No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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Así fue la fiesta del cuarto cumpleaños

Este año ha sido el primero que hemos celebrado el cumpleaños de Sara por todo lo alto. Hasta ahora me había parecido muy pequeña para valorar y disfrutar lo que era, así que siempre habíamos hecho una pequeña fiesta en casa, en la que ella era la protagonista, sólo con la familia. Pero este año ha sido especial, pues ella ha participado muchísimo y ha estado emocionada desde el primer día. Y por supuesto, quería que viniesen sus amigos.

Como íbamos a ser bastantes personas, hacerlo en casa quedaba descartado, pues los niños iban a estar un poco confinados. Tampoco quería el típico parque de bolas, pues los fines de semana aquello es una locura de niños y cumpleaños, así que me decanté por alquilar un local destinado a tal fin. Nosotros tenemos un local en la urbanización en el que hemos celebrado muchas fiestas y siempre ha resultado muy divertido, pero las fiestas han sido en primavera-verano, cuando el tiempo acompañaba. A primeros de marzo hace bastante frío y el local comunitario no está preparado.

En Móstoles encontré un local de alquiler completo, muy preparado, con un castillo hinchable, una cama elástica, un pequeño parque de bolas, un futbolín, sofás, mesas y sillas grandes y pequeñas, calefacción y aire acondicionado, equipo de música, dos baños y una pequeña cocina con nevera. Y allí celebramos la fiesta.cumple (2)

Durante un mes fui comprando cosas para decorar el local y dejarlo a gusto de los peques. Mucho Frozen y muchos Minions, la verdad es que no ha sido tematizado de nada, pues Sara no se decanta sólo por una cosa, así que variedad. Como soy poco manitas, también quedaba descartado hacer los adornos para la fiesta, aunque siempre es una buena idea. Esta semana ha sido el cumpleaños de la hija mayor de Lai y han tematizado el cumpleaños de Frozen, todo hecho por ellas mismas. Te dejo el enlace para que veas lo chulo que lo han dejado.

El viernes y el sábado de la fiesta fueron los días reservados para preparar la comida: tortillas de patatas, empanada de atún, empanadillas de pollo y de jamón y queso y sándwiches variados, para que nadie pasase hambre y hubiese para todos los gustos. Además de aperitivos varios. Y de postre, las dos súper tartas que de las que pondré la receta en los próximos días: Una Tarta Arcoíris o Rainbow Cake, que además de ser preciosa estaba buenísima; y una Tarta Terciopelo Rojo, o Red Velvet Layer Cake que también estaba para chuparse los dedos. Las tartas triunfaron, por su aspecto y por su sabor. Para las manualidades no soy manitas pero para la repostería, ummmm.cumple (15)

Y bueno, qué decir, que la fiesta fue todo un éxito. Los pequeños se lo pasaron genial jugando a sus anchas, hasta preparé una zona de maquillaje para todo aquél que quisiera pintarse la cara (eso sí, en plan un poco chapucero, porque yo lo de maquillaje, poco. Menos mal que casi todos querían maquillarse de Minion y fue fácil), merendaron,  jugaron y se rieron muchísimo. Hasta hubo piñata. Y los mayores tuvimos una tarde la mar de entretenida. Un día que seguro recordará Sara por mucho tiempo, pues acabó reventada de 5 horas siendo la protagonista de la fiesta.cumple (12) cumple (5)

¿Dónde está el botón de apagado?

Suena el despertador, 6.30 de la mañana. Te levantas con los ojos pegados, te lavas y te vas a la cocina a tomar tu desayuno saludable. Desayunas rápidamente, preparas el desayuno para el cole para tus hijos, te duchas, te lavas los dientes, te secas el pelo, te maquillas un poco para disimular las ojeras del sueño que tienes por la mala noche que has pasado, te vistes y recoges a tu hija pequeña dormida como un cesto de la cama. Sin que se despierte, la vistes, recuerdas que tienes que coger su desayuno, con suerte le pones el gorro y la bufanda y sales escopetada a dejar a la niña en casa de los abuelos/comedor escolar/lo que se tercie, para irte corriendo a trabajar y no llegar tarde otra vez. Si no ha habido suerte y se despierta mientras la vistes, tienes un pequeño conflicto con la ropa que se tiene que llevar al colegio (¿por qué será que siempre quiere faldas y leotardos para rebozarse por la arena del patio?), 5 minutos después has conseguido llegar a  algún acuerdo, pero ya sales tarde de casa….

Sales del trabajo y vas a buscar a tu hija pequeña a casa de los abuelos/al colegio/donde quiera que esté. En cuanto te ve te monta un pollo y enfadada te grita airada porque quiere ir sin abrigo, a pesar de haber sólo 7ºC en la calle. Nadie lo entiende, la niña es muy buena y se estaba portando fenomenal hasta que tú has llegado… (Oye, que siempre pasa lo mismo, todos los días la misma explicación, la niña lleva toda la mañana echándote de menos y como te quiere tanto y desea tanto estar contigo, cuando te ve no sabe expresar sus sentimientos y se enfada contigo, pero en realidad está deseando verte). Con mucha paciencia le explicas que hace mucho frío, le dices lo mucho que la quieres, la abrazas y consigues salir airosa de la situación con abrigo y todo. Mientras atiendes la llamada de teléfono del mayor que te pregunta si puede ir a casa de un amigo ¿¿un día de diario?? Pues va a ser que no. Anda, ¡te ha colgado enfadado!

Comes corriendo, ¿cómo es posible que engordes si sólo te comes la mitad de lo que hay en el plato? Será por engullir sin masticar. Vas a hacer la compra mientras la pequeña quiere toda la porquería poco saludable que ve por las estanterías y tú intentas evitar una rabieta mientras le ofreces un plátano y hablas de nuevo con el mayor por teléfono para recordarle que tiene que ponerse a hacer los deberes sin perder el tiempo.estres

Llegas a casa, colocas la compra mientras recuerdas al mayor por milésima vez que los platos sucios de la comida se meten al lavavajillas, cantas unas canciones con la pequeña mientras pones una lavadora, vuelves a recordar al mayor que tiene que terminar los deberes, la pequeña juega con un piano en su habitación, el mayor grita que hace mucho ruido y no se concentra, discuten, se gritan, chillan, se pelean, tú les dejas que se arreglen hasta que ambos te llaman….

-¡mamá! ¡mamá!

-¡es culpa de ella!

-¡es culpa de él!

-¡me ha pegado!

-¡me ha dicho tonta!

-¡yo no he sido!

-¡mentirosa!

