No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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¿Por qué los bebés africanos no lloran?

Hoy he traducido un artículo que me ha parecido muy interesante. Se basa en que los bebés africanos no lloran, porque básicamente, viven colgados del pecho de sus madres, son porteados continuamente y maman a todas horas. Pertenece a este blog. Es un fragmento del libro de Niala In culture parent.

La Dra. J. Claire K. Niala es madre, escritora y osteópata que disfruta explorando las diferencias que afortunadamente todavía existen entre las diversas culturas de todo el mundo. Ella nació en Kenia y creció en Kenya, Costa de Marfil y  Reino Unido. Ha trabajado y vivido en tres continentes y ha visitado al menos un nuevo país cada año desde que tenía 12 años de edad. Sus compañeras de viaje favoritas son su madre y su hija, cuyas historias e interés por los demás, la ha llevado a comprometerse con el mundo de un modo que nunca habría imaginado.

Nací y crecí en Kenia y Costa de Marfil. A los quince años me fui a vivir a  Reino Unido. Sin embargo, siempre supe que quería criar a mis hijos (cuando los tuviera) en mi casa en Kenia. Y sí, asumí que los iba a tener. Soy una mujer africana moderna, con dos títulos universitarios, y la cuarta generación de  mujeres trabajadoras, pero cuando se trata de niños, soy típicamente africana. La realidad es que tú no estás completa sin ellos, los niños son una bendición y hay que estar loco para evitarlos. En realidad, la cuestión ni siquiera se plantea. 

Comencé mi embarazo en el Reino Unido. El deseo de dar a luz en casa era tan fuerte que dejé mis prácticas, mi nuevo negocio y me mudé de casa y de país a los cinco meses de descubrir que estaba embarazada. Hice lo que la mayoría de las madres embarazadas en el Reino Unido hacen –  leí vorazmente: “Our Babies, Ourselves”, “Parenting Incondicional”, cualquier cosa de Sears – y la lista sigue. (Mi abuela comentó más adelante que los bebés no leen los libros y todo lo que realmente necesitaba era “leer2 a mi bebé). Todo lo que leía decía que los bebés africanos lloran menos que los bebés europeos. Y estaba intrigada en saber por qué.

Cuando volví a casa, observé. Busqué a madres y bebés y estaban por todas partes, aunque los bebés más pequeños, de menos de seis semanas, estaban principalmente en las casas. Lo primero que noté es que a pesar de estar en todas partes, en realidad es muy difícil “ver” a un bebé keniata. Por lo general están muy bien envueltos, antes de ser porteados por su madre (a veces el padre). Incluso los bebés mayores atados a la espalda están protegidos de la intemperie por una manta grande. Tendrías suerte de ver una extremidad, no digamos un ojo o la nariz. La envoltura es como una réplica del vientre materno. Los bebés son literalmente, protegidos en un capullo del estrés del mundo exterior en el que están entrando. 

Mi segunda observación fue de índole cultural. En el Reino Unido, se entiende que los bebés lloran. En Kenia, era todo lo contrario. La normal es que los bebés no lloran. Si lo hacen, hay algo terriblemente mal y hay que hacer algo para corregirlo inmediatamente. Mi cuñada inglesa lo resumía así: “a la gente realmente no le gusta que los bebés lloren ¿verdad?” 

Todo tuvo mucho más sentido cuando finalmente di a luz y mi abuela vino de la aldea para visitarnos. Dio la casualidad que mi bebé hizo lloraba mucho. Exasperada y cansada, se me olvidó todo lo que había leído y algunas veces me unía a su llanto también. La solución para mi abuela era simple, “Nyonyo amamántala! “Esa era su respuesta a cada quejido.

Hubo momentos en que se trataba de un pañal mojado, o que la había soltado, o que necesitaba eructar, pero mayormente, lo único que ella quería era estar en el pecho. No importaba si estaba comiendo o simplemente descansando. Yo la porteaba la mayoría del tiempo y dormía (colechaba) con ella, así que esto fue una extensión natural de lo que estábamos haciendo. 

