No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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Vacunas: prevenir enfermedades, incidencia y efectos secundarios. La realidad en cifras

Estos días estamos oyendo mucho hablar de los padres que no vacunan a sus hijos y del movimiento antivacunas, a raíz del primer caso de difteria en España en casi 30 años. Un niño de 6 años al que sus padres decidieron no vacunar está ingresado muy grave en la Unidad de Cuidados Intensivos. A día de hoy hay 8 casos confirmados de portadores sanos de la difteria, que no enferman gracias a estar vacunados, pero que podrían transmitir la enfermedad a personas no vacunadas. Editado: el niño falleció después de un mes luchando por su vida.

La primera vacuna fue descubierta por Jenner en 1796 contra la viruela.  Haciendo un poco de historia, la viruela era tan letal que llegó a tasas de fallecimiento en torno al 30% de la población infectada. En la década de los años 50, la viruela afectaba a casi dos millones de personas por año. En esa época comenzó una campaña de vacunación  que consiguió erradicar la enfermedad en el continente americano. En 1977 se registró el último caso de viruela en el mundo y desde entonces, se considera erradicada. Esta erradicación se logró por las campañas de vacunación a nivel mundial. Mirando en la página del CDC (Centro de Control de Enfermedades) he extraído esta información sobre la vacuna de la viruela, que hace años que ya no se pone por estar erradicada.

“Por cada millón de personas vacunadas en el pasado, hasta 52 personas tuvieron una reacción a la vacuna contra la viruela que puso en peligro su vida y 2 personas murieron” Es decir, la vacuna tenía un riesgo de enfermedad grave y peligro de muerte del 0.0052% frente al 30% de muerte causada por la enfermedad real. O más claramente:

Sin vacuna morían 3 de cada 10 personas. La vacuna tenía una tasa de mortalidad de 0.00002 personas de cada 10 y 0.00052 de cada 10 tenían complicaciones graves.

Volviendo al presente y a algunas de las vacunas que se proponen actualmente en el calendario de vacunación.

Hepatitis BLa hepatitis B cursa de forma aguda durante los 6 primeros meses de la infección con fiebre, icteria, diarrea y vómitos, dolores musculares y de articulaciones y puede convertirse en crónica en el 80% de los casos, pudiendo causar enfermedades del hígado a largo plazo, como cirrosis y cáncer. La vacuna de la hepatitis B, en sus casos más graves, tiene una incidencia de 2 casos cada millón de dosis de reacción grave con riesgo de muerte.

Sin vacuna la mortalidad es menor del 1% a corto plazo y del 25% en enfermos crónicos. La vacuna produce un 0.0002% reacciones graves.

Difteria-Tétanos-Tosferina (DTaP) La difteria es una enfermedad grave causada por una toxina que dificulta la respiración, puede afectar al corazón, producir parálisis y llegar a ser mortal. En 1947 se producían 1000 casos de difteria cada 100.000. Tras la vacunación masiva la cifra disminuye a 0.1/100.000, siendo el último caso registrado en España en 1987. Hasta hace unos días, que se produce el primer caso de difteria en un niño no vacunado casi en 30 años.

El tétanos se produce por una toxina que puede llegar a ser mortal. Puede entrar en el organismo a través de una herida punzante, de una mordedura, de una quemadura o de una llaga.tétanos

La tosferina es una infección causada por la bacteria pertussis. En menores de 1 año es muy grave y puede conducir a la muerte.

Sin vacuna la mortalidad por difteria es de 10% en adultos y del 20% en niños. (2 niños de 10 mueren). Sin vacuna la mortalidad por tétanos es del 20% (2 muertes cada 10 personas). Sin vacuna la mortalidad por tosferina es de 1% (menos 1 muerto cada 100). Los efectos secundarios de la vacuna DTaP son anafilaxia en 0.002% de las dosis y encefalopatía en el 0.0001% de las vacunas administradas.

Rubeola-Sarampión-Parotiditis (Triple vírica) – La rubeola es una enfermedad de carácter leve causada por un virus. Es más grave cuando se contrae en la edad adulta y muy dañina para el feto en desarrollo (85% de los fetos infectados presentarán algún defecto congénito). Con la vacunación se pretende erradicar la rubeola congénita.

