanas…) Cuando suena el reloj tenemos 5 minutos cronometrados para perder el tiempo, sentarnos juntos un rato en el sofá a ver algo que a Lucas le apetezca o hacer puzles con Sara. Y luego vuelta a empezar. De esa manera, aunque estemos ocupados, siempre hay tiempo para parar un momento y estar con los niños. También lo hago cuando estoy al ordenador y ellos están entretenidos haciendo otras cosas. Pongo el temporizador y cuando suena, descanso un rato y hago cosas con ellos.

Muchas veces Lucas y yo discutimos, está en esa edad en la que casi todo le parece mal. Pero siempre, cuando se nos pasa el enfado y nos hemos calmado, nos abrazamos, besamos y nos decimos que nos queremos. Es muy fácil y es mucho más placentero. Y si nos enfadamos por la noche, cuando ya se ha metido en la cama, voy a hacer las paces con él y a desearle buenas noches. Con Sara también me enfado, pero por otras cosas. Y a veces grito a mis hijos, eso es algo que intento cambiar. Pero siempre, cuando ya hemos arreglado el problema, me siento en el suelo para abrazarla y ambas nos sentimos muchísimo mejor.

No deberíamos perder ningún momento de nuestras vidas, pues no sabemos lo que duran. Y no deberíamos dejar de besar y demostrar nuestro amor a nuestros seres queridos. En este nuevo año que acaba de empezar, tenemos muchísimas oportunidades para hacerles sentir queridos y amados. El amor nos hace grandes y hace mejores personas. El amor es mi gran propósito para este año. Disfruta de tus hijos, disfruta de tu pareja, el tiempo pasa rápido y los buenos momentos no vuelven.

Yo no soy una madre moderna

Desde que nació la princesa, hace 16 meses, me he hartado de escuchar comentarios, consejos y críticas a mi forma de crianza.

Que si la teta no le alimenta, que si se despierta por hambre, que si tantos brazos la estas malacostumbrando, que si comiendo así se va a atragantar, que si dormir en la cama contigo no es bueno y varias tonterías de esas más.

Y en estos meses, he pasado por varias fases. Primero, la fase en la que me molestaba todo lo que me decían y siempre estaba dando explicaciones de por qué lo hacía. Luego pasé a la fase  de asentir, decirle a todo el mundo que sí, dijeran lo que dijeran. Y por último, a la fase de pasar, cada vez que me hacen un comentario de estos, les ignoraba y ya está.

Pero ayer, hablando con una madre que tiene una niña un par de meses menor que la mía y que se asombraba de los rellenita que estaba la princesa, me preguntó qué le daba de comer, porque la suya comía fatal y que no quería nada en trozos. Le expliqué, mientras estaba en el fular mamando, que comía de todo, lo que le apetecía, lo mismo que los mayores. Y entonces, muy seria me dijo:

“¡Tú lo que pasa es que eres una moderna!”

Y como siempre hay una gota que colma el vaso, pues ese comentario fue la gota, la que me molestó sobremanera, la que hizo que mi etapa de pasar de todos los comentarios que recibo llegara a su fin.

Así que hoy, aquí, a tí, a esa persona que parece que no tiene otra cosa que hacer que comentar, criticar y opinar, a esa persona a la que yo no le digo NUNCA nada sobre su forma de crianza, sí, a ti, a ti y a ti, que seguro que me lees, te digo esto:

