No hay mejor lugar que los brazos de mamá

Archivo para la Categoría "General"

Nueva etapa educativa – ESO

Ha llegado el momento del cambio. Lucas se me hace mayor y deja el colegio, ese donde estuvo 9 años, donde todo era conocido, para irse al instituto. ¡Y no me gusta ese cambio! Educación Secundaria Obligatoria, o ESO.

school-85619_1280

Cuando yo estudiaba, hace ya la porra de años, estábamos en el colegio dos años más. Dos años para hacernos mayores, para ser preadolescentes en el colegio, donde todos los profesores nos conocían, donde conocíamos a todos los compañeros…. Pero llegaron las reformas educativas, una, otra y otra más, cambios para «mejorar» supuestamente la educación en España. Aunque para mí que tanta reforma deja mucho que desear y la educación sigue siendo una asignatura pendiente…. Pero bueno, no voy a entrar en detalles de tanto cambio de educación, pues hasta yo me he perdido por el camino y he tenido que ir aprendiendo según nos tocaban los cambios.

Ahora salen del colegio dos años antes, con solo 12 años. Pretenden hacernos creer que el cambio es para mejor, puesto que antes la educación era obligatoria hasta los 14 años y ahora hasta los 16. Vale, hasta ahí de acuerdo, pero ¿por qué tienen que salir los peques del cole para entrar en el instituto con 12 años, con todos los cambios que eso conlleva?

Recuerdo cuando yo empecé el instituto. Tenía 14 años y me creía mayor. Cuando llegué el primer día, de pronto me sentí pequeña. Estaba rodeada de verdaderos chicos mayores, de 17,18, 19…. ¡¡¡Madre mía, que diferencia de edad!!! Pues imaginad ahora, cuando mi peque de 12 se ve al lado de uno de 18. Quieren hacerlos grandes antes de tiempo. El primer día, un chico mayor le dio una colleja. ¡¡Casi me da algo cuando me enteré!! Lucas me explicó que no había sido nada, que había sido de broma, que no le habían dado fuerte….pero yo atacada de los nervios, ya quería ir a hablar con el director del instituto. Y parece que ahí no acabó la cosa, a un amigo suyo le pusieron la zancadilla, se rieron de otros por ser pequeños…. Y eso que en el instituto nos aseguraron que estaban muy pendientes de los pequeños y que no pasaba nada. Pues yo, como madre de un niño de 12 años al que han soltado en un instituto lleno de chicos mayores que fuman en la valla en los recreos y de chicas que van enseñando más piel de la que yo considero adecuada para ir a clase, estoy un poco preocupada. Por lo menos, parece que después de una semana ya se han acostumbrado a verlos por allí y Lucas asegura que no ha vuelto a pasar nada.

Los horarios del instituto no tienen nada que ver con los del colegio, con los de la guardería ni con los de mi trabajo. Entra a las 8:25, vaya madrugón. Y sale a las 14:30 tres días a la semana y los dos restantes ¡¡¡sale a las 15:30!!! Evidentemente, con esos horarios que no son compatibles con los míos ni con los de su hermana, tiene que ir y volver solo, ¡como para no hacerle mayor! Vale que yo confío en él, que el curso pasado venía solo del cole (le llevaba yo cuando iba a trabajar y era sólo la vuelta), pero estaba más cerca. Este año tiene que cruzar dos calles-carretera de dos carriles en cada sentido, donde no hay semáforos, sólo paso de peatones que la mayoría de los coches se salta a la torera.

También cambia de aula en cada clase. Que digo yo, ¿no es más fácil que se muevan los profesores que tener que mover a una clase entera de alumnos? No digamos a las 5 clases de primero a la vez (y todas las demás). Si alguien tiene una explicación razonable para esto, me gustaría escucharla. Mogollón de niños andando por los pasillos con la mochila a cuestas hora tras hora. Los pobres van todo el rato cargados. Y en el patio, también con la mochila a cuestas. Supuestamente hay taquillas, digo supuestamente porque aún no sabemos nada. Así que en cada cambio de clase y en el recreo, carga con todos los libros, no puede dejar la mochila en clase porque luego tiene que ir a un aula diferente. Yo, en mi instituto, no me movía de clase, quizás en alguna asignatura suelta, pero eran los profesores los que se cambiaban. La verdad, no entiendo el motivo.

También me ha sorprendido MAE, Medidas de Atención al Estudio, es decir, la alternativa a religión. No voy a entrar en que sigo sin entender el motivo de que religión sea una «asignatura», que quita horas lectivas reales de materias de verdad importantes. Pues en educación secundaria nos encontramos con esto, que en el colegio llamaban «alternativa». MAE se supone que sirve para proporcionar técnicas de estudio y aprendizaje a los alumnos. En las dos semanas que lleva de clase, en la hora semanal de MAE no han hecho nada provechoso. Ponerse a hacer deberes, si les apetece. Hay un profesor, que parece que va cambiando según el día, que se sienta en clase a “vigilar” a los alumnos. Durante esa hora, Lucas me cuenta que estuvieron riéndose, haciendo bromas e incluso charlando amistosamente con el profesor sobre su vida marital y su pelo… L Pues sí, ya veo yo como ayudan a los alumnos a estudiar. Evidentemente, en una hora sin sentido, en la que no van a puntuarles nada, que no tiene peso académico…entiendo que los niños pasen de ponerse a hacer deberes o a estudiar y prefieran relajarse con juegos y risas. Y hay que decir que la clase de MAE está llena, creo que la clase de religión debe estar bastante vacía. ¡Vaya pérdida de tiempo! Ya podían usar esa hora para otras asignaturas importantes, profundizar en el inglés, repasar matemáticas, hacer ejercicio físico, o por qué no, para salir antes del instituto, total, para que pierdan el tiempo en clase, que se vengan a casa que ya lo aprovecharemos mejor.

No me gusta el cambio, ya lo he dicho. Le encuentro un poco perdido entre tanto cambio y tanta dejadez. Aún no hemos tenido ni una sola reunión de padres, para explicarnos algo, todo lo que sé, lo sé por Lucas, los padres, de momento, estamos excluidos de la educación de nuestros hijos. Yo quiero una enseñanza pública y de calidad, y esto no empieza por dejar a unos niños de 12 años solos ante tanta responsabilidad.

Primer día en la Escuela Infantil

Llegó Septiembre, y de nuevo, hay que volver al colegio. El año pasado, tuvimos nuestra primera experiencia, y a Sara le costó muchísimo, y a mí también, no os vayáis a creer. Se quedaba llorando todo el rato, cosa que a mí me partía el alma. Y a pesar del periodo de adaptación, siguió llorando durante varias semanas. Aquí conté la historia. Mucha gente me decía que la niña lloraba por mi forma de criarla, por dejarla dormir conmigo, por abrazarla y llevarla en brazos, por seguir con la teta…. ¡mira que le gusta a la gente criticar! Pues resulta que los primeros días el año pasado, había muchísimos niños que se quedaban llorando, que salían con los ojos hinchados de todo lo que habían llorado en clase. Si bien es cierto que alguno habría que compartiera cama, brazos y teta con su madre, seguramente, muchos de esos niños que también lloraban dormirían solos, irían en carro y tomarían biberón, lo que quiere decir que los niños no lloran por haber sido criados de una u otra manera. Los niños lloran por separarse de sus madres o padres, punto.