Y ya la tenemos liada otra vez. Intentas aplacar a ambos sin dar la razón a ninguno mientras la alarma de la lavadora te recuerda que ya tienes la ropa lista para tender. Vuelves a la cocina a preparar la comida de mañana que tienes que dejar hecha, tiendes la ropa, encuentras calcetines sucios debajo de la mesa del salón, ¿quién los habrá dejado ahí?, el mayor te pide ayuda con las ecuaciones de segundo grado. Justo en ese momento la pequeña te pide ayuda para terminar un puzle. Le explicas que estás con su hermano haciendo cosas del instituto y que su puzle tendrá que esperar un rato pero se enfada porque su puzle también es para el colegio (¿eh?) y chilla en la habitación del hermano mientras intentas despejar la X sin morir en el intento. Por fin la pequeña se conforma y cuando terminas de las ecuaciones ya no quiere seguir haciendo puzles.

Se está haciendo tarde, consigues que la niña deje lo que quiera que esté haciendo en ese momento y os dais una ducha juntas. ¡Cómo mola! Ducharse en un plato de 60 cm con una niña que quiere lavarte el pelo y agacharte para que ella lo consiga después de los 40 es un deporte de riesgo, puedes quedarte ahí abajo encajonada. Pero ha merecido la pena, os habéis reído un montón. Mientras el mayor te hace el enorme favor de terminar de vestir a la pequeña tú vas corriendo a la cocina a terminar la cena. Oyes esas risas en el baño mientras juegan a algo y se te cae la baba de madre.

Después de cenar, rapidito al baño a lavarse los dientes para irse a dormir. ¿¡Ya son las 9 de la noche!? Vamos, vamos, deprisa que mañana hay que madrugar. Y….empieza de nuevo la juerga, la cama es el lugar ideal para hacer volteretas y dar saltos. Vale, la última y a la cama. Pero después de la última viene otra y otra y llega el ganso del mayor que tiene 14 años y también quiere hacer volteretas en la cama y los dos se parten de la risa y tú te vas poniendo nerviosa porque cada vez es más tarde y mañana se levantan temprano y ahora quieren dar saltos en la cama y tú estás agotada y cansada y piensas en las cosas que todavía tienes por hacer antes de irte a dormir y les quieres mucho, muchísimo, tus hijos son lo más maravilloso del mundo pero te preguntas:

¿Dónde tienen los niños el botón de apagado?Botón de apagado

¿La tecnología desconecta a las personas?

Está claro que todo y todos evolucionamos y ahora vivimos en un mundo totalmente conectado. ¿Quién me iba a decir a mí cuando era pequeña y sólo teníamos una televisión con dos canales que ahora podría ver cualquier programa o película a cualquier hora y desde cualquier lugar? ¿Quién me iba a decir a mí cuando compré mi primer teléfono móvil en 1997 que hoy iba a tener un Smartphone con la última tecnología y que iba a volcar mi vida en las redes sociales? Pues nadie, ¿qué pensaremos todos dentro de 20 años?

Creo firmemente que todos estos cambios han sido para bien. Pero también creo que hay tiempo para todo y que esto no debe dejar de lado las relaciones interpersonales.

Yo salgo de casa siempre con el móvil, no sé vivir sin él. Me conecto varias veces al día, mantengo conversaciones por Whatsapp, actualizo mi perfil de Facebook, twitteo y subo fotos a Instagram. Pero todo tiene su momento. Por ejemplo, en el trabajo quito el volumen del móvil, sólo vibra si recibo una llamada. En casa, cuando llegamos del cole, el móvil se queda encima de la mesa y ya puede sonar y sonar que mientras se come no se toca. Por las tardes se hacen tareas, los niños y yo, y el móvil sigue aparcado, en algún descanso lo miro, pero por lo general no es hasta por la noche, que los niños se han acostado, cuando me pongo al día. O las mañanas que no trabajo y estoy sola en casa, ahí también le doy caña.

Soy bastante estricta con Lucas, estricta comparada con otros padres de adolescentes. Mi hijo no se lleva el móvil al instituto; muchos de sus compañeros sí lo hacen. Mi hijo no toca el móvil hasta que ha terminado sus tareas o estudios diarios; cuando enciende el teléfono después de estudiar está lleno de mensajes de compañeros que llevan chateando casi desde que salieron de clase. Cuando llega la hora de cenar, apaga el teléfono y hasta el día siguiente. Los fines de semana soy un poco más permisiva, pero si salimos a comer o cenar fuera de casa, no le dejo que coja el móvil mientras esperamos la comida (yo no lo hago tampoco) y si estamos con gente, le regaño si veo que está con el móvil en vez de estar compartiendo conversaciones con otras personas.

Creo firmemente en las relaciones personales, y aunque las redes sociales  nos ayudan con las relaciones, también pueden llegar a dificultarlas. Por ejemplo, quedo con una amiga para tomar café. La idea es tomar café, charlar y ponernos al día una con la otra. ¿Qué sentido tiene entonces estar todo el rato con el móvil, interactuando con otras personas? Yo, si me llaman, contesto; si suena un whatsapp, como mucho miro la notificación a ver quién es, pero ahí se queda, esperando a que tenga tiempo para leerlo. Si alguien quiere comunicarse conmigo de forma urgente, para eso están las llamadas, los mensajes los contesto cuando puedo. Tengo una amiga con la que dejé de quedar para desayunar. Alguna mañana que quedábamos me pasaba más tiempo aburrida mirando al techo que hablando con ella, porque ella era incapaz de dejar el móvil en la mesa y hablar conmigo, estaba todo el rato con Whatsapp. Ahora ya no quedo con ella, si queremos saber algo una de la otra, un mensaje y listo.

Escena de la fantástica serie "cómo conocí a vuestra madre"

Escena de la fantástica serie «cómo conocí a vuestra madre»

Y esto viene al caso de la semana pasada. Todos los años, el día del cumpleaños de Lucas, vamos a cenar a un sitio que le encanta. Mientras esperábamos la cena, me preguntó si podía usar el móvil. Evidentemente, le dije que no, pero que lo dejase a mano para poder grabar un vídeo, pues en ese restaurante, el día de tu cumpleaños te suben en la silla y te cantan una canción. Mientras esperábamos la cena estuvimos los tres jugando a Dobble, este juego de cartas que siempre llevo en el bolso. Al poco llegaron 4 amigos a la mesa de detrás. Se sentaron con los móviles en la mano mientras consultaban la carta. Pidieron y siguieron los 4 con sus móviles, sin levantar la cabeza y sin interactuar entre ellos. Cuatro amigos que habían quedado para cenar y que no se hablaban. Durante la cena hablaron algo, aunque uno de ellos no dejó el móvil y ¡comía con una mano mientras con la otra estaba jugando a un juego! ¿Qué sentido tenía entonces esa reunión de amigos? Lo comenté con Lucas y hablamos del tema durante la cena, del absurdo de la situación. Cuando llegó la hora del postre y de la canción de Lucas, hice un vídeo y la casualidad quiso que los amigos de la mesa de atrás saliesen en el vídeo…jugando con sus móviles.