  • Moderna eres tú que das a tu bebé leche de fórmula. Somos mamíferos y como tales, estamos diseñados para dar de mamar. De siempre, desde los tiempos más antiguos, desde Adán y Eva, si es eso en lo que crees, o desde el primer homínido que hubo en la tierra, si crees en esto otro, desde entonces, las mujeres dan el pecho a sus hijos. Sin mirar horarios ni límites de tiempo, hasta que el propio niño deje de mamar, en algunas culturas, es normal que mamen hasta los 6-7 años. Si alguna, por algún problema rarísimo, no podía amamantar a su bebé, alimentaba a su hijo a través de una nodriza, de otra madre que le prestaba sus pechos. La leche de fórmula se inventó a finales del siglo XIX, para alimentar a los terneros y posteriormente, para alimentar a bebés, a niños que abandonaban en hospicios y que morían por falta de alimento o por el exceso de proteínas de la leche de vaca. Posteriormente se popularizo este tipo de lactancia, y esto es moderno.
  • Moderna eres tú, que llevas a tu hijo en un carro de paseo. Los bebés humanos  están diseñados para ser llevados. A un recién nacido que se le levanta por debajo de las axilas, levanta sus piernas y las pone en posición ranita, para acoplarse al cuerpo de su madre. En brazos tiene TODO lo que necesita: alimento, movimiento, contacto físico, calor, se cubren sus necesidades. Los carros de bebé, esos artilugios enormes, de plástico con ruedas, donde los bebés van completamente estirados, a más de medio metro de distancia de sus padres,  se inventaron hace poco más de 150 años, para la realeza inglesa. Esto es moderno
  • Moderna eres tú, que das a tu bebé papillas de cereales deshidratados y procesados. Desde siempre, cuando los bebés empezaban a tomar otros alimentos además de la leche materna, se le daban comidas naturales, cereales machacados o cocidos, que se mezclaban con agua y se hacían una especie de gachas. O comían arroz, un cereal altamente disponible en la mayoría del mundo. Las papillas de cereales hidrolizados son un invento moderno
  • Moderna eres tú, que introduces la alimentación complementaria en forma de purés, mezclando verduras y carne en una consistencia homogénea, que no deja al bebé diferenciar sabores. Antiguamente, se cree que los bebés se alimentaban de gachas de cereales, de comida pre masticado por las madres y de comida de adultos adaptada a sus necesidades. Las batidoras eléctricas  son un invento moderno.
  • Moderna eres tú, que acuestas a tu bebé en una cuna, en una habitación separada de la tuya, donde no está cerca de sus padres, donde tiene que llorar para que le oigan, donde está solo y asustado.  Antiguamente, y en numerosos culturas actuales, los bebés dormían en la misma habitación e incluso, en la misma cama de los padres. De ese modo, estaban todos protegidos, se tenía acceso libre al pecho materno, se daban calor cuando hacía frío. La manada siempre ha dormido junta. Dormir en una habitación separada de los padres es moderno.
  • Moderna eres tú, que dejas llorar al bebé para que aprenda, para que no se “acostumbre” a que se satisfagan sus necesidades, que piensa que un bebé con pocos días, semanas o meses manipula a sus padres con sus lágrimas y prefiere dejarle llorar para que deje de hacerlo. Así, el bebé dejará de pedir, pero no porque aprenda, por ejemplo, a dormir solo, sino porque aprende que aunque llore, no van a ir a atenderle y no merece la pena seguir haciéndolo. Será un bebé inseguro. Un libro que pretende decirte como enseñar a dormir a un bebé dejándole llorar, eso es moderno.

Yo, en cambio, no me considero moderna por darle a mi hija teta cuando ella quiera y hasta que ella quiera; Por tenerla en brazos cada vez que lo pide, por llevarla a todos lados “aúpa”, usando portabebés para la comodidad de las dos, donde está en contacto conmigo, confiada; Por darle de comer comida natural, sin procesar; Por dejarla comer saboreando,  probando texturas, con las manos, comiendo la misma comida que comemos los adultos; Por dormir con ella en mi cama, donde tiene la teta a mano para cuando la necesita, donde está segura y protegida, donde la tengo vigilada, donde casi no se despierta porque en cuanto se mueve estoy yo para calmarla; Por no dejarla llorar para que aprenda a hacer nada, al contrario, abrazándola y queriéndola, demostrándole cada día que es lo más importante del mundo.

A pesar de que la moderna seas tú, jamás me habrás oído a mí criticarte por tu forma de crianza. A mi modo de ver, bajo mi punto de vista, la forma en la que tú lo haces no es la correcta. Porque creo que lo natural, el amor incondicional y el consuelo, son lo mejor. Si me preguntas, te digo lo que yo hago, pero sólo si me preguntas, no te ataco directamente por lo que tú haces. Ni te critico. No pongo cara de asombro cuando te veo. Simplemente, tú haces las cosas de la manera que tú crees correcta y eso mismo hago yo, hacerlo del modo que yo creo que es el correcto.

Por eso te pido, por favor, que dejes de hacerme comentarios sobre como estoy criando a mi hija. Porque lo estoy haciendo con sentido común, como se ha hecho toda la vida.

Yo no soy moderna, soy natural.

Besos a la fuerza, no gracias

El otro día, en el Gran Diccionario de la Maternidad, de Trimadre a los 30 escribí sobre los besos, puedes leerlo aquí. Sobre los besos que me encanta darles a mis hijos y que me encanta que me den ellos a mi.

Pero hoy, quiero hablar sobre los otros, sobre los besos por compromiso y por obligación. Porque esos me gustan menos.

