No hay mejor lugar que los brazos de mamá

Hace tiempo escribí las lágrimas de los niños donde hablaba sobre cómo muchas personas, padres y personal sanitario, trataban a los niños en algunas ocasiones con bastante falta de respeto y con muy poca empatía. Algo bastante desagradable que ocurrió hace unos días me hizo pensar que estas cosas no pasan sólo con los pequeños, también nos pasa a los adultos.

Recuerdo cuando tenía 17 años. Fui al hospital a quitarme una muela del juicio con cirugía. Estaba bastante nerviosa, pero no me hicieron mucho caso. Durante la cirugía, cirujana y enfermero se dedicaron a hablar de su vida privada sin tener en cuenta mis miedos y mi dolor, pues por más que yo les decía que aquello que me hacían me dolía, no me hacían ningún caso. En un momento hasta llegaron a llamarme quejica, pues supuestamente con la anestesia que me habían puesto no debía dolerme. Hasta que del dolor perdí el conocimiento y ahí sí me hicieron caso del susto que les di. Pero antes tuve que sentirme humillada. Días después, cuando fui a quitarme los puntos y con un miedo terrible en el cuerpo, el “carnicero” que me tocó me dijo que los puntos me iban a doler más que la propia cirugía. Decidí que no quería quitarme los puntos, el dentista me llamo malcriada, mi madre discutió con él, intento quitármelos a la fuerza y acabo clavándome el bisturí en el labio. Salimos de allí corriendo, con los puntos en la boca y un labio chorreante. Mi miedo a los dentistas seguía creciendo por momentos, decidí que me quedaría con los puntos para siempre, pero claro, eso no podía ser. Fuimos a otro dentista, yo con más miedo que vergüenza. Un señor dulce y amable empezó a hablar conmigo y a tranquilizarme, a decirme que sólo quería verme la boca mientras me contaba algo que no recuerdo y entonces, con una gran sonrisa, me dijo que ya habíamos terminado con los puntos. Ni me había enterado, todo gracias a su dulzura, a su empatía, a saber calmarme. Desde ese momento pasó a ser mi dentista para siempre.file000753676401

Creo que fue en ese momento cuando acabé de decidir que quería ser enfermera, y aunque yo era muy miedosa y todo el mundo pensaba que no podría con ello, durante la carrera aprendí a controlar mi miedo y desde ese momento pase a ser una buena paciente. El del dentista no fue mi único momento desagradable con la sanidad. Varias veces, al ir a hacerme análisis de sangre, me mareaba y en ocasiones hasta me caí al suelo y alguna vez me llevé una reprimenda por parte de enfermeras gruñonas por haberme mareado y haberles hecho levantar el culo de su silla (si, no se ofendan mis compañeras de profesión, que no digo que todas sean así, pero que haberlas haylas….)

En realidad ¿qué es eso de ser buen paciente? Pues parece ser que el buen paciente es aquel que no se queja, aquel que no demuestra sus sentimientos, aquel que se porta bien. El resto de las personas, las que tienen miedo, las que son nerviosas, las que se mueven durante una prueba y gritan de dolor, esas no son buenos pacientes. Y eso crispa mis nervios.

Llevo casi 20 años trabajando como enfermera y en esos años me he encontrado de todo. Y por desgracia, me he encontrado con mucho personal sanitario que considera que hay malos pacientes. No digo que el personal sanitario trate mal a los pacientes y no tengan empatía. Digo que algún personal sanitario trata mal a los pacientes que no se portan bien.file0001398432795

Las mejores mujeres de parto son aquellas que paren sin dolor, que no se quejan. O eso es lo que creen muchos ginecólogos. ¿Dónde queda el poder expresarse libremente, el poder liberar las cuerdas vocales, el gritar para calmar el dolor? Yo parí sin epidural y grité y me dolió menos, o por lo menos no tuve que estar pendiente de esconder mi dolor. En ese momento no fui una buena paciente y por suerte para mí, a mi matrona eso le daba lo mismo, ella estaba allí para acompañar mi parto y me dejó hacer, entendía mi dolor y lo dejaba fluir. Pero en esta sociedad, parece que la madre que grita, que se libera, es peor paciente que la que sufre en silencio.