De repente aprendí el no tan difícil secreto del alegre silencio de los bebés africanos. Era una simbiosis sencilla entre necesidad y conocimiento, que requería la suspensión total de las ideas prefijadas de lo que debería ocurrir y el abrazo de lo que realmente estaba pasando en ese momento. La conclusión fue que mi bebé se alimentaba mucho, mucho más de lo que yo había leído, y al menos cinco veces más que algunos de los programas de alimentación más estrictos que había visto

Sobre  los cuatro meses, cuando una gran cantidad de madres urbanas comienzan a introducir los alimentos sólidos como recomiendan algunas guías de alimentación para bebés,  mi hija volvió a su estilo de lactancia de bebé recién nacido, mamando cada hora, lo cual fue un shock total. En los últimos cuatro meses, el tiempo entre una toma y había comenzado a espaciarse lentamente. Incluso había comenzado a tratar a pacientes sin que mis senos gotearan  o la niñera de mi hija interrumpiera la sesión para hacerme saber que mi hija necesitaba mamar.

La mayoría de las madres de mi grupo de mamás y bebés había empezado a introducir arroz para bebés (para alargar las tomas) y todos los profesionales involucrados en la vida de nuestros hijos, pediatras, incluso doulas, decían que era correcto. Decían que las madres necesitaban descansar también, que lo habíamos hecho increíblemente bien por haber amamantado en exclusiva durante cuatro meses, y nos aseguraron que nuestros bebés estarían bien. Algo no me sonaba real e incluso cuando trataba, con poco entusiasmo, de mezclar un poco de papaya (la comida tradicional de destete en Kenya), con leche extraída y ofrecérsela a mi hija, ella no tomaba nada.

Así que llamé mi abuela. Ella se rio y me preguntó si había estado leyendo libros de nuevo. Con mucho cuidado, me  explicó cómo la lactancia materna era cualquier cosa menos lineal. ” Ella te dirá cuando esté lista para comer, y su cuerpo también lo hará. ” 

“¿Qué voy a hacer hasta entonces?” Estaba ansiosa por saberlo

“Haz lo que hacías antes, Nyonyo, tienes que ser regular”

Así que mi vida que mi vida se desaceleró a lo que parecía un punto muerto otra vez. Mientras muchas de las madres de mi grupo se maravillaban de cómo sus hijos dormían durante más tiempo ahora que habían introducido el arroz para bebés, e incluso se aventuraban con otros alimentos, yo me despertaba cada una o dos horas con mi hija, y tenía que decirle a mis pacientes que la vuelta al trabajo no iba a ser como lo había planeado. 

Pronto me di cuenta de que, inconscientemente, me estaba convirtiendo en un servicio de apoyo informal para otras madres. Mi número de teléfono pasaba de mano en mano y muchas veces, mientras daba de mamar a mi bebé, podía oírme a mí misma diciendo: “Sí, sólo tienes que seguir amamantándola. Sí, incluso aunque acabes de darle de mamar. Sí, posiblemente no seas capaz ni de quitarte el pijama en todo el día. Sí, todavía necesitas comer y beber como un caballo… No, ahora puede que no sea el momento de volver a trabajar si puedes permitírtelo. “Y, por último, le aseguraba a las madres: ” Va a ser más fácil a partir de ahora.” Yo misma tuve que creerme esto último, aunque para mí, todavía no se había vuelto más fácil.

Aproximadamente una semana antes de que mi hija cumpliera cinco meses, viajamos  a Reino Unido para una boda y para que conociera a la familia y amigos. Como tenía muy pocas exigencias, podía mantener fácilmente su horario de alimentación. A pesar de las miradas desconcertadas de muchos extraños cuando alimentaba a mi hija en diferentes lugares públicos (la mayoría de las designadas salas de lactancia estaban en baños que yo no habría utilizado para mí misma), nosotras seguimos adelante.