El sarampión es una enfermedad contagiosa respiratoria, que puede ser muy grave en niños menores de 5 años y adultos. En España, en el año 2011, el 20% de los infectados por sarampión necesito hospitalización y de estos, 289 casos (13.5%) tuvieron complicaciones graves. En el año 2013 murieron 145.000 personas en todo el mundo debido al sarampión.

La parotiditis o paperas está causada por un virus que produce aumento de las glándulas salivares. El 19% de los pacientes afectados de parotiditis desarrollan meningitis viriásica.

Sin vacuna 85% fetos con anomalía congénita por rubeola. Sin vacuna 13.5% casos graves sarampión. Encefalitis 1/1.000. Sin vacuna 19% meningitis por parotiditis. Reacciones graves a la vacuna: anafilaxia 1 caso cada 1.000.000 dosis (0.0001%). Encefalitis 1/1.000.000. No se ha evidenciado científicamente relación entre daño cerebral permanente y la vacuna. No hay evidencias probadas de que la vacuna triple vírica produzca autismo.

PoliomielitisCausada por un virus que ataca al sistema nervioso, puede producir parálisis permanente y ser mortal. Afecta más a menores de 5 años. Desde 2002 en Europa no hay polio, sólo se producen casos en 3 países, pero mientras no se erradique del todo, la movilidad de las personas obliga a continuar con la vacunación.

Sin vacuna 0.5 personas cada 100 tiene parálisis permanente. El 5% de estos casos fallece. La vacuna produce 1 reacción grave por cada millón de dosis administradas.

Actualmente la vacuna de la polio se administra de manera conjunta con otras vacunas, para evitar pinchazos, en combinados con difteria, tétanos, tosferina, hepatitis y/o haemóphilus.

Haemóphilus influenzae BEs una bacteria que causa varios tipos de enfermedades, como neumonía, meningitis y sepsis. La incidencia de enfermedades graves por HiB en España antes de la introducción de la vacuna era de 12.4 casos/100.000 en menores de 5 años.  La meningitis pone en riesgo la vida, produciendo 1 muerte en cada 20 infectados y 1 de cada 5 infectados tendrá daño cerebral o sordera.

Sin vacuna hay una incidencia de 0.0124%. De estos casos el 5% fallece y el 20% tienes daños permanentes. La vacuna produce 1 reacción alérgica grave/1.000.000 dosis administradas. No se han relacionado otros efectos secundarios graves con la vacuna contra Hib.

Meningococo C Bacteria que produce entre otras, meningitis y septicemia meningocócica. Las enfermedades meningocócicas tienen una letalidad del 10-15% y una tasa de discapacidad permanente del 10-20%.

Sin vacuna, mortalidad 10-15% y daño permanente 10-20%. La vacuna produce reacción alérgica  en menos de 0.01% y reacción anafiláctica 1/1.000.000 de administraciones.

Neumococo 13VEnfermedades causadas por streptococo pneumoniae, como neumonía, meningitis, bacteriemia, otitis y bronquitis. En 2005 la OMS estimó en  1.6 millones de muertes mundiales anuales, de las cuales 1 millón eran niños menores de 5 años. En España hubo 1034 casos de enfermedades invasivas por neumococo en el año 2013. La meningitis tiene una mortalidad del 20% y secuelas en el 40%.

Sin vacuna, mortalidad del 20% y secuelas del 40%. Con vacuna, anafilaxia 1/1.000.000 casos.

 vacuna

Como en todos los medicamentos, hay riesgos y efectos secundarios. Casi la totalidad de estos efectos son leves y pasajeros. En las cifras que os he facilitado, vemos que los casos graves debidos a la vacunación son muchísimos menores que los casos de muertes y daños permanentes producidos por la enfermedad en sí, con lo que, comparado, el riesgo es pequeñísimo.

Cada vez hay más padres que optan por no vacunar a sus hijos, poniendo en grave peligro su vida. Pero no solo la de sus propios hijos, también las del resto. Es cierto que la población vacunada está protegida contra determinadas infecciones, aunque en algunos pocos casos y en determinadas personas, la vacuna no hace efecto. Mucha gente vacunada produce inmunidad de grupo, lo que beneficia al colectivo que no puede vacunarse. Hay pacientes que no pueden recibir vacunas por varias causas: prematuros, embarazadas, enfermos con cáncer o inmunodeprimidos. Estos pacientes se benefician de la vacunación del resto. Pero cuanta más gente deje de vacunarse, más riesgo hay para todos.