Vivimos conectados las 24 horas del día. Pero también vivimos rodeados de personas, de nuestras familias, de nuestros amigos, personas que aportan cosas a nuestra vida gracias a esas relaciones que compartimos. Está genial esta conexión, pero no deberíamos perder la esencia de la humanidad, el sonido de las palabras cuando salen de los labios, ver una sonrisa dibujada en la cara de alguien cuando cuentas algo gracioso, poder tocar a esa persona que sufre y a la que brindas tu apoyo…

Hay que saber parar, aprovechar los momentos que compartimos con la gente que nos rodea.

Soy madre hace 14 años

Parece que fue ayer cuando me convertí en madre por primera vez y ya han pasado 14 años. 14 años de ver crecer a ese bebé pequeñito y regordete que cabía en el hueco de mi brazo y que ahora es casi más alto que yo.Feliz cumpleaños

En todo este tiempo he aprendido y vivido muchas cosas que no imaginaba antes de ser madre. La maternidad te cambia la vida, totalmente. En la inmensa mayoría de los aspectos es maravillosa, aunque la maternidad también tiene sus cosas duras.

  • Hace 14 años aprendí a amar a alguien más que a mí misma. Es cierto, cuando tienes un hijo, el amor es algo imposible de describir, a tus hijos les quieres por encima de todas las cosas, a otro nivel.
  • En estos años he aprendido que una madre puede ir por la vida con muy pocas horas de sueño. Los primero meses son agotadores, la lactancia a demanda, los despertares frecuentes, los hábitos de sueño de los bebés que nada tienen que ver con los de los adultos…Pero oye, que duermes poco y encimas tiras, con unas ojeras que te llegan hasta el suelo, claro. Recuerdo esas primeras semanas, iba a casa de mis padres varias veces a la semana a comer. O eso creían mis padres. Yo en realidad no iba por la comida, ¡iba por la cama! En cuanto Lucas terminaba de mamar, les dejaba al niño y me iba rauda y veloz a dormir hasta que mi pequeño retoño necesitase la teta de su madre otra vez.
  • Paciencia, cuando te conviertes en madre, además de un bebé ganas un plus en paciencia. Si echo la vista atrás, veo cómo me he asentado, cómo pasaba de enfadarme por muchas cosas que ahora me parecen sin sentido a tener una paciencia infinita; paciencia cuando los niños tienen rabietas sin saber por qué; paciencia para volver a cantar la misma canción por décima vez; paciencia para escuchar sus peroratas sobre algún acontecimiento importante…aunque la paciencia, como todo, se agota y ha habido muchos momentos en estos 14 años que me he quedado sin ella. Menos mal que es como un pozo sin fin, y aunque momentáneamente se haya secado, el pozo se vuelve a llenar y volvemos a empezar.
  • Regreso a la infancia. Quién me iba a decir a mí cuando tenía 26 años que me iban a importar las cosas de mi infancia…un año después llegó Lucas y de nuevo me vi recordando esas canciones que me cantaba mi abuela, jugando tirada en el suelo a hacer torres con bloques de Lego, bañándome en una bañera donde había más juguetes que agua, disfrutando de la noria, comiendo chucherías…
  • Hace 14 años el miedo y la angustia llegaron para instalarse en mi corazón y ya nunca se han ido. Tienes un hijo, el ser más adorable y al que más quieres del mundo. Y con el amor infinito, también llega el miedo a perderlo, el dolor de verlo enfermo, el sufrimiento cuando sufre. Ser madre te convierte en sufridora nata. Lucas fue un niño que de pequeño tuvo varios ingresos por bronquiolitis y neumonías. Cada vez que veía a mi pequeño con esa dificultad para respirar, con mascarilla y suero, apagado en una cama de hospital, cuando pasábamos más días en urgencias que en casa, cada vez que me decían que había que dejarle ingresado porque no mejoraba se me partía el alma. Tengo dos anécdotas con las que ahora me río, pero recuerdo lo mal que lo pasé. Una noche, Lucas tendría 7 u 8 años, estábamos jugando antes de dormir, ya en la cama, cuando sin querer se tiró hacia atrás y se dio con el pico de la mesilla de noche en la cabeza. Se hizo una herida y empezó a sangrar. Y yo, la superenfermera que se enfrenta a cosas muy feas cada día, en ese momento me volví la madre más blanda del mundo, me mareé y casi pierdo el conocimiento. Era para vernos, en el mini cuarto de baño, yo tumbada en el suelo, Lucas sangrando y Jose tapándole la herida con una mano mientras con la otra me sostenía las piernas en alto a ver si se me pasaba el mareo. La otra anécdota fue cuando vimos la película “Lo imposible”. Estábamos en casa, Lucas ya estaba dormido y llega el tsunami. Cuando a la madre la arrastra el agua con su hijo Lucas, al que pierde y trata desesperadamente de agarrar, cuando son golpeados con violencia por todas las cosas que arrastra el agua…no podía respirar, la sensación de miedo, el hecho de que el niño se llamase como hijo, el sufrimiento que estaba viendo me hicieron tener una crisis de pánico. Tuve que apagar la película e ir a tumbarme en la cama con mi hijo, que dormía plácidamente.
  • Cuando me convertí en madre pasé de pensar sólo en mí a poner a mi hijo por delante. Recuerdo cuando era pequeña y había algo rico para comer, mi madre no se lo comía por dárnoslo a nosotras. Esas cosas sólo las hace una madre (y un padre). Antepones a tus hijos a tus  necesidades. Ellos se convierten en lo primero y en lo más importante, después, si sobra, si puedes, si hay tiempo, vas tú.
  • Hace 14 años que me convertí en una leona luchadora. Como decía una casposa de esas que salen en la tele “yo por mis hijos mato” Y es así, luchas por ellos hasta tu último aliento. Como madre no permites que les hagan daño (aunque les van a hacer daño muchas veces y no podremos evitarlo y sufriremos con ellos). Como madre te sacrificas, luchas, lo haces todo por su bienestar y en su beneficio. A veces me pregunto cómo he conseguido llegar donde estoy yo sola. Porque sí, porque aquí he llegado con poca ayuda, con mi fuerza y mi tesón. Cuando Lucas tenía 6 meses su padre nos dejó, nos quedamos sin casa (menos mal que mis padres nos acogieron casi dos años), sin trabajo, sin coche, con deudas y por supuesto, él no pasaba un duro de pensión. Pero yo me busqué la vida, encontré trabajo, me compré un coche, alquilé un piso y yo sola, con un niño pequeño, lo hacía todo, lo eduqué y lo saqué adelante. Hoy puedo decir con orgullo que mi hijo es un niño maduro y responsable ¡y adolescente!, que valora todo lo que he hecho por él aunque a veces lo olvide, es un niño sensato, seguro de sí mismo, cariñoso, educado, que se preocupa por los demás. Y eso lo hemos conseguido los dos, él con su forma de ser y yo con mi lucha diaria. ¿Quién me iba a decir hace 14 años que hoy tendría dos hijos y sería single mami?cumpleaños

Seguro que hay muchas más cosas que cambiaron en mi vida hace 14 años, cambios grandes y cambios pequeños, pero todos para bien. No cambio mi vida de antes con la de ahora, a pesar de sus malos momentos. Tengo dos hijos maravillosos, con los que disfruto muchísimo, que me han enseñado a ser mejor persona, dos hijos que también a veces, estoy deseando que se vayan a dormir y me dejen un rato de tranquilidad, dos hijos que son mi mayor tesoro.