En la boda, la gente de la mesa donde nos sentamos señalaba: “Ella es como un bebé tranquilo, aunque se alimenta mucho”. Yo guardaba silencio. Otra mujer comentó, “Leí en algún sitio que los bebés africanos no lloran mucho”. No pude evitar reírme.

 

La sabiduría de mi abuela:

1-    Ofrece el pecho a cada momento que tu bebé se sienta mal, incluso si ya lo has alimentado.

2-   Colecha (duerme con tu bebé). Muchas veces puedes alimentar a tu bebé antes de que esté completamente despierto, lo que os permitirá volver a dormir más fácilmente  y descansar mejor.

3-    Lleva siempre una botella de agua templada a la cama, lo que te permitirá hidratarte y hacer que la leche fluya.

4-   Aliméntate correctamente (sobre todo durante el periodo de crecimiento) y que toda la gente a tu alrededor te ayude en todo lo que pueda. Hay muy pocas cosas que no pueden esperar.

5-   Lee a tu bebé, no leas libros. La lactancia maternal no es lineal, va arriba y abajo, e incluso en círculos. Tú eres la única experta en lo que tu bebé necesita.

¿Cómo se puede aumentar la producción de leche materna? (2ª parte)

A pesar de saber que lo único realmente infalible para aumentar la producción de leche es la estimulación, vamos a ver diferentes mitos que están muy extendidos, sobre remedios para aumentar la producción de leche materna. La mayoría de estos remedios no han sido probados científicamente, no hay constancia de que tengan alguna acción sobre la producción de leche.

Galactogogo- sustancia que aumenta la producción de leche materna.

Cerveza (levadura de cerveza)– Es un buen suplemento nutricional, pero no hay ninguna prueba de su eficacia como galactogogo.

Cardo mariano- Se carece de estudios que demuestren su eficacia. No se han demostrado efectos galactogogos. Se suele consumir en forma de té. Actualmente también se comercializa en forma de medicamento (promil). Dos estudios realizados con vacas y mujeres le atribuyen efectos galactogogos, pero la metodología de estudio es defectuosa.

Galega officinalis o ruda cabruna- Es una planta herbácea de la familia de las fabáceas. No hay ningún artículo científico que demuestre el aumento de la producción de leche. Es poco seguro para utilizar durante la lactancia. Dos recién nacidos se intoxicaron gravemente tras beber sus madres dos litros diarios de una mezcla de galega, regaliz, hinojo y anís.

Alholva o fenogreco- planta leguminosa, se utilizan sus semillas. No está documentado que aumente la producción de leche. No es tóxica, pero a altas dosis puede producir hipoglucemias.

Alfalfa- Recomendada en algunos herbolarios para aumentar la producción de leche. Se ha documentado como poco seguro durante la lactancia.

Hinojo– Hierba que se utiliza para aumentar la producción de leche. Contiene un alcohol que puede ser dañino para el bebé. Considerado como poco seguro.

Albahaca– Se consume en forma de té. Su uso está desaconsejado por efectos nos probados y potencial toxicidad.

Leche vaca- la producción de leche materna no tiene nada que ver con la cantidad de leche ingerida. Ningún otro mamífero consume leche de otra especie durante la lactancia.

Anís- Consumido en forma de semillas. Es poco seguro consumirlo durante la lactancia. Incluso puede disminuir la producción de leche.

Agua- La hidratación de la madre no tiene nada que ver con la cantidad de leche que se produce. Si bien es cierto que las primeras semanas, las madres suelen notar más sed al dar de mamar, no debe confundirse esto con la necesidad de agua para la lactancia.

Earth mama angel baby- Marca de tés orgánicos que venden para aumentar la producción de leche materna. Entre otros ingredientes contiene: hinojo, alholva, cardo, anís y alfalfa.