De nuevo, este año nos toca empezar. Hemos pasado (y seguimos pasando) unos meses muy duros. Después de que Sara se adaptase a la guardería, ya iba feliz y contenta, como conté aquí. Pero en abril cambió todo y volvió hacia atrás. Con toda la razón del mundo, la niña acababa de perder a su papá, y aunque no entendía lo que estaba pasando, sí sabía que su padre no llegaba a casa todas las tardes y eso hizo que ella lo notase y lo expresase a su manera, en este caso, sin querer despegarse de mí, y por ende, sin querer ir a la escuela. A mediados de Junio, dejé de llevarla, y hasta ahora.

El día 1, de nuevo comenzamos a asistir a la escuela infantil. Y de nuevo, nos está costando. Este año me resulta un poco más fácil explicarle las cosas, con 30 meses es más fácil que te entiendan, pero aun así, llora. Evidentemente, para ella es volver a separarse de mí, cambiar sus rutinas, levantarse más temprano… Aunque sabe que allí va a estar bien (porque eso es lo que yo le digo), no deja de ser un sitio “conocido” donde la dejo durante un tiempo indeterminado. Evidentemente, está con gente cariñosa, que la trata de maravilla y de momento, sólo la dejo 2 horas, pero ella no tiene noción del tiempo todavía, así que siente que la abandono allí con la promesa de ir más tarde a buscarla. Pero vamos mejorando. El primer día, desde que se despertó, me dejó bien claro que no quería ir y allí se quedó llorando. El segundo día, lloró varias veces antes de salir de casa. Y el tercero, se ha levantado contenta, diciendo que no lloraba y que en el cole iba a jugar…pero al llegar allí, no ha podido evitar ponerse a llorar de nuevo. Cierto que es que los tres días me he quedado un rato escondida bajo la ventana de su clase y al momento, ya la he oído charlar alegremente. Y al llegar a buscarla, me la he encontrado jugando animada en el patio, me ha enseñado el váter pequeñito donde hace pis y ha salido muy feliz.

Os cuento un poco cómo hacemos para que la vuelta al cole no sea muy traumática. Hace unos días compré este libro “A Lulú le gusta el colegio”. lulu2A Sara le gusta mucho leer y mirar los cuentos y ya teníamos “El orinal de Lulú”, que a ella le encantaba, así que decidí probar con este. Básicamente, en este libro, Lulú está asustada porque va a ir al colegio y se va a separar de su madre, pero enseguida descubre que el colegio es divertido. Lo hemos leído varias veces antes de empezar el cole, para que Sara vea que Lulú también va al colegio, también tenía miedo y también se lo pasa genial.

Además del cuento, hablo mucho con ella del tema, le explico las cosas que van a hacer en clase, lo bien que lo va a pasar, los juegos y canciones que va a aprender (últimamente le ha dado por cantar a voz en grito).

También funciona decirle que vamos todos al cole. Lucas va al cole de mayores, y yo voy al cole de mamás, así que Sara tiene que ir al cole de pequeños. Estos días, cuando la he recogido, ¡me ha preguntado si yo también he bailado en mi colegio!

Y los más importante, el cariño y la comprensión. Y un montón de besos y abrazos. Cuando la llevo, siempre va en brazos del coche a la escuela. Voy apretándola bien fuerte y dándole muchos besos, mientras le explico que mamá va a volver pronto a buscarla porque la quiere muchísimo. Y cuando la recojo no faltan los achuchones y caricias, además de preguntarle mucho sobre lo que ha hecho y decirle lo contenta que estoy que se lo haya pasado tan bien. Y cuando llora, cuando está triste porque no quiere ir, hablo con ella y le digo que la entiendo, que sé que no quiere separarse de mamá y de Lucas, pero que va a ser sólo un ratito y que no va a pasar nada. Y de momento, en sólo tres días que llevamos, parece que cada vez va más tranquila.

Y vosotros, ¿Cómo ayudáis a vuestros peques en la vuelta al cole?

Hoy hace cuatro meses que te fuiste

Hoy hace cuatro meses que te marchaste. Cuatro meses en los que me siento perdida y todavía, no sé muy bien cómo actuar. Cuatro meses de echarte de menos a cada momento. Y cuatro meses de sentirme sola. A veces tengo días buenos, días regulares, a veces malos, a veces peores.

Si, parece que suena raro, ya que hay mucha gente que me rodea, pero me siento sola. He comprobado que la gente, en general, no me entiende. Y lo entiendo, no te creas. Por desgracia, he comprendido que la gente que no ha sufrido una pérdida cercana e importante, no sabe por lo que estoy pasando. No, parece que esto es como un resfriado, que se cura en unos pocos días, quizás unas semanas, y ya debería estar de nuevo en forma, con ganas de hacer cosas que no me apetecen. Pero no, no tengo ganas de escuchar música, no me apetece arreglarme ni salir a comprarme ropa, no tengo ganas de teñirme el pelo, de ponerme pendientes ni de ir a la moda. Todo eso me parece superficial. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que este tema parece tabú. No se puede hablar de la muerte, así que nadie me pregunta cómo me siento en realidad, no hablan de ti, si sale tu nombre enseguida se cambia de tema. Pero para mí sigues aquí, te echo tanto de menos, necesito llamarte tantas veces y contarte cosas…. «Hace años cuando alguien moría, sus familiares más cercanos pasaban un tiempo de duelo: vestían de negro, sufrían y no salían de casa. El duelo era una época para pensar en la pérdida, vivir para la pérdida. Hemos pasado del duelo a la nada absoluta. Ahora se te muere alguien y en el tanatorio te dicen: tienes que superarlo. Pero ¿y el duelo? ¿Dónde queda el duelo, pensar en la pérdida, en lo que significa la pérdida? – Albert Espinosa, El mundo amarillo». Justamente, leí esto anoche.

Me fui unos días a la playa pensando desconectar, pero en realidad fue peor. Bajar a la playa y ver a tantos papás jugando con sus hijas, haciendo castillos de arena, disfrutando en la piscina… Y saber que tu no estas y que no vas a estar.

Y Sara… Uffff, no te imaginas lo que te echa de menos, lo que habla de ti. ¡Ay, las malas lenguas que decían que era muy pequeña y que en unos días te habría olvidado! Cada día, habla de ti, ponemos un vaso de leche para desayunar, o un cubierto en la mesa para comer, guarda un trozo de su comida para ti, o se enfada conmigo porque me he sentado en tu silla. Cuando está contenta, habla contigo mirando al cielo, y te cuenta cosas o te las enseña orgullosa. Por las noches, a veces mira por la ventana y te manda un beso. Esta mañana, al despertarse, cuando ha venido Lucas a la cama a jugar un rato con nosotras, ha organizado las almohadas y te ha guardado un hueco, para tumbarnos los cuatro en la cama. No sé cómo se le ocurren esas cosas, pero sí sé que es porque te echa mucho de menos. Y a mí se me parte el alma. Me duele todo de saber que nunca va a poder besarte, ni enseñarte sus logros de verdad. Y lo peor, me duele pensar que ella espera que vuelvas. No tengo ni idea de cómo se maneja esto, de cómo le explico a una niña de dos años que te has ido y no vas a volver.

