No hay mejor lugar que los brazos de mamá

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La maternidad de la A a la Z: T de Tacto

Esta semana, bastante pillada de tiempo y escribiendo desde el móvil, casi no llego a mi cita con el diccionario de Vero, del que seguro que ya lo sabéis todo, pero por si acaso, lo podéis leer aquí.

Y mi palabra para esta semana es tacto

El tacto es otro de los 5 sentidos. Nos permite conocer características de las cosas mediante el uso de la piel, que es el órgano del cuerpo más extenso.

Cuando nos convertimos en madres, el primer contacto que tenemos con el tacto, es cuando nace nuestro bebé. De pronto, entre las manos, tenemos al ser más precioso del mundo, una cosita pequeña, tierna y adorable. Empezamos a tocarlo, y numerosas sensaciones aparecen a través del tacto. Notamos su calor, su suavidad, notamos que está blandito, nuestro cuerpo entero responde al contacto.

Tacto

Según pasan los días, el tacto es cada vez más importante en la maternidad. Con sólo tocar al bebé, sabemos si tiene fiebre, mejor que un termómetro. Aprendemos a dar masajes a nuestro bebé, pasamos nuestras manos por ese cuerpecito tan delicado, que se relaja con el contacto.

Pero el tacto no está solo en las manos. Toda nuestra piel se encarga del tacto. Cuando el bebé se tumba encima tuyo, notas esa presión, ese calor, esa suavidad, con cada poro de tu piel. ¿Y los besos? Ese roce con la piel de los labios sobre otra piel, esos momentos indescriptibles sobre los que ya escribí aquí. Los besos son la mayor expresión del tacto, a través de ellos, sentimos y expresamos muchos sentimientos, notamos la suavidad de nuestros hijos, y percibimos su olor. Vamos, que el tacto está íntimamente relacionado con el resto de los sentidos.

A mi me encanta tocar a la princesa. Mientas mama, la tengo tumbada encima mía, y le acaricio la cara, las piernas, el pelo. No puedo parar de tocarla. El tacto me tiene enganchada. Y ahora en verano, lo disfruto más si cabe. Estamos con poca ropa, y a pesar del calor, hay algo que hace mi peque que a mi me vuelve loca. Mientras está mamando, y aprovechando que yo también voy ligera de ropa, mete una de sus manitas por mi espalda o por mi tripa, y me acaricia. ¡No hace falta que os diga que a mí se me cae la baba!

El tacto me permite también manejarme a oscuras, por la noches, para no despertar a nadie, voy tanteando las cosas hasta llegar a mi destino.

Y antes de terminar, la última mención al tacto, aunque esta no tenga que ver con los sentidos.

El tacto, o mejor dicho, la falta de tacto que tienen algunas personas para decirte cosas, hacer comentarios y observaciones, críticas que como madre, molestan sobremanera. Lástima que de esas personas haya tantas, de esas que sin tacto ninguno, te dicen que a los bebés hay que dejarles llorar, que llora porque tu leche no le alimenta o que tanto cogerle en brazos lo estás mal criando. A todas esas personas, con todo el tacto del que soy capaz, les digo: “Anda y meteos en vuestros asuntos”

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