Tampoco tienen efectos probados otros métodos como leche de almendras, avena, ginseng, zarzaparrilla…. e incluso alguno de ellos tiene el efecto contrario y pueden disminuir la producción de leche.

Galactogogos farmacológicos- son medicamentos que estimulan la producción de prolactina.

Estos medicamentos se utilizan bajo supervisión médica y sólo se utilizan en casos muy concretos: Para inducir la lactancia en una madre que va a adoptar un bebé; para volver a dar de mamar después de un destete (relactar); en caso de hipogalactia real por enfermedad de la madre.

Los medicamentos que se utilizan como galactogogos no fueron creados con tal fin, sino que el aumento de prolactina es un efecto secundario. Son medicamentos galactogogos la metoclopramida, que se utiliza para nauseas y vómitos; la domperidona, que se utiliza para las nauseas y vómitos y otras molestias gástricas; y el sulpiride, que es un antipsicótico.

Datos extraídos de la web e-lactancia

 

CONCLUSIONES

  • Dar de mamar a demanda, poner el bebé al pecho cada vez que lo necesite. Ofrecerle incluso aunque no lo pida.
  • No hacer caso de consejos de NADIE que nos diga que tiene que mamar cada “X” horas o durante “X” rato.  La lactancia a demanda, es a demanda
  • Conocer cuando nuestro bebé puede tener una crisis de crecimiento, momento en el que estará unos días pidiendo mamar más a menudo, para aumentar la producción de leche y satisfacer sus necesidades diarias. Si sabemos esto, no nos agobiaremos pensando que el bebé pide más veces porque se queda con hambre.
  • No ofrecer chupetes para calmar al bebé. Es mejor ofrecer el pecho, porque estimulará la producción.
  • Un biberón introducido es una toma materna perdida. Cada vez que a un bebé se le ofrece un biberón porque parece que tiene hambre, es una vez menos que se estimula el pecho, lo que conduce a menor producción de leche materna. Esto hace entrar en un círculo vicioso, que si no se para a tiempo, puede llegar a cargarse la lactancia totalmente.
  • No se deben utilizar infusiones ni remedios caseros para aumentar la producción de leche.
  • La succión del bebé al pecho es el estímulo más potente para la secreción de prolactina y la producción de leche.

¿Cómo se puede aumentar la producción de leche materna? (1ª parte)

Esta es una pregunta a la que se han enfrentado multitud de mamás, madres que por desconocimiento, por comentarios de otras personas o por no conocer lo que le pasa a su bebé en ese momento, tienen la duda de si no tendrán suficiente leche para amamantar a su hijo. Pero no es una duda nueva. El hecho de tener poca leche, ha sido una preocupación constante a lo largo de la historia. Y multitud han sido los remedios.

La lactancia materna funciona bajo el principio de estimulación-producción. Cuanta más succión hace el bebé, más leche se produce. La pregunta es, ¿se puede tener poca leche? Pues sí, se puede, por dos motivos fundamentales.

El primer motivo, es la falta de estimulación. Si no se da el pecho frecuentemente, por dolor en los pezones, grietas, mastitis, o por ofrecer con horarios estrictos, la producción disminuye. Todo esto se soluciona, poniendo al bebé a mamar frecuentemente, buscando una postura adecuada para que el agarre sea óptimo, dejando que el bebé mame todo lo que quiera de un pecho antes de ofrecerle el otro.

El segundo motivo, y que es rarísimo, es una hipogalactia. Es una situación real de baja producción de leche, pero esto es debido a una enfermedad, por distintos motivos. En estos casos, en los que yo no voy a entrar, la madre en cuestión debería acudir a una asesora de lactancia o a un experto en el tema, donde le orienten sobre la solución a su problema.