He leído este ejemplo en la web de la AEPED que me parece muy aclaratorio: Imagínese un país pequeño con 100.000 de habitantes en el que 98 de cada 100 personas tienen paraguas y dos no. Además de las 98 personas que tienen paraguas, 1  lo tiene estropeado. Por último, en este país, las personas que tienen paraguas son muy amables y ofrecen cobijarse a 3 de cada 4 personas que no tienen paraguas. Imagínese que llueve en todo el país. Se mojarán todas las personas que no tienen paraguas y no están cobijadas bajo un paraguas de otra persona (50 personas) y todas las que lo tienen estropeado (98 personas). Si miramos los datos de forma superficial podemos decir, sin equivocarnos, que en este país imaginario, se moja más gente si tienes paraguas (98) que si no lo tienes (50). Imaginemos ahora que en este país muchas personas deciden dejar de tener paraguas por que pesa y les han convencido que la mayor parte de los que se mojan tienen paraguas. En esta nueva situación, sólo el 80 de cada 100 personas tienen paraguas y 20 de cada 100 no. El día que llueve se mojan 500 personas que no tienen paraguas y 80 personas de las que sí tienen paraguas. Las cosas han cambiado ¿no? Ahora parece que se mojan más los que no tienen paraguas (500) y además el primer día de lluvia se mojaron 148 personas y el segundo 580.

Esta situación es la misma que se produce con las vacunas. Cuando vacunamos a los niños, no sólo protegemos al niño que esta vacunándose, sino también estamos impidiendo que el agente que causa la enfermedad este presente por lo que protegemos también a aquellas personas no vacunadas. La diferencia es que en el caso de la vacunación, el resultado no es mojarse sino padecer alguna enfermedad que, en ocasiones produce secuelas graves e incluso, la muerte.”

Los padres que deciden no vacunar a sus hijos alegan que la higiene, la salubridad del agua y las mejoras sanitarias son las que han hecho disminuir las enfermedades. Esto es cierto en parte, gracias a todas esas mejoras hay menos infecciones, pero no quiere decir que no sigan estando, sólo hay que ver las cifras y los datos. La leche materna pasa anticuerpos al bebé que lo protegen de algunas enfermedades. Esto es cierto en parte, pues la inmunidad es pasajera, con lo que aunque un niño mame durante muchos años (y yo defiendo la lactancia cuanto más tiempo mejor), si entra en contacto con una cepa de un neumococo, por ejemplo, la lactancia no le protegerá de padecer una meningitis neumocócica, sólo la vacuna lo hará.vacunación

También los movimientos contra vacunas alegan que las vacunas contienen compuestos que son dañinos para el ser humano. Por ejemplo, el tiomersal, derivado del mercurio, era un compuesto usual en las vacunas y aunque no hay evidencias científicas que demuestren que las cantidades inoculadas con las vacunas puedan producir ningún tipo de intoxicación, hace años que se decidió disminuir y en muchos casos retirar de las vacunas por precaución.

A diario estamos expuestos a muchas sustancias nocivas o de las que no se tiene conocimiento a largo plazo. Podemos intentar evitar algunas usando productos ecológicos o caseros, y así disminuir el riesgo. Pero no deberíamos evitar una vacuna por contener, por ejemplo, aluminio, cuando el aluminio está presente en muchos de los alimentos que consumimos, como pescados y verduras.

Cuando una vacuna produce un efecto adverso importante, la noticia salta a los medios y corre como la pólvora. Es cierto que esos casos son muy duros, y también es cierto que en algunas ocasiones no se ha podido probar que haya sido por culpa de la vacuna. Entiendo que los padres de un niño que ha sufrido una encefalitis, tenga miedo de vacunar al resto de sus hijos, el miedo es libre. Pero deberían saber todos los riesgos a los que se exponen por no recibir las vacunas, que son mayores que la estadística de que pase algo por sí ponerla.

