No hay mejor lugar que los brazos de mamá

Archivo para octubre, 2016

Trolls, la felicidad de colores

trollsDesde que vimos el tráiler de la película Trolls, tenía claro que esa película no podíamos perdérnosla. Y menos mal, porque hemos salido encantadas del cine. Escuchar a Justin Timberlake cantando Can´t stop the feeling (hace un par de meses que es mi tono de llamada del teléfono) era un reclamo muy poderoso. Y es que no sólo su canción suena en la cinta, Timberlake es además el productor ejecutivo de la banda sonora, todo un acierto, sin duda. Canciones como September, Move your feet, The sound of Silence… (versionadas alguna de ellas, para adaptarse a la película), te harán mover los pies si te gusta tanto la música como a mí. Trolls es el primer musical de DreamWorks.

Me encanta este vídeo, con los actores de la película. Gwen Stefani y yo compartimos gusto por ir cantando en el coche 😉
En la película, los Bergens, unos bichos malos que son feos a más no poder, celebran cada año una fiesta en la que el menú principal son los Trolls. Pero ellos escapan y viven felices durante muchos años, liderados por Poppy, una risueña princesa. La vida de todos los Trolls gira en torno a tres cosas: cantar, bailar y darse abrazos cada media hora. Y así son felices, la felicidad en estado puro. Positivos, optimistas, coloridos, con unas melenas que ya las quisiera yo para mí y que, además, no solo sirven para estar monísimos, sino que tienen infinidad de usos.

Hasta que los Bergens aparecen de nuevo y se llevan a unos cuantos miembros. Poppy pide ayuda entonces a Branch, un Troll arisco y asustadizo que vive en un bunker y que hace años perdió sus colores; ahora está gris y apagado y no soporta la felicidad contagiosa de Poppy. Juntos emprenderán el camino hacia la ciudad de los Bergens para rescatar a sus amigos, viviendo muchas aventuras y sin dejar de cantar en ningún momento.Trolls

Una película muy recomendada, con la que moverás los pies en la butaca del cine. Una cinta en la que comprendemos que “la felicidad está dentro de todos nosotros, solo necesitas que alguien te ayude a encontrarla”. Optimismo y felicidad en estado puro.

Pesadillas infantiles

Parece que voy a hablar de los famosos libros de R. L. Stine que tanto me gustaban de pequeña. O de la adaptación cinematográfica de los mismos, protagonizada por Jack Black, en la que los personajes de los libros cobraban vida. Pero no, voy a hablar de las pesadillas de mi hija. Y de las de muchos otros niños.poster-pesadillas

A partir de los 2-3 años, es frecuente que los niños empiecen a tener pesadillas por la noche, aunque en realidad se desconoce qué las causa. La frecuencia de estas varía en cada niño, algunos no tienen pesadillas nunca y otros las sufren con asiduidad.

Aunque a mí me encantan los libros y las películas de miedo y Lucas está cogiendo esa afición también, desde luego que con la pequeña evitamos este tipo de contenido. No es hasta que se ha dormido que ponemos alguna película de este estilo. De ese modo, evitamos que pase un miedo innecesario y que luego pueda tener pesadillas por ese motivo. Aun así, las pesadillas ocurren de vez en cuando.

Hace un par de años que empezó a despertarse por la noche asustada, nada que no se solucionase rápidamente con mi presencia y unas palabras de ánimo, un abrazo, un beso y volver a dormir abrazadas. Pero según ha ido creciendo, las pesadillas han ido a más, hasta el punto de no querer volver a dormirse alguna vez porque tenía miedo. Por lo general, estos episodios ocurren cuando ha tenido un día más movido de lo normal, fiestas infantiles, gente en casa, alguna salida a algún sitio especial… Esas noches ya nos acostamos precavidas, por lo menos yo, a ella, claro está, no le digo nada para no condicionarla.

En las noches moviditas se parece a su madre. Recuerdo cuando era pequeña, siempre que dormía fuera de casa, mis noches eran la bomba. Me costaba dormir en una cama que no fuese la mía, hablaba en sueños, me reía, me peleaba con mis primos o con algún amigo, incluso llegué a levantarme alguna vez de la cama, aunque nunca caminé. Todo esto me los contaban mis padres o con quien hubiese dormido. Pero mis noches de “juerga” no terminaron con mi infancia. Actualmente, sigo siendo muy rarita para dormir. Cuando duermo fuera de casa me despierto veinte veces, me molestan todos los ruidos, no me gusta dormir con la puerta abierta (algún día indagaré sobre todo esto), sigo hablando en sueños y a veces, en mitad de la noche, enciendo la luz sin darme cuenta o me quito el pijama dormida. Definitivamente, en eso Sara se parece a mí.