Ayer pasé el día entero con tus padres. Cada vez que estoy con ellos, vuelvo a casa decaída y con un nudo en el estómago. Ellos están tan felices al ver a Sara, al ver sus logros, al compararla contigo. Yo aguanto el tipo, por ellos, por ella, pero después lo paso tan mal, me cuesta mucho. Aunque me encanta que le hablen de tí a Sara, que le enseñen tus fotos de cuando eras pequeño y le cuenten anécdotas tuyas. Aunque esa noche duerma peor que de costumbre.
Han pasado cuatro meses…

Malditos piojos…otra vez

Hace unos meses, en casa tuvimos la visita indeseada de los asquerosos piojos . Fue en Enero, aún de vacaciones de navidad, y creo que en esa ocasión los trajo Lucas del colegio. Pero como en casa somos tan de abrazos y achuchones (vaya, al final, esto de ser taaaaaaan cariñosos sí va a tener una desventaja), pues los cogimos todos, bueno, menos el papá, que como llevaba el pelo tan corto, los piojos no vieron dónde agarrarse. Pero Sara y yo…. ¡Ay madre, que asco! Bueno, toda la historia completa está en esta entrada, con los tratamientos que hicimos y lo que aprendí de la experiencia y de los mitos que rodean a estos bichos y su contagio.

Ahora, estamos en la playa. Me he venido unos días con mis padres para tratar de desconectar un poco. El caso es que al poco de llegar, unos o dos días llevábamos aquí, cuando Sara empezó a rascarse mucho la cabeza. Intenté mirarla a la luz del sol, pero la verdad es que ella no colaboraba mucho en estarse quieta. Pero en los ratitos que conseguí mirarla, no veía nada de nada. Ni un piojo ni una liendre. A mí también me picaba bastante y me rascaba, pero en mi caso no podía mirarme, y mi madre ve bastante poco. Así que no le di importancia, ya que a Sara no le veía nada. Lo achaqué a la arena de la playa, a la sal, al cloro de la piscina… y seguimos rascándonos todos un poco. Todos los días miraba a Sara un poco y nada. Hasta el otro día, por si acaso, le llené la cabeza de aceite de oliva y le puse un gorro casero, hecho con papel de plástico de cocina, por si acaso.

Todo iba bien, hasta hace un momento. Nos hemos levantado y Sara estaba con su teta del desayuno, las dos tan tranquilas sentadas en el sofá, cuando he visto caminando por la cabeza de mi niña a un piojo, ¡Paseándose tan tranquilo! Casi me caigo del asco. Pensando que serían imaginaciones mías, se lo he dicho a mi madre y ella también lo ha visto. Anda que el piojo ha corrido a esconderse el muy… ¡Qué va! Allí ha seguido paseando. No he podido ni desayunar del asco.

Me he ido zumbado a la farmacia, puesto que el remedio casero del aceite de oliva no ha tenido los efectos que yo esperaba. Y aquí estamos los tres, con el pelo recién lavado después del tratarnos un poco. He comprado dos productos distintos, uno para Sara, más suave, y el otro para Lucas y para mí. Y luego a la terraza con la lendrera, donde he podido comprobar que tanto Sara como Lucas, tienen la cabeza llena de liendres. ¿Cómo es posible que ayer mismo la mirara y no viera nada? ¡Y hoy parecen brillar a la luz del sol! Misterios de la vida.

Me pregunto, dónde y cómo los hemos pillado esta vez, puesto que los niños llevan más de un mes sin ir al colegio. Los piojos pasan de cabeza a cabeza, por el contacto directo, no saltan ni vuelan. Y después de todo lo que me informé la vez pasada, puedo decir que los piojos no viven fuera de la cabeza humana más de 24 horas, así que cogerlos en alguna parte, como en una piscina, es bastante difícil.

Pero bueno. Volveré a poner en práctica todo lo de la vez anterior, como vinagre para despegar las liendres, enjuague bucal para matar algún bicho restante dentro de un par de días y mucha paciencia para retirar todas las liendres que no salen en una primera pasada.

Y vosotros, ¿también habéis tenido problemas con los piojos en verano?

Me he acordado tanto de Jose… La vez anterior, en cuanto me di cuenta que tenía piojos, le llamé corriendo, siempre a él el primero, siempre mi confidente. Pero hoy, hoy no he podido llamarle para que me tranquilice con sus palabras. Si pudiera volver atrás en el tiempo…

 

El tiempo para conciliar el sueño

Sara tiene 28 meses. En todo ese tiempo, hemos compartido habitación y cama. Lo que en inglés se denomina co-sleeping y bedsharing y en España llamamos colecho, englobando los dos términos en uno.

Para nosotros, colechar, o compartir la cama, ha tenido (y tiene) multitud de ventajas. Desde la más importante, en los primeros días de vida de Sara, cuando en mitad de la noche se atragantó con una especie de mucosidad gigante, que no la dejaba respirar, y gracias a estar durmiendo pegada a mí, y empezar a dar manotazos (no hacía ningún ruido porque no le entraba el aire) yo pude despertarme, y salvarle la vida. Hasta ayudarnos a todos a descansar. El colecho, favorece la lactancia materna. Y ayuda al descanso nocturno. Como la mayoría de los bebés maman varias veces en la noche, el hecho de no tener que levantarse a la habitación de al lado a darle la teta, facilita mucho la tarea. Si, además, compartes cama, el bebé puede mamar sin casi despertar a la madre, o con despertares más breves. Además, cuando uno de los niños está enfermo, tenerlo durmiendo al lado nos ayuda a tenerlos más controlados, y también a estar nosotros más relajados. Muchísimos padres, con niños que duermen en otra habitación, cuando están malitos se los suelen llevar a su propia cama. Yo misma sigo haciéndolo también con Lucas, la última vez ya hace unos cuantos meses, pero me lo metí a la cama, yo en el medio entre los dos peques, y a Jose lo desterramos a la habitación de Lucas. Y qué decir de esos despertares, abrir los ojos y ver la cara de mi pequeña con una gran sonrisa, o notar sus manitas acariciando mi cara. Muchas veces, en mitad de la noche, simplemente, me despierto, la veo dormir feliz, y me vuelvo a dormir.

Los hábitos de sueño de Sara han cambiado bastante en estos 2 años. De despertarse a mamar unas 6 veces por noche, a dormir casi del tirón desde hace unos meses. Y todo ello, sin forzarla a nada. Ya sabemos que los patrones de sueño de los bebés no son como los de los adultos. Lo normal es que se despierten varias veces cada noche, eso lo saben la mayoría de los padres, cuando tienes un hijo, despídete de dormir bien durante muuuchos años. Aunque hay bebés que sí duermen del tirón desde el principio, o con pocos despertares, pero no es lo habitual. A lo que iba, que ellos solos van adquiriendo sus patrones de sueño, si los dejamos, de una forma respetada. Sin tener que forzarlos ni tener que someterlos a burradas conductistas para que “aprendan” a dormir solos a base de lloros.

Del mismo modo que su patrón de sueño nocturno ha cambiado, también ha cambiado la forma en la que se queda dormida. Al principio, simplemente, se dormía mamando. Un tiempo después, necesitaba pasearla por el pasillo, mamando en la bandolera. Un verano, en la playa, nos tocaba a su papá o a mí cantarle bajito, mientras la mecíamos en brazos. Una temporada empezó a coger muñecos para abrazarlos, aunque se dormía en la teta. Y así, variaciones varias. Todo este proceso de dormir, siempre me ha llevado entre 20 y 30 minutos, y luego podía salir de la habitación y seguir haciendo cosas……hasta ahora.