Es importante estar informado, pero bien informado. No sólo contar con opinión sesgada de movimientos antivacunas que rechazan la vacunación en general por los posibles efectos adversos. Habría que tener toda la información en la mano para poder tomar una decisión tan importante como la de no vacunar a nuestros hijos. Información científica y contrastada. Por eso, todos los datos que he puesto sobre incidencia y morbi-mortalidad de algunas enfermedades y sobre efectos secundarios de las vacunas, son datos extraídos de publicaciones científicas y rigurosas.  Os dejo los enlaces a continuación por si alguien quiere seguir ampliando la información.

Centro de control y prevención de enfermedades

Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría

Historia de las vacunas del colegio de Médicos de Filadelfia: efectos secundarios

Asociación Española de Pediatría

Recogida de información sobre los efectos adversos de las vacunas

Organización Mundial de la Salud

Instituto de Salud Carlos Tercero

Os copio un artículo de Carlos González para la revista ser padres:
«Es relativamente fácil encontrar familias que no quieren vacunar a sus hijos. Habitualmente han leído información incompleta, exagerada o simplemente falsa.

Difteria, tosferina, polio… esas enfermedades desaparecieron hace años, ya no hace falta vacuna.» ¡FALSO! 

Esas enfermedades casi han desaparecido en los países industrializados porque sevacuna a los niños. Pero podrían volver si se dejase de vacunar. Por eso los gobiernos siguen gastándose el dinero en vacunas. Si pudieran ahorrárselas, se las ahorrarían. En los países del Este, por ejemplo, disminuyó la tasa de vacunaciones con la caída del régimen comunista. En 1993 hubo en Rusia una epidemia de difteria, con 15.000 enfermos y 470 muertos.

Existen muchas vacunas, además de las que están en el calendario oficial de vacunación. No se administran todas, sino solo las más adecuadas a los riesgos de cada país. En España no nos vacunamos de la encefalitis japonesa (en Japón sí, por supuesto). La primera vacuna que se inventó fue la de la viruela. Resultó tan eficaz que se consiguió erradicar la enfermedad en todo el mundo. Hace décadas que no se vacuna de la viruela en ningún país del mundo, ya no es necesario. La viruela se pudo erradicar porque solo afecta al ser humano, y porque el virus no puede mantenerse vivo fuera de un individuo enfermo. Por desgracia, la mayoría de las enfermedades no cumplen estos requisitos; los microbios se pueden transmitir por animales, o permanecer durante años en el suelo, y por tanto jamás se podrán eliminar.

«Es una maniobra de las multinacionales para ganar dinero». ¡¡FALSO!!

En cualquier farmacia (y no digamos en una parafarmacia) podemos encontrar cientos de productos que no son útiles para mejorar la salud: cremas y productos de belleza, suplementos nutricionales, tónicos y reconstituyentes… Podemos comprarlos, si lo deseamos, pero ningún gobierno del mundo nos los va a regalar.

UNICEF ha preparado un interesante documento, el «Immunization summary», que contiene, entre otros datos, el calendario de vacunaciones y el porcentaje de niños vacunados en los distintos países del mundo. En este documento se observa que países como Cuba, Corea del Norte o la República Islámica de Irán tienen calendarios muy similares al nuestro y tasas de vacunación altísimas. ¿Estarán ellos también al servicio de los laboratorios farmacéuticos? Por cierto, Cuba es un importante exportador de vacunas, gracias al excelente trabajo científico del Instituto Finlay de La Habana.

«No debería vacunarse a los bebés». ¡¡FALSO!!

La edad de vacunación depende del equilibrio entre dos factores. Si se ponen demasiado pronto, a veces no son efectivas, porque el sistema inmunitario del bebé todavía no responde (si no fuera por ese problema, se pondrían todas las vacunas al nacer, en el hospital, y asunto resuelto). Si se ponen demasiado tarde, aumenta el riesgo de que el niño enferme antes de vacunarlo. Por eso los países africanossuelen poner las vacunas un poco antes que los europeos, mientras que los países nórdicos (con un excelente sistema sanitario, para atajar cualquier posible brote) se permiten el lujo de empezar un mes más tarde e incluso de poner una dosis menos de la serie básica (difteria, tétanos, tosferina y polio). Pero, en general, mes arriba o mes abajo, el calendario vacunal de todos los países del mundo es muy similar. Cuando el riesgo de infección es mayor, es preciso adelantar las vacunas.

