No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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Feliz cumpleaños

17 de Septiembre. Parece un día más en el calendario. Y lo es, es cierto, pero para mí, hoy el día es un poco más especial. Hace justo 39 añazos que decidí llegar a esta mundo, unas horas antes del cumpleaños de mi madre, es sí que fue un buen regalo de cumpleaños.

En todos estos años, me han pasado cientos, que digo, miles de cosas, unas buenas y otras no tanto. Cosas que forjan nuestro carácter y nuestra forma de ser. Nuestros sueños y expectativas. Y poco a poco, vamos creciendo y viendo el mundo con distintos ojos.

Porque no tiene nada que ver la visión de un niño a la de un adulto. Esa inocencia, que con el paso de los años vamos perdiendo. Entramos rápidos en la adolescencia y de ahí a la edad adulta, hay sólo un paso. Recuerdo como siempre quería ser más mayor, siempre quería tener un año más. Y un día, no sé cuándo, ya no quería eso, al contrario, quería tener un año menos…. Si es que pasan tan rápidos….

Y de pronto te conviertes en madre. Y de nuevo, ves cómo los años corren, pero ya no tanto por ti, sino, por tus hijos, que crecen y cada día te enseñan algo nuevo.  Cuando mi príncipe ya tenía unos años, siempre pensé que sería mi único hijo. Pero no quería conformarme con eso. Sabía que la maternidad me esperaba nuevamente. Fantaseaba con ser madre soltera, me ponía metas, me decía que si en X años no lo había conseguido, me haría una inseminación artificial. Al final, mi fantasía no fue tan descabellada. No, porque mi embarazo no se produjo de modo natural. Y porque ahora vuelvo a estar soltera, ironías de la vida…

Pero, esta maternidad me ha pillado mucho más adulta, mucho más madura. La estoy viviendo de otra manera. Ya lo sabéis. Ya me conocéis. Llevo muchos meses plasmando en estas letras todo lo que llevo dentro, esa maternidad que me ha transformado, me ha metamorfoseado (guiño a Nieves y Vero :-)). He vivido 18 meses intensos al lado de mi princesa, meses de 24 horas juntas, cansados y agotadores, es cierto, pero sobre todo, felices y completos. A veces me he preguntado que habría pasado si pudiera haber hecho lo mismo con el mayor…pero no pudo ser y bueno, creo que ya tampoco importa mucho, además, lo he hecho muy bien.

Él es mi hombrecito, mi punto de apoyo, es mi niño pequeño y mi tabla de salvación. Es cariñoso a rabiar. Es tierno y dulce. Siempre tiene una palabra amable en los labios. Siempre ve la bondad de las personas. Ahora está en época de cambios, claro, para él también pasan los años rápido y está entrando en la adolescencia. En una época difícil que tenemos que torear de vez en cuando. Y aunque discutimos más de lo que me gustaría y de lo que quiero admitir, siempre nos pedimos perdón y nos queremos más todavía. Él ha sido el primero en felicitarme, lleva días planeando mi cumpleaños, está más emocionado que yo. Me ha comprado un regalo con el dinero de su hucha, es la primera vez que lo hace. Yo no quería nada, me conformo con un detalle hecho con sus manos. Pero él quería sorprenderme con algo más, porque ya es mayor…. (Mientras escribo estas líneas, aún no sé lo que es, no le he dejado darme el regalo la noche de antes de mi cumple, le he pedido que aguante un poquito más, pero ya os lo diré).

Y, después de contar lo bien que lo hice con el mayor, espero estar haciéndolo igual de bien con mi pequeña. Esa flor preciosa que cada día me ilumina el alma. Esa personita que me ha hecho multiplicar el amor, saber que es posible querer a dos hijos por igual y de forma incondicional. Ella hoy no sabrá que es un día especial para mí. No importa. Para mí es más que especial sólo porque ella ha llegado a alegrar mis días. A llenarlos de inocencia, de descubrimientos, de nuevas palabras que surgen de su boca cada día, de besos lanzados al aire y estampados en mi cara. De abrazos a media noche y de su cabeza reposando en mi pecho. De esos suspiros de felicidad que deja escapar cuando ve su teta. De esas caricias suaves mientras mama relajada, tranquila y feliz.

Gracias hijos míos. Hoy quiero que sepáis que sois el mejor regalo que una madre pueda desear. No hay nada que compre estos momentos. Felicidades, mis tesoros, por ser tan especiales. Os quiero.

cumpleaños

La maternidad te cambia

Está claro que quien tiene un hijo, va a tener que cambiar un montón sus prioridades y sus hábitos. Creo que eso, la mayoría de las madres, ya lo tienen claro desde que están embarazadas. El problema es que algunas, no son conscientes de todo lo que la llegada de un bebé puede cambiar sus vidas.

Mis dos hijos han cambiado mi mundo, pero ha sido a mejor. He dejado de hacer algunas cosas y las he cambiado por otras.

