No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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Turnos en el trabajo: así afectan a mi maternidad

Desde que decidí ser enfermera, hace más de 20 años (empiezo a parecerme a Rose, de Las Chicas de Oro, recordando viejos tiempos) supe que esta profesión estaba ligada a diferentes turnos y claro, en aquella época de juventud, no me importaba nada. Ahora que soy madre no lo veo así.

Los años pasan y los turnos pesan. Y aunque no puedo quejarme sobre el tema de la conciliación como sí le pasa a mucha gente, el trabajo no es tan fantástico como debería ser. Es cierto que tener la jornada continua ayuda muchísimo. No te puedes ni imaginar lo agradecida que estoy por trabajar por la mañana de 8 a 15 y tener toda la tarde libre para hacer cosas con mis hijos. Pero cuando llegan los fines de semana y me toca trabajar ya no estoy tan agradecida. Y cuando tengo que trabajar por las noches…eso sí que me afecta como madre.

Trabajar por las noches cada vez me cuesta más. Hacer un turno de noche me afecta como persona y esto afecta a mi maternidad en mayor o menor medida.

Cuando trabajo de noche, esa misma tarde intento dormir un par de horas de siesta, para poder aguantar toda la noche despierta. Eso implica dos horas de tarde que pierdo para estar con mis hijos. Muchas tardes lo de dormir se vuelve complicado, ruidos en la calle y de los vecinos, la pequeña que no quiere echarse la siesta conmigo o la pequeña que quiere algo de mí y entra a despertarme… Me levanto, me preparo algo de cena para el trabajo y llevo a los niños a casa de los abuelos a dormir. Me voy a trabajar 10 horitas de nada y…la cosa no termina ahí. Porque aunque salga de trabajar, sigo perdiendo partes de mi maternidad. Al mayor no  le veo pues cuando llego a casa de los abuelos ya se ha ido al instituto. A la peque sí me da tiempo a darle unos besitos antes de llevarla al colegio. Me acuesto un rato, 4 horas que me saben a muy poco, pues prefiero despertarme pronto para recoger a Sara del cole.

Esta imagen pertenece al blog: http://florenciaruisenor.blogspot.com.es/

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Y llega la tarde después de la noche. La tarde en la que estoy muy afectada. La falta de sueño me altera bastante y estoy de mal humor toda la tarde. Después de comer intento dormitar un poco en el sofá pero resulta complicado, así que no duermo y no me aguanto ni yo. Soy como Sara cuando no duerme la siesta, estoy torcida. Me da mucha rabia porque esas tardes me enfado mucho con los niños, por cosas que normalmente no haría. Estoy deseando que pasen las horas para que se vayan a dormir y me dejen tranquila. Y me siento mal por eso.

Si consigo acostarme temprano, día superado, al día siguiente todo vuelve a la normalidad. Pero cuando tengo que trabajar dos noches seguidas, imagina esta situación duplicada. Además de pasar una tarde de mal humor por la falta de sueño, estoy de mal humor por pensar que me vuelve a tocar otra noche sin dormir. Una nueva mañana de sólo 4 horas de descanso y una nueva tarde de discusiones sin sentido con los niños.

Hay muchísimos trabajos en los que los trabajadores tienen que hacer distintos turnos y trabajar por las noches. Es necesario, lógicamente ni un hospital puede cerrarse por las noches ni la seguridad de una ciudad puede parar. Hay transporte, fábricas y muchos otros trabajos que se realizan las 24 horas del día. Pero eso no quiere decir que trabajar en ese horario sea bueno. Hay estudios que indican que trabajar en el turno de noche afecta a la persona en muchos aspectos de su vida, tanto en la salud como en la personalidad. Yo con los años cada vez lo llevo peor. Y lo peor es que en mi trabajo, hacer turnos de noche es obligatorio hasta los 55 años, momento en el que puedes decidir no hacerlo. Vamos, que una está mayor pero hasta los 55 todavía me queda mucho.

La nocturnidad afecta a mi maternidad. Y no me gusta nada la madre en que me convierte. ¿Trabajas de noche? ¿Cuáles son tus trucos para llevarlo con buen humor y no dejar que te afecte?

No quiero, ahora mismo y mamita, las frases favoritas de estos últimos días.

Después de los famosos terribles dos años, se supone que llega la calma… Pues no, en casa se han instalado los terribles tres y los terribles trece.