Retrasar las vacunas o ponerlas después del año (o de los dos años) significa exponer al niño a un peligro de infección. Y las vacunas no son «demasiado fuertes» para bebés tan pequeños, y tampoco «sobrecargan» su sistema inmunitario ni nada por el estilo. En realidad, a las pocas horas de nacer un bebé ya está invadido por millones de microbios de cientos de especies distintas; las vacunas solo añaden unos pocos microbios más, y encima muertos (o «medio muertos», en el caso de la triple vírica).

La mayoría de los que enferman están vacunados. ¡¡A VECES!!

Normalmente no. En los brotes de sarampión que se dieron hace tiempo en Holanda y en Barcelona, casi todos los afectados estaban sin vacunar. Pero en algún caso podría ocurrir que una parte importante, incluso la mayoría de los enfermos en una epidemia, estuvieran vacunados. Es muy fácil esgrimir ese dato como si fuera la «prueba» de que la vacuna es inútil, incluso peligrosa. Pero unos sencillos cálculos demuestran que no es así, ni mucho menos. Supongamos que, en cierto país, el 97% de los niños están vacunados, y supongamos que la cosa está repartida uniformemente. En cualquier pueblo, en cualquier barrio, en cualquier escuela, el 97% de los niños están vacunados.

Supongamos que la vacuna es completamente inútil. Hay una epidemia. Enferman miles de niños. ¿Cuántos de ellos estarán vacunados? ¡Pues el 97%, por supuesto! Por cada 3 enfermos sin vacunar, encontramos 97 enfermos vacunados. Si en vez de un 97% encontramos un 91% de enfermos vacunados, quiere decir que la vacuna ha sido eficaz. Y no hay que pensar que se trata de «una pequeña reducción del 6%», no se calcula así. A los 9 enfermos sin vacunar, manteniendo la proporción 97:3, corresponderían 291 enfermos vacunados. Como en vez de 291 hay sólo 91, se han evitado 200 casos, y la reducción (la eficacia de la vacuna) es de casi el 69%. Una reducción así ya sería suficiente motivo para vacunar a los niños, pero, en realidad, la eficacia de las vacunas es muy superior.

¿Y si en la epidemia el 52% de los enfermos están vacunados? Por 48 casos sin vacunar hubiéramos esperado 1.552 enfermos vacunados; se han evitado 1.500 casos, y la eficacia de la vacuna supera el 96%. Muchísimos, pero todavía habrá quien diga: «La vacuna no hace nada: ¡total, la mayoría de los enfermos estaban vacunados!». La ignorancia es atrevida.

«Es malo poner tantas vacunas juntas». ¡¡FALSO!!

Antes de usar masivamente cualquier vacuna se han hecho numerosos estudios durante décadas, en el laboratorio, en animales y en voluntarios adultos para comprobar su eficacia y su seguridad. Y antes de juntar una nueva vacuna con otras ya existentes, para administrarlas al mismo tiempo, se tienen que volver a hacer nuevos estudios, para demostrar que juntas son igual de eficaces y tienen tan pocos efectos secundarios como separadas.

Las vacunas se juntan por comodidad, por motivos económicos y ecológicos (las jeringuillas también cuestan dinero y contaminan), y sobre todo, por ahorrarle algunos pinchazos al niño.

«Nos ocultan los efectos secundarios». ¡¡FALSO!!

Los efectos secundarios de las vacunas son bien conocidos, y nadie pretende ocultarlos. Sería completamente contrario a la costumbre habitual de los laboratorios farmacéuticos, que a veces parece que más que ocultar los efectos secundarios, los exageran. Leer el prospecto de cualquier simple analgésico, antibiótico o anticonceptivo casi da miedo.

Producen alergia, autismo o muerte súbita
¿Qué hay de verdad en ello?

Alergias
Puede haber, por supuesto, algunos niños alérgicos a vacunas determinadas, lo mismo que hay alérgicos al polen, a las fresas o a la leche. Es cierto que en los últimos años están aumentando las enfermedades alérgicas. Pero la causa no son las vacunas.

Se cree que dos de los principales factores que causan el aumento de las alergias son la contaminación atmosférica y el exceso de higiene: privado de microbios contra los que luchar, el sistema inmunitario se pone a luchar contra el polen, el polvo… En numerosos estudios no se ha encontrado relación entre vacunas y alergia, ni para bien ni para mal.