Ahora necesito consejo.

durmiendo

Desde hace algún tiempo, en casa dormimos bastante mal. Entiendo que después de la muerte de Jose, las cosas han cambiado. Raro es el día que me voy a la cama antes de las 2 de la madrugada. No puedo. Me meto en la cama y sólo puedo dar vueltas, pensar, preguntarme, llorar…vamos, que prefiere quedarme despierta. Al principio, algunos días tomaba medicación para dormir, pero nunca me ha hecho mucha gracia, y menos teniendo que estar pendiente de Sara. Ahora, simplemente espero a que sea muy tarde y se me cierren los ojos de sueño, tomo alguna infusión relajante y listo. Aunque no puedo dormir muchas horas seguidas, pero por lo menos no doy vueltas en la cama. Lucas también ha tenido unas cuantas noches moviditas. A veces, después de dejarle en la cama, se levantaba media hora después, porque no se podía dormir, y le tenía que hacer una tila o algo.

Y del mismo modo, entiendo que Sara, a su manera, también ha alterado su forma de dormir. Ella, aunque no entienda el motivo por el que no está su papá, sí que sufre porque no le ve, le llama, a veces le ponemos un plato y un vaso para comer, llora porque no viene…en fin, que ella también está alterada. Y lo entiendo. Su sueño nocturno no se ha visto afectado, sólo el momento de quedarse dormida. Y desgraciadamente, eso nos está afectando a todos.

Nunca me han molestado esos 20-30 minutos que necesitaba antes para dormirse. Mientras yo dormía a Sara, Lucas se duchaba, lavaba los dientes y preparaba la cama y luego ya teníamos un ratito para estar juntos. Hay que entender, que con una niña de 2 años, el rato que me queda para hacer cosas de “mayores” con Lucas es bastante escaso. Y él también necesita mi tiempo. Y eso se traduce en tiempo a solas para los dos por las noches. Pero desde hace algo más de 1 mes, esto no es así. Sara tarda más o menos, una hora en quedarse dormida, y Lucas se enfada, y lo entiendo. Algunas noches, cuando he conseguido salir de la habitación, el pobre ya estaba en la cama e incluso, un día estaba dormido. Él necesita un rato para disfrutar de su madre, contarme cosas sin que su hermana le interrumpa, poder ver algo en la tele sin tener que parar la peli mil veces, tumbarse encima de mí a que le acaricie el pelo sin que Sara venga corriendo a quitarle el sitio…

Los ratos de la teta empezaron a ser insoportables. Mamar más de media hora, con los dientes rozándome y su fuerza de succión, me destrozaban los pezones. Le pedía que se quitase, se enfadaba, lloraba, volvía a mamar, me ponía nerviosa…. Una noche, antes de dormir le expliqué un pequeño cambio. Le dije que le iba a leer un cuento, un poco de teta solo y a dormir. Un inciso para agradecer a Almu que nos haya hecho conocer a Lulú y su orinal, Sara se lo sabe de memoria y hasta lo “lee” ella sola. Yo lo compré en Amazon y a los dos días lo tenía en casa. Podéis leerlo todo en este post.

Bueno, pues esa parte ha funcionado. Leemos el libro, mama un poquito de cada teta y luego a dormir… Pero dormir, significa, ponerse a dar saltos en la cama, o a esconderse bajo las sábanas. A veces, pocas, se tumba directamente. Y yo con ella. Es requisito imprescindible que yo me tumbe y “que me duerma”, tengo que cerrar los ojos y hacer que duermo. Y con todo esto, se nos sigue yendo casi una hora, porque no para de dar vueltas y no se duerme. Y yo no puedo moverme de allí. Y el problema sigue siendo el mismo, que Lucas me está esperando fuera. Ya he intentado explicarle que mamá tiene que salir, que mamá va a hacer cosas, que se tiene que dormir, le he reducido la siesta a la mitad, la levanto pronto y la acuesto más tarde a ver si está más cansada y se duerme antes…hasta Lucas ha intentado quedarse con ella para que se duerme, pero ella no quiere, sólo quiere a mamá. Y mamá empieza a desesperarse un poquito, estando una hora así cada noche.

Nunca me he quejado del sueño de Sara. Siempre he sido consciente que su forma de dormir, sus despertares, eran normales. A veces he estado muy cansada, otras veces, menos, pero en general, lo he llevado bien. Pero ahora, no. Necesito consejo. Sé que debo tener paciencia, y si fuera sólo por mí, lo haría, pero no puede ignorar que tengo otro hijo que quiere que salga de la habitación para estar un rato conmigo. Por favor, ¿me contáis como hacéis vosotros para dormir a vuestros peques? Eso sí, ¡¡nada que implique castigos ni dejarla llorar, eh!!

Cierro la tienda Felizenbrazos

Debido a las circunstancias que rodean mi vida últimamente, me veo obligada a hacer algunos cambios.

Cuando nació Sara, decidí montar la tienda de portabebés y dedicarme a esto y a cuidar a mi hija. Cuando tenía 18 meses, me incorporé a trabajar, sólo 3 horas, para poder seguir con la tienda y con mi hija el mayor tiempo posible. Pero resulta que ahora, tengo que cambiarlo todo. He pedido ampliación de jornada,  porque con un solo sueldo, sin pensión y con los miles de gastos que tienen una casa y unos hijos, no llego a fin de mes. Evidentemente, el tiempo libre que tenga ahora, lo voy a aprovechar por entero a mis hijos. Y la tienda me roba mucho tiempo y me da pocas satisfacciones.

Tener un negocio online no es fácil. Hay que invertir mucho tiempo y mucho dinero, sobre todo en publicidad. Y también, mucha ilusión. Y no tengo ninguna de las tres cosas. Felizenbrazos no fue sólo un proyecto mío; la otra mitad del proyecto fue Jose. Él me apoyó y me ayudó a montarla, a mantenerla e incluso, era mi enlace directo con algunos clientes, que le han conocido a él personalmente en vez de a mí. Ahora, falta la mitad de la empresa, y no quiero seguir. Por eso, he decido cerrar la tienda.

Esto no es una despedida para siempre. Quiero decir, voy a cerrar la tienda online, pero no cerraré el blog ni la página de Facebook. Espero, dentro de algún tiempo, seguir escribiendo en el blog y compartiendo contenidos interesantes.

Con respecto a la tienda, esperaré hasta después del verano para cerrarla definitivamente. Mientras, iré poniendo productos en liquidación. Y aquí es donde quiero pediros un favor. Y es ayuda para poder vender las cosas. Pensad en el futuro, en el próximo invierno, en si estáis embarazadas y vais a necesitar un portabebé dentro de unos meses, en si vais a necesitar hacer un regalo dentro de algún tiempo. Quizás, ahora mismo, nadie necesite un cobertor de invierno, con el calor que hace, pero si sois previsores, podéis comprarme algunas cosas ahora a un precio realmente barato. Y también, os pediría que compartierais con otra gente, a ver si puedo terminar pronto de vender todas las cosas. Cada pocos días, iré poniendo productos en liquidación y lo voy anunciando también por la página de Facebook.