Lucas fue el que abrió el camino del cambio, el que llegó a mi vida hace 14 años y la transformó, el que me hizo ser madre. ¡Muchas felicidades hijo! Gracias por haberme elegido para acompañarte en este camino.

Fomentando la autoestima de nuestros hijos

Seguro que conoces a alguna persona de esas que siempre tiene la autoestima por los suelos, que se quiere poco y se valora menos. Esas personas arrastran este tipo de situación desde la infancia, y esa baja autoestima les impide ser felices.

Si queremos que nuestros hijos sean personas adultas sanas emocionalmente, tenemos que sentar las bases desde la infancia. Y para eso, desde pequeños tenemos que hacerles saber lo verdaderamente importantes que son.amor

  • Amor, besos y abrazos a mogollón – Demostrar a nuestros hijos lo mucho que los queremos, sin condiciones, es un poderoso aliado. Crecer sabiéndose queridos les hace ser más seguros de sí mismos. Está claro que una infancia sana, llena de amor, de muestras de cariño, donde nuestros hijos se sienten seguros y protegidos, les hará ser más felices y de adultos sabrán dar amor. Yo a mis hijos no sólo les digo lo mucho que les quiero, también les digo lo feliz que me hacen, lo contenta que estoy de que sean mis hijos, la suerte que tengo de tenerles a mi lado.
  • Descartar los adjetivos negativos – Cuando oigo a una madre en la puerta del colegio hablar y decir lo malo que es su hijo, que se porta fatal, que su hermano era más bueno…me pongo de los nervios. ¿Qué es eso de poner un calificativo negativo a nuestro hijo? Los niños no son malos, simplemente son niños, con distintas actitudes y aptitudes, distintas formas de comportarse. Un niño movidito o más agitado que otro no es un niño malo, simplemente es quizás menos relajado que el de al lado, pero eso no es malo. Los pequeños están en edad de aprender, de explorar. Entiendo que hay pequeños terremotos que en momentos sacan de quicio a sus padres (a mí me pasa). Pero eso no lo vamos a solucionar tachando al niño de malo. Con eso sólo conseguimos que el niño acabe creyéndose que es malo, que es tonto o que es torpe. Lo mejor cuando un pequeño tiene una mala conducta no es cuestionarle a él como persona, sino al acto en sí. No es un niño malo por llevar arena en los bolsillos para luego jugar en casa; hay que explicarle que eso que ha hecho no nos gusta y el motivo, sin cuestionar su personalidad, sólo su acción.
  • Ayudarles a expresar sus sentimientos – Desde que nacen, nuestros hijos deben tener la oportunidad de poder expresarse, no sólo en casa, también en la calle con el resto de la gente. Por eso debemos ayudarles a que aprendan a comunicar qué es lo que sienten o qué necesitan para sentirse bien. O qué es lo que les disgusta. Cuando son muy pequeños no saben expresar este tipo de sentimientos y muchas veces tienen rabietas cuando se sienten frustrados. Pero poco a poco podemos ayudarles a poner en palabras eso que sienten.
  • Elegir a personas adecuadas – Esto es bastante difícil de conseguir, muchas veces nosotros mismos, siendo adultos, nos hemos rodeado de personas que no nos convenían. Pero en la infancia iremos sentando las bases para esta elección. Nuestros hijos tienen que sentirse a gusto con sus amistades, sentirse valorados y no sentirse inferiores. Hace unos días a Lucas se le rompió una muela y se la tenían que quitar. Evidentemente se llevó un disgusto. Me dijo que seguro que alguien se iba a reír de él por tener un agujero. Entonces le hice ponerse en el lugar del otro y mirarse a sí mismo. ¿Dejaría él de ser amigo de alguien porque le faltase una muela? ¿O se reiría de él? Evidentemente, no. Y si alguien le trataba diferente por eso, si alguno de sus amigos cambiase su actitud con respecto a Lucas por el hecho de faltarle una muela, eso le haría ver que esa persona no era su amiga, que no merecía la pena tener a alguien así en su vida. ¡Fuera las personas negativas!autoestima
  • Nadie el perfecto – Y nuestros hijos tampoco. Para nosotros son lo más importante del mundo, pero no son perfectos. Y eso tienen que saberlo y saber quererse con sus defectos y sus virtudes. Ellos también tienen sus límites y por desgracia, más pronto que tarde, aprenderán que las cosas no siempre salen bien. En esos momentos también tenemos que fomentar su autoestima. Cuando se sientan mal por algún motivo, tenemos que hacerles ver lo mucho que valen, ver las cosas positivas, hacerles entender que no son menos valiosos por haber perdido un partido de fútbol o por no saber hacer un dibujo tan bien como Fulanito. Animémosles para que se sientan mejor.
  • Valorar todas sus cualidades – Hay cosas que ya sabemos que nuestros hijos hacen bien. Pero hay pequeños detalles de cada día que pasamos por alto. Y esas pequeñas cosas también hay que valorarlas y hacérselas saber. Quizás nuestro pequeño esté en esa fase en la que quiere vestirse solo pero casi nunca lo consigue; pues cuando consiga ponerse sólo un calcetín es genial que le alabemos lo bien que lo ha hecho. Quizás nuestro adolescente nunca quite la mesa sin que se lo digas mil veces, y de pronto un día que hay visita se levanta y recoge las tazas del café; en ese momento una alabanza le dará una dosis extra de autoestima.
  • Valorar el esfuerzo – Hay que valorar cómo nuestros hijos se empeñan en conseguir algo, aunque luego no lo consigan. Hacerles saber lo bueno que es intentarlo, sin importar el resultado. Si jugamos a un juego de mesa, debemos enseñarles que no siempre van a ganar ellos, muchas veces también hay que perder, pero sin enfadarse. Lo importante no es ganar, sino divertirse.
  • Nosotros somos el espejo en que se miran – En todos los aspectos, nuestros hijos nos imitan, nosotros somos su principal fuente de inspiración. Por eso, una gran autoestima debe empezar por nosotros mismos.

Madre soltera de dos hijos con mucho estrés

La maternidad es preciosa, mis hijos son lo que más quiero en el mundo, pero a veces me supera, me agota, me siento cansada.madre soltera

Vivir con un adolescente de 14 años que sólo piensa en sí mismo es complicado. Cada día es una especie de lucha de poder. Si por él fuera, se vida consistiría en pasarse el día en el sofá enganchado al móvil y en salir con los amigos. Pero hay mucha vida aparte de eso.

En primer lugar están los estudios. Siempre ha sido un niño inteligente y capaz pero de hace un par de años hasta ahora, los estudios y el saber han pasado a segundo plano. El instituto mola sólo por estar con los amigos en el patio. Todos los profesores son un rollo que además, no les dejan hacer nada y encima, les ponen deberes. La próxima semana la tiene llena de exámenes pero de él no sale ponerse a estudiar. Tengo que estar encima, poniendo horarios, haciendo planes de estudio, pactando tiempos y aun así, a veces entro a ver cómo va y me lo encuentro leyendo o jugando con algo que esconde rápidamente. ¡Problema a la vista!

Hace algún tiempo que decidí que los castigos no servían para nada. Pasé a las consecuencias. Si haces una cosa buena, obtienes algo que quieres. Si no lo haces, no lo obtienes. Así de simple. En realidad, él lo sigue viendo como premio y castigo, aunque le insisto que el resultado final es siempre consecuencia de sus actos. ¿Quieres el móvil? Ponte a estudiar. ¿No estás estudiando? No hay móvil. Pero no lo entiende, se enfada, le parece injusto, chilla, grita y acabamos una vez más enfadados.

Otro gran problema son las responsabilidades en casa. Le molesta muchísimo tener que hacer tareas domésticas, ¡pero si ya tiene 14 años! ¿No pretenderá que le esté haciendo las cosas toda la vida? Desde bien pequeño empezó a ayudar con pequeñas cosas, igual que empieza a hacer Sara. Los días de diario le pido poco: quitar la ropa sucia del baño después de la ducha, poner y quitar la mesa en las comidas, tirar la basura, no dejar cosas tiradas por medio y hacer las cosas de clase. Pero raro es el día que no acabamos discutiendo de nuevo por lo mismo. La ropa se queda en el suelo del baño, quita las cosas de la mesa después de cenar pero lo deja todo “tirado” en la cocina, protesta cada vez que tiene que bajar la basura porque “no le parece justo”, vacía los restos de comida en el fregadero por no sacar el cubo de la basura…

Y los fines de semana….a veces son una tortura, muchas horas y mucho tiempo libre. Todos los fines de semana por la mañana las tareas domésticas son un poco mayores; una lavadora que tender, un lavavajillas que vaciar, unas sábanas que cambiar…y todos, absolutamente todos los fines de semana, tiene que protestar, que quejarse, que intentar no hacerlo. Si lo hace en un tiempo prudencial y sin enfados, tiene tiempo libre para estar con el móvil; si no lo hace, no hay móvil. ¡Qué batalla!

Luego está su hermana, esa pequeña terremoto a punto de cumplir los 4 años. Le gusta compararse con ella, pelearse con ella y bajarse a la altura de la niña. Se adoran y pasan mucho tiempo juntos compartiendo buenos momentos. Pero también se pelean muchísimo, la hace rabiar, la regaña, y acaba metiéndome a mí en medio de sus peleas absurdas. Todos los hermanos se enfadan entre ellos, es algo normal. Pero yo a veces que lo llevo fatal, sobre todo cuando es por alguna chiquillada absurda.familia

No todas las cosas de mi adolescente son malas, claro está.

Es un niño muy cariñoso, que te demuestra lo mucho que te quiere a la menor ocasión, le encanta dar besos y abrazos y dejarme notas de cariño por algún rincón escondidas.

Es muy atento y educado con el resto. Siempre que esta con otra gente pide permiso, da las gracias, ayuda a los demás, sujeta puertas. Los adultos siempre me dicen lo buen educado que es. Pregunta antes de comerse la última croqueta del plato, ofrece lo suyo a los demás.

Tiene mucha confianza conmigo. Me cuenta cosas que a veces me sorprenden y me dejan un poco descolocada, cosas de sus relaciones con el resto de la gente, historias con los amigos…aunque reconozco que a veces lo que me cuenta no me gusta, me gusta el hecho de que confíe en mí para contármelo.

Es buena persona, de verdad que lo es. Sé que las hormonas que recorren su cuerpo a veces le nublan, le hacen cambiar de humor y de personalidad, lo mismo está enfadado por algo, que está triste al momento siguiente y al instante, está contento y haciendo las paces. Está en una época de mucho cambio. Además, por desgracia, mi hijo ha tenido en su vida una serie de acontecimientos que le han marcado. Vivir sabiendo que tu padre te abandonó y que pasa de ti no debe ser nada fácil. Perder al hombre que te ha criado como padre y te ha dado esa visión masculina de un día para otro ha sido muy duro para todos. Ser hijo único durante 10 años y de pronto sentirte destronado por una niña pequeña necesita un tiempo de adaptación.

Yo entiendo estas situaciones. Pero muchas veces me desbordan. Son muchas horas al día de soledad, de no poder hablar con un adulto, de tener que sobrellevar las rabietas de la pequeña con las peleas del mayor yo sola, sin nadie que pueda mediar en la disputa. Siempre soy la mala y la buena de la película. A veces me gustaría escapar, meterme en una burbuja donde nada ni nadie pudiese molestarme. Luego me siento mal por eso, por querer salir corriendo. No soy mala madre, sólo soy una madre que está sola y que necesita ayuda. Una madre que querría salir a cenar sin niños en alguna ocasión, una madre que necesita media hora para tumbarse en el sofá a leer  un buen libro, una madre que necesita un baño de espuma y un relajante masaje, aunque sé, que media hora después del masaje ya estaría de nuevo contracturada por el estrés de la vida diaria.

Una merienda de 5 estrellas en el Hotel Hesperia

¿Cuántas veces has estado en un hotel de 5 estrellas? Yo, déjame contar, esto…una, sólo una vez, un fin de semana romántico que me regaló Jose hace unos años. Y ya, la economía no está para muchas estrellas.

Así que cuando recibí la invitación para ir a merendar al Hotel Hesperia Madrid y conocer de primera mano sus instalaciones, no me lo pensé dos veces y allí que nos fuimos los niños y yo. Y ya digo que salimos bastante contentos.

El Hotel Hesperia Madrid organizó una merienda para madres blogueras junto con actividades para los niños. La idea era darnos a conocer la faceta Family Friendly, con instalaciones y servicios especializados que convierten una estancia con niños en una experiencia inolvidable para toda la familia.

En uno de sus múltiples salones organizaron la merienda para los niños, con un montón de comida gourmet, adaptada a las exigencias y paladares de los más pequeños, delicias apetitosas que entraban muy bien por los ojos y por la boca, claro está. Además, había una esquina dulce, llena de gominolas en tonos azules, de donde los niños no se despegaban. Para amenizar la tarde, unos payasos hicieron reír a los más pequeños mientras las madres pasábamos a merendar a la sala contigua.Hesperia

Y mientras los niños se lo pasaban en grande, nosotras merendamos mientras escuchábamos las novedades del Hotel Hesperia Madrid. Las mesas estaban dispuestas simulando una celebración, de modo que pudimos observar de primera mano cómo sería celebrar un evento allí. Comida y bebida y unos camareros muy atentos a nuestras necesidades.Hesperia

El hotel quiere dejar de ser un sitio exclusivo ligado solamente  a los adultos y por ello ofrecen varias alternativas familiares, donde los niños son bien recibidos. Desde habitaciones para familias, con habitaciones contiguas y detalles para los más pequeños, hasta la celebración de eventos en sus salones.

En las habitaciones familiares todo está pensado para agradar a los más pequeños y como detalle de bienvenida, los niños reciben un neceser Warner, con artículos de baño de Looney Tunes. Si lo que quieres es celebrar un evento, tipo bautizo o comunión, los salones se adaptan a tus necesidades y a  las de los más pequeños. Posibilidad de contratar decoración y animación, menús especiales para alergias e intolerancias, un bonito regalo para el homenajeado.Hesperia

Y ya, si el dinero no es un impedimento para ti, porque seamos sinceros, barato no es, puedes celebrar alguna de las múltiples fiestas de Navidad en el Hotel Hesperia Madrid. Desde comidas y cenas, hasta la posibilidad de alquilar una habitación para ver la cabalgata de Reyes desde una de sus terrazas. Yo casi prefiero lo de meterme entre medias de la gente y que los niños se lancen a coger caramelos por el suelo, pero si puedes permitirte pagar 370€ por merendar en el hotel, ver a los Reyes Magos desde su terraza y que los niños tengan unos pequeños detalles, enhorabuena. Si algún año me toca la lotería, me pido ese plan.

Y tú ¿conoces el Hotel Hesperia Madrid?

Quien siembra amor recoge amor

Hace algo más de 60 años nació Mariano, en una familia autoritaria, donde obedecer a los padres sin rechistar era la norma y decir “si señor” a todo era lo normal. Mariano quedó huérfano de padre siendo muy joven y se vio obligado a madurar rápidamente para cuidar de la familia. Las muestras de cariño nunca se vieron en esa casa.

Mariano creció, se casó y fundó su propia familia. Pero lejos de evitar los errores del pasado, volvió a cometerlos y en su propia casa tampoco se demostraba el amor. Tuvo una hija, Sonia, que creció en un ambiente sin besos, ni abrazos, sin cuentos antes de dormir y sin cosquillas en la cama al despertarse. A ojos de su padre, Sonia no hacía nada bien. Las cosas buenas no se valoraban en su casa, su padre sólo resaltaba las malas, aunque no fuesen importantes. Creció siendo comparada con distintas personas, todas mejor que ella. Sin obtener respuestas lógicas a sus preguntas; las cosas se hacían así porque el padre decía y punto. No fue de extrañar que la relación padre e hija no fuese muy cordial y Sonia no quisiera contarle cosas a Mariano. Lo más ilógico de todo era que pasados los años, el padre se enfadaba porque no contaba con él para nada, porque no compartía sus confidencias… ¿qué esperaba? Uno recoge lo que siembra.amor

Herencia de su infancia, a Sonia le costaba prodigarse en muestras de afecto con el resto de las personas. Eso no le impidió ser una persona risueña y extrovertida, aunque no pudiese dar abrazos.

Hasta que formó su propia familia. Al nacer su primer hijo, Bruno, sintió que todo el amor que había tenido guardado había estado allí esperando para él, para ese niño inocente y perfecto que había nacido de su ser. Y así, Sonia supo cómo demostrar el amor, dejó que lo que había en su interior saliese y Bruno creció rodeado de amor, de besos, de abrazos, de cuentos antes de dormir y de cosquillas al despertar, de palabras de ánimos y escuchando cuánto le querían continuamente. Evidentemente, Mariano no comprendía aquello y durante años, criticó a Sonia por ser tan “blanda”, por proteger tanto a su hijo, decía que en el colegio se iban a reír de él por querer tanto a su madre. A la menor oportunidad, cuando se quedaba sólo con su nieto, aprovechaba para criticar a Sonia delante del niño y hacer exactamente lo contrario de lo que ella haría. Chocaron muchas veces por ese motivo, hasta el punto de evitarle y no querer volver a verle. Pero las circunstancias de la vida hicieron que Sonia necesitase a sus padres para cuidar de su hijo en algunas ocasiones.

Lo que Mariano no esperaba era que Bruno creciese y empezase a verle igual que lo veía su hija, como un adulto que no sabía dar cariño, que sólo sabía criticar al niño que era, que nunca valoraba los logros del pequeño y que sólo le echaba en cara sus defectos. Un adulto que criticaba a su propia madre por darle cariño. ¡Ah no! Bruno también se enfadó con Mariano y empezó a distanciarse. Y Mariano, en vez de darse cuenta que la culpa era suya, culpó a Bruno por ser un malcriado, culpa que venía directamente de Sonia.

Luego nació Maya, una niña que llenó la casa de nuevo de risas, de la inocencia pura del amor, que confirmó que criar a los hijos rodeados de amor y cariño era lo mejor para ellos. Una niña que con casi 4 años tomaba teta de mamá y dormía en su cama. Mariano ardía de rabia. Y seguía con sus críticas a la forma de crianza de su hija. Y seguían discutiendo por ese motivo.amor

La vida a veces es difícil y Sonia se encontró sola criando a dos hijos, motivo por el cual tenía que echar mano de sus padres de vez en cuando. Maya no soportaba la ausencia de su madre, no quería que fuese a trabajar, despedirse de ella era un momento muy duro, la niña lloraba y abrazaba fuerte a su madre mientras ella intentaba calmarla con palabras dulces y tiernas, la llenaba de besos y le prometía que volvería pronto. Le rompía el corazón separarse de su hija y verla llorar así.