A parte de sus noches movidas, sus charlas interminables de madrugada, sus peleas con su hermano en mitad de la noche, que se quede sentada en la cama sin darse cuenta, están los momentos de angustia, esas pesadillas horribles que ella ya es capaz de contarme, en las que refiere que ha visto algún monstruo o que le pasaba algo malo a alguien. Cuando estas pesadillas se repiten más de dos o tres días seguidos, es cuando llega la frase “mamá, hoy no quiero dormir porque voy a tener pesadillas”. Convencerla entonces de que no pasa nada, de que yo estaré ahí con ella toda la noche y de que no va a soñar es bastante complicado.pesadillas

¿Por qué se producen las pesadillas? Aunque no parece que haya una explicación clara a dicha pregunta, si parece ser que están relacionadas con momentos de estrés durante el día, con problemas en casa o en la escuela, con agotamiento. Así que es lógico que, para intentar prevenir las pesadillas, debamos minimizar estos factores de riesgo. Evitar que nuestros hijos vean escenas de miedo, descansar y no someterlos a rutinas agotadoras y maratonianas durante el día, dejarles, si lo piden, una pequeña luz encendida (nosotras tenemos una lámpara encendida toda la noche, de ese modo, si se despierta, puede ver dónde está y que está durmiendo a mi lado) y, sobre todo, acudir rápido a su lado cuando estas se producen, para que se sientan queridos y a gusto y puedan volver a conciliar el sueño.

Hablar con nuestros hijos, explicarles que las pesadillas no son reales, por mucho que lo parezcan, dejar que nos expliquen lo que han soñado e intentar cambiar el final de la historia, por ejemplo, son cosas que de momento nos están funcionando a nosotras. Eso y mucha paciencia y una gran dosis de abrazos, hacen que las noches sean menos traumáticas.

Y tus hijos, ¿tienen pesadillas y cómo lo solucionas?

 

 

 Hoy leemos El Pequeño Eliot en la Gran Ciudad

Cuando tenemos la oportunidad de leer un libro nuevo, siempre nos emocionamos, esperando encontrar magia en él. Y esta vez, Eliot nos ha encantado.el pequeño eliot en la gran ciudad

Eliot es un pequeño elefante lleno de preciosos lunares de colores, lo que le confiere un aspecto aún más tierno si cabe. Vive en la ciudad de Nueva York, una ciudad enorme donde Eliot se siente muy pequeño.

Pero su ánimo no decae, y en las preciosas ilustraciones podemos ver a un Eliot siempre contento, enfrentándose a situaciones cotidianas de cada día, que ponen a prueba su pequeño tamaño. Unas ilustraciones preciosas que son obra de Mike Curato, el escritor del libro.

Un día, Eliot se pone triste, porque no es capaz de comprarse un cupcake, ya que nadie en la tienda le ve. Y cuando creía que era el elefante más infeliz del mundo, se da cuenta que hay otros animales más pequeños que él, con problemas similares debido a su tamaño. De ahí surgirá una bonita amistad, además de aprender que “la unión hace la fuerza”.El pequeño Eliot en la gran ciudad

Si tienes oportunidad, no dejes de leerlo con tus hijos, que comprendan el valor de la amistad y que ser diferentes no es sinónimo de ser inferiores. Nunca nadie debería sentirse insignificante.

El libro El Pequeño Eliot en la Gran Ciudad se puede conseguir a través de Boolino, la web de libros infantiles y juveniles. Por poco dinero tendremos en nuestras manos un cuento precioso que llenará nuestros momentos de lectura de emoción.

¿Están estresados los niños con las actividades extraescolares?

Los niños pasan demasiadas horas fuera de casa, y no jugando precisamente. Tienen jornadas que, en muchos casos, son casi más largas que las jornadas laborales de los padres. Y es que ya sabemos que la conciliación no existe.

En el mejor de los casos, el colegio es de 9 de la mañana a 2 de la tarde. 5 horas que pasan encerrados entre cuatro paredes, con un breve descanso para jugar. Y digo en el mejor de los casos, porque la realidad va mucho más allá. Niños que abren el colegio a las 7 de la mañana para acoplarse al horario familiar. Niños que se quedan en el comedor por el mismo motivo. Niños que enganchan después con actividades organizadas por el AMPA… Y si nos ponemos a echar cuentas, al final están 10 horas seguidas haciendo cosas, ¡más horas que la mayoría de los adultos!