Pues eso es todo, www.felizenbrazos.com/ va a cerrar sus puertas. Aunque yo seguiré por aquí, tan a menudo como pueda. Muchas gracias a todos por haberme acompañado en este camino.

El engaño de las parejas de hecho

Querido lector, si estás esperando leer algo relacionado con la crianza, el porteo o la lactancia, ya te aviso que no voy a hablar de nada de eso y puedes dejar de leer tranquilamente. Por el contrario, si vives en pareja, estéis legalizados o no, o si conoces a alguien que viva en pareja sin estar casado, te interesa seguir leyendo.

Hace unos años, Jose y yo decidimos formalizar nuestra unión. Como yo ya había estado casada y no me había ido muy bien, decidimos informarnos sobre las parejas de hecho. Preguntamos un poco y nos dijeron que al inscribirnos como pareja de hecho, tendríamos casi los mismos derechos y deberes que los matrimonios, excepto que no podríamos hacer la declaración de la renta de forma conjunta. También nos dejamos aconsejar por otras parejas, que nos decían que era lo mismo que estar casado, que a efectos legales era lo mismo… Como conocíamos a varias parejas que se habían formalizado de esta manera, nos pareció correcto y así lo hicimos. Nos informamos en el ayuntamiento, llevamos los papeles que nos requerían y firmamos con unos testigos. Hasta nos dieron 15 días por matrimonio en el trabajo y nos fuimos de luna de miel. Y ahí quedó todo, no volvimos a pensar en el tema….hasta ahora.

Ahora, me estoy dando cuenta de la cantidad de diferencias que existen entre estar casados y ser pareja de hecho, y ya no te cuento si sólo vives en pareja, entonces, no hay nada que hacer. En España, lo único que sirve legalmente, a todos los efectos, es el matrimonio. Así de claro.

Después de la muerte de Jose, además de lidiar con el dolor, con la pérdida, con los sentimientos, me veo envuelta en un sinfín de papeleos, porque morirse no es fácil, ni barato, aunque de eso lo mismo hablo en otro momento. Pero bueno, voy a lo que de verdad importa, la mentira que significa ser pareja de hecho.

En primer lugar, después de unos cuantos trámites, he tenido que ir a un notario a gestionar la herencia de Jose. Resulta que no tenía testamento, claro, yo tampoco, con 40 años, a ninguno se nos pasa por la cabeza que podamos fallecer. Parece un tema del que no nos gusta hablar, algo que dejamos para más adelante, y luego, puede resultar demasiado tarde.

El testamento se realiza en una notaría, con el DNI y en un momento. Cuesta unos 40€. Os pueden informar de las diversas maneras que hay de hacerlo, pero por lo general, se suele dejar al cónyuge superviviente toda la herencia en usufructo y después, cuando el otro fallezca, ya se reparte para los hijos. Si el fallecido no hubiera hecho testamento, sus bienes se reparten según la ley.

Y aquí me encuentro el problema número uno. Yo no soy nada. No tengo derecho a nada de nada. El notario me dijo que ser pareja de hecho, era papel mojado. Si hubiéramos estado casados, yo heredaría una parte. Si hubiera hecho testamento, yo heredaría una parte. Peroooo, no, nada de nada. Algunos pensareis que parezco una egoísta, mi marido ha muerto y yo pensando en herencias. Pero nada más lejos de la realidad. Hay que ser realistas, la vida, aunque dura, sigue, y mis hijos, necesitan todo lo que yo les pueda dar y más. Como teníamos una hija, según la ley, ella es la única heredera de todo. Todo lo que tenía mi marido es para ella. Eso me parece razonable, es lógico. Pero, si pensamos en el futuro, en mi otro hijo, en mi tesoro grande, el pobre sale perdiendo de todas, todas. El piso, ahora es la mitad mío y la mitad de Sara. Cuando yo me muera, Sara tendrá ¾ de piso y Lucas sólo ¼.  Y aunque yo ahora he hecho un testamento, para intentar que la repartición entre mis hijos sea más equitativa, Lucas siempre va a tener menos parte que su hermana. El padre de Lucas lleva años desaparecido, nunca pagó una pensión de alimentos y ni siquiera sabemos dónde vive, así que el día que fallezca, o no nos enteraremos o Lucas heredará sólo deudas, que es lo único que hacía su padre. Jose quería a Lucas como si fuera hijo suyo, aunque a efectos legales, nunca pudo adoptarlo ni tenerlo en acogimiento, pero si hubiésemos hecho testamento,  sé que habría puesto una parte para cada uno de los dos niños.

Ahora viene el segundo gran problema que me he encontrado por no estar casada y ser “solamente” pareja de hecho: La pensión de viudedad. ¡Ay amigos! Resulta que si estás casado, tienes que llevar 1 año casado para cobrar la pensión de viudedad, y si tienes hijos, entonces no hace falta cumplir ese requisito, basta con estar casados desde el día de antes. Da lo mismo el tiempo de convivencia que llevarais, da lo mismo el dinero que cobrase el difunto o el que cobre el superviviente, tienes derecho a la pensión de viudedad. En cambio, si solo eres pareja de hecho….los requisitos se vuelven enormes. Tienes que llevar 2 años inscrito legalmente como pareja de hecho; además, tienes que acreditar 5 años de convivencia ininterrumpida; y además, el cónyuge superviviente tiene que cobrar menos del 50% del total de los ingresos familiares, en caso de tener hijos; menos del 25% si no hay hijos. Vamos, que las cosas se ponen mucho más complicadas. Y en mi caso, se han complicado del todo. Nosotros llevábamos inscritos como pareja de hecho en el ayuntamiento algo más de 3 años, así que ese requisito estaba cubierto. El problema era el tiempo de convivencia anterior. Sí llevábamos más 5 años viviendo juntos, el problema es que Jose se vino a vivir conmigo a la casa donde yo ya vivía con Lucas desde hacía unos años. Por lo que todos los papeles, facturas y demás del otro piso estaban a mi nombre. Él no se empadronó en esa casa, porque estaba apuntado en una lista para unos pisos de protección oficial en Madrid capital, y queríamos que siguiera, por si acaso había suerte y nos tocaba. Vivíamos de alquiler y nos parecía tirar el dinero, así que esperábamos poder comprarnos un piso juntos. Y bueno, que no había constancia de que viviese allí, hasta unos meses después, que empezó a ir al dentista y le hicieron facturas. El caso, es que en el INSS, sólo han podido constatar una convivencia de 4 años y 10 meses….y ¡¡me deniegan la pensión por falta de 2 meses!! Por más que he presentado declaraciones juradas de vecinos y amigos que acreditan que sí vivíamos juntos, por más que he presentado la fecha en la que abrimos juntos una cuenta en el banco, por más que les he recordado que para hacernos pareja de hecho, un requisito era llevar 2 años de convivencia, más los 3 de pareja de hecho ya son 5….( en cada Comunidad Autónoma creo que los requisitos pueden ser distintos). Ellos no quieren admitir esas pruebas. Y ahí no acaba todo. He tenido que presentar declaraciones de la renta, nóminas y de todo, para ver lo que ganábamos. Como el año pasado yo estuve de excedencia unos meses, gané menos que Jose, pero este año, mirando las nóminas, he tenido que hacer una previsión de lo que ganaré al final del año, de ese modo calculan y ven que no gano menos del 50% de las ganancias totales. Vamos, que por un lado y por otro, me han denegado la pensión. Por no estar casados. Por ser pareja de hecho.