Cuando los horarios entran a formar parte de la lactancia, es bastante fácil que esta fracase. La lactancia debe ser a demanda, sin horarios, sin presiones, sin mirar el reloj. Cada vez que el bebé lo desee. Cuando un bebé está muy hambriento, llora. Pero no hace falta llegar a ese punto, porque los bebés emiten señales que nos indican que quieren comer, como llevarse las manos a la boca, mover los labios, girar la cabeza buscando el pezón. Si madre y bebé están en estrecho contacto, es más fácil darse cuenta de todas estas señales y satisfacer la necesidad de alimento inmediatamente. Esto, se ve enormemente facilitado con el uso de portabebés, que nos permiten llevar a nuestro bebé bien cerquita, anticipándonos a sus necesidades y dándoles el pecho tan a menudo como sea necesario.

¿Y por qué hay que ofrecer el pecho con tanta frecuencia? Un bebé recién nacido, tiene el estómago del tamaño de una canica. La leche materna es de muy fácil digestión y teniendo en cuenta esas dos premisas, es fácil suponer que su estómago se vacía en seguida y necesita leche con mucha frecuencia. Para un recién nacido, sería normal mamar una media de 8-12 veces en 24 horas, aunque hay bebés que necesitan mamar con más frecuencia, sobre todo en épocas de brotes de crecimiento.

Las crisis o brotes de crecimiento son situaciones que experimentan todos los bebés, más o menos a edades similares, y que suponen un desajuste entre la oferta y la demanda. Durante esas crisis, los bebés necesitan más cantidad de leche, por lo que necesitan mamar con más frecuencia, para aumentar la producción y satisfacer sus necesidades. Si una madre está al tanto de esa crisis, sabrá que son periodos pasajeros, que se superan simplemente dando el pecho más a menudo. Pero estas crisis son una de las causas por las que una madre puede pensar que no tiene leche suficiente y empezar a complementar con biberones. Veamos más o menos cuando ocurren (son fechas orientativas, pueden variar un poco en cada bebé)

  • 15-20 días- el bebé necesita aumentar su ingesta y la única manera de conseguirlo es mamar con más frecuencia, para aumentar la producción. Ya sabemos que la lactancia funciona estimulación-producción. Esta crisis dura unos 4 días y luego el bebé vuelve a mamar de manera normal.
  • 6-7 semanas- El bebé necesita más volumen de leche y lo consigue mamando más a menudo. También se pueden dar comportamientos como que el bebé esté más intranquilo, llore al pecho, de tirones. Parece que en este periodo, cambia el sabor de la leche materna y algunos bebés lo notan y protestan. De nuevo, una vez superado este brote, el bebé volverá a mamar de su forma habitual.
  • 3 meses- es el momento en el que más madres comienzan a suplementar con lactancia artificial o dejan del todo la lactancia materna. A los 3 meses, se producen varios cambios, que llevan a muchas madres a pensar que ya no tienen leche suficiente. Estos cambios son:
    • El bebé mama de forma mucho más eficaz, lo que antes tardaba mucho rato, ahora lo consigue en pocos minutos.
    • El bebé se distrae más fácilmente.
    • La leche tarda más rato en salir, debido a un cambio en la producción. Algunos bebés se enfadan por esta espera y protestan.
  • 4 meses, 6 meses, 9 meses- pueden aparecer crisis o brotes en distintas etapas del crecimiento del bebé.

Si conocemos estos brotes y los tomamos con paciencia, amamantándolo tanto como él quiera, sin forzar, sin nervio y sin necesidad de suplementos, lograremos tener una lactancia satisfactoria.

No me cansaré de repetir, que la mejor manera para tener más leche, es la estimulación por el bebé. Pero tampoco se trata de tener más leche. Porque, si tuviéramos más leche de la que el bebé necesita, ¿qué haríamos con la leche sobrante? ¿Nos explotarían los pechos? El cuerpo y nuestras tetas son sabios, y producen la cantidad que necesita nuestro bebé.