No nos queda otra, los padres tenemos que trabajar y los niños tienen que estar vigilados en algún sitio. ¿Nos paramos a pensar en todas las cosas que hacen los niños y en si son realmente necesarias? La sobrecarga de trabajo de los padres hace que sometamos a nuestros hijos a jornadas maratonianas y cuando llegan a casa, están tan cansado que no tienen ganas de hacer nada más, no tienen ganas de jugar.

Y no solo eso. Vivimos en una época en la que queremos que nuestros hijos sean los mejores, los más listos, los más preparados… Es cierto que la educación es muy importante para su futuro, pero también es cierto que son niños y necesitan divertirse, no estar todo el día aprendiendo y sometidos a constantes presiones.

Veo niños pequeños, de 2, 3, 4 años, esperando en la puerta de la academia de inglés que hay cerca de mi casa, cargados con libros. Cierto es que el inglés es el idioma universal y es importante que sepan hablarlo; que cuanto antes empiecen a aprender idiomas, el aprendizaje será más sencillo; pero leñe, son niños y necesitan divertirse, no pasarse más horas sentados. Que tampoco pasa nada porque empiecen a aprender inglés más tarde. Veo niños que van a judo porque sus padres quieren que lo haga, aunque en realidad les apetecería ir a una academia de baile; veo niñas que hacen ballet porque sus padres quieren, aunque en realidad lo que les gustaría es estar corriendo tras un balón; niños que hacen teatro cuando quieren jugar al tenis….

Los gustos de los niños deberían primar por encima de todo, no las necesidades o inquietudes de los padres. Además, si son actividades lúdicas, muchísimo mejor, no olvidemos que son niños y necesitan jugar y divertirse. También deberíamos tener en cuenta si estas actividades no sobrecargan demasiado a nuestros hijos. Y valorar continuamente si están contentos y a gusto con lo que hacen. Obligarles a hacer algo que no quieren puede elevar el nivel de estrés de los niños, resultando a la larga contraproducente.

Mi hijo mayor ha probado de todo. Durante unos años hizo judo en el colegio, hasta que decidió que no le gustaba y quería cambiar. Así, ha probado a hacer atletismo, baloncesto, tenis, balonmano, baile y boxeo, actividades en las que ha estado más o menos tiempo según su nivel de satisfacción, y yo siempre he respetado sus decisiones al respecto. La pequeña empezó el año pasado a asistir a una academia de baile, y de momento le encanta. Los dos días de la semana que tiene clase, va contenta y pregunta continuamente cuando vuelve a tener clase; de eso modo, ella hace ejercicio y lo más importante, disfruta con lo que hace.

Las actividades extraescolares deberían estar siempre supervisadas, no aparcar a nuestro hijo en cualquier lugar esperando que aprenda a hablar chino o que sea un virtuoso del violín, proyectando en ellos nuestros deseos. Hay que buscar el equilibrio. Siempre respetando sus gustos. Siempre dejándoles probar y ver si disfrutan y se divierten. Y siempre entendiendo que las horas tienen un límite y ellos necesitan tiempo para seguir siendo lo que son, niños.

Cuéntame, ¿Cuántas y qué actividades extraescolares realizan tus hijos?

Como niña con zapatos nuevos

¿Recuerdas esa sensación, cuando eras pequeña, de llegar a casa y tener algo nuevo, algo que te hacía mucha ilusión, recuerdas cómo disfrutabas al estrenar alguna cosa muy querida, o la mañana de Reyes, cuando estabas emocionadísima al ver esos paquetes esperando?

Cuando pasan los años y nos hacemos mayores, parece que esa sensación la vamos perdiendo, cada vez nos preocupamos más por los hijos, por el resto de la gente y nosotros pasamos un poco a un segundo plano, o por lo menos, eso me pasa a mí. ¿Cuántas veces has ido con los niños a un centro comercial a comprarte ropa y has terminado comprando cosas para ellos y nada para ti?

Todos tenemos gustos y necesidades. A unas personas les encanta el deporte, a otras les gustan los coches, las motos, la naturaleza, la moda…A mí me encanta escribir. Siempre me ha gustado. De pequeña escribía relatos para concursos del cole y me encantaba inventarme historias. Siempre tenía cuadernos y bolis por todos lados. Me pasaba horas practicando mi letra, mejorándola. Me fijaba en detalles que me gustaban de la letra de otras personas y los hacía míos. Así, mi caligrafía fue mejorando hasta ser lo que es ahora. Y lo confieso, me horroriza cuando leo algo con una letra feísima. Y cuando veo faltas de ortografía.