Muerte súbita
La muerte súbita del lactante se produce, por definición, durante el primer año. La mayoría de los casos ocurren durante los primeros seis meses. Y en ese tiempo, los niños reciben varias vacunas (más o menos una cada ocho semanas).

Si una de cada ocho semanas es «la semana después de vacunarse», es lógico que uno de cada ocho casos de muerte súbita se produzca en esa semana, por pura coincidencia. En realidad, detallados estudios científicos indican que la relación es más bien la contraria: la vacunación parece disminuir el riesgo de muerte súbita, no se sabe por qué mecanismo.

Autismo
Algunos científicos habían sugerido una posible relación entre el autismo y la vacuna triple vírica o entre el autismo y el mercurio que se usa como conservante en algunas vacunas. Rápidamente se realizaron estudios completos y detallados en distintos países, y no se ha encontrado ninguna relación entre las vacunas y el autismo. Por desgracia, los grupos que están en contra de las vacunas se apresuraron a airear las primeras alarmas, pero no se dieron por enterados del desmentido publicado en la web de FDA (Departamento americano de salud).

Stop toallitas húmedas: por la salud y el futuro de nuestros bebés

Esta es una de esas cosas que llevo meses queriendo escribir, pero siempre se me han quedado en el tintero. El viernes pasado, en una charla sobre la tecnología de los pañales Dodot a la que acudí gracias a madresfera y que podéis leer aquí, hablando con mi amiga Ángela «pequeboom» salió este tema y gracias a ella me he animado a escribirlo.toallitas humedas

Hace muuuchos meses que no uso toallitas húmedas, exactamente desde julio del 2013 cuando leí este post de Mamirami sobre el tema  Ya antes no me gustaban demasiado y en casa siempre he preferido el agua y el jabón, pero admito que para la calle siempre llevaba un paquete.

Desde antes de nacer nuestros pequeños nos llenan de muestras de productos que pensamos indispensables para ellos, y las toallitas son uno de ellos. Pero de pronto, te paras a pensarlo, a leer bien todo lo que lleva y algo que parecía una comodidad pasa a convertirse en un peligro potencial para nuestros pequeñines.

Elena, en su post sobre las toallitas tóxicas, hablaba del Phenoxyetanol. Este agente orgánico es bactericida y por ello se suele usar en lociones, cremas, perfumes y productos infantiles. En países como Japón, su uso está prohibido. Puede penetrar a través de la piel y es peor cuando no se aclara, como en las toallitas húmedas. Puede afectar a la reproducción y al desarrollo y no debería ser usado en menores de 3 años. La Agencia Francesa del Medicamento ha solicitado a la Comisión Europea una evaluación de los riesgos asociados a esta sustancia.

No voy a hablar de marcas de toallitas, sólo tenéis que ir a coger un paquete de las que tengáis por casa y echar un vistazo a ver si tienen. Muchas marcas usan este compuesto en sus toallitas. Pero si conseguimos encontrar una marca que no lo use, no podemos estar tranquilos, pues los peligros no terminan ahí. Siguen conteniendo muchos productos químicos dañinos para la salud.

Ftalatos – Compuestos químicos que se usan como disolventes y suavizantes. Pueden ser nocivos para el aparato reproductor masculino y son tóxicos para la reproducción.  Los ftalatos son carcinogénicos en seres humanos. Está prohibido su uso en juguetes que se puedan meter en la boca. Pero se siguen usando libremente en cosmética y algunas toallitas húmedas los llevan. Es frecuente encontrarlos con distintos nombres: Ftalato de dibutilo o DBP; Butilbenzil ftalato o BBP; Dimetil ftalato o DMP; Dietilexilo ftalato o DEHP.

Parabenos – Otro de los habituales en muchos productos de cosmética y toallitas. Se usan por sus propiedades bactericidas y fungicidas, y también actúan como conservantes. Se han encontrado parabenos en muestras de tumores de mama, procedentes de desodorantes y cremas, lo que hizo saltar la alarma sobre estos compuestos. Muchas marcas de productos infantiles no usan parabenos y lo promocionan en sus etiquetas, aunque desgraciadamente siguen usando muchos de los otros. Para identificarlos, sólo hay que buscar compuestos que terminen en paraben.