Estoy agobiada, muy agobiada, 24 horas al día sola en casa, cada día de la semana, con dos niños de diferentes edades y diferentes necesidades. Mis hijos, a los que adoro y quiero por encima de todas las cosas, a veces me desestabilizan del todo. Se juntan en el mismo momento con sus problemas y sus exigencias. ¡Sí, exigencias! Porque parece que lo quieren todo y tiene que ser ahora mismo.

Nunca he sido una madre súper permisiva y dada a concederles todos los caprichos. Primero, porque creo que dárselo todo no es nada beneficioso para ellos. Y segundo porque no tengo cómo. Eso no quita que no tengan cosas, caprichos, claro está, pero no siempre ni todo lo que quieren.  Criar a mis hijos con apego, cariño y seguridad no implica tolerar todas las cosas.

Pero en este precioso momento, los dos están en esa etapa en la que parece que no entienden las cosas. Vale, Sara quizás todavía no entienda que no se puede tener todo y se enfade cuando no lo consigue. Pero Lucas sí lo entiende de sobra y aun así, se pasa el día enfadado cuando no tiene lo que quiere.

Para mí es muy frustrante, ver como piden, exigen, se enfadan, y vuelta a empezar. Hay días que cuando llega la noche ya no puedo más, sobre todos los fines de semana y festivos, cuando estamos más horas juntos.

Lucas está en la preadolescencia y se pasa la mitad del día enfadado y la otra mitad triste. Entiendo que está teniendo muchísimos cambios en su vida, le apoyo, le respeto, hablo con él, le comprendo…pero a veces me puede, puede conmigo. Cuando se niega a hacer alguna tarea doméstica de las que acostumbra a hacer, como bajar la basura, por ejemplo, y no sólo se niega, sino que además se enfada y me dice que lo haga yo, que no la bajo nunca. No ve que yo hago otras cosas, muuuuchas más que él, pues le encanta compararse conmigo (sólo para lo que a él le interesa), y tener siempre la última palabra. En esos momentos de discusiones, en las que ambos entramos en bucle y no sacamos nada en claro, siempre decido para en seco y dejarlo para más tarde. Lo normal es que le mande a su habitación o a otro sitio donde no esté yo, no como castigo, sino para separarnos y a veces soy yo la que sale y ya hablamos cuando hemos respirado, ha pasado el tiempo y nos hemos calmado.

Sara también está en esa etapa, la mayoría de las veces se niega a hacer lo que le pido (recoger las cosas de la mesa para comer, dejar de saltar desde el respaldo del sofá o desde la cama, lavarse las manos…). Me dice que no, y punto. Negocio con ella, se lo pido por las buenas, siempre le dejo un ratito más…pero la inmensa mayoría de las veces no consigo nada, y claro, acabo enfadándome. El otro día, sentada en el suelo con los zapatos de la calle, puso cada pie en la pared. Yo no soy una obsesionada de la limpieza, pero hombre, esas cosas pues prefiero evitarlas. Le pedí educadamente que dejara de pisar la pared porque la manchaba, pero me decía que no y seguía, y seguía, y seguía…

Luego están las exigencias. Lucas pide mucho, se enfada porque no lo tiene, le explico que no se puede tener todo e incluso le muestro que hay gente que no tiene nada y lo arreglamos. Sara exige, quiere algo y lo quiere ya. No son cosas materiales, más bien son situaciones. Hace mucho que hace pis solita. Me dice que va ella sola y se cierra la puerta y todo. Pero de repente, en un momento dado, quiere que yo vaya con ella y me siente en el suelo a mirarla y tiene que ser ya, ahora mismo, y si no, pues enfado y llantos al canto. O ya quiere que le ponga una película, ya quiere jugar a la plastilina, pintar con las acuarelas o ponerse un disfraz. Todo tiene que ser cuando ella quiere, y la inmensa mayoría de las veces, no puedo salir corriendo, entre otras cosas porque hay cosas que pueden esperar y no quiero que aprenda que todas sus exigencias tienen que ser satisfechas. Pero se enfada, chilla, me llama mala y hasta ha llegado a escupirme y darme alguna torta. Mi forma de actuar es calmada, con paciencia, explicándole las cosas…pero todo tiene un límite.

Luego están los días llorones. No sé por qué, hay días que cada 10 minutos se enfada por algo y llora y me llama mamita. La mayoría de los enfados son con su hermano mayor. Y eso me sienta fatal, entiendo que los hermanos no se tienen que llevar bien todo el rato y se peleen. Pero me da rabia que Lucas se baje al nivel de Sara y la haga rabiar para que llore. Luego ella se enfada y le pega y los dos me llaman ¡mamita! ¡Que Sara me ha pegado! ¡Nooo, que Lucas me ha quitado mi muñeco! ¡¡¡¡Mamá!!!