Parece que cada vez que nos encontramos con algún conocido, amigo o familiar, tenemos que plantarle dos besos, como mandan las normas. Pero, ¿Qué normas? Ya os conté que yo no soy muy besucona. Y no me gusta tener que darle dos besos a mucha gente, sobre todo, si encima les veo todos los días.

Me gusta besar a mis amigos cuando los veo. Se nota cuando lo hago porque quiero, porque a veces, los besos van acompañados de abrazos. Pero hay besos, de esos que das sin besar, plas, plas, que no me gustan.

Y ¿cuándo empieza la obligación? Porque yo, desde luego, no pienso obligar a mi hija a que bese a nadie. Me niego. Es que me parece tan absurdo…….

Ya he escuchado algún comentario del tipo “no me das un beso, que mala eres” y me enciendo y me pongo de los nervios. Primero, porque ahora ella está empezando a dar besos. Y, evidentemente, se los da a quien le da la gana, porque para ella, los besos son espontáneos, no obligados. Y segundo, ¿Por qué un bebé o niño tiene que ser catalogado de malo, por no querer dar un beso? ¿Qué es un niño malo? ¿Un niño que no da besos, que no come bien, que no duerme del tirón? Noooooooo. Esta no es la definición de niño malo, es sólo la definición de niño, de una personita que se está forjando su carácter, su forma de ser, una personita que está aprendiendo a comer, a dormir y a dar besos. Niños malos, malos como tal, en el estricto sentido de la palabra, niños que hacen las cosas con maldad, debe de haber muuuuy pocos, son escasos, por suerte, porque todos los niños son buenos por naturaleza. Así que, si mi hija no quiere dar un beso NO ES MALA .

Y el otro comentario que no soporto “No me das un beso, pues ya no te quiero”, ufffffffff, mira que depende de con qué personas, me tengo que morder la lengua para no saltarles: “pues por eso mismo no te da un beso, porque tanto decir que no la quieres, ella no te quiere a ti”. Ainsss, pero como un adulto, que se supone que es más inteligente que un niño, ¿puede entrar en esos juegos, puede decir esas cosas? ¿A quien le gusta recibir algo (un beso) a cambio de presión (ya no te quiero)? Los niños crecen, y al final, si oyen esas cosas muchas veces, van a ser ellos los que no quieran nada con esa persona.

O el típico, “si no me das un beso, no te doy un caramelo”. Pues sabes que, métete el caramelo donde te quepa  en la boca.

Yo tengo una sobrina muy seria, es muy tímida, y en cuanto ve a alguien que no sean sus padres, suele retraerse y a veces, hasta esconderse detrás de mi hermana. Cada vez que la veo y hay más gente, siempre tengo que estar escuchando comentarios, hasta de sus propios padres, “esta niña, que mala, no habla, no da besos, da un beso ahora mismo, te voy a castigar…” y, evidentemente, ella se retrae aún más.  Cuando yo la veo, la dejo a su aire, nunca la presiono, muchas veces, me acerco a ella, jugando, le hago cosquillas, la cojo en brazos, la achucho y un momento después, ya se ha relajado y está tan tranquila. Otras veces, eso tampoco le apetece, pues nada, la dejo a su aire y cuando a ella le apetezca, ya vendrá. La diferencia entre tratar así a un niño y la otra manera, es increíble, ¿verdad?

Pues, por favor, mi hija da besos (y abrazos) a quien le da la gana. Si no da un beso, si no quiere recibirlo a la fuerza, no la obligues, no la llames mala, no la chantajees, ni física ni emocionalmente, porque ya me estoy cansando de tanta tontería, y un día de estos, voy a soltar alguna burrada, me da igual quien sea. Ante todo, RESPETO.

Violencia con los niños

Ayer en el supermercado, nos quedamos alucinados. Estábamos por los pasillos cuando oímos a una mujer ponerse a dar voces. Y claro, miramos. Estaba regañando a un niño pequeño, de unos dos años, no sé que habría hecho el chiquitín, seguro que algo que a su madre no le había gustado, pero vamos, que no le había gustado nada de nada por el volumen de las voces. El niño, como es normal en su edad, no hizo mucho caso, y siguió  jugando y correteando por el pasillo. Y la madre, ni corta ni perezosa, se acercó  y le  dio un tremendo azote.

El niño, por supuesto, se puso a llorar, pero no dejó lo que quiera que estuviera haciendo (estábamos un poco lejos y no alcancé a verlo). Y siguió por el pasillo jugueteando. Un señor mayor que iba con ellos, imagino que el abuelo, iba detrás del peque y entonces, la madre le dijo al abuelo que le pegara, porque se estaba portando fatal……..¡¡Y el señor le dio otro azote fuerte en el culo!!