Polietilenglicol – Se usa como disolvente o emulsionante. Puede interferir en el desarrollo y dañar el sistema nervioso. Debido a su alto poder de penetración, se acumula en el corazón, el cerebro y los riñones, creando daños a largo plazo. Se puede encontrar con diversos nombres, como su abreviatura PEG seguida de un número, polioxietileno o como Laureth o Steareth.ingredientes-que-debemos-desechar

No voy a seguir hablando de ingredientes uno por uno porque la lista podría ser interminable. Lo que está claro es que estas sustancias, desgraciadamente, las encontramos en la mayoría de los productos de cosmética. Y los productos infantiles no se libran de ellas.

En mi afán por intentar usar menos químicos, dejé de usar toallitas húmedas. Está claro que en champús y geles siguen estando y que podríamos optar por cosmética natural o casera (cosa que intento). Pero bajo mi punto de vista, el hecho de usar las toallitas y dejar que estas sustancias se queden durante horas secándose en los culitos de nuestros pequeños, me hace verlo de modo más preocupante. Por eso pasé a hacerme mis propias toallitas. Que es de lo más fácil.

Toallitas caseras

Para hacer toallitas caseras, primero tenemos que preparar una loción para humedecerlas. Para ello hervimos un vaso de agua, a la que añadimos un chorrito de aceite de oliva, unas gotas de vinagre para lograr un pH similar al de la piel y unas gotas de jabón líquido biológico o casero. Yo también ponía unas gotas de aceite natural de almendra o limón, para obtener un mejor olor. Y listo, se deja enfriar.

Ahora tenemos que preparar las toallitas. Y podemos hacerlo de dos maneras.

Al principio, usaba un rollo de papel de cocina, uno totalmente blanco y con varias capas, para que fuese más resistente. Como el papel de cocina es grande, cortaba las hojas a la mitad. Se puede cortar el rollo por el centro con un cuchillo bien afilado y quitarle el cartón del centro. Luego lo ponemos en un recipiente grande y lo mojamos con la loción que hemos preparado, lo tapamos bien y listo, ya tenemos toallitas.

Lo malo de esto es que son muchas toallitas y se estropean pronto. Evidentemente, nuestra loción es natural y no lleva ningún tipo de conservante, con lo que en una semana o así se empiezan a estropear, así que es mejor no hacer muchas del tirón, es más sano hacer pocas una vez a la semana. También dependerá de la cantidad que usemos a diario, no es lo mismo un bebé con días que uno de un año, así que tendremos que adaptarnos a las distintas situaciones. También, en vez de hacer medio rollo, podemos coger unas cuantas hojas de papel sueltas, cortarlas a la mitad y plegarlas.

La otra opción, que es la que usaba al final, es usar toallitas de celulosa. Son más suaves y un poco más gorditas que el papel de cocina, y sobre todo, más resistentes. Y salen muy bien de precio. También las cortaba a la mitad, porque son muy grandes. Pero duran lo mismo que las otras, pensad que hay que hacer toallitas una vez a la semana.

Salir a la calle con toallitas caseras es muy sencillo. Podemos poner unas cuantas en un recipiente pequeño con cierre hermético o yo también usaba bolsas de conservación de alimentos con cierre. Ocupan poco espacio y son fáciles de llevar.

Ahora ya no las uso, porque Sara hace meses que no usa pañal, sólo para dormir y por las mañanas cuando se levanta prefiero lavarle el culete con agua.

¿Qué os parecen estas toallitas caseras? Desde luego, una opción más saludable que las toallitas que nos venden por ahí. Mirad los compuestos de las toallitas que tengáis por casa, a ver si encontráis alguna que no lleve tantos productos químicos.

La salud bucodental de nuestros hijos

¿Desde cuándo laváis los dientes de vuestros peques? ¿Cuándo fue la primera vez que fueron al dentista? Muchas veces tenemos dudas sobre cuando tenemos que empezar a lavar los dientes a los niños o pensamos que acudir al dentista debe ser algo para cuando sean más mayores, y lo dejamos estar. Pues bien, gracias a Unidental, el otro día pude aclarar varias de las dudas que tenía a este respecto y confirmar que lo estaba haciendo bien, jeje.

unidental

Cepillos de dientes

Portacepillos de mi baño, con cuatro cepillos de Sara, que elige según le apetezca en ese momento.