No se vayan todavía, aún hay más. Alguien me comentó que podía ser familia numerosa, por tener dos hijos a mí cago. Así que decidí investigarlo, porque ser familia numerosa puede tener alguna ventaja. Y de nuevo, me he topado con un muro insalvable, la tercera en la frente. Si eres viuda, madre de dos hijos, te conceden el título de familia numerosa. Pero, ¡oh sorpresa! Yo no soy viuda. Sólo soy madre soltera, porque al no estar casada, al ser pareja de hecho, mi estado civil no cambia tras la defunción de mi marido, y a una madre soltera, con dos hijos, no le conceden el título de familia numerosa.

Hace unas semanas, cuando Jose falleció, publiqué una carta que le había escrito. Algunas personas, después de leer lo frágil que puede ser la vida, me agradecieron lo que había escrito, pues les hizo darse cuenta de las cosas que tenemos y que a veces no valoramos. Pues bien, esto lo he escrito por el mismo motivo, para ayudar a las personas que se encuentren en la misma situación que estábamos nosotros. Entiendo que hay parejas que no quieren “formalizarse”, quizás pensando que si un día la pareja se rompe, no tendrán tantos problemas legales para separase. Pero las cosas no son tan fáciles, y menos cuando hay hijos. Si una pareja se rompe, si hay pertenencias comunes, habrá que repartirlas y en caso de no llegar a un acuerdo, al final acabará por medio un abogado. Y si hay hijos, hay que asegurarles una pensión de alimentos y un cuidado.

Las leyes son muy claras: “En relación con los hijos comunes: Durante la vigencia de la unión, se presume que ambos compañeros contribuyen al mantenimiento de los hijos comunes; tras la ruptura, los menores nacidos en familias formadas por parejas de hecho tendrán los mismos derechos que los hijos matrimoniales y así podrán reclamarse las correspondientes pensiones de alimentos. Las partes podrán pactar en qué cantidad debe contribuir el compañero que no quede en compañía de los menores, sin que en ningún pueda pactarse la renuncia a este derecho ni compensar el importe que por este concepto pueda corresponder con las deudas que existan entre los miembros de la pareja. Si las partes no logran pactar sobre la cantidad que se debe satisfacer en concepto de alimentos, el progenitor bajo cuya guardia y custodia queden los niños podrá reclamar que la pensión sea fijada por los juzgados. Por otro lado, por lo que respecta a la relación entre los compañeros, el ordenamiento jurídico y más concretamente el Código Civil no contempla la posibilidad de establecer judicialmente, tras la ruptura de la convivencia, una pensión de alimentos a favor de uno de los convivientes. Sin embargo, las propias parejas pueden pactar en documento público o privado el establecimiento de esta pensión de alimentos con efectos mientras dure la convivencia y aún después, su importe, su duración, etc. Así, si se hubiesen pactado, el beneficiario podrá reclamar su pago.”

 

De verdad, si vives en pareja, si tienes hijos, si quieres pararte un momento a pensar en el futuro, si ves que las cosas pueden cambiar en sólo un momento y complicarse realmente, si no te gustaría que tu familia tuviera que sufrir por el dinero en caso de que uno de los dos fallezca, cásate y haz testamento. No pienses en trivialidades del tipo, si la cosa no funciona, o no quiero firmar un papel porque la relación puede cambiar…. Sólo piensa, que un día cualquiera, a la vuelta de la esquina, puede haber un peligro acechando. Todos moriremos algún día, tarde o temprano, y qué mejor que dejar las cosas solucionadas para los que más queremos. Que no os pase como a mí, que ahora me encuentro con un montón de gastos y con un sueldo menos. Sólo he conseguido que a Sara le den una pensión de orfandad de poco más de ¡200€!. Como si con eso mi hija tuviera para vivir. Como si su padre no se hubiese pasado más de 20 años cotizando a la seguridad social, para cobrar una pensión en un futuro, y ahora que ya no la va a cobrar, lo lógico sería que esos años cotizados pudieran disfrutarlos su familia, que vamos a tener que pasar penurias para correr con todos los gastos.

09/06/2014 – EDITADO – Hace sólo unos días, me llamaron del INSS. Parece que están revisando de nuevo el expediente de la pensión de viudedad. Me han solicitado que aporte más documentación de la que ya aporté en su día, como declaraciones de la renta de años anteriores (aunque ya presenté los ingresos de ambos del 2013, que se supone que lo calculan por los ingresos del año anterior al fallecimiento) y la sentencia de divorcio de mi anterior matrimonio. Eso me hace tener un poco de esperanza en que quizás pueda haber una solución, porque de entrada la denegaron por falta de dos meses, por no admitir las declaraciones juradas de testigos. Si ahora quieren revisar nueva documentación, a lo mejor hay un poco de luz al final del tunel.

Querido Jose Carlos

Hace unos días empecé a escribirte esta carta. Empezaba así: “Te escribo esta carta deseando que puedas leerla dentro de algún tiempo, esperando que el tiempo pase y deje todo esto en un horrible recuerdo. Mientras tanto, cada día te susurro cosas al oído. No sé si me oyes, pero espero que sí. Aunque quiero dejarlo por escrito, por si hablándote olvido algo o por si luego no lo recuerdas. El tiempo que tenemos para estar juntos es tan corto, que casi no me da tiempo a decirte todo lo que quiero.”

Por desgracia, he tenido que cambiar el inicio de la carta, porque ya nunca la leerás. Te has ido para siempre. Ahora eres una estrella en el cielo, de esas que tanto le gustan a Sara. Cada noche, cuando mire hacia arriba, una estrella brillante estará iluminando su vida. Cada vez que cantemos “¿estrellita dónde estás?”, le recordaré cómo la cantaba contigo. En estos momentos, quiero creer que tu luz no se ha apagado para siempre, que vives en nuestros corazones y que siempre nos cuidarás y nos vigilarás. Y no quiero que dejes de saber lo mucho que te queremos, por eso, por ti, va este agradecimiento.

GRACIAS por llegar a mi vida hace ya unos cuantos años y hacerme ver que existen personas buenas y maravillosas en el mundo. Tuviste paciencia, de esa tienes mucha, y con calma me hiciste recuperar la confianza perdida.

GRACIAS por querer a Lucas como si fuera hijo tuyo, por enseñarle a montar en bici, a construir figuras de Lego y a manejar el ordenador. Por jugar con él a tenis, por darle los abuelos, tíos y primos que le faltaban. Por querer compartir con él nuestro viaje de novios, llevarle al cine y hacer castillos de arena en la playa.

GRACIAS por ser mi mejor amigo, por ser la persona a la que siempre llamaba para contarle cualquier cosa, mis alegrías y mis penas. Tú siempre sabías escuchar y yo siempre tenía tanto que decir. Tú eres mi AA.

GRACIAS por Sara, ese tesoro que nos costó tanto encontrar, y que vino a llenar nuestras vidas de una inmensa alegría. Por acompañarme en cada momento de esta maravillosa crianza, por ser un padrazo y quererla con locura. Sara te adora y te quiere muchísimo.

GRACIAS por aguantar todas mis manías, mi momentos de mal humor, de incertidumbres, de miedos. Gracias por abrazarme cuando lloraba y levantarme cuando me caía.