Por ejemplo, antes podía salir una noche a cenar, tomar unas copas y echarme unos bailes. Ahora eso lo he cambiado por salir a merendar, tomarnos unos helados, y echarme unas carreras por la calle. ¿Y acaso eso me molesta? En absoluto, todo lo contrario, me encanta, me gusta mucho más el plan de ahora, me lo paso mejor, es más divertido escuchar las risas de mis hijos y disfrutar con ellos.
Hay cosas que pueden no resultar tan divertidas, como la falta de tiempo para poder ducharte tranquilamente, o tener que ir al cuarto de baño con tu peque sujeta a las piernas…. ¿dónde habrá quedado la intimidad? Pero si lo piensas, resulta hasta gracioso.

Las noches también han cambiado. Antes dormía a pierna suelta toda la noche de un tirón y ahora doy gracias si consigo dormir más de 3 horas seguidas y se acabó lo de levantarse tarde. Pero abrir los ojos y ver a mi pequeña mirándome con sus ojazos y una sonrisa, compensan todas las malas noches.

También es cierto que las cosas van cambiando, no es lo mismo cuando son bebés que cuando van creciendo. Mi príncipe tiene 11 años, y hemos pasado por todas las fases, por ejemplo, ir a comer a un restaurante:
• Bebé de meses, mi comida se enfría porque le estoy dando la teta.
• Bebé de 1 año, mi comida se enfría porque le estoy dando de comer a él.
• Bebé de 2 años, pone todo el suelo y la mesa del restaurante perdidos porque come solo y la comida llega a todas partes.
• Niño de 3, 4, 5 años, termina de comer y se quiere levantar a corretear entre las mesas y algún amargado de la vida le echa la bronca y te mira con cara asesina.
• Niño de 6-10 años, pasas por diferentes situaciones, como “me aburro”, “camarero, esto no me gusta”…
• Niño de 11 años, se queda sentado a la mesa, come a la misma velocidad que tú, charláis, hacéis comentarios, te da sus opiniones sobre la comida…

Pues así es con todo. Ahora con la princesa, mi vida gira en torno a ella, he dejado de hacer algunas cosas y las he cambiado por otras y hay cosas que siguen igual y que se pueden hacer perfectamente con ella, sobre todo usando un buen portabebé ergonómico. Para mí es lo mejor del mundo.

Y ¿Qué pasa con las mamás/papás que no lo entienden, que no lo ven así? Como sabéis, esto es solo mi opinión personal, pero a mí me da pena. He escuchado cientos de comentarios de gente que se lamenta de lo que le ha cambiado la vida.

El otro día, una mamá me decía que estaba agobiadísima, que desde que nació su hijo, había tenido que renunciar a hacer un montón de cosas. ¡¡¡Que si lo hubiera sabido antes, no habría tenido al niño!!! ¡Que egoísmo! No os imagináis como me dolió escuchar esas palabras…. Esa madre no veía todo lo que su pequeño le había aportado a la vida, sólo veía las partes negativas (que yo no veo nada negativo en la maternidad) y todo lo que ya no podía hacer. Estuvo un rato haciendo comentarios negativos, que yo trataba de rebatir, pero a ella le daba igual y decidí terminar la conversación. ¿Dónde está el instinto maternal de esa mujer? Perdonadme si suena duro, pero me parece así. No a todas las mujeres se nos despierta el mismo instinto de protección, me parece a mí.

Otra me decía que en dos meses que tenía su bebé, no había podido salir a tomarse el aperitivo todos los fines de semana, porque la mitad de las veces, a esa hora el bebé tenía alguna necesidad. Y que para ella era fundamental tomarse un vermut los domingos……… Así que había optado por llamar a los abuelos, para que se quedaran con el niño y poder salir un rato. Vamos a ver, que no digo que quizás, en algunos momentos, no necesitemos tiempo para nosotras mismas, pero, por favor, tiempo para algo no tan frívolo como tomarse unas cañas…. Pues es que ni me lo planteo. Si quiero tomarme una cerveza (sin alcohol), me la tomo con mi hija, en una terraza o donde sea. Si no me da tiempo a salir antes de comer, puedo salir a pasear después de la siesta. Y sino, me la tomo en casa, me preparo un aperitivo y arreando, tan contenta.

De todos modos, yo soy de la idea de que los bebés crecen muuuy deprisa, que me lo digan a mí, que parece que fue ayer cuando nació mi príncipe… Así que pienso que hay que aprovechar el tiempo con nuestros hijos al máximo, porque un día, de pronto, te das cuenta de que ya no quieren mamar, o de que ya no quieren dormir contigo en la cama, o de que cada vez se van volviendo más independientes, y todo eso, lo echarás de menos.

Ya me han hecho comentarios del tipo, “deja a la niña con los abuelos y os vais al cine”. Pues la verdad es que ir al cine no me apetece lo más mínimo. Primero, porque ese rato prefiero disfrutarlo con los niños, y segundo, porque seguro que pago 8 euros de la entrada y me duerme en la sala a oscuras. Pero siguen insistiendo, que si la niña está “enmadrada”, que si necesito tiempo para mi…….Pues en realidad, soy yo la que está “enhijada” y no quiero separarme de ella lo más mínimo. Ni ella de mí, por supuesto, que todo lo que necesita lo tiene en su madre.

Pues sí, los hijos te cambian la vida, pero para mejor. Y por favor, dejad de decirme que haga cosas sin ellos. Y dejad de hacerme comentarios de la cansados que estáis con vuestros hijos, porque, realmente, me sienta fatal y no comparto esas opiniones.

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