Pues hay días en los que se junta todo, los enfados entre ellos, las negativas y discusiones, las exigencias, y a lo largo del día se suceden una y otra vez. Esos días pongo en duda mi forma de crianza, esos días me pregunto si todo el cariño y el amor que les doy sirve para algo, esos días me enfado y chillo y me siento mala madre, esos días intento desconectar un poco y me encierro en el baño pero la pequeña aporrea la puerta mientras grita mi nombre y yo lloro y me tapo los oídos y pienso que no puedo con todo… Esos días me siento taaan sola, esos días echo tanto de menos a Jose, tener a otra persona que también tome parte en el asunto, no ser siempre yo sola la buena y la mala, que Jose pudiera mediar, o quedarse con ellos y salir yo a la calle a respirar 10 minutos, o que se los llevase un rato. Esos días se me hace tan dura la maternidad.

A veces me siento muy sola. Mis padres y mi hermana trabajan y no están siempre cuando me gustaría. A veces, en días así, mi hermana se ha llevado un rato a los niños y yo he podido descansar y relajarme, pero no siempre hay alguien disponible.

Por suerte, esos ratos, esos días pasan y al rato mis dos hijos, el mayor tesoro de mi vida, me abrazan, me llenan de besos, me piden perdón, y vuelvo a sentir que la maternidad tiene sentido, que los amo por encima de todas las cosas, que soy buena madre y que ellos son los mejores hijos del mundo.

¡Feliz cumpleaños hijo mío!

cumpleaños

Hoy es un gran día. Hoy hace 12 años que llegaste a mi vida. 12 años que han pasado tan deprisa, 12 años en los que te he visto crecer y madurar (y lo que nos queda).

Vuelvo la vista atrás, no tanto, y recuerdo la noche de tu nacimiento como si fuera ayer… ¡¡¡y ya han pasado 4380 noches!!! Aquella fue una buena noche. La noche en que mi vida cambiaría para siempre. La noche en que llegaste para abrirme los ojos.

Recuerdo esa tarde, estaba revuelta y con contracciones, sabía que era el día. Dejé pasar las horas, cené, me duché y me fui para el hospital. Allí me dijeron que estaba de parto, pero que al ser primeriza, tardaría varias horas. Que equivocados estaban, en sólo dos horas y media te tenía entre mis brazos. No fue el parto ideal, es cierto, fue un parto dirigido y controlado, pero fue rápido y nada traumático y trajo lo mejor, un pequeño de pelo oscuro y casi 3 kilos de peso. A pesar de ser más joven e inexperta, seguí mi instinto, y te di de mamar hasta los 8 meses y compartimos cama hasta casi los dos años y medio, aunque esa parte fue un poco por obligación y no nos salió nada mal.

Cuando sólo tenías 6 meses, tu padre nos dejó. Tuvimos que vivir con los abuelos durante dos años, y para ti, eso era lo normal. Pero yo necesitaba independencia, y con dos años y medio, nos fuimos los dos a vivir solos. Fue un gran cambio, pero tú te adaptaste muy rápido y me ayudaste mogollón. Mucha gente me decía que yo era una persona muy fuerte por salir adelante yo sola con un hijo. Pero confieso que tú me lo pusiste fácil.

Los primeros años de tu vida estuviste enfermo varias veces. El asma te hizo permanecer ingresado en el hospital en bastantes ocasiones. Me daba tanta pena verte, tan pequeño, en una cama de hospital tan grande, con la mascarilla del oxígeno y sin ganas de nada. Estabas tan delgado, se te marcaban las costillas. Y mírate ahora, grande y fuerte. Y aunque el asma sigue acompañándote en tu día a día, ya es más una molestia crónica que otra cosa. ¡Hijo mío, como has crecido!

Hace unos años, te enfrentaste a una situación dura para ti. Tu padre se fue de España y casi habéis perdido el contacto. Una parte de mí se alegró un poco al conocer la noticia de su partida, puesto que tu padre siempre ha sido bastante problemático y el hecho de que desapareciera, iba a ser beneficioso para ambos. Pero claro, tiene su parte dura y difícil. Y es tu parte de hijo. Te preguntas el motivo, a veces, te pones triste y lloras, le echas de menos y te preguntas si tú tienes alguna culpa de su partida. Hijo, no te tortures, tú no tienes culpa de nada, tu padre te quiere, a su manera y en la distancia, a través de un mail mensual y muchos reproches, pero te quiere. Me duele tanto verte sufrir por esto. Yo siempre te digo que te quiero el doble que las demás madres, te doy el cariño de la madre y el cariño del padre. Pero sé, que en el fondo, te falta algo. Ojalá pudiera ahorrarte este sufrimiento.