GRACIAS por entender que quisiera quedarme en casa unos meses cuidando de Sara, a pesar de tener que apretarnos bastante el cinturón. Gracias por apoyarme en el camino de la maternidad, en esta crianza que algunas personas no comprenden pero que tú defendías a capa y espada.

GRACIAS por solucionar todas mis dudas, por enseñarme tantas cosas, por estar siempre dispuesto a hacer cosas por los demás, por tu bondad y por tu gran corazón.

GRACIAS simplemente, por ser la gran persona que eres.

Siento tanto no haberte dicho todas estas cosas hace tiempo. Muchas veces damos las cosas por sentado y no nos damos cuenta que la desgracia acecha escondida en una esquina cualquiera. Siento que nuestra relación de pareja no fuera tan bien como habríamos querido, aunque sé que tú sabes que te quiero. Y sé que tú también me quieres. Eso no cambiará nunca.

Ahora, tenemos que intentar seguir sin ti. Pero es muy duro. Entrar al portal y ver tu nombre en el buzón, sabiendo que ya nunca recogerás el correo. Abrir el ordenador y ver tu página de Facebook, sabiendo que ya nunca publicarás nada. Coger el teléfono y ver que tu nombre es el primero de la lista, sabiendo que ya no voy a poder llamarte. Lucas está destrozado, no deja de llorar. Sara está bien, pero yo estoy tan triste de saber que va a crecer sin su papá… Pero no te preocupes, porque no va a olvidarte nunca. Nos encargaremos cada día de hablarle de ti, de enseñarle fotos y vídeos, de contarle lo mucho que la querías, lo maravillosa persona que eras.

Te has ido demasiado pronto, cuando aún te quedaban tantas cosas por hacer…. Tenías que ver crecer a tu hija, esa que nos llena de alegría cada día. Tenías que venir a la graduación del cole de Lucas, que también se nos hace mayor. Tenías que disfrutar este verano de la playa con Sara. No vas a estar cuando empiece el colegio, cuando se le caiga su primer diente ni cuando tenga su primer novio. ¿A quien voy a llamar ahora para contarle cada nueva noticia, quien se va a encargar de todos los temas legales, quien me va a hablar de las últimas series o de la mejor música? ¿Quien va a bajar a Sara al parque, quien va a jugar con Lucas a la consola, a quien voy a llamar si vuelvo a tener piojos?

Espero que sepas lo agradecida que estoy por tantas cosas. Y espero que estés por aquí, que tu energía nos acompañe cada día, que de alguna manera, nos veas y nos sigas queriendo.

Te quiero. Te queremos

Sobreviviendo a una noticia devastadora

Hablar me relaja. Estos días estoy hablando a todas horas, necesito desahogarme. Llamo a todo el mundo y dejo que fluya. Pero, ¿qué pasa si la necesidad de hablar me pilla de madrugada? Pues aunque no es lo mismo, me he levantado y he encendido el ordenador. A fin de cuentas, escribir es también otro modo de liberarme, de expresarme. Quizás, por eso abrí el blog. Y quizás, por eso también, hoy estoy aquí sentada contando esto. Porque necesito desahogarme. Mis amigos me escuchan cada día, están ahí en todo momento de bajón. Pero a veces tengo que parar, tener cuidado por los niños, no dejar que se note lo que estoy pasando. Y ahora, tranquilamente, en la soledad de la noche, puedo escribir y relajarme sin miedo a que mis hijos se enteren.

Estoy fatal, estoy pasando la peor situación que he vivido nunca. Y creo que no lo llevo bien, me consideraba muy fuerte, pero ahora no me veo así.

Hace casi dos semanas, mi marido sufrió una parada cardiorrespiratoria. De golpe. Sin previo aviso. Estaba entrenando con un amigo, estaba bien, de pronto se paró, se agarró a un árbol y allí empezó esta pesadilla. Cayó al suelo fulminado, muerte súbita lo han llamado. Le hicieron maniobras de reanimación cardiopulmonar, la ambulancia llegó rápidamente y le recuperaron. Está en la Unidad de Cuidados Intensivos, en coma desde entonces. Sin ningún cambio. Al contrario, las cosas van a peor, no responde a ningún estímulo, ni siquiera al dolor. Las imágenes muestran varias zonas del cerebro dañadas por falta de riego sanguíneo. Y el pronóstico es muy malo. Hace unos días nos dijeron que no se va a recuperar, parece que se va a quedar en estado vegetativo persistente. Es una noticia devastadora, para mí, peor incluso que la muerte.

Así nos enfrentamos a esto:

Yo – Tengo todo tipo de sentimientos, muchos de culpabilidad. Todo el mundo me dice que no tengo que sentirme culpable, pero no puedo evitarlo. Para el que no lo sepa, os pongo en antecedentes. Mi marido y yo habíamos tenido unas pequeñas diferencias y se había marchado de casa temporalmente. Las cosas no funcionaban muy bien desde hacía algún tiempo, habíamos descuidado nuestra relación.Pero no era nada definitivo ni nada rígido. Éramos unos padres «separados» modélicos. Cada día, todos los días de la semana, venía a casa. Los días de diario venía al salir del trabajo y estaba con la peque en la cena, se encargaba de bañarla y jugaba con ella un  rato antes de dormir. La única diferencia que había era que no dormía aquí. Los fines de semana estaba aquí casi todo el rato. Él se encargaba de llevar a Sara a natación los sábados por la mañana, y por las tardes llevaba a los niños a casa de los abuelos. El resto del fin de semana, lo pasábamos en el salón jugando, o bajaba al parque…. Hablábamos cada día por la mañana, le llamaba para cualquier duda que tenía, nos hacíamos favores, celebrábamos juntos las fiestas… parecía que nada había cambiado, excepto por el hecho de que dormía en casa de sus padres.

Y entonces, ¿por qué me siento culpable? El domingo pasado no vino a casa por la mañana, quedó con un amigo para correr. Llamó a las 11.20 para hablar con Sara y decir que se pasaba por la tarde, como siempre. El SAMUR le atendió a las 11.46, Sólo un momento después. Si no nos hubiéramos enfadado, si no se hubiera ido de casa, si siguiera viviendo aquí, si nos hubiesemos dado más tiempo seguramente no habría ido esa mañana a correr con su amigo y esto no habría pasado. O sí, la verdad es que no lo sé. Pero no dejo de darle vueltas a esto.

Estos días están siendo los más difíciles de mi vida. Los primeros días no sabía reaccionar, estaba en estado de shock, pensaba cosas como que habíamos hablado por teléfono sólo unos minutos antes y no podía ser cierto. Poco a poco, he ido viendo la realidad del asunto. Y tengo tanto tiempo de pensar en tantas cosas. Unas veces no quiero ver la magnitud del asunto, pienso que los milagros existen…pero esos pensamientos me duran poco, rápidamente me doy de bruces con la realidad. Y me he hundido. Aunque intento no hacerlo. Por ellos, por los niños.