Hace unos cuantos años mi hermana estaba embarazada. Había pasado por varios abortos y de nuevo había empezado a sangrar. Fue al servicio de urgencias del hospital donde yo trabajaba y yo entré con ella, vestida de enfermera. No sé cómo fue, pero la ginecóloga que le estaba haciendo la ecografía me confundió con personal del paritario, no sabía que yo era su hermana. En la eco vio que el embrión no tenía latido, mi hermana había tenido otro aborto. Después de 4 o 5 previos, estaba fatal y se derrumbó allí en la camilla, empezó a llorar a grito pelado, a chillar lo injusta que era la vida… Entonces, la ginecóloga me miró y me hizo un gesto con el dedo como diciendo que estaba loca. Me acerqué a ella, pero seguía pensando que yo era una enfermera desconocida y me empezó a decir bajito que la paciente era una exagerada, que cómo se ponía…entonces le dije que era mi hermana y la cara le cambió, me pidió perdón y no sabía dónde esconderse. ¿No es legítimo sufrir por un hijo no nacido? ¿Es acaso el dolor menor? Para esa ginecóloga, está claro que tener un aborto era algo que por su profesión, ella veía a diario, pero nunca se había parado a pensar en el dolor de esa madre, a ponerse en su lugar, las mujeres que lloran y expresan su dolor por una pérdida son malas pacientes. Quizás, para hacernos más humanos, algunas personas deberían pasar por situaciones similares, sufrir para conocer el sufrimiento de otros y aprender a tener más empatía.

Siempre me ha molestado eso, ver cómo a algunos pacientes se les trataba peor que a otros por quejarse más. No nos paramos a pensar que detrás de ese dolor puede haber algo más, o no, simplemente, el umbral de dolor es distinto en cada persona. Pero ahora me he vuelto mucho más sensible con estas cosas. Desde mi pérdida he descubierto el poder sanador de los abrazos. Y doy muchos abrazos en el hospital, muchos más de los que había dado antes. Antes escuchaba, calmaba, tocaba a los pacientes, pero ahora también los abrazo cuando veo que lo necesitan.

Una mujer que llora durante una cura, no por el dolor de la misma sino por el miedo de lo que pueda pasar, que está nerviosa, que recibe críticas de su hijo delante nuestra por tener sobrepeso. Al finalizar la cura y lavarme, la abracé e intenté tranquilizarla con mis palabras. El efecto fue brutal, en unos instantes se había calmado y se marchó a su casa visiblemente más tranquila. No es tan difícil.file000788055222

Hace unos días volví muy molesta a casa y eso fue lo que me hizo sentarme a escribir. En un momento determinado de la mañana, una paciente llegó muy nerviosa a hacerse una prueba, tanto que al final dicha prueba no pudo llevarse a cabo y hubo que reprogramarla. En vez de tratar de calmar a la paciente, dos personas no paraban de decirle que así no se podía venir, que por culpa de sus nervios no habían podido hacerlo y hasta llegué a oír que le decían había perdido los papeles. Yo intenté tranquilizarla pero mis palabras ya no surtieron efecto sobre tanta devastación y la mujer se fue incluso peor de lo que había venido, con la culpabilidad flotando sobre su cabeza.

¡No puede ser! ¡Somos personal sanitario y nuestra labor no es sólo curar y cuidar! También hay que escuchar, que comprender, que empatizar. Cada persona es un mundo, cada persona lleva su propia mochila a cuestas. Las experiencias vividas, las situaciones personales, hacen que las personas reaccionen de distinta manera ante una misma situación. . Una vez tuve una paciente que se puso a llorar mientras hacía una espirometría porque yo “le grité” que soplara más fuerte. Se asustó. Y vi que no hacía falta gritar tan alto para que las espirometrías saliesen bien, sólo hay que saber incentivar al paciente. Fue la primera y la última vez que alguien lloró conmigo durante esa prueba. Esa situación cambió mi forma de hacer las cosas.

Los adultos también lloramos, también nos asustamos, también tenemos derecho a quejarnos, a sufrir y a ser oídos y comprendidos.

Imágenes extraídas de morguefile

Comentarios en: "Las lágrimas de los adultos" (13)

  1. Toda la razón, un buen trato entre personas, en líneas generales es indispensable. Y cuando se trata de personal sanitario, que se supone que saben los miedos, temores de las personas que acuden, es conveniente ponerse en la piel del paciente. También digo que hay pacientes malcriados, que se piensan que ellos son lo más importante, y que todo el personal debe estar a sus pies…
    Sobre comentarios de médicos y enfermeros, fuera de la vista y oído del paciente, podría contarte también mucho…

  2. Tienes toda la razón. Yo no suelo ponerme nerviosa en las consultas, pero desde luego no me callo si veo que me están dando un mal trato, y sobre todo, desde que soy madre, si les pasa a mis hijos. Hay personal majísimo, pero hay cada uno que más le valdría haberse dedicado a otra cosa. Ojalá todos los profesionales fueran como tú, porque el apoyo emocional y psicológico también es muy necesario.