Eres tan tierno. Me encanta tu empatía, la capacidad que tienes de ponerte en el lugar del otro. A veces, cuando vemos una peli juntos y pasa algo triste, ya sé que te va afectar, y aunque me gusta tu forma de emocionarte, también me duele verte sufrir. Lloras si ves a un niño sufrir o ante noticias tristes. Qué lástima me da que tengas que aprender lo que es el dolor tan pronto.

Eres el perfecto hermano mayor. Cuando nació tu hermana, acababas de cumplir 10 años. Pasamos una época de reajustes para todos, en los que dejaste de ser el absoluto protagonista de la casa, pero te adaptaste enseguida. Adoras a tu hermana. Y ella a ti. Se me pone una sonrisa enorme en la cara cuando llegas del cole y ella sale corriendo a abrazarte loca de contenta. Cuando se despierta por la mañana y tú quieres ser el primero en llegar y darle un beso. Me encanta eso que tenéis entre los dos. Cómo la cuidas, cómo la haces reír, cómo le das tus cosas para que no llore y cómo te asustas cuando ves alguna locura de la chiquitina, porque no quieres que se haga daño. Sé que son muchos años de diferencia, pero también sé que seréis grandes hermanos.

Ahora, pasamos algunos momentos un poco tensos. Ambos tenemos que adaptarnos a tu nueva situación: la revolución hormonal. De vez en cuando, te sale el mal genio, o tienes una mala contestación y yo reconozco que no sé muy bien cómo manejar la situación. Nos enfadamos con bastante frecuencia, casi siempre por tonterías, pero hay una cosa que me encanta en nuestra relación madre-hijo: Siempre hablamos las cosas, cuando pasa la tormenta, que por suerte, dura poco. Y ambos admitimos nuestros errores y nos pedimos perdón. Y aunque sé que mañana volveremos a enfadarnos por algo, también sé que un rato después nos estaremos dando un montón de besos.

Porque esa es otra cosa que me encanta de ti. Lo cariñoso que eres. Lo mimoso que eres. Cómo te gusta que te abrace y cómo te gusta sentarte en mis piernas, a pesar de que te me “desbordas” por todos lados. Cómo por las noches, estás deseando que salga de dormir a tu hermana para tener nuestro momento para los dos solos, cómo te gusta poner tu cabeza en mi pierna y que te toque el pelo. No cambies nunca, las chicas estarán locas por ti.

Gracias por todo Lucas. Por haberme enseñado tantas cosas en la vida. Por hacerme tan feliz durante 12 años. Por haberme hecho madre.

¡Te quiero!

Feliz cumpleaños

17 de Septiembre. Parece un día más en el calendario. Y lo es, es cierto, pero para mí, hoy el día es un poco más especial. Hace justo 39 añazos que decidí llegar a esta mundo, unas horas antes del cumpleaños de mi madre, es sí que fue un buen regalo de cumpleaños.

En todos estos años, me han pasado cientos, que digo, miles de cosas, unas buenas y otras no tanto. Cosas que forjan nuestro carácter y nuestra forma de ser. Nuestros sueños y expectativas. Y poco a poco, vamos creciendo y viendo el mundo con distintos ojos.

Porque no tiene nada que ver la visión de un niño a la de un adulto. Esa inocencia, que con el paso de los años vamos perdiendo. Entramos rápidos en la adolescencia y de ahí a la edad adulta, hay sólo un paso. Recuerdo como siempre quería ser más mayor, siempre quería tener un año más. Y un día, no sé cuándo, ya no quería eso, al contrario, quería tener un año menos…. Si es que pasan tan rápidos….