Mañana continuaré con los mitos sobre los remedios para aumentar la producción de leche.

Criar con apego

Últimamente se habla mucho del apego. Yo misma, hablo de ello y comparto publicaciones, artículos y todo lo que me parezca interesante en mi página de Facebook. ¿Pero, que es exactamente el apego?

Según la Real Academia de la lengua,
Apego- (De apegar)- 1. m. Afición o inclinación hacia alguien o algo.
Y en la versión del año 2005- Afecto, cariño o estimación hacia una persona o cosa.

La crianza con apego es una filosofía basada en los principios de la teoría del apego. Según la teoría del apego, un fuerte enlace emocional con los padres durante la infancia, también conocido como apego seguro, es un precursor de relaciones seguras y empáticas en la edad adulta.

Así que así es como deberíamos criar a nuestros hijos, con apego, con cariño, con una relación basada en la confianza.

Hoy en día, todo el mundo puede encontrar información en internet, grupos de apoyo a la crianza, múltiples herramientas disponibles para ayudar(nos) a muchos padres que andan perdidos en esto de criar un hijo. Es altamente recomendable. Yo misma intento aportar mi granito de arena, extendiendo la crianza en brazos como parte de una rutina normal en la vida de padres y bebés.

Ahora, con la princesa, me está resultando todo más fácil. Pero… hace 11 años, cuando nació mi príncipe, yo no conocía nada de esto. Y no por eso, le crié de distinta manera.

Llegué a casa con un bebé y muchas dudas. Con unas normas rígidas que me imponían dar el pecho cada 3 horas y 10 minutos de cada uno y con cientos de consejos gratuitos de todo el mundo, que parecía saber la forma correcta de criar a un hijo. En lo que más o menos todos coincidían era en que no debía cogerle mucho en brazos, porque se acostumbraba y en que tenía que dejarle en la cuna, para que aprendiera a dormirse sólo. Hasta me dieron un consejo que aún hoy, al recordarlo, me pone los pelos de punta. El príncipe lloraba mucho y me aconsejaron que en uno de sus múltiples llantos, lo “tirara” bruscamente contra la cama, para que con el susto, dejara de llorar… Menos mal que no se me ocurrió hacer caso de ese consejo, que desde luego, seguro que es más perjudicial que beneficioso.

El caso es que después de las consabidas visitas de los primeros días, me encontré sola en casa, con ese príncipe que no dejaba de llorar. Y empecé a dejarme guiar por mis instintos, y no por los “sabios” consejos que me daban.

Si lloraba y le cogía en brazos, se calmaba. Solución, me pasaba el día paseando con él arriba y abajo por la casa.
Si no había pasado el tiempo “estipulado” para la teta, pero tenía hambre, le daba la teta y se calmaba. Solución, empezó a mamar a demanda.
Si se despertaba varias veces por la noche y me lo metía en la cama para darle de mamar, hasta yo descansaba mejor. Solución, dormíamos juntos.
Y todo eso, a pesar de no saber por entonces lo que era el apego, ni la crianza en brazos, ni la lactancia a demanda ni el colecho. Simplemente, era lo normal y lo natural. Y me criticaron, vaya si lo hicieron. Pero me dio igual.
A mi príncipe lo crié contra la normas, con todo el amor y el cariño que me salía de dentro. Y diciéndole continuamente lo mucho que le quería.

Ahora, con 11 años, todos los días nos llenamos de besos. A veces, él me escribe notas de amor que me deja por los rincones. Yo le dejo réplicas llenas de corazones, para que lea cuando se despierte. Y nos decimos cientos de veces lo mucho que nos queremos. Es un niño bueno, amable y cariñoso. E imagino que gran parte de esta forma de ser, es gracias al cariño que recibió de pequeño, a lo que ahora sé que se llama “apego seguro”.