Pixabay

Pixabay

Siempre tengo algo en mente, ideas bullendo en mi cabeza, pugnando por salir y ser plasmadas. Aunque lo que me falta es tiempo para llevarlo a cabo. Muchas veces, estando en la calle o en el coche, se me ocurren cosas que escribir y me pregunto por qué no llevaré una grabadora encima, para no olvidarlo luego. Pero lo que sí suelo llevar es papel y boli y así anoto las palabras necesarias para desarrollarlo luego en casa…si tengo tiempo.

Últimamente, escribir era un poco tortura. Mi ordenador estaba viejillo, empezaba a ir muy lento, se me había estropeado un trozo de pantalla y había partes que no veía, me eternizaba para subir algo al blog, así que tenía en mente desde hace meses comprarme uno nuevo. Pero ya sabes, siempre hay cosas más importantes; las vacaciones, los libros de los niños, ropa para la nueva temporada, que hay que ver lo que crecen… Hasta ahora.

Ya en octubre, sin otros gastos previstos, ha llegado mi momento, el momento de cambiar el ordenador. Y así estoy ahora, como reza el título, como niña con zapatos nuevos, mejor aún, como niña con un portátil nuevo. Es tan bonito. Y va tan fluido. Las teclas son un poco más suaves que la de mi anterior ordenador, así que escribir es una experiencia aún más agradable. Aquí estoy, intentando acostumbrarme a las nuevas mejoras, madre mía lo que cambia un programa en unos años. Y disfrutando de él a tope. Incluso algunas mañanas me despierto antes de tiempo y decido levantarme para cacharrear un poco. portatil

Tengo muchas cosas que escribir. Y muchas ganas de hacerlo. Sólo necesito encontrar un poco más de tiempo. Y teniendo en la mesa mi nuevo ordenador, seguro que lo saco de algún sitio.

Los niños necesitan actividades al aire libre. Ensuciarse es bueno

¿Sabías que la mitad de los niños españoles juega menos de una hora al día al aire libre? Según una encuesta realiza por la ONG Ayuda en Acción, uno de cada dos niños no pasa suficiente tiempo al aire libre.

En este impactante anuncio publicitario, en una cárcel de máxima seguridad de EEUU, podemos ver que los presos tienen dos horas al aire libre cada día. En una entrevista real, ellos explican la importancia que tienen esas dos horas en su vida. Cuando se enteran de que los niños juegan de media en la calle menos de una hora, se quedan asombrados y, sobre todo, tristes. Con esta publicidad, la marca Skip se ha unido a Ayuda en Acción para fomentar unos cambios en nuestros hábitos de vida y en las rutinas de los más pequeños.

El juego es fundamental para el desarrollo personal y el fututo de nuestros hijos. Y desde luego, este juego debería ser al aire libre en mayor medida. Vivimos inmersos en una sociedad cada vez enganchada a dispositivos móviles, televisiones y videojuegos. Tanta tecnología impide a nuestros hijos sociabilizar, además de fomentar el sedentarismo. Este estilo de vida sedentario conlleva riesgos para la salud, como la obesidad y el riesgo de patologías cardiovasculares en la edad adulta. Además, la falta de relaciones con otros miembros del entorno impide su desarrollo personal, su creatividad, su imaginación.

Recuerdo mi infancia. Me pasaba horas en la calle, jugando con los niños del barrio en un parque detrás de mi casa. Corríamos, saltábamos, jugaba a la comba y a la goma, compartíamos meriendas y risas. Mi madre me esperaba con la bañera preparada, lógico, después de tanto juego había que lavarse. Y disfrutábamos. Y sí, muchas veces nos caíamos, nos hacíamos daño, pero ahí seguíamos, con una tirita y muchas ganas de seguir.

Los padres somos conscientes de los beneficios que tienen para nuestros hijos jugar en la calle, pero a pesar de eso, casi la mitad de los niños juega menos de una hora al día. Los horarios de trabajo, la cantidad de horas que pasan en el colegio, las actividades extraescolares, los deberes, las prisas que tenemos cuando llegamos a casa, todo eso impide que nuestros hijos disfruten lo que deberían. Jugar y ensuciarse es fundamental para su crecimiento, compartir juegos con otros niños fomenta sus habilidades sociales, les hace aprender a relacionarse, además de hacer ejercicio físico, muy beneficioso para su salud.