La salud dental de los más pequeños es muy importante. Desde que comienzan a salir los dientes, tenemos que prestarle un especial cuidado, para evitar problemas futuros. El cuidado de los primeros dientes es muy importante y desde que salen, hay que empezar con su higiene. Está claro que a un bebé de 6-7 meses no le vamos a lavar los dientes con crema dentífrica, pero sí podemos empezar a usar un cepillo de dientes acorde a su tamaño, mojado sólo en agua, para ir quitando suciedad y sobre todo, para ir inculcando el hábito de lavado. Sara se sentaba conmigo en el lavabo mientras nosotros nos lavábamos los dientes y de ese modo, comenzó a interesarse por los cepillos y jugaba a lavárselos ella también. Le gustaban tanto que se los llevaba por toda la casa y a la hora de ir a usarlos, teníamos que coger un cepillo nuevo porque no los encontrábamos. Luego, aparecían un día todos juntos en el cesto de la ropa, dentro de la lavadora o en algún juguete, jeje. Poco a poco, fuimos cogiendo la costumbre y ahora, con 2 años y medio, ya ha aprendido a escupir la pasta de dientes y se los lava después de cada comida ella sola, hasta que al final yo le hago un repaso. Y le siguen encantando los cepillos, tanto que tiene varios y cada vez elige uno.

Las caries pueden salir desde bien temprano, sobre todo si en la boca existe un exceso de azúcares. Tomar azúcar o golosinas en su justa medida no es malo, lo malo para los dientes es no lavarlos después. Es importante lavar los dientes después de cada comida, especialmente importante es el cepillado después de cenar, pues acostarse con los dientes sucios, tomar leche o zumos con azúcares antes de dormir y no limpiarlos aumenta el riesgo de aparición de caries.

Aquí os dejo unos consejos para una buena salud bucodental:

  • Cepillarse los dientes dos minutos después de cada comida, con movimientos suaves de arriba hacia abajo para arrastrar la placa.
  • En los niños hay que elegir un cepillo de dientes de cerdas suaves y de tamaño pequeño. En los adultos, mejor un cepillo de dureza media.
  • Cambiar el cepillo cada dos meses.
  • Cepillarse la lengua pues acumula bacterias que causan el mal aliento.
  • Usar el hilo dental al menos antes de acostarse, que es cuando más puede atacar la placa a nuestros dientes y encías. Una persona que usa hilo dental elimina un 30% más de placa que otra que no lo hace.
  • Evitar el colutorio de forma regular, sólo debe usarse cuando lo recomiende el dentista y por tiempo limitado. Su uso continuado también es nocivo para la salud bucodental.
  • Si por alguna circunstancia no podemos lavarnos los dientes, podemos mascar chicles sin azúcar, pues generan saliva que ayuda a prevenir la caries.
  • Acudir al dentista a partir de que salga el primer diente

También hablamos sobre la ortodoncia. Es cierto que cada vez más personas se preocupan por tener unos dientes bien alineados. Y no sólo los niños, yo misma me sometí a un tratamiento de ortodoncia hace 10 años. Y no fue solo por estética. El hecho de tener los dientes mal posicionados puede suponer algunos problemas, como dolores de cabeza por la tensión mandibular, caries por la dificultad de lavarse los dientes apiñados o dificultad para masticar al tener los dientes mal alineados.

Por todo ello, es muy importante empezar a cuidar la boca y la sonrisa de los más pequeños desde el principio. Nosotros somos asiduos al dentista. Sara, por desgracia, tuvo un traumatismo en un diente este verano (gracias a todos los que os preocupasteis conmigo esos días) y al final terminó perdiéndolo. Ahora vamos a revisión con la odontopediatra cada tres meses. Y Lucas lleva ortodoncia desde hace un par de años, pues colocaba la lengua en los incisivos superiores y los estaba empujando hacia afuera. Así que están siempre controlados.

Y ahora, gracias a Unidental y su campaña de salud infantil, durante el mes de noviembre podemos llevar a los niños a que les hagan una revisión de forma totalmente gratuita. ¿A qué esperas para empezar a cuidar sus bocas? La sonrisa de los más pequeños comienza a dibujarse ahora.