Uf, me he encendido,en ese momento, no sabía si acercarme o que, pero estaban pagando y en seguida se han ido.

No entiendo porqué la violencia contra los niños está bien vista. Ese niño, seguramente no ha aprendido hoy que “eso no se hace”, pero si habrá aprendido que las cosas se arreglan pegando. Así, si esa situación continúa en el tiempo, de mayor, seguramente, le parecerá normal pegar a sus hijos.

Es cierto que los niños a veces nos sacan de quicio, quien diga lo contrario, miente. Y más en la época en la que empiezan con las rabietas. Pero las palizas no son la respuesta. Hay modos pacíficos de calmar a un niño que está teniendo una pataleta, o que no nos hace caso. Pero todos son modos basados en el amor y en el respeto.

Es normal ver a una madre con un niño pequeño teniendo una rabieta, por ejemplo, en el supermercado, porque quiere algo y mamá no se lo compra. El niño grita, chilla, hasta se tira al suelo. Y todo el mundo alrededor mira, a ver que está pasando. Lo increíble es que la gente mira al niño y a la madre y hasta comentan, “vaya niño malcriado” . Sí, el niño es malo por chillar tanto y la madre es mala por dejarle. Pero bueno, encima, esos comentarios los hacen personas que en su mayoría han tenido hijos y que en su mayoría, han vivido las pataletas de sus hijos en primera persona. ¿es que ya no se acuerdan? Porque yo sí. Recuerdo perfectamente momentos como ese, vividos con mi príncipe cuando era pequeño. Y recuerdo las miradas de la gente y las palabras desairadas.

Y ahí es donde entra la forma de educar a nuestros hijos. Si somos conscientes de que estos momentos son etapas, son formas de nuestros hijos de llamar nuestra atención, sabremos como actuar. Pero desde luego, nunca  nunca, pegando al niño, ni gritándole ni dejándolo en ridículo.

¿Habéis probado a agacharos a la altura del niño, hablar con él pausadamente y abrazarle? Os aseguro que da mucho mejor resultado que los gritos y por supuesto, que pegarle. Y a la gente que mire en el supermercado, que comente sobre lo mal criado que está nuestro hijo, o que nos insinúe si quiera por un momento que nuestro hijo necesita una torta, podéis ignorarla, o podéis decirle lo mal educados que son ellos por querer que se pegue a un niño.

Ritual nocturno

Es la hora de dormir. Hoy se nos ha hecho un poco más tarde de los normal, porque hemos tenido visita. Pero, el ritual es el mismo, sea la hora que sea. Hace unas noches que no hace falta dar paseos para que se quede tranquila.

Simplemente, me siento en la cama, apoyada en dos cojines y la abrazo. Ella busca el pezón, con la mano que le queda por debajo, busca la tela del pijama y la sujeta fuerte. Y la mano de arriba me acaricia. Posa suavemente su manita en mi pecho y la mueve, me hace cosquillas suaves, hace círculos. Y canta. Hace ruiditos mientas mama, pienso que es su canción para dormir. Desde que nació, siempre le canto la misma canción por la noches, Pimpón. Y ahora, ella también la canta, a su manera, me acompaña.

Todo a la vez. La mano que sujeta la el pijama, la mano que me acaricia, su canción y sus grandes ojos, que me miran fijos. Y mientras yo voy cantando bajito y acariciándole el pelo, ella va cerrando sus preciosos ojos.

Ya se ha dormido, respira lenta y profundamente, hace un rato que dejó de cantar y su mano reposa quieta en mi pecho. Sus labios siguen rodeando mi pezón. Pero me quedo aquí un rato más. Este momento tan tierno que vivimos cada noche.

Sigo aquí, sentada, esperando hasta que esté profundamente dormida. Ahora aprovecho para escribir, contestar mails, y organizar en mi cabeza lo que vamos a hacer mañana. En un ratito la soltaré en la cama. Siempre abre los ojos cuando la suelto, me mira, ve que todo está correcto y los vuelve a cerrar.

Y así seguirá dormida, hasta dentro de unas horas (a veces dos, a veces cinco), en que busque de nuevo mi pezón. Pero en esos momentos, ya no necesitamos canciones, solo con la teta, nos quedamos las dos dormidas en un tierno abrazo.

Que tengáis dulces sueños.

20130216-231444.jpg

A %d blogueros les gusta esto: