No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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Somos mamíferos (y tenemos tetas)

Mañana, mi princesa cumple 14 meses. 14 meses de lactancia feliz. Pero….todavía hay gente que me critica, que me mira, que me hace comentarios. En realidad, comentarios me han hecho siempre, pero según va creciendo, con más libertad se siente la gente para decir tonterías a diestro y siniestro. He oído de todo y proveniente de muchas partes, pero últimamente, estas son las cosas que más me dice la gente:

-Con esa edad, la teta ya es un vicio, no le alimenta- ¿Cómo que no le alimenta? La leche materna es el alimento biológicamente mejor adaptado para los bebés. Contiene todos los nutrientes que el bebé necesita y se adapta al crecimiento del niño. La OMS recomienda lactancia materna en exclusiva hasta los 6 meses de edad y complementada con otros alimentos (es decir, seguir dando teta a demanda y aparte, otra comida, no sustituir la teta por comida) hasta los 2 años.

-Dale biberones por la noche para que duerma del tirón, que se despierta a mamar por capricho- Pues la verdad es que se despierta a mamar, porque le encanta, porque lo necesita, porque todavía es pequeña y no ha terminado de madurar su sueño, porque a mí no me importa, porque no la “cebo” de cereales para que tenga un sueño más pesado y porque a mí me encanta que me busque por la noche y se ponga pegadita a mí y darle un beso en su cabeza antes de volver a quedarnos dormidas las dos

-Dar la teta es muy sacrificado- Sacrificado, ¿Para quién? Porque yo siempre he visto mucho más sacrificado el levantarse en mitad de la noche a la cocina a calentar agua, echar los cacitos de leche correspondientes, agitar, comprobar que el biberón no queme, mientras el bebé llora a moco tendido porque tiene hambre. Y si hace frío y tienes que salir del calorcito del edredón…eso sí que lo veo yo sacrificado. Por no hablar de la comodidad, salgo de casa con la teta puesta, y punto. No tengo que salir con el termo de agua caliente, la botella de agua fría, los biberones, la leche en polvo en un cacharrito… Que sacrificio sacarse la teta en cualquier momento y lugar.

-Con esos dientes, vaya mordiscos que te pegará- Pues exactamente los justos, para ser sinceros. Cuando empezaron a salirle, probó sus dientes en mis pezones un par de veces, le enseñé que eso no se hacía y se acabó. Lo mismo que prueban otros bebés sus dientes con los dedos de la madre o en una pierna jugosa que vea para pegarle un “bocao”. Es cuestión de enseñarle. Es cierto que alguna noche, cuando está dormida, aprieta los dientes, pero lo hace inconscientemente. En ese momento, le meto el dedo y le separo las mandíbulas, cual perro de presa, y a seguir descansando. Molesta, vale, pero tampoco es para tanto y tampoco lo hace siempre, ha sido solo un par de ocasiones.

¿Por qué parece que todo el mundo se empeña en criticar? ¿Es que esta sociedad ha avanzado tanto hacia un modelo de crianza “desapegado” que no se da cuenta de que lo natural es lo normal?

Somos MAMÍFEROS, sí señor, esta es la clasificación que tenemos. Y mamífero significa: clase de vertebrados de sangre caliente, con pelo y glándulas mamarias productoras de leche con la que alimentan a las crías. ¡¡¡Glándulas mamarias con las que alimentan a las crías!!! Entonces, ¿por qué la gente se sigue sorprendiendo de que alimente así a cría?

Desde el comienzo de la humanidad, hace millones de años, nuestros antepasados han dado de mamar a sus hijos. Y la especie ha evolucionado, ha habido grandes mejoras, todas para bien, como caminar erguidos, o tener un cerebro más grande y por tanto, ser más inteligentes. Se perdió el pelo que cubría nuestros cuerpos. Pero las tetas de las hembras, esas no han cambiado. Porque no necesitaban mejora. Porque la leche que sale de las hembras es, y será, el mejor alimento para nuestros hijos. Tantos millones de años y tantos millones de antepasados no pueden estar equivocados.

Entonces, dejad de hacer comentarios sobre la lactancia. Y esto se hace extensible a todas las madres lactantes, no sólo a mí. Dejad de criticar ni de opinar, dejad de hacer comentarios, que hacen que muchas mujeres, en algún momento de bajón, se pregunten si tanta gente en contra tendrá razón. Por los comentarios, y no sólo los que yo he puesto arriba, sino, otros peores (véase, tu leche no alimenta), muchas madres han fracasado en la lactancia. Y como está comprobado, la lactancia es el mejor alimento que se le puede dar a un bebé.

Y ya puesto, dar de mamar no es sólo alimentar. Es mucho más. Es cariño, consuelo, cobijo. Es seguridad, amor, risas.

Mi princesa no llora. Como decía en este post, mi hija es como los bebés africanos, va siempre en brazos (con portabebés, claro), colechamos y tiene libre acceso al pecho materno. Y siempre ha sido un bebé tranquilo, confiado, calmado, segura de sí misma. Porque en mí tiene esa seguridad.

Ahora que es más grande, es increíble cómo me busca cuando quiere mamar. En medio de un juego, de pronto se acuerda, viene, me baja la camiseta, mama un poco y sigue a su tarea. Y mucho más. Si se cae o se hace daño, inmediatamente, la teta es su forma más eficaz para calmarse, le quita todos los dolores, en la teta y en mis brazos, se relaja. Cuando algún día ha estado enferma, la teta de mamá se servía para curarse antes. Si está mala del estómago y no quiere comer, nunca ha rechazado la teta, de ese modo, estoy tranquila, porque está alimentada e hidratada. Cuando tiene sueño, la teta es su lugar favorito para dormirse. O simplemente, para reírse, a veces juega, chupa de una, chupa de la otra, se pone a hacer el pino, me río, se ríe, e inventa una nueva postura para mamar.
Y cuando me mira…..cuando sus ojos se clavan en los míos, ese amor que sale de ella, ese amor que siento por ella, eso, no es comparable a nada en este mundo.

Así que, sí, a todos los que se asombran, “todavía” sigo dándole teta, y lo seguiré haciendo todo el tiempo que ella quiera.

Colecho 2ª parte

Pues ahora le toca la segunda parte al tema del colecho, la de mi propia experiencia.

Mi primer hijo nació hace 11 años. Lo primero que hice fue poner la cuna en mi habitación, en mi lado de la cama. Cada vez que lo soltaba………buahhh, a llorar. Metía la mano por los barrotes y le acariciaba, le decía palabras tranquilizadoras, pero nada, no había manera. Así me pasaba las noches en vela, entre darle la teta y luego intentar que se quedara dormido en su cuna yo no conseguía pegar ojo. Una noche, sentada en la cama apoyada en la almohada mientras le daba de mamar, casi me quedo dormida y me asusté pensando que se me podía haber caído de los brazos. Así que empecé a darle la teta tumbada y como así estaba más relajada, me quedaba dormida, y él también, claro. Nos despertábamos, a veces le intentaba pasar a su cuna, pero quería teta otra vez, así que a tumbarse y dormir. Y sin nadie que me dijera nada ni ningún libro para informarme, pensé que era la manera más cómoda para darle la teta y poder descansar, que durmiera pegadito a mí. Él también dormía mejor, porque no lloraba, ya que me tenía cerca.

Cuando el príncipe tenía 6 meses, me divorcié  y me tuve que ir a vivir a casa de mis padres.  Todo el mundo me decía que el niño dormía muy mal, que se despertaba mucho, que tenía que enseñarle a dormir, bla, bla, bla, y yo, sensible como estaba con la separación, pues les dejaba hablar. Alguien me prestó un libro que no quiero recordar (si, ese tan horrible en el que todos estáis pensando) para enseñarle a dormir, y yo, tonta de mí, guiada por presiones, lo intenté. Varias noches dejando llorar a la criatura, se me partía el corazón. Por suerte para todos, mi abuela vino a vivir también a casa de mis padres y el príncipe y yo tuvimos que volver a compartir habitación, así que dejarle llorar no tenía sentido, porque estiraba el brazo y me tocaba. Y volvió a dormir bien, porque tenía a mami al lado. Con los meses, compramos una cama supletoria, que juntábamos todas las noches para hacer una cama gigante y allí, juntitos, dormíamos los dos. Y como no nos quedaba otra, nadie no podía criticar ni decir eso de “se va a acostumbrar, luego no va a querer dormir solo…”

Cuando tenía casi 3 años, por fin pudimos irnos a nuestra propia casa los dos solos. Y allí, con una habitación nueva para él solito, no hubo mayor problema en que durmiera en su cama y en su habitación. Ahora, con 11 años, es un niño muy sensible y cariñoso, tiene un corazón enorme, es empático, ayuda a todo el que lo necesita…. No sé si tendrá algo que ver el haber compartido cama conmigo durante esos primeros años. Pero no se acostumbró a nada malo, al contrario.

Y llegamos a la princesa, que ahora tiene 13 meses. Con ella sí que leí, sí que me informé, pregunté, busqué, comparé información…..y con ella sí tenía claro que quería que durmiera en la cama con nosotros. Por todos los beneficios que le aporta, que ya comenté en el post anterior. Y por la comodidad.

Tenemos la cuna sin barrotes pegada al mi lado de la cama. Los primeros días, fueron un poco más incómodos, porque ella era muy chiquitina y dormíamos con el miedo a aplastarla. Es increíble cómo te acuestas sabiendo que ella está allí, y ni te mueves, oye. Al principio, a veces adoptábamos alguna postura rara y por la mañana nos dolía todo, pero enseguida, aprendes a colocarte y a dormir bien.

Y cómo me alegro de haber dormido con ella desde el primer día. Porque nos pegamos un susto enorme, y creo que gracias a dormir así, juntas, no pasó nada malo. Ella tenía sólo 4 o 5 días y llevaba todo el día con una especie de arcada, que le pasaba de vez en cuando. Algo se le removía, le subía a la boca y al fin, vomitaba un poquito y se quedaba tranquila. Pero esa noche, le volvió a pasar, sólo que no salía. Y nos despertamos, más que con el ruido que hacía de las arcadas, con los movimientos. ¡Y estaba azul, morada, no podía respirar! No consigo quitarme de la cabeza esa imagen, mi chiquitina, tan pequeña, con un tono nada saludable, con ojos de pánico, me miraba desesperada, con arcadas que no iban a ningún sitio y no la dejaban respirar (uf, se me han saltado las lágrimas de recordarlo), intentaba llorar pero no podía, daba manotazos al aire y movía las piernas descontroladamente. Rápidamente, la puse boca abajo, apoyada en mi antebrazo, con la cabeza bastante más abajo que el culete y le di unos golpecitos en la espalda y de su boca salió una bola amarilla y pegajosa, espesa, moco, mezclado con líquido amniótico y calostro (supongo). Ahí rompió a llorar desconsoladamente y ya recuperó su color natural. Por cierto, os recomiendo hacer un curso de primeros auxilios, o por lo menos tener unas nociones básicas, ya haré un post al respecto. Yo actué muy bien pero el padre de la princesa daba vueltas por la habitación, con las manos en la cabeza diciendo, “hay dios mío, hay dios mío”. Después de ese día, tuvimos más claro todavía que queríamos dormir con la niña.

A parte de este incidente horrible, y que creo que solucionamos a tiempo por estar durmiendo juntos, el colecho nos ha traído muchos beneficios, y alguna que otra molestia, todo hay que decirlo.

Como beneficio principal, el descanso. Dormimos juntas, por lo que ella casi nunca se despierta del todo, si quiere mamar, hace ruiditos, la pongo a la teta y sigue durmiendo, sin llegar a despertarse. Y yo sigo durmiendo también. Me imagino si tuviera que sentarme, darle la teta y esperar a que estuviera dormida del todo para volver a soltarla, la de horas de sueño que habría perdido. Y no quiero ni pensar en los niños a los que sacan de la habitación con pocos meses, la de paseos que se deben de dar las mamis por la casa a oscuras, y en invierno……..nosotras, tan calentitas en la cama.

¡Despertarse por las mañanas con su sonrisa, sus grandes ojos mirándome, sus manitas tocándome, no tiene precio!

Al principio, hablar de dormir con ella en la cama, no despertaba muchos comentarios, porque era muy pequeña y la gente entendía que nos ayudaba en la lactancia nocturna. Pero ahora que tiene l13 meses, ya empiezan a hacerme comentarios de que debería sacarla de mi cama y de la habitación. Y evidentemente, hago oídos sordos. Antes intentaba explicar a la gente porque lo había, ahora ya paso, simplemente, asiento con la cabeza, o mejor aún, ya no comento este tema con nadie. Cuando me preguntan qué tal duerme la niña, siempre digo que muy bien y cambio de tema (tampoco suelen entender que los niños de teta se despiertan varias veces a mamar y que es totalmente normal).

Y como inconveniente, tengo que decir que de vez en cuando se mueve mucho, así que a veces me despierta un pie en la cara o directamente, ella se tumba encima de mí.

Os dejo esta ilustración, de las formas de dormir que hemos tenido, creo que las hemos probado casi todas, jejeje.

 Colecho

Colecho 1ª parte

Hoy voy a hablar del colecho. De la parte teórica, pero también, de mi experiencia, que creo que además de la teoría, siempre viene bien un punto de vista personal. Como me pasa cada vez que me pongo a escribir, me lío y me lío y al final me queda muy largo, así que lo voy a dividir en dos parte, primero la teoría y mañana la experiencia. 🙂

Últimamente, mucho se habla sobre esta práctica, o no tanto, porque en muchos casos, es una práctica “oculta”. Muchas familias duermen con sus hijos, pero no lo dicen, por miedo a las críticas. Como en todos los temas relacionados con la maternidad, parece que todo el mundo tiene derecho a opinar. Y si dices que duermes con tus hijos, te espera una crítica segura; que si le vas a aplastar; que si le estás mal acostumbrando; que si luego no lo sacas nunca de tu cama….

El colecho es dormir con los hijos. Para ello, se puede dormir en la misma cama o adosar una cuna u otra cama a la cama familiar, dependiendo del tamaño de la habitación, de la edad y del número de los hijos. Esta es una práctica normal en muchas partes de mundo, pero no en nuestra sociedad. Y a lo largo de la historia, el colecho también ha sido una práctica habitual, donde las casas eran pequeñas y tenían un solo cuarto en el que dormían todos juntos. Es en la época moderna, cuando las casas empiezan a tener más habitaciones, cuando se empieza a separar a los hijos a otros cuartos.

El colecho tiene bastantes ventajas. Y también algún pequeño inconveniente. Y hay, como en todo, firmes defensores y multitud de opositores. Si buscamos información sobre el tema, podemos encontrar de todo. Como yo digo siempre, la información es poder, así que creo que todo el mundo debería tener la opción de conocer todas las informaciones y después, decidir en función de sus gustos u opiniones.

Aquí, lo que plasmo es mi propia opinión y mi propia experiencia, que es totalmente a favor del colecho.

Primero, vamos con las desventajas, o más bien, con los inconvenientes:

Una desventaja es el peligro de aplastar o ahogar al bebé con nuestro cuerpo. El peligro existe, es cierto, aunque pensándolo bien, es bastante difícil que esto ocurra. Por lo general, una vez dormidos, no nos caemos de la cama, y del mismo modo, sería casi imposible que nos moviéramos y aplastáramos a nuestro bebé. Pero siempre hay que tener en cuenta que esto es en condiciones normales. En caso de haber ingerido drogas, alcohol o somníferos, sí que sería mejor, por precaución, no compartir la cama con un bebé. También recomiendan no colechar si se está muy obeso. En el resto de los casos, no hay mayor peligro de aplastar al bebé.

Hay que tener en cuenta una serie de normas para que el colecho sea seguro:

• No ingerir drogas, alcohol ni somníferos. • Dormir en una superficie firme, sin almohadas, sin huecos entre la pared y el colchón donde pueda meterse el bebé. • No fumar en la habitación. Los padres no deberían fumar, las primeras semanas de vida, los riesgos de síndrome de muerte súbita aumentan en caso de padres fumadores, por lo que en este caso, no se debería compartir la cama. • El bebé siempre debe dormir boca arriba. • No abrigar demasiado al bebé ni tener la habitación demasiado caliente. • La decisión de dormir con el bebé debe ser respetada por ambos padres, y ambos tienen que respetar las mismas normas de seguridad. • Los primeros días, es mejor que el bebé duerme entre la madre y la pared o la cuna, hasta que el padre sea consciente de la presencia del bebé. • Poner barreras en la cama cuando el bebé empiece a moverse, para evitar caídas fortuitas.

Como ventajas encontramos: • Dormir con el bebé, ayuda a la lactancia materna. Los bebés tienen acceso más fácilmente al pecho materno, lo que ayuda a un buen establecimiento de la lactancia. Los bebés que duermen con la madre maman muchas más veces y durante más tiempo que lo que duermen en otra habitación. • Dormir con los padres ayuda a regular la respiración de los bebés, la respiración se sincroniza con la de la madre. Hay estudios que defienden que el colecho previene la muerte súbita del lactante, porque dormir de cara a la madre, hace que el dióxido de carbono que exhala la madre en cada respiración, estimule la respiración del bebé. (James Mckenna) • También hay estudios que indican que el colecho mejora el ritmo cardíaco y la presión sanguínea. (James McKenna) • El colecho refuerza el vínculo padres-hijos. • El colecho, ayuda a atender las necesidades del bebé más rápidamente. El niño no necesita llorar para avisar a su madre de que necesita algo. Esto hace que los bebés sean más seguros. • En caso de algún peligro o problema, como vómitos, fiebre, mal estar, dormir con el bebé hace que los padres se den cuenta mucho antes de estos problemas que si el bebé durmiera en otra habitación. • Para los padres, es mucho menos cansado dormir con los bebés, porque no hay que levantarse para atenderlos, con lo que se descansa mejor.

«¡Por supuesto que los niños no quieren dormir solos! No quieren, ni deben. Los bebés recién nacidos no están preparados para un salto a la nada: a una cuna sin movimiento, sin olor, sin sonido, sin sensación de vida. Esta separación del cuerpo de la madre causa más sufrimientos de lo que podemos imaginar y establece un sinsentido en el vínculo madre-niño.» Laura Gutman

Y mañana, mi propia experiencia con mis dos hijos.

La importancia de los talleres de porteo

Cada vez hay más familias que quieren portear a sus hijos, un gran paso adelante en nuestra cultura de «abandono» de los hijos durante horas en la cuna. El problema radica en la falta de información veraz y contrastada. Muchas de estas familias van a tiendas de puericultura, donde el dependiente, bien por desconocimiento, bien por su afán de ventas, les ofrece unas mochilas «colgonas», vendiéndoselas como maravillosas y comodísimas. O incluso, alguna bandolera, también de marca de cochecito, que no se puede regular, ni para el tamaño del portador, ni para el tamaños del bebé. Y es aquí cuando nos encontramos que el porteo fracasa.

Hasta mi han llegado bastantes mamás que han tenido malas experiencias con este tipo de productos, como que les duele la espalda, el bebé cuelga mucho, necesitan sostenerle con los brazos o se pierde dentro de tanta tela. Estas mamás, por suerte, me han encontrado o han encontrado alguna otra página de porteo ergonómico, y quieren darle una segunda oportunidad a los portabebés, ergonómicos, por supuesto. Otras, en cambio, reniegan del porteo para siempre, aduciendo que es muy incómodo. La otra tarde, sin ir más lejos, en el supermercado, una señora estaba empeñada en que yo cogiera el carro de la compra que llevaba asiento de bebé para poner a mi princesa, porque «llevarla ahí colgada te hace daño en la espalda». Por más que traté de explicarle que las dos íbamos muy cómodas, ella seguía diciendo que me tenía que doler la espalda, mientras empujaba el carro de su bebé y tiraba de una cesta de la compra con la otra mano.

Es bien sabido por todos (o no tanto) que los portabebés ergonómicos no están tan extendidos como deberían. También he conocido a gente, que queriendo usar un fular, han pasado por tiendas de puericultura, donde no solo no tenían, sino que han tratado de quitarles la idea de la cabeza.

Y aquí es donde llegamos a la importancia de los talleres. Actualmente, realizo talleres en varios Centros de Salud, bien en clases de preparación al parto, bien en talleres de lactancia. Son talleres básicos, donde hablo de los beneficios del porteo, de llevar a los bebés en brazos y donde les enseño todos los tipos de portabebés ergonómicos que existen y la diferencia con las mochilas colgonas. Además, les enseño como se usan cada uno de ellos y como, con un portabebé, se puede dar de mamar perfectamente, facilitando así la lactancia y el poder seguir realizando otras actividades al mismo tiempo. En estos talleres, las madres comprueban por sí mismas, lo cómodos que resultan de usar y ven claramente las diferencias entre un portabebé ergonómico y uno que no lo es. Las embarazadas practican con muñecos. Y en las clases de lactancia, las mamás prueban los portabebés con sus hijos, comprobando las virtudes de estos mismos.

Estos talleres, sirven para difundir el porteo y para que las mamás se vayan concienciando de que llevar a sus bebés en brazos no es nada malo, muy al contrario, tiene un montón de beneficios para los bebés y para los padres también.

Desde los Centros de Salud, se debería promover más este tipo de talleres, totalmente gratuítos. Pero muchas veces me encuentro con puertas cerradas, bien por razones administrativas, bien porque el propio personal sanitario del centro no está muy por la labor….

Yo estoy contenta, porque, actualmente, en 4 Centros de Salud de la zona sur de Madrid, apuestan por este tipo de talleres. Pero creo que se debería hacer más.

¿Que opinas tu? ¿Te gustaría asistir o haber asistido a uno de estos talleres?

¿Por qué los bebés africanos no lloran?

Hoy he traducido un artículo que me ha parecido muy interesante. Se basa en que los bebés africanos no lloran, porque básicamente, viven colgados del pecho de sus madres, son porteados continuamente y maman a todas horas. Pertenece a este blog. Es un fragmento del libro de Niala In culture parent.

La Dra. J. Claire K. Niala es madre, escritora y osteópata que disfruta explorando las diferencias que afortunadamente todavía existen entre las diversas culturas de todo el mundo. Ella nació en Kenia y creció en Kenya, Costa de Marfil y  Reino Unido. Ha trabajado y vivido en tres continentes y ha visitado al menos un nuevo país cada año desde que tenía 12 años de edad. Sus compañeras de viaje favoritas son su madre y su hija, cuyas historias e interés por los demás, la ha llevado a comprometerse con el mundo de un modo que nunca habría imaginado.

Nací y crecí en Kenia y Costa de Marfil. A los quince años me fui a vivir a  Reino Unido. Sin embargo, siempre supe que quería criar a mis hijos (cuando los tuviera) en mi casa en Kenia. Y sí, asumí que los iba a tener. Soy una mujer africana moderna, con dos títulos universitarios, y la cuarta generación de  mujeres trabajadoras, pero cuando se trata de niños, soy típicamente africana. La realidad es que tú no estás completa sin ellos, los niños son una bendición y hay que estar loco para evitarlos. En realidad, la cuestión ni siquiera se plantea. 

Comencé mi embarazo en el Reino Unido. El deseo de dar a luz en casa era tan fuerte que dejé mis prácticas, mi nuevo negocio y me mudé de casa y de país a los cinco meses de descubrir que estaba embarazada. Hice lo que la mayoría de las madres embarazadas en el Reino Unido hacen –  leí vorazmente: “Our Babies, Ourselves”, “Parenting Incondicional”, cualquier cosa de Sears – y la lista sigue. (Mi abuela comentó más adelante que los bebés no leen los libros y todo lo que realmente necesitaba era «leer2 a mi bebé). Todo lo que leía decía que los bebés africanos lloran menos que los bebés europeos. Y estaba intrigada en saber por qué.

Cuando volví a casa, observé. Busqué a madres y bebés y estaban por todas partes, aunque los bebés más pequeños, de menos de seis semanas, estaban principalmente en las casas. Lo primero que noté es que a pesar de estar en todas partes, en realidad es muy difícil «ver» a un bebé keniata. Por lo general están muy bien envueltos, antes de ser porteados por su madre (a veces el padre). Incluso los bebés mayores atados a la espalda están protegidos de la intemperie por una manta grande. Tendrías suerte de ver una extremidad, no digamos un ojo o la nariz. La envoltura es como una réplica del vientre materno. Los bebés son literalmente, protegidos en un capullo del estrés del mundo exterior en el que están entrando. 

Mi segunda observación fue de índole cultural. En el Reino Unido, se entiende que los bebés lloran. En Kenia, era todo lo contrario. La normal es que los bebés no lloran. Si lo hacen, hay algo terriblemente mal y hay que hacer algo para corregirlo inmediatamente. Mi cuñada inglesa lo resumía así: «a la gente realmente no le gusta que los bebés lloren ¿verdad?» 

Todo tuvo mucho más sentido cuando finalmente di a luz y mi abuela vino de la aldea para visitarnos. Dio la casualidad que mi bebé hizo lloraba mucho. Exasperada y cansada, se me olvidó todo lo que había leído y algunas veces me unía a su llanto también. La solución para mi abuela era simple, «Nyonyo amamántala! “Esa era su respuesta a cada quejido.

Hubo momentos en que se trataba de un pañal mojado, o que la había soltado, o que necesitaba eructar, pero mayormente, lo único que ella quería era estar en el pecho. No importaba si estaba comiendo o simplemente descansando. Yo la porteaba la mayoría del tiempo y dormía (colechaba) con ella, así que esto fue una extensión natural de lo que estábamos haciendo. 

De repente aprendí el no tan difícil secreto del alegre silencio de los bebés africanos. Era una simbiosis sencilla entre necesidad y conocimiento, que requería la suspensión total de las ideas prefijadas de lo que debería ocurrir y el abrazo de lo que realmente estaba pasando en ese momento. La conclusión fue que mi bebé se alimentaba mucho, mucho más de lo que yo había leído, y al menos cinco veces más que algunos de los programas de alimentación más estrictos que había visto

Sobre  los cuatro meses, cuando una gran cantidad de madres urbanas comienzan a introducir los alimentos sólidos como recomiendan algunas guías de alimentación para bebés,  mi hija volvió a su estilo de lactancia de bebé recién nacido, mamando cada hora, lo cual fue un shock total. En los últimos cuatro meses, el tiempo entre una toma y había comenzado a espaciarse lentamente. Incluso había comenzado a tratar a pacientes sin que mis senos gotearan  o la niñera de mi hija interrumpiera la sesión para hacerme saber que mi hija necesitaba mamar.

La mayoría de las madres de mi grupo de mamás y bebés había empezado a introducir arroz para bebés (para alargar las tomas) y todos los profesionales involucrados en la vida de nuestros hijos, pediatras, incluso doulas, decían que era correcto. Decían que las madres necesitaban descansar también, que lo habíamos hecho increíblemente bien por haber amamantado en exclusiva durante cuatro meses, y nos aseguraron que nuestros bebés estarían bien. Algo no me sonaba real e incluso cuando trataba, con poco entusiasmo, de mezclar un poco de papaya (la comida tradicional de destete en Kenya), con leche extraída y ofrecérsela a mi hija, ella no tomaba nada.

Así que llamé mi abuela. Ella se rio y me preguntó si había estado leyendo libros de nuevo. Con mucho cuidado, me  explicó cómo la lactancia materna era cualquier cosa menos lineal. » Ella te dirá cuando esté lista para comer, y su cuerpo también lo hará. » 

«¿Qué voy a hacer hasta entonces?” Estaba ansiosa por saberlo

«Haz lo que hacías antes, Nyonyo, tienes que ser regular»

Así que mi vida que mi vida se desaceleró a lo que parecía un punto muerto otra vez. Mientras muchas de las madres de mi grupo se maravillaban de cómo sus hijos dormían durante más tiempo ahora que habían introducido el arroz para bebés, e incluso se aventuraban con otros alimentos, yo me despertaba cada una o dos horas con mi hija, y tenía que decirle a mis pacientes que la vuelta al trabajo no iba a ser como lo había planeado. 

Pronto me di cuenta de que, inconscientemente, me estaba convirtiendo en un servicio de apoyo informal para otras madres. Mi número de teléfono pasaba de mano en mano y muchas veces, mientras daba de mamar a mi bebé, podía oírme a mí misma diciendo: «Sí, sólo tienes que seguir amamantándola. Sí, incluso aunque acabes de darle de mamar. Sí, posiblemente no seas capaz ni de quitarte el pijama en todo el día. Sí, todavía necesitas comer y beber como un caballo… No, ahora puede que no sea el momento de volver a trabajar si puedes permitírtelo. «Y, por último, le aseguraba a las madres: » Va a ser más fácil a partir de ahora.» Yo misma tuve que creerme esto último, aunque para mí, todavía no se había vuelto más fácil.

Aproximadamente una semana antes de que mi hija cumpliera cinco meses, viajamos  a Reino Unido para una boda y para que conociera a la familia y amigos. Como tenía muy pocas exigencias, podía mantener fácilmente su horario de alimentación. A pesar de las miradas desconcertadas de muchos extraños cuando alimentaba a mi hija en diferentes lugares públicos (la mayoría de las designadas salas de lactancia estaban en baños que yo no habría utilizado para mí misma), nosotras seguimos adelante.

En la boda, la gente de la mesa donde nos sentamos señalaba: «Ella es como un bebé tranquilo, aunque se alimenta mucho». Yo guardaba silencio. Otra mujer comentó, “Leí en algún sitio que los bebés africanos no lloran mucho”. No pude evitar reírme.

 

La sabiduría de mi abuela:

1-    Ofrece el pecho a cada momento que tu bebé se sienta mal, incluso si ya lo has alimentado.

2-   Colecha (duerme con tu bebé). Muchas veces puedes alimentar a tu bebé antes de que esté completamente despierto, lo que os permitirá volver a dormir más fácilmente  y descansar mejor.

3-    Lleva siempre una botella de agua templada a la cama, lo que te permitirá hidratarte y hacer que la leche fluya.

4-   Aliméntate correctamente (sobre todo durante el periodo de crecimiento) y que toda la gente a tu alrededor te ayude en todo lo que pueda. Hay muy pocas cosas que no pueden esperar.

5-   Lee a tu bebé, no leas libros. La lactancia maternal no es lineal, va arriba y abajo, e incluso en círculos. Tú eres la única experta en lo que tu bebé necesita.

La lactancia y los dientes

Después de los primeros días de lactancia, donde tenía los pezones hipersensibles de la succión continua de la princesa y hasta el agua de la ducha me escocía, la lactancia ha sido un camino de rosas.

Hasta que la princesa cumplió 9 meses y sus dos primeros dientes hicieron aparición. Eran los dientes de abajo y como la lengua se interponía entre el pezón y ellos, no hubo mucho problema. Algún día, quiso probar cómo funcionaban y los apretó contra el pezón, pero bastó con decirle varias veces que eso no se hacía, con la voz un poco seria, para que ella lo entendiera a la perfección.

Y así, siguió nuestra feliz lactancia.

¡¡Y de pronto, los 4 dientes de arriba decidieron aparecer a la vez!!

Y ahora no se interpone la lengua entre ellos y mi pezón….

Morderme queriendo, pues lo ha hecho un par de veces, imagino que de nuevo, para probar esas cosas nuevas que tiene en la boca. Pero, como la otra vez, ha bastado con retirarla del pezón, decirle que no y en seguida se ha dado cuenta de que no se muerde (ni el pezón ni a nadie, que eso también hay que saberlo). Por cierto, es muy importante no gritar ni asustarse cuando te muerden, y es fácil decirlo pero difícil hacerlo………. Poco estás tan relajada, con tu pequeña mamando, y de pronto y sin previo aviso, zas!, mordisco al canto. El susto que te pegas y el dolor que sientes te provocan dar un grito. Pero, es lo peor que puedes hacer, porque la peque se lleva un susto también que no veas, y se pone a llorar desconsolada. Así que, mejor aguantarse las ganas de chillar y pasar directamente a la parte de explicarle las cosas. Con todo, durante unos días, la lactancia es un poco como una peli de miedo, porque estás esperando que llegue el mordisco y no eres capaz de relajarte.

Y una vez superada la fase esa en la que te muerde y tú le enseñas a no hacerlo, pues vuelve a ser una lactancia placentera……….o no. Porque aún me queda una parte.

La parte del sueño. Por la noche, cuando se está durmiendo o cuando se medio despierta para su toma nocturna, hay veces que de pronto, aprieta la mandíbula cual perro de presa. Y eso sí que lo hace sin querer. ¡Ay que dolor! Yo que me estaba quedando dormida y siento como unos dientes se clavan en mi pezón. Y lo malo es que no es cuestión de un mini segundo y ya, noooo, tengo que meter un dedo por el lateral de su boquita para que me suelte. Uffff, esa parte sí que la llevo mal. Y no sé cómo hacer para evitarlo. Porque ella está dormida profundamente.

Si es a la hora de llevarla a la cama, ya he encontrado la solución, cuando veo que se ha quedado dormida, en vez de seguir un rato más con el pezón en la boca, se lo saco despacito y así no me arriesgo.

Pero el problema es en mitad de la noche, porque como las dos estamos tan cansadas, normalmente, mientras mama, yo me quedo dormida con ella (bendito colecho), pero claro, así ya no puedo controlar lo de sacarle el pezón de la boca… Algunas noches me he quedado despierta para hacerlo, pero la mayoría de las veces no lo consigo y me duermo. Y por suerte, la mayoría de las veces no lo hace, no me muerde. Pero las ocasiones en las que sí lo hace…… me despierto con un dolor. Que por las mañanas, tengo la marca de los dientecitos alrededor de mi pezón.

¿Alguien sabe cómo evitar esos mordiscos nocturnos?

¿Cómo se puede aumentar la producción de leche materna? (2ª parte)

A pesar de saber que lo único realmente infalible para aumentar la producción de leche es la estimulación, vamos a ver diferentes mitos que están muy extendidos, sobre remedios para aumentar la producción de leche materna. La mayoría de estos remedios no han sido probados científicamente, no hay constancia de que tengan alguna acción sobre la producción de leche.

Galactogogo- sustancia que aumenta la producción de leche materna.

Cerveza (levadura de cerveza)– Es un buen suplemento nutricional, pero no hay ninguna prueba de su eficacia como galactogogo.

Cardo mariano- Se carece de estudios que demuestren su eficacia. No se han demostrado efectos galactogogos. Se suele consumir en forma de té. Actualmente también se comercializa en forma de medicamento (promil). Dos estudios realizados con vacas y mujeres le atribuyen efectos galactogogos, pero la metodología de estudio es defectuosa.

Galega officinalis o ruda cabruna- Es una planta herbácea de la familia de las fabáceas. No hay ningún artículo científico que demuestre el aumento de la producción de leche. Es poco seguro para utilizar durante la lactancia. Dos recién nacidos se intoxicaron gravemente tras beber sus madres dos litros diarios de una mezcla de galega, regaliz, hinojo y anís.

Alholva o fenogreco- planta leguminosa, se utilizan sus semillas. No está documentado que aumente la producción de leche. No es tóxica, pero a altas dosis puede producir hipoglucemias.

Alfalfa- Recomendada en algunos herbolarios para aumentar la producción de leche. Se ha documentado como poco seguro durante la lactancia.

Hinojo– Hierba que se utiliza para aumentar la producción de leche. Contiene un alcohol que puede ser dañino para el bebé. Considerado como poco seguro.

Albahaca– Se consume en forma de té. Su uso está desaconsejado por efectos nos probados y potencial toxicidad.

Leche vaca- la producción de leche materna no tiene nada que ver con la cantidad de leche ingerida. Ningún otro mamífero consume leche de otra especie durante la lactancia.

Anís- Consumido en forma de semillas. Es poco seguro consumirlo durante la lactancia. Incluso puede disminuir la producción de leche.

Agua- La hidratación de la madre no tiene nada que ver con la cantidad de leche que se produce. Si bien es cierto que las primeras semanas, las madres suelen notar más sed al dar de mamar, no debe confundirse esto con la necesidad de agua para la lactancia.

Earth mama angel baby- Marca de tés orgánicos que venden para aumentar la producción de leche materna. Entre otros ingredientes contiene: hinojo, alholva, cardo, anís y alfalfa.

Tampoco tienen efectos probados otros métodos como leche de almendras, avena, ginseng, zarzaparrilla…. e incluso alguno de ellos tiene el efecto contrario y pueden disminuir la producción de leche.

Galactogogos farmacológicos- son medicamentos que estimulan la producción de prolactina.

Estos medicamentos se utilizan bajo supervisión médica y sólo se utilizan en casos muy concretos: Para inducir la lactancia en una madre que va a adoptar un bebé; para volver a dar de mamar después de un destete (relactar); en caso de hipogalactia real por enfermedad de la madre.

Los medicamentos que se utilizan como galactogogos no fueron creados con tal fin, sino que el aumento de prolactina es un efecto secundario. Son medicamentos galactogogos la metoclopramida, que se utiliza para nauseas y vómitos; la domperidona, que se utiliza para las nauseas y vómitos y otras molestias gástricas; y el sulpiride, que es un antipsicótico.

Datos extraídos de la web e-lactancia

 

CONCLUSIONES

  • Dar de mamar a demanda, poner el bebé al pecho cada vez que lo necesite. Ofrecerle incluso aunque no lo pida.
  • No hacer caso de consejos de NADIE que nos diga que tiene que mamar cada “X” horas o durante “X” rato.  La lactancia a demanda, es a demanda
  • Conocer cuando nuestro bebé puede tener una crisis de crecimiento, momento en el que estará unos días pidiendo mamar más a menudo, para aumentar la producción de leche y satisfacer sus necesidades diarias. Si sabemos esto, no nos agobiaremos pensando que el bebé pide más veces porque se queda con hambre.
  • No ofrecer chupetes para calmar al bebé. Es mejor ofrecer el pecho, porque estimulará la producción.
  • Un biberón introducido es una toma materna perdida. Cada vez que a un bebé se le ofrece un biberón porque parece que tiene hambre, es una vez menos que se estimula el pecho, lo que conduce a menor producción de leche materna. Esto hace entrar en un círculo vicioso, que si no se para a tiempo, puede llegar a cargarse la lactancia totalmente.
  • No se deben utilizar infusiones ni remedios caseros para aumentar la producción de leche.
  • La succión del bebé al pecho es el estímulo más potente para la secreción de prolactina y la producción de leche.

¿Cómo se puede aumentar la producción de leche materna? (1ª parte)

Esta es una pregunta a la que se han enfrentado multitud de mamás, madres que por desconocimiento, por comentarios de otras personas o por no conocer lo que le pasa a su bebé en ese momento, tienen la duda de si no tendrán suficiente leche para amamantar a su hijo. Pero no es una duda nueva. El hecho de tener poca leche, ha sido una preocupación constante a lo largo de la historia. Y multitud han sido los remedios.

La lactancia materna funciona bajo el principio de estimulación-producción. Cuanta más succión hace el bebé, más leche se produce. La pregunta es, ¿se puede tener poca leche? Pues sí, se puede, por dos motivos fundamentales.

El primer motivo, es la falta de estimulación. Si no se da el pecho frecuentemente, por dolor en los pezones, grietas, mastitis, o por ofrecer con horarios estrictos, la producción disminuye. Todo esto se soluciona, poniendo al bebé a mamar frecuentemente, buscando una postura adecuada para que el agarre sea óptimo, dejando que el bebé mame todo lo que quiera de un pecho antes de ofrecerle el otro.

El segundo motivo, y que es rarísimo, es una hipogalactia. Es una situación real de baja producción de leche, pero esto es debido a una enfermedad, por distintos motivos. En estos casos, en los que yo no voy a entrar, la madre en cuestión debería acudir a una asesora de lactancia o a un experto en el tema, donde le orienten sobre la solución a su problema.

Cuando los horarios entran a formar parte de la lactancia, es bastante fácil que esta fracase. La lactancia debe ser a demanda, sin horarios, sin presiones, sin mirar el reloj. Cada vez que el bebé lo desee. Cuando un bebé está muy hambriento, llora. Pero no hace falta llegar a ese punto, porque los bebés emiten señales que nos indican que quieren comer, como llevarse las manos a la boca, mover los labios, girar la cabeza buscando el pezón. Si madre y bebé están en estrecho contacto, es más fácil darse cuenta de todas estas señales y satisfacer la necesidad de alimento inmediatamente. Esto, se ve enormemente facilitado con el uso de portabebés, que nos permiten llevar a nuestro bebé bien cerquita, anticipándonos a sus necesidades y dándoles el pecho tan a menudo como sea necesario.

¿Y por qué hay que ofrecer el pecho con tanta frecuencia? Un bebé recién nacido, tiene el estómago del tamaño de una canica. La leche materna es de muy fácil digestión y teniendo en cuenta esas dos premisas, es fácil suponer que su estómago se vacía en seguida y necesita leche con mucha frecuencia. Para un recién nacido, sería normal mamar una media de 8-12 veces en 24 horas, aunque hay bebés que necesitan mamar con más frecuencia, sobre todo en épocas de brotes de crecimiento.