¿Cómo puede un adulto estar tan ciego? ¿Cómo puede pensar que el amor, que el cariño, que el respeto hacia los hijos les causa algún daño? Mariano sigue pensando que Maya llora cuando su madre se va al trabajo por su forma de crianza, por compartir cama con ella, por seguir dándole el pecho, por hablarle con voz tan dulce, por llenarla de besos y abrazos, por contarle cuentos antes de dormir y por llenarla de cosquillas al despertar. Mariano está ciego, no consigue ver las diferencias que consigue el amor.

Mariano fue desapegado con su hija. Consecuencia: su hija no tiene ninguna confianza con él, su hija no le da besos ni abrazos, su hija no quiere contarle las cosas, su hija casi no quiere verlo.

Sonia está muy apegada a sus hijos. Consecuencia: sus hijos no quieren que se vaya, sus hijos hacen una fiesta cuando ella vuelve, sus hijos le cuentan sus problemas e inquietudes, sus hijos la abrazan por el pasillo y le lanzan besos desde el otro lado del salón, sus hijos se tiran con ella en la cama los sábados por la mañana para compartir un momento de risas y confidencias. Sus hijos le hacen dibujos de corazones y le escriben notas de amor que cuelgan en la nevera.

Uno recoge lo que siembra. Ama a tus hijos sobre todas las cosas, hazles ver lo mucho que les quieres, lo mucho que valen, lo mucho que te importan. Apóyales en sus decisiones, aunque no sean las tuyas. Llénales de besos y de abrazos, valora su individualidad, no les compares con otras personas.

Quien siembra amor recoge amor.

Nota de la autora-Historia basada en hechos reales, aunque he cambiado los nombres 
de los protagonistas. Si alguien se da por aludido...

Costumbres perdidas

El otro día me di cuenta que había perdido algunas buenas costumbres, cosas que antes me encantaban y que me doy cuenta que he dejado de hacer desde que falleció Jose. Hay pequeños detalles que ahora están olvidados. Y grandes cosas que no hago desde entonces.

Una de esas cosas es oír música. Siempre me ha encantado llevar música a todas partes, poner la radio en el coche y cantarme todas las canciones, hacer tareas domésticas a ritmo del último éxito o tatarear en la ducha los grandes éxitos de los 80. Pero cuando Jose falleció, apagué la radio por completo. Durante una temporada no escuchaba nada. Luego, sólo ponía canciones infantiles para Sara. La música me hacía daño. Canciones antiguas que me recordaban constantemente momentos pasados. Y canciones nuevas que me hacían pensar en si a él le gustarían o no. Así que lo más fácil era no pasar por esa tortura.

Hace poco puse la radio en el coche. Escuché una canción que me gustó aunque no sabía ni quien la cantaba. Y entonces me di cuenta que en mi móvil nuevo tampoco tenía música. Antes llevaba el móvil con canciones e incluso usaba distintas canciones como tono de llamada. Ahora mi móvil suena con las melodías que trae de fábrica y me despierta un pitido horrible. Así decidí que ya era hora de cambiar eso.

Desde hace unos días, en el coche llevo un cd que grabamos hace unos años Jose y yo con nuestras canciones favoritas de todos los tiempos. Un cd con más de 150 canciones de todos los estilos. Me gusta escucharlo. Ahora no me hace tanto daño. Escuchar la música que él eligió para amenizar nuestros viajes me hace recordarle con una sonrisa. Todas esas canciones tienen un significado, traen a mi memoria algún recuerdo. Y me gusta recordarle cada día. Cuando ha pasado un año y medio de su partida, le sigo echando de menos, cada día, cada noche, pero ahora consigo que toda sea más suave, tengo un recuerdo dulce y la música me ayuda a compartir con él pequeños momentos del día.

Otras de las buenas costumbres que he dejado atrás son las reuniones en casa. Siempre hemos estado rodeados de gente. Nos encantaban las visitas, tener amigos o familiares los fines de semana. Preparar menús para todos, sorprender con la comida. Cualquier cosa era motivo de celebración. Recuerdo la primera navidad que pasamos en la casa nueva. Casi no cabía un alfiler, mi familia, su familia y alguna personas más… Nos juntamos 18 personas a cenar en Nochebuena. Y éramos felices. Siempre estaba pensando en algún menú nuevo, en esa tarta que haría que todos se chupasen los dedos… Y entonces, todas las reuniones dejaron de existir. Ya no encontraba motivo para celebración. Mi casa ya no era punto de encuentro. Desde que Jose falleció, no he vuelto a hacer ninguna comida con los amigos. Y las fiestas familiares han quedado reducidas a cumpleaños. La mayoría de los cumpleaños han consistido en una tarta comprada, o como mucho, un bizcocho casero. La ilusión de las celebraciones quedó en segundo plano. ¿Quién iba a tener ganas de celebrar nada después de un golpe tan duro?

Parte de la mesa en la primera Nochebuena en casa

Parte de la mesa en la primera Nochebuena en casa

Hace unos días fue mi 41 cumpleaños. Y de pronto, por primera vez en año y medio, tuve ganas de meterme en la cocina. Vinieron unas amigas a merendar y me pasé parte de la mañana cocinando. Hice un bizcocho de manzana, mis famosos y ricos bollicaos de nocilla y empanadillas saladas variadas. Me encantó ver la casa llena de gente, escuchar las risas, oír a los niños corriendo y jugando. Me sentía bien. Y caí en la cuenta de la cantidad de tiempo que llevaba sin abrir mi casa a las celebraciones.bollicao

El tiempo pasa, las cosas nunca volverán a ser lo que eran, pero recuperar viejas costumbres me ha ayudado a sonreír un poco. Y me ayudan a no olvidar a Jose en ningún momento, porque saber que a él le encantaba la música o que adoraba ayudarme a preparar una fiesta son motivo suficiente para no dejar de hacer esas cosas.

Las parejas de hecho también somos familias

A raíz de la publicación hace más de un año de mi artículo el engaño de las parejas de hecho he contactado con varias personas que están viviendo una situación de desamparo similar a la mía.

Como la mayoría de los que me seguís ya sabéis, la cadena cuatro se preocupó por el tema y le dio máxima difusión en el programa En la caja, en el que Adela Úcar veía las grandes diferencias que existen entre distintos tipos de familias.

Porque no nos engañemos. Todos somos familias, da lo mismo el modelo que hayamos elegido para hacerlo. ¿Acaso es más familia el que está casado que el que vive en pareja? Convivir con tu pareja, tener descendencia y vínculos comunes nos hace ser una familia. Ante la ley, todos deberíamos ser iguales. El artículo 39 de la Constitución Española dice: 1-   Los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia. 2- Los poderes públicos aseguran, asimismo, la protección integral de los hijos, iguales éstos ante la ley con independencia de su filiación, y de las madres, cualquiera que sea su estado civil. La ley posibilitará la investigación de la paternidad.