  3. Beatriz dijo:

    Todavía me acuerdo el día que salí de la consulta del radiólogo, 25 años y me habian detectado complicaciones en un riñón… estaba sola mi familia a kilómetros y nadie alrededor, esa enfermera se acercó y me dijo “ayyy chiquitina si tu lo que necesitas es un abrazo de madre” Creo que no olvidaré su cara jamás ni como me hizo sentir su contacto.
    Ole y Ole, por esas personas HUMANAS ante todo. Me ha encantado tu post!
    Besitos

  4. Tienes toda, toda la razón. Recuerdo el año pasado, con mi peque en un box de urgencias que compartíamos con otra niña. Hizo tal esfuerzo por no llorar cuando la sacaban sangre delante de su mami y las enfermeras, que se desmayó al acabar la prueba. Y al despertar estuvo llorando un buen rato y ella decía que no sabía por qué. Por la presión. Yo en mi segundo parto pedí perdón porque necesitaba gritar y sabía que eso iba a molestarles, después de llamarme quejica durante todo el parto, a la hora de los pujos, vino a colocarme el brazo la matrona y le grité ¡Qué no me toques joder! Y me decía: estás perdiendo los papeles. En pleno pujo le tuve que pedir que no se acercase a mi. Y parí. Si esta tía no me hubiera amargado tantísimo el parto, habría sido la experiencia más enérgica, poderosa y emocionante de mi vida. Pero no paraban de decirme que iba a molestar a los que dormían. De verdad, qué poca empatía. Yo le pedí perdón por despertarla, porque entré un domingo a las 3 de la mañana y tuve que esperar 40 minutos en una recepción vacía a que bajase alguien. Si llego a saber que me iban a tratar así… doy a luz en casa. Porque además fue un parto de 3 horas y media. Así que tampoco fue tanto para ellas, que hasta me llegaron a decir: cierra las piernas y no empujes, porque no me hacían caso cuando les dije que necesitaba empujar… En fin, cuando vino el gine, ya casi había sacado la cabeza y ellas me decían que no era normal que dilatase tan rápido… Puse una queja, claro

  5. Yo tmb estoy en el ramo, y he podido ver como sanitarios se ensañaban con los pacientes…a mi me da x pensar, nunca han sido pacientes? El problema creo yo es que hay que amar mucho esta tipo de profesión, yo no llevo tanto tiempo como tu, pero pasando x diferentes sitios lo que mayormente ves es a profesionales “quemados” que también los hay muy muy empáticos,pero lo que salta a la luz es lo otro.
    Me ha guastado mucho tu post 😊, un abrazo

  6. Toda la razón, yo también trabajé durante una temporada en un hospital (soy psicóloga clínica) y he oído aquellos de malos y buenos pacientes o pacientes difíciles cuando a veces lo que es difícil es la situación, pero no la persona. Nos queda mucho por aprender en eso del trato a la persona antes que a la enfermedad

  7. El mundo de Raga dijo:

    En mi casa pasa igual, son personal sanitaria, y como se han acostumbrado a determinadas cosas, no se dan cuenta cuando hablan que a veces son muy duros

  8. Ojalá todos fuesen como tu, aunque yo no puedo quejarme porque siempre me toca personal super majo (vale,excepto el martes). Mi matrona era super amable y comprensiva, la matrona que atendió mi parto igual..mira que grité y maldije (es lo que tiene no tener epi) y la pobre solo me animaba. Dentistas,ginecólogos, hasta ahora ni una queja.
    Pero leo el caso de tu hermana y pienso ¿Y si hubiera sido yo? no pueden tratar así a la gente, es normal sentir miedo,llorar, querer gritar incluso. Entonces los que están en la uci y se les muere algún familiar? ¿Deberían irse a su casa a llorar para no “Molestar”?
    Es que son tantas cosas…este tema podría dar mucho de si.

  9. pues sí… muchos sanitarios se olvidan y la verdad es que es una pena!

  10. Ha y gente para todo pero es verdad que en ciertas profesiones se pide aún más profesionalidad si cabe. EL otro día fui a sacarme sangre y fue una vergüenza, hablando entre ellos, ni me miraron a la cara y tuvieron que volver a tomarme la tensión porque se les había pasado…

  11. Ojalá esto llegará a ojos de todos esos que en lugar de sanitarios tenían que haberse dedicado a la carpintería…yo he tenido muy mala suerte en momentos muy importantes.

  12. Yo soy de esas buenas pacientes que nunca grita, que no se queja del dolor y que me lo guardo todo para mí. Pero es cierto que hay personal sanitario muy poco empático y también muy poco profesional. A mi madre, un traumatólogo estuvo dåndole largas durante 5 meses por dolores insoportables en la pierna. Se había desgarrado los abductores, no podía sentarse en el váter ni para orinar y este mėdico, que nunca la reconoció palpándole sino a ojo desde la otra punta de la mesa, solo le decía que era culpa de ella por su sobrepeso y que era imposible que le doliera tanto. Hay gente que no vale para estar al cuidado de otras personas.

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