Las crisis o brotes de crecimiento son situaciones que experimentan todos los bebés, más o menos a edades similares, y que suponen un desajuste entre la oferta y la demanda. Durante esas crisis, los bebés necesitan más cantidad de leche, por lo que necesitan mamar con más frecuencia, para aumentar la producción y satisfacer sus necesidades. Si una madre está al tanto de esa crisis, sabrá que son periodos pasajeros, que se superan simplemente dando el pecho más a menudo. Pero estas crisis son una de las causas por las que una madre puede pensar que no tiene leche suficiente y empezar a complementar con biberones. Veamos más o menos cuando ocurren (son fechas orientativas, pueden variar un poco en cada bebé)

  • 15-20 días- el bebé necesita aumentar su ingesta y la única manera de conseguirlo es mamar con más frecuencia, para aumentar la producción. Ya sabemos que la lactancia funciona estimulación-producción. Esta crisis dura unos 4 días y luego el bebé vuelve a mamar de manera normal.
  • 6-7 semanas- El bebé necesita más volumen de leche y lo consigue mamando más a menudo. También se pueden dar comportamientos como que el bebé esté más intranquilo, llore al pecho, de tirones. Parece que en este periodo, cambia el sabor de la leche materna y algunos bebés lo notan y protestan. De nuevo, una vez superado este brote, el bebé volverá a mamar de su forma habitual.
  • 3 meses- es el momento en el que más madres comienzan a suplementar con lactancia artificial o dejan del todo la lactancia materna. A los 3 meses, se producen varios cambios, que llevan a muchas madres a pensar que ya no tienen leche suficiente. Estos cambios son:
    • El bebé mama de forma mucho más eficaz, lo que antes tardaba mucho rato, ahora lo consigue en pocos minutos.
    • El bebé se distrae más fácilmente.
    • La leche tarda más rato en salir, debido a un cambio en la producción. Algunos bebés se enfadan por esta espera y protestan.
  • 4 meses, 6 meses, 9 meses- pueden aparecer crisis o brotes en distintas etapas del crecimiento del bebé.

Si conocemos estos brotes y los tomamos con paciencia, amamantándolo tanto como él quiera, sin forzar, sin nervio y sin necesidad de suplementos, lograremos tener una lactancia satisfactoria.

No me cansaré de repetir, que la mejor manera para tener más leche, es la estimulación por el bebé. Pero tampoco se trata de tener más leche. Porque, si tuviéramos más leche de la que el bebé necesita, ¿qué haríamos con la leche sobrante? ¿Nos explotarían los pechos? El cuerpo y nuestras tetas son sabios, y producen la cantidad que necesita nuestro bebé.

Mañana continuaré con los mitos sobre los remedios para aumentar la producción de leche.

¿Las tetas vuelven a su sitio?

Esta es una pregunta que se hace mi amiga Una mamá muy feliz, y que creo que nos preguntamos todas muchas veces. Aquí la reproduzco con su permiso.

Chicas, ¿¿¿¿las tetas vuelven a su sitio de nuevo en algún momento???? ¿¿¿¿O las voy a tener reposando en la barriga ya para siempre????

¿¿¿Esa es otra, es que la barriga ya nunca se quita por mucho que adelgaces??? Yo veo a casi todas las mujeres que han sido mamás con barriga y a mí me está adelgazando todo menos la panza, se me están quedando una patillas de alambre…. pero la zona centro del cuerpo, entre la panza y las tetas…¡¡¡parezco una peonza!!! Vestida, tengo un pase, aunque voy a tirar los vaqueros de talle bajo y me compraré de esos completicos sobaqueros, para que me lo recojan todo, bueno, y para que las bragas que uso ahora no asomen dos palmos por encima del pantalón, porqué, yo no se vosotras, pero el otro día me probé un tanga con el cuerpazo que se me ha quedado…y el tanga desapareció por completo, ahora que cuando me lo quité parecía que me lo había tatuado.

Veréis, todo este rollo es porque voy a comprarme ropa interior nueva y no sé si comprarme los sujetadores push up o me voy a subir mucho las tetacas y ¡¡voy a parecer Yola Berrocal!! Estas ahora son elásticas, y por subir las puedo subir donde quiera…ay pero también bajan, vaya que si bajan. Qué pena de mis sujetadores que se me han quedado pequeños…aishhhhhh.

Mis tetas de antes tan bonicas, ahí bien puestas, desafiando a la gravedad, a veces no me ponía ni sujetador y no se notaba. ¿Habéis hecho la prueba del lápiz? Me metía un lápiz debajo de las tetas y no se sujetaba y ahora me puedo meter una caja entera de rotuladores Carioca, de las que traen color salmón y os aseguro que no se cae…

¡¡¡¡Bueno no obstante me encuentro guapísima y feliz!!!!

Escrito originalmente por Una mamá muy feliz, te cuento quien es aquí

La teta es mía

Que risas pasamos ayer por la tarde mi príncipe y yo.

Estábamos jugando en el suelo del salón con la princesa. En un momento dado, ella se acercó a mi y empezó a tirarme de la camiseta, buscando su teta querida. Saqué la teta y ella puso su enorme sonrisa, es lo que hace últimamente cada vez que ve la teta, sonreír de felicidad, anticipando el momento, jejeje.

El príncipe, que estaba un poco cansado de tanta actividad que realiza, y porqué no decirlo, también estaba un poco mimoso, me dijo que él también quería teta, pero en plan graciosillo. Le ofrecí la otra y el vino a acurrucarse a mi lado, pero sin acercarse demasiado al pezón, no fuera a rozarse, que él «ya es muy mayor para eso»… En el fondo, creo que le gustaría mamar también por los momentos de complicidad que comparto con la pequeña, pero como tiene 11 años, pues piensa que es muy mayor para eso y hasta le da un poquito de vergüenza.

El caso, empezó a jugar como si fuera a mamar y la pequeña, cuando lo vió, le empujó la cara, sin soltar su teta, eso sí. Nos hizo gracia, pero pensamos que había sido una coincidencia, y volvió a «hacer» que mamaba. ¡Y la princesa me ponía la mano en la teta, tapándola! Que risa nos pasamos. Cada vez que él se acercaba, ella le empujaba o cogía mi pezón y gruñía.

Vamos, que las tetas son de ella, no se hable más. Después de 1 año teniendo las tetas de mamá en exclusiva, cualquiera le dice nada, jajaja.

Me pareció tan gracioso, y a la vez tan tierno, como ella debe pensar que mami es para ella. De momento, dejaremos que siga amando a sus tetas, sin tener que compartirlas.

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