Según la Constitución, todas las familias deben ser protegidas y según la constitución, también se debe proteger a los hijos y a las madres, independientemente del estado civil. ¿Por qué motivo entonces, si no estamos casados “legalmente” y nos quedamos viudas, la ley no nos ampara, no nos protege?familia

Os dejo un artículo que ha escrito Johana en nombre de su madre, que se acaba de quedar viuda.

Esta entrada está motivada por el prejuicio cada vez más extendido en la sociedad actual acerca de que las parejas de hecho (o uniones de hecho)  son iguales –con leves diferencias- respecto al matrimonio.
Yo misma, hasta ahora, pensaba que eran lo mismo y que una era versión light o low cost de la otra y que simplemente se agilizaban todos los procesos. Pero no me preguntéis qué entendía yo que era ser pareja de hecho, porque no lo tenía nada claro. Me daba la sensación de ser una opción muy moderna, muy de moda y muy válida para regularizar tu situación de pareja sin necesidad de organizar “la boda del año”, sin necesidad de dar mayores explicaciones o con la disculpa de “no, no nos hemos casado”. Las noticias sobre el reconocimiento de las pensiones de viudedad a parejas de hecho, y las noticias sobre otros logros conseguidos por parejas de hecho, simplemente contribuían a fortalecer este prejuicio.
Sólo hasta ahora que mi madre –pareja de hecho- ha enviudado, empiezo a darme cuenta de la realidad, y comentando este tema con una amiga ella se sorprendía muchísimo, pues son muchas las personas a su alrededor, que prefieren esta opción sin ser conscientes de las diferencias.
Así que voy a empezar por aclarar el prejuicio apoyándome en una definición que encontré en un artículo de Junio de este año del periódico ABC, que refleja muy bien cómo se ve una unión de hecho a efectos legales: “la unión de hecho… es una institución que nada tiene que ver con el matrimonio…” actualmente “la unión de hecho está formada por dos personas que no quieren, en absoluto, contraer matrimonio con sus consecuencias”.
Y por esta razón, las leyes evitan aplicar “por analogía legis” las normas propias del matrimonio a las uniones de hecho.
La situación más clara es que a efectos legales, el estado civil de los miembros de las parejas de hecho no cambia, se sigue siendo “soltero”, y por dar otros ejemplos:
  • Los hijos nacidos de un matrimonio son automáticamente reconocidos por el padre, mientras que si nacen bajo una unión de hecho, el padre debe reconocerlos expresamente. En caso de que no se reconozca la paternidad, se considerará a efectos oficiales que el menor no tiene padre y su madre responderá sola de su sustento y de su educación. Esto creo que lo escuché en el programa de Adela Júcar, en una de las entrevistas- ¿puede que dependa de la Comunidad Autónoma?
  • Los padres de tu pareja de hecho no son tus suegros, no hay ningún lazo de afinidad a ningún efecto. Con el matrimonio están en primer grado de afinidad.
  • A quien tú llamas padre, por ser la pareja de tu madre, no tiene ningún lazo contigo, no es tu padrastro. Si fallece, no tienes derecho a los días de duelo que te corresponderían si estuvieran casados –según el convenio colectivo-.
  • En caso de hospitalización de algún familiar por grado de afinidad: suegro, nuera, yerno, cuñados, abuelos políticos, etc no habría ningún permiso para acudirles ya que actualmente las parejas de hecho no se equiparan al matrimonio a efectos del permiso por hospitalización, -aunque por Convenio colectivo pueden equipararse.
  • En caso de fallecimiento de tu pareja no tendrías derecho a pensión si no llevas más de dos años inscritos como parejas de hecho y más de 5 años de convivencia fehaciente. En el caso de matrimonio es sólo de un año. No hace falta una doble prueba de convivencia.
Así, una larga lista de situaciones, pero en definitiva, no existe una legislación estatal de parejas de hecho, por lo que las obligaciones y derechos son bastante dispares. Son muchas las diferencias, las ventajas e inconvenientes dependiendo de la normativa, así que no voy a extenderme en esta entrada analizándolas, pero sí voy a recoger algunos de los links que más he consultado.
En palabras de Ángela Murillo (del blog mis líos legales): “España pide a gritos un registro único de parejas de hecho. Se necesita de forma urgente una regulación administrativa estatal que establezca un registro único para todo el territorio nacional. Con la dispersión actual de registros, es frecuente que alguien inscrito en una región no pueda beneficiarse de las ventajas de ser pareja de hecho en otra comunidad por no constar en sus ficheros. Así que muchos se toman la molestia de apuntarse en varios a la vez.”
Y más allá del registro único, es necesario que se equiparen los derechos (y obligaciones) de las parejas de hecho a los matrimonios porque el estilo de vida actual demanda una alternativa al matrimonio y son cada vez más las parejas que eligen esa alternativa. A quien diga que el matrimonio es la opción más antigua, le diré que más antiguo aún lo es constituirse pareja de hecho.
Yo estoy casada, ha sido mi opción de vida y le diría a cualquiera que me pregunte “cásate por lo civil”, has separación de bienes y cásate para quitarte preocupaciones y líos que vendrán con la letra pequeña del ser pareja de hecho. Es como ser pareja de segunda. Lo veo en mi pobre madre viuda que no va a poder cobrar la pensión.
Pero ante todo, si tú opción no es el matrimonio, si tú estás dudando sobre qué decisión tomar, entérate bien, y en profundidad de las ventajas y desventajas de una opción y otra y elige la que mejor te venga. Y si eres una pareja de hecho, que sepas que se ha formado un grupo que busca equiparar los derechos de las uniones de hecho con las del matrimonio, si quieres participar ponte en contacto con aurelioserna@hotmail.com dirigiéndote a Esther. La idea es ir creando una plataforma. Difunde esta entrada con el mayor número de personas que conozcas, que la unión hace la fuerza.
Si eres una pareja de hecho cuéntanos, por qué elegiste esta opción sobre el matrimonio. Qué entiendes que debería ser “una unión de hecho”
Si has tenido algún inconveniente legal, cuéntanos qué te ha pasado. Así podremos analizar en profundidad las razones y las necesidades en el cambio de legislación.

Os dejamos links a varios blogs y webs que hablan de parejas de hecho y pensiones de viudedad

Mis líos legales: casarnos o registrarnos como pareja de hecho

Legalitas diferencias entre matrimonio y pareja de hecho

ABC parejas de hecho

Miguel Arenas pensión de viudedad en parejas de hecho

M y M abogados pensión de viudedad en parejas que conviven sin estar casados

Seguridad Social pensión de viudedad

Informativo jurídica parejas de hecho y pensión de viudedad

Consulta de derecho: la convivencia como requisito de la pensión de viudedad

El derecho pensión de viudedad en parejas de hecho

La vanguardia los criterios sobre pensión deberían ser iguales en toda España