Y de pronto te conviertes en madre. Y de nuevo, ves cómo los años corren, pero ya no tanto por ti, sino, por tus hijos, que crecen y cada día te enseñan algo nuevo.  Cuando mi príncipe ya tenía unos años, siempre pensé que sería mi único hijo. Pero no quería conformarme con eso. Sabía que la maternidad me esperaba nuevamente. Fantaseaba con ser madre soltera, me ponía metas, me decía que si en X años no lo había conseguido, me haría una inseminación artificial. Al final, mi fantasía no fue tan descabellada. No, porque mi embarazo no se produjo de modo natural. Y porque ahora vuelvo a estar soltera, ironías de la vida…

Pero, esta maternidad me ha pillado mucho más adulta, mucho más madura. La estoy viviendo de otra manera. Ya lo sabéis. Ya me conocéis. Llevo muchos meses plasmando en estas letras todo lo que llevo dentro, esa maternidad que me ha transformado, me ha metamorfoseado (guiño a Nieves y Vero :-)). He vivido 18 meses intensos al lado de mi princesa, meses de 24 horas juntas, cansados y agotadores, es cierto, pero sobre todo, felices y completos. A veces me he preguntado que habría pasado si pudiera haber hecho lo mismo con el mayor…pero no pudo ser y bueno, creo que ya tampoco importa mucho, además, lo he hecho muy bien.

Él es mi hombrecito, mi punto de apoyo, es mi niño pequeño y mi tabla de salvación. Es cariñoso a rabiar. Es tierno y dulce. Siempre tiene una palabra amable en los labios. Siempre ve la bondad de las personas. Ahora está en época de cambios, claro, para él también pasan los años rápido y está entrando en la adolescencia. En una época difícil que tenemos que torear de vez en cuando. Y aunque discutimos más de lo que me gustaría y de lo que quiero admitir, siempre nos pedimos perdón y nos queremos más todavía. Él ha sido el primero en felicitarme, lleva días planeando mi cumpleaños, está más emocionado que yo. Me ha comprado un regalo con el dinero de su hucha, es la primera vez que lo hace. Yo no quería nada, me conformo con un detalle hecho con sus manos. Pero él quería sorprenderme con algo más, porque ya es mayor…. (Mientras escribo estas líneas, aún no sé lo que es, no le he dejado darme el regalo la noche de antes de mi cumple, le he pedido que aguante un poquito más, pero ya os lo diré).

Y, después de contar lo bien que lo hice con el mayor, espero estar haciéndolo igual de bien con mi pequeña. Esa flor preciosa que cada día me ilumina el alma. Esa personita que me ha hecho multiplicar el amor, saber que es posible querer a dos hijos por igual y de forma incondicional. Ella hoy no sabrá que es un día especial para mí. No importa. Para mí es más que especial sólo porque ella ha llegado a alegrar mis días. A llenarlos de inocencia, de descubrimientos, de nuevas palabras que surgen de su boca cada día, de besos lanzados al aire y estampados en mi cara. De abrazos a media noche y de su cabeza reposando en mi pecho. De esos suspiros de felicidad que deja escapar cuando ve su teta. De esas caricias suaves mientras mama relajada, tranquila y feliz.

Gracias hijos míos. Hoy quiero que sepáis que sois el mejor regalo que una madre pueda desear. No hay nada que compre estos momentos. Felicidades, mis tesoros, por ser tan especiales. Os quiero.

cumpleaños

La maternidad te cambia

Está claro que quien tiene un hijo, va a tener que cambiar un montón sus prioridades y sus hábitos. Creo que eso, la mayoría de las madres, ya lo tienen claro desde que están embarazadas. El problema es que algunas, no son conscientes de todo lo que la llegada de un bebé puede cambiar sus vidas.

Mis dos hijos han cambiado mi mundo, pero ha sido a mejor. He dejado de hacer algunas cosas y las he cambiado por otras.

Por ejemplo, antes podía salir una noche a cenar, tomar unas copas y echarme unos bailes. Ahora eso lo he cambiado por salir a merendar, tomarnos unos helados, y echarme unas carreras por la calle. ¿Y acaso eso me molesta? En absoluto, todo lo contrario, me encanta, me gusta mucho más el plan de ahora, me lo paso mejor, es más divertido escuchar las risas de mis hijos y disfrutar con ellos.
Hay cosas que pueden no resultar tan divertidas, como la falta de tiempo para poder ducharte tranquilamente, o tener que ir al cuarto de baño con tu peque sujeta a las piernas…. ¿dónde habrá quedado la intimidad? Pero si lo piensas, resulta hasta gracioso.

Las noches también han cambiado. Antes dormía a pierna suelta toda la noche de un tirón y ahora doy gracias si consigo dormir más de 3 horas seguidas y se acabó lo de levantarse tarde. Pero abrir los ojos y ver a mi pequeña mirándome con sus ojazos y una sonrisa, compensan todas las malas noches.