No puedo dormir, cierro los ojos y le veo allí tumbado en la cama, intubado y dormido, sin hacer nada. Le hablo, le acaricio, le doy besos, le cuento las cosas que ha hecho la niña, pero nada. Hace un par de días que ha empezado a abrir los ojos. Pero es casi peor verle así. Con la mirada fija hacia el techo o los ojos en blanco, ni parpadea. Bosteza, con la boca muy abierta, muchas veces, parece que mastica algo, todo sin mover los ojos, y de pronto, los vuelve a cerrar y se acabó. No tiene conexión con el medio, no nos oye, no responde, no se mueve… Como enfermera que se ha enfrentado a cosas parecidas muchas veces, entiendo estas situaciones. Recuerdo un caso particular de un chico muy joven que intentó suicidarse. No se murió pero quedó en estado vegetativo. Yo veía a esos padres, pasarse los días en el hospital destrozados, hablando con él, imaginando cosas. Y pensaba, pobres, no quieren ver la realidad. Ahora, yo soy como esos padres. Veo cosas dónde no las hay. Otras veces, me doy cuenta que no tiene sentido.

Creo que no puedo con esto. Me derrumbo a cada rato, me paso el día llorando. El sábado me encargué de llevar a la pequeña a natación, en un intento de que su vida siga siendo lo más parecida posible a la que era antes. Pero de pronto, no sabía dónde estaban las cosas de la piscina, no sabía si necesitaba algo para entrar, no sabía quién era su profesor…Cogí el teléfono para llamarle y preguntárselo y caí en la cuenta que ya no puedo hacerlo. Me agobié tanto que me senté en el suelo a llorar y no podía parar. Esto se me hace cuesta arriba. Ayer, al volver del hospital en el autobús (he dejado de ir en coche porque siempre vuelvo muy afectada y me da miedo), empecé a encontrarme mal, no podía respirar, sudaba, me estaba mareando, lloraba y nadie, ni siquiera la chica que estaba sentada a mi lado, me preguntó si necesitaba algo. Me bajé y respiré hondo en la calle, entré en la guardería a recoger a Sara pero antes de que la sacaran, me metí al despacho de la directora a llorar desconsoladamente y desahogarme, para poder salir calmada a recoger a mi hija.

A cada momento, me doy cuenta de su falta. Veo fotos en casa. Oigo una canción y pienso que a él le gustaba. Veo algo en la tele y me acuerdo de él. Recojo a la peque de la guarde y me quedo esperando a que llame, como cada mañana, para el parte diario. Pero no llama. No mete la llave en la cerradura como cada noche. Este fin de semana no ha estado con los niños. Todo el mundo me dice que soy muy fuerte y yo intento serlo, pero ahora no lo consigo. Estoy tan cansada, las noches son eternas.

Por suerte, hay mucha gente que me apoya, personas que me llaman, se preocupan, me ofrecen todo tipo de ayuda. Y yo hablo y me desahogo cuando puedo, cuando no están los niños, lo que también resulta un poco difícil. Echo de menos un vecino amigo en la puerta de al lado. Alguien a quien poder llamar en los momentos en los que no puedo más, para que se quede unos minutos con los niños y poder calmarme. También echo de menos a mi familia. Es cierto que están ahí apoyándome, pero no como yo querría. Mi madre trabaja casi todas las tardes, por lo que no puedo dejarle a los niños y acercarme al hospital. Y a la peque no puedo dejarla con cualquiera, tampoco quiero marcharme y dejarla llorando. Mi padre no sabe manejar los sentimientos, en casa nunca hemos podido expresarlos. Ahora, en vez de apoyarme y abrazarme, me regaña por llorar, por no tener hambre, ¡hasta ha llegado a decirme que tengo la casa hecha un desastre! Así no quiero su ayuda.

Lucas – Me tiene un poco preocupada. El día de la noticia, fue muy duro. Si hubiese sido de otra forma, podría haber intentado maquillar la noticia un poco, pero él estaba delante cuando me llamaron por teléfono y se enteró de todo. Es duro para él. Tiene 12 años, sigue siendo un niño aunque ya entiende lo que está pasando. Bueno, mentira, no lo entiendo. No lo entiendo ni yo. A veces se pone a llorar, otras veces se enfada y dice que no es justo que una persona tan buena tenga que pasar por esto y que haya verdaderos monstruos en la calle a los que no les pasa nada. Hay veces que mira a Sara y se pone triste, pensando en su futuro. Algunos momentos, es mi único apoyo. No quiero abusar de él, pero con su sensibilidad especial, ve lo mal que lo estoy pasando y me abraza, o me ayuda con alguna cosa. Es difícil, estoy intentando que en casa las cosas no cambien mucho, tener mucha paciencia con él. Y sobre todo, hablar. Que hable, que se desahogue, que exprese lo que siente y no se lo trague.

Sara – Ella también nota que pasa algo, aunque evidentemente, no sabe qué es lo que pasa. Por las noches llama a su papá, a la hora del baño principalmente. Y el día de natación, iba extrañada conmigo. Lo que más nota es el ambiente que hay en casa y se despierta muchas veces por la noche llorando, aunque se vuelve a dormir enseguida, me preocupa que algo le esté afectando. A mí me duele muchísimo pensar en su futuro, aunque como ahora es todo tan incierto, tampoco quiero darle muchas vueltas.

El resto de la gente – Bueno, todas las personas que me rodean se enfrentan a esta situación de distinta manera. Principalmente, las personas que más me preocupan son mis suegros. No son conscientes de lo que ha pasado, un mecanismo de defensa les impide ver la realidad del asunto. Los médicos dicen que es normal y que poco a poco irán dándose cuenta, aunque de momento, a pesar de que les han hablado varias veces de la gravedad del asunto, siguen esperando un milagro. Y yo no me veo con fuerzas de explicarles nada, aún estoy yo que no me lo creo. Todo el mundo está muy afectado, esto no tiene lógica, una persona sana y joven…

En todos estos días, lógicamente, no he escrito nada en el blog, no tengo ganas de nada. Lo único que hago es pensar, darle vueltas a miles de asuntos. Y hay algo que me ha sorprendido. Por un lado, la cantidad de gente preocupada. Personas con las que no hablo hace meses, e incluso años, y que ahora se vuelcan en ayudarme. Amigos que están ahí a cada momento, que me llaman cada día, vienen a verme, me acompañan al hospital, se ofrecen a quedarse con los niños. Si no fuera por todas esas personas, por ese cariño incondicional, por esas personas que me escuchan en mis peores momentos, cuando me ahogo y no puedo respirar y sólo puedo llorar….Pero también me ha sorprendido la otra gente. La que no me ha dicho nada, gente a la que veo cada día en el trabajo, personas a las que conozco hace años, miembros de la familia, gente, que a pesar de saber lo que estoy pasando, no se han molestado ni una sola vez en preguntarme como estoy yo, como está él, si necesito algo…Es una lástima que tenga que pasar algo así para darte cuenta de la gente que de verdad importa.

Y ya me he desahogado. En un rato me vestiré para ir de nuevo al hospital, a ver que nos dicen hoy, aunque no espero ninguna noticia. La doctora dijo que iba a esperar unos días más y si no había cambios, hablaban con nosotros largo y tendido. Este es el resumen de lo que están siendo mis días últimamente. Imagino que seguiré desconectada de este mundo durante una temporada. Gracias por escucharme en mitad de la noche.

Ausencia

Durante unos días, no sé cuantos, voy a estar alejada de las redes sociales. Ha surgido un problema de salud grave en la familia y aunque me diera tiempo, no me encuentro con ánimos para escribir ni para contestar a nadie.

Creo recordar que hay alguna entrada publicada en el blog y también hay cosas programadas en la página de Facebook.

Volveré lo antes posible.

Abrazos

Diana