Y es exactamente lo mismo que estoy haciendo con mi princesa. Disfrutar cada momento del día. Llevarla en brazos a todas horas, ahora con ayuda de portabebés, colechar con ella, darle la teta a demanda y quererla mucho, simplemente, quererla.

Consejos de lactancia desaconsejados

Acudimos a los pediatras y a las enfermeras de pediatría para resolver todas las dudas sobre nuestros bebés, no sólo por temas de salud. Y muchas veces nos dejamos aconsejar por ellos en temas en los que no están del todo actualizados. Yo soy enfermera y los conocimientos que tengo sobre lactancia no son precisamente los adquiridos durante la carrera. Son conocimientos que tengo porque me he interesado en aprender, porque he hecho cursos, he leído, he investigado, me he formado e informado. Así que no quiere decir que todos los pediatras y todas las enfermeras sepan mucho sobre lactancia. Sabrán lo que hayan querido aprender. Y por desgracia, en muchos casos, es bastante poco.

¿Por qué motivo, entonces, se empeñan estos mismo en decirles a las madres como debe ser su lactancia? Madres que muchas veces se sienten abrumadas ante la llegada de un bebé y se dejan aconsejar (sin saberlo) erróneamente.

A los cinco días de haber nacido mi princesa, fui a revisión con la pediatra. La pesó y había perdido 30 gr del peso de nacimiento. Lo primero que me dijo esa señora, fue que la niña estaba fatal de peso y que posiblemente, mi leche no le iba bien. Yo asistía estupefacta a las tonterías que salían por su boca, teniendo en cuenta que es normal que todos los bebés pierdan peso al nacer y que la niña estaba activa, mamaba a demanda, hacía mucho pis y caca, vamos, que yo la veía bien. Pues la pediatra en cuestión me indicó que debía pesar a la niña todos los días durante una semana y que si no había hecho “nosecuanto” peso, debía darle leche de fórmula. Evidentemente, salí de la consulta y no le hice caso, seguí con mi teta a demanda y mi hija recuperó el peso en poco tiempo y siguió creciendo activa y feliz. (Luego, por un par de comentarios desacertados más, me cambié de pediatra y ahora estamos en un centro de salud pro lactancia total).

¿Pero que habría sucedido si eso mismo se lo dice a otra mamá? ¿A una mamá que no está muy informada sobre lactancia y que cree ciegamente en los conocimientos del pediatra? Pues que se habría cargado su lactancia, así de claro. La otra madre habría salido pensando que su pobre bebé se iba a poner enfermo y le habría introducido en el mundo de la leche de fórmula.

En estos meses, he escuchado muchos comentarios de otras mamis sobre el tema, muchas recomendaciones dadas por personal sanitario que no se ajustan a las recomendaciones de las OMS o la AEPED sobre lactancia. Consejos como que a los 10 meses la teta no alimenta, que hay que sustituir tomas de pecho por comida, que hay que quitar las tomas nocturnas a partir de determinada edad….

Hoy me cuentan que en el mismo Centro de Salud donde yo tuve el problema (no sé si la misma pediatra), una mamá ha destetado a su hijo con 5 meses por orden médica, porque la madre tenía que incorporarse a trabajar y ¡¡¡¡el pediatra le dijo que ambas cosas no eran compatibles!!!! ¿Que derecho tiene esa persona a decir algo así? Está claro que es perfectamente factible compatibilizar lactancia y trabajo.

Por suerte, aunque a cámara lenta, cada vez hay más personal sanitario capacitado para asesorar de una forma real y respetuosa sobre la lactancia. Ojalá todos pudieran reciclarse y actualizarse en el tema de la lactancia. Mientras ese día llega, por favor, absténgase de hacer comentarios nefastos para la lactancia. Si un pediatra no sabe de lactancia, pues que no hable sin saber. Hay varias asociaciones de lactancia a las que podrían acudir para resolver sus dudas.

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