También es cierto que las cosas van cambiando, no es lo mismo cuando son bebés que cuando van creciendo. Mi príncipe tiene 11 años, y hemos pasado por todas las fases, por ejemplo, ir a comer a un restaurante:
• Bebé de meses, mi comida se enfría porque le estoy dando la teta.
• Bebé de 1 año, mi comida se enfría porque le estoy dando de comer a él.
• Bebé de 2 años, pone todo el suelo y la mesa del restaurante perdidos porque come solo y la comida llega a todas partes.
• Niño de 3, 4, 5 años, termina de comer y se quiere levantar a corretear entre las mesas y algún amargado de la vida le echa la bronca y te mira con cara asesina.
• Niño de 6-10 años, pasas por diferentes situaciones, como “me aburro”, “camarero, esto no me gusta”…
• Niño de 11 años, se queda sentado a la mesa, come a la misma velocidad que tú, charláis, hacéis comentarios, te da sus opiniones sobre la comida…

Pues así es con todo. Ahora con la princesa, mi vida gira en torno a ella, he dejado de hacer algunas cosas y las he cambiado por otras y hay cosas que siguen igual y que se pueden hacer perfectamente con ella, sobre todo usando un buen portabebé ergonómico. Para mí es lo mejor del mundo.

Y ¿Qué pasa con las mamás/papás que no lo entienden, que no lo ven así? Como sabéis, esto es solo mi opinión personal, pero a mí me da pena. He escuchado cientos de comentarios de gente que se lamenta de lo que le ha cambiado la vida.

El otro día, una mamá me decía que estaba agobiadísima, que desde que nació su hijo, había tenido que renunciar a hacer un montón de cosas. ¡¡¡Que si lo hubiera sabido antes, no habría tenido al niño!!! ¡Que egoísmo! No os imagináis como me dolió escuchar esas palabras…. Esa madre no veía todo lo que su pequeño le había aportado a la vida, sólo veía las partes negativas (que yo no veo nada negativo en la maternidad) y todo lo que ya no podía hacer. Estuvo un rato haciendo comentarios negativos, que yo trataba de rebatir, pero a ella le daba igual y decidí terminar la conversación. ¿Dónde está el instinto maternal de esa mujer? Perdonadme si suena duro, pero me parece así. No a todas las mujeres se nos despierta el mismo instinto de protección, me parece a mí.

Otra me decía que en dos meses que tenía su bebé, no había podido salir a tomarse el aperitivo todos los fines de semana, porque la mitad de las veces, a esa hora el bebé tenía alguna necesidad. Y que para ella era fundamental tomarse un vermut los domingos……… Así que había optado por llamar a los abuelos, para que se quedaran con el niño y poder salir un rato. Vamos a ver, que no digo que quizás, en algunos momentos, no necesitemos tiempo para nosotras mismas, pero, por favor, tiempo para algo no tan frívolo como tomarse unas cañas…. Pues es que ni me lo planteo. Si quiero tomarme una cerveza (sin alcohol), me la tomo con mi hija, en una terraza o donde sea. Si no me da tiempo a salir antes de comer, puedo salir a pasear después de la siesta. Y sino, me la tomo en casa, me preparo un aperitivo y arreando, tan contenta.

De todos modos, yo soy de la idea de que los bebés crecen muuuy deprisa, que me lo digan a mí, que parece que fue ayer cuando nació mi príncipe… Así que pienso que hay que aprovechar el tiempo con nuestros hijos al máximo, porque un día, de pronto, te das cuenta de que ya no quieren mamar, o de que ya no quieren dormir contigo en la cama, o de que cada vez se van volviendo más independientes, y todo eso, lo echarás de menos.

Ya me han hecho comentarios del tipo, “deja a la niña con los abuelos y os vais al cine”. Pues la verdad es que ir al cine no me apetece lo más mínimo. Primero, porque ese rato prefiero disfrutarlo con los niños, y segundo, porque seguro que pago 8 euros de la entrada y me duerme en la sala a oscuras. Pero siguen insistiendo, que si la niña está “enmadrada”, que si necesito tiempo para mi…….Pues en realidad, soy yo la que está “enhijada” y no quiero separarme de ella lo más mínimo. Ni ella de mí, por supuesto, que todo lo que necesita lo tiene en su madre.

Pues sí, los hijos te cambian la vida, pero para mejor. Y por favor, dejad de decirme que haga cosas sin ellos. Y dejad de hacerme comentarios de la cansados que estáis con vuestros hijos, porque, realmente, me sienta fatal y no comparto esas opiniones.

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