Hoy 6 de octubre, ambas empresas han puesto en marcha el Día de clases al aire libre. Una iniciativa a la que se han unido ya más de 180 colegios españoles y que se celebra en muchos países europeos. Ayuda en Acción ofrece recursos educativos y materiales adaptados a las distintas etapas de educación infantil y primaria para poder pasar un día lectivo en la calle. Un programa educativo que converge con el currículo escolar español, con juegos y actividades de distintas materias, que se podrán llevar a cabo íntegramente al aire libre. ¿Sabías que, en algunas grandes ciudades, hay colegios que ni siquiera tienen un patio abierto? Las horas de recreo las pasan en recintos cerrado.

Pero no todo termina hoy. Tras esta campaña, pretenden seguir fomentando el ocio al aire libre, la implicación de los padres en los juegos con los hijos. Ensuciarse es bueno es el nombre de la campaña para concienciar a la sociedad y, sobre todo, a los padres, de que los niños necesitan jugar, explorar, divertirse y aprender por medio del juego de manera saludable, no sentados delante de pantallas.

Es cierto que muchas veces no nos queda más remedio que dejar a nuestros hijos a actividades extraescolares, para compatibilizar la jornada laboral de los padres con la de los hijos (ya sabemos que esto de la conciliación no existe). Pero podemos intentar cambiar un poco nuestra visión. En vez de tantas clases de idiomas, de música, de refuerzo académico, podíamos apuntarles a clases deportivas en la calle. Muchas veces los padres nos empeñamos en que nuestros hijos sean los más listos y preparados del mundo, pero olvidamos que son niños y que su principal preocupación en el mundo debería ser divertirse.ensuciarse-es-bueno

Nosotros tenemos suerte. En mi caso sí he conseguido conciliar y todas las tardes estamos juntos. A la menor oportunidad estamos en la calle, jugando en el barrio. Incluso los días de lluvia, saltamos en los charcos. ¡Qué importan las manchas! Una vez subimos, la ropa a la lavadora y la niña a la ducha (aunque a veces me pregunto si no debería ser al revés). Sara está creciendo en un barrio rodeada de amigos a los que ve cada día, con los que juega a la menor oportunidad y con los que también se pelea, está claro, pero es una forma más de aprendizaje.

Y tus hijos ¿Cuánto rato pasan en la calle cada día?

Una tarde de cine viendo Cigüeñas

Este viernes 30 de septiembre, se ha estrenado la película de animación infantil Cigüeñas, de Warner Bros Pictures.

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Desde que Sara vio el tráiler hace unos meses, no paraba de hablar de la película, así que el mismo viernes estábamos en el cine.

La película cuenta la historia de Montaña Cigüeña, una empresa dedicada a entregar bebés, que ahora se dedica a la entrega de paquetes, una empresa de mensajería, vamos. A ningún niño creo que le llame mucho la atención la historia de base, por suerte, hace muchos años que se dejó de explicar a los más pequeños que los bebés venían de París o que los traían las cigüeñas y se empezó a dar importancia a la educación sexual y a la propia naturaleza.

En Montaña Cigüeña vive Tullip, una niña que se quedó sin entregar a sus padres por error. Y Junior, la cigüeña protagonista. Ambos fabrican un bebé sin querer y tienen que solucionar el lío sin que se entere el jefe.

Personalmente, la película no ha sido de mis favoritas, ni mucho menos. Las voces de doblaje, para mi gusto, dejan mucho que desear. Humor escaso, lo más destacable, la manada de lobos, con la que te ríes un rato, y la pelea de los pingüinos, pero fuera de eso, bastante flojita. Unos padres demasiado ocupados con sus trabajos para cuidar y jugar con su hijo que por suerte se dan cuenta de lo que se están perdiendo. Unas escenas con bebés bastante tiernas y hasta un final emotivo que me hizo saltar una lagrimilla. A Sara se le hizo un poco larga (4 años y medio) y a partir de la mitad de la película empezó a aburrirse, a moverse por los asientos y hasta a se fue a subir y bajar escaleras. En otras películas no se ha movido del asiento, pero cigüeñas no ha conseguido engancharla.

En general, una película un poco sosilla que no consigue enganchar a los más pequeños de la casa. Aunque el cine siempre es una oportunidad de pasar un rato a solas con la peque, compartiendo una bolsa de palomitas.