No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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La maternidad de la A a la Z: N de Nariz

Hoy llego un poco tarde al Diccionario de la maternidad de Vero, es lo que tiene haber estado unos días de vacaciones. Peroooo, como Vero es así de maja, y como sabe que no nos iba a dar tiempo a muchas algunas a terminar todas las consonantes del diccionario….pues lo ha dejado abierto un ratito más, motivo por el cual, ya he deshecho las maletas y voy a escribir un poquillo.

Quería y quiero, terminar con los sentidos que empecé hace algunas semanas. Pero, la persona que le puso nombre a los 5 sentidos, no pensó que quizás, algún día, en un futuro muy lejano (y en nuestro presente), alguien querría hacer un diccionario con esos sentidos y, ale, ya la hemos liado, Oído y Olfato, las dos con O, oh, oh, oh.

Así que, me quedo con la N de nariz, que no es un sentido en sí, pero es el órgano del olfato, jejeje. Y así, dos palabras en una.

nariz

¿Cómo ha cambiado la maternidad mi nariz? Pues afortunadamente, no la ha cambiado en nada. Porque la maternidad, ha ensanchado mis caderas, engordado mi culo, amichelinado mi barriga y rellenado mis tetas, pero menos mal, que no ha agrandado más mi nariz, porque entonces yo, sería digna de un poema: “érase una Diana a una nariz pegada…”

Mi nariz es prominente, vaya si lo es, tanto, que en el instituto, un chico de un grupito con los que salíamos me llamaba “picota” (claro, que él, feo en todo su esplendor no se miraba al espejo), pero a mí, por aquella época, me acomplejaba bastante. Aunque con el paso de los años y la madurez que se adquiere, el tamaño de mi nariz, pasó a darme lo mismo.

Y ahora, es cuando vamos a hablar del olfato. Porque mi olfato, va íntimamente ligado al tamaño de mi nariz. Lo huelo todo, lo bueno y lo malo. Y creo, que como el resto de los sentidos, se me ha desarrollado con la maternidad.

Durante el embarazo, es conocido que a muchas mujeres se nos desarrolla el sentido del olfato. Pues el mío lo hizo hasta límites insospechados, sobre todo en el primero. Cuando estaba embarazada del príncipe, tuve que tirar todas las especias de la cocina, porque no era capaz de entrar de cómo olía. Y ese hiperolfato, hacía que la mitad de la comida me diera asco, y la otra mitad me daba asco por la hiperémesis que sufrí, así que los primeros meses, adelgacé y todo. Menos mal que el segundo embarazo fue un pelín mejor en ese aspecto (solo un pelín).

Y luego, nacen tus hijos, y tu olfato se especializa. Primero, en cacas. Sí, porque tienes un olfato tan agudo, que hueles una caca de tu bebé aún antes de que la haya hecho. Y con el tiempo, aprendes a distinguir entre el olor a caca y el de un simple pedo, sin tener que mirar dentro del pañal.

Otro olor que no puedes olvidar, es el olor a bebé.  Y a productos de bebé. Con el príncipe, hace 11 años, usaba una marca de productos de higiene, que me encantaba como olían. Pues cuando nació la princesa, me fui directa a esa misma marca y al oler su perfume, inmediatamente, vinieron a mi mente escenas de cuando el peque era muy peque, ratos en el baño, masajes… Dicen que el sentido del olfato es el que mejor nos puede evocar recuerdos del pasado. Y qué razón tienen…

Hay más olores que no pasan desapercibidos al olfato de una madre. Como el de algunas comidas preparadas para bebés. Agggg. No me digáis, que no habéis abierto un potito, de esos de carne o puré o pescado y os ha asaltado un tufazo increíble. Y encima, el bebé en cuestión, se ha zampado el tarrito entero la mar de contento. Por suerte para mí, con el mayor, que era un poco delicado para comer, probé esos tarritos en alguna ocasión, pero creo que le pasó como a mí, y le perdió el olor, porque nunca conseguí que se comiera ninguno, y eso que pensaba que me servirían para un apaño de esos de salir de casa. Y con la pequeña, pues tampoco, pero es que con ella, directamente, nunca, jamás, he intentado darle un puré de esos (de carne o pescado, que de fruta, aunque me pese, si le he dado de vez en cuando, alguna vez que nos ha pillado la merienda fuera de casa). Con la peque lo he tenido mucho más fácil, porque desde que empezó la alimentación complementaria, a los 6 meses, empezó a comer sólidos y comida de mayores, así que salir a comer fuera de casa con ella, da gusto, porque se apaña con cualquier cosa que haya, cosas con olor a rico de verdad.

Últimamente, hay otro olor que se está apoderando de mi nariz. Y es el olor a niño grande. Y un poco descuidado. Empieza la revolución hormonal, y con ello, el olor a sobaquillo, que ya no huele a niño, no señor, ya huele a persona mayor. Y también, empieza la edad del querer escaparse de la higiene personal y tener que perseguirle… menos mal, que cuando los argumentos sobre la necesidad de ducharse a diario no le convencen, el olor de su camiseta sudada justo debajo de sus fosas nasales hace el resto. ¡Bendita nariz!

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