No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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Malditos piojos…otra vez

Hace unos meses, en casa tuvimos la visita indeseada de los asquerosos piojos . Fue en Enero, aún de vacaciones de navidad, y creo que en esa ocasión los trajo Lucas del colegio. Pero como en casa somos tan de abrazos y achuchones (vaya, al final, esto de ser taaaaaaan cariñosos sí va a tener una desventaja), pues los cogimos todos, bueno, menos el papá, que como llevaba el pelo tan corto, los piojos no vieron dónde agarrarse. Pero Sara y yo…. ¡Ay madre, que asco! Bueno, toda la historia completa está en esta entrada, con los tratamientos que hicimos y lo que aprendí de la experiencia y de los mitos que rodean a estos bichos y su contagio.

Ahora, estamos en la playa. Me he venido unos días con mis padres para tratar de desconectar un poco. El caso es que al poco de llegar, unos o dos días llevábamos aquí, cuando Sara empezó a rascarse mucho la cabeza. Intenté mirarla a la luz del sol, pero la verdad es que ella no colaboraba mucho en estarse quieta. Pero en los ratitos que conseguí mirarla, no veía nada de nada. Ni un piojo ni una liendre. A mí también me picaba bastante y me rascaba, pero en mi caso no podía mirarme, y mi madre ve bastante poco. Así que no le di importancia, ya que a Sara no le veía nada. Lo achaqué a la arena de la playa, a la sal, al cloro de la piscina… y seguimos rascándonos todos un poco. Todos los días miraba a Sara un poco y nada. Hasta el otro día, por si acaso, le llené la cabeza de aceite de oliva y le puse un gorro casero, hecho con papel de plástico de cocina, por si acaso.

Todo iba bien, hasta hace un momento. Nos hemos levantado y Sara estaba con su teta del desayuno, las dos tan tranquilas sentadas en el sofá, cuando he visto caminando por la cabeza de mi niña a un piojo, ¡Paseándose tan tranquilo! Casi me caigo del asco. Pensando que serían imaginaciones mías, se lo he dicho a mi madre y ella también lo ha visto. Anda que el piojo ha corrido a esconderse el muy… ¡Qué va! Allí ha seguido paseando. No he podido ni desayunar del asco.

Me he ido zumbado a la farmacia, puesto que el remedio casero del aceite de oliva no ha tenido los efectos que yo esperaba. Y aquí estamos los tres, con el pelo recién lavado después del tratarnos un poco. He comprado dos productos distintos, uno para Sara, más suave, y el otro para Lucas y para mí. Y luego a la terraza con la lendrera, donde he podido comprobar que tanto Sara como Lucas, tienen la cabeza llena de liendres. ¿Cómo es posible que ayer mismo la mirara y no viera nada? ¡Y hoy parecen brillar a la luz del sol! Misterios de la vida.

Me pregunto, dónde y cómo los hemos pillado esta vez, puesto que los niños llevan más de un mes sin ir al colegio. Los piojos pasan de cabeza a cabeza, por el contacto directo, no saltan ni vuelan. Y después de todo lo que me informé la vez pasada, puedo decir que los piojos no viven fuera de la cabeza humana más de 24 horas, así que cogerlos en alguna parte, como en una piscina, es bastante difícil.

Pero bueno. Volveré a poner en práctica todo lo de la vez anterior, como vinagre para despegar las liendres, enjuague bucal para matar algún bicho restante dentro de un par de días y mucha paciencia para retirar todas las liendres que no salen en una primera pasada.

Y vosotros, ¿también habéis tenido problemas con los piojos en verano?

Me he acordado tanto de Jose… La vez anterior, en cuanto me di cuenta que tenía piojos, le llamé corriendo, siempre a él el primero, siempre mi confidente. Pero hoy, hoy no he podido llamarle para que me tranquilice con sus palabras. Si pudiera volver atrás en el